“Cuando varios héroes se tienen que unir para enfrentarse a una amenaza común”
Stan Lee y Action Tales presentan:
Marvel Team Up
Anteriormente en Marvel Team-Up: Daimon Hellstorm, el Hijo de Satán, se reúne con los demás miembros del misterioso y secreto Concilio Místico del Primero, un grupo de los magos, brujos y seres sobrenaturales más poderosos y sabios del planeta, compuesto por el propio Hellstorm, el Doctor Extraño, el Hermano Vudú, la antigua amante del Doctor Extraño Clea, el Doctor Muerte, el misterioso Desconocido, Isabella Inferno y Modred el místico. Al grupo se une Druida, anteriormente conocido como Doctor Druida y juntos, con su nuevo miembro, hablan sobre el Crepúsculo de los Dioses y los peligros que conlleva para las puertas de diferentes realidades y dimensiones que conducen a la Tierra. Deciden entonces reunir a personajes olvidados que les ayuden a proteger dichas puertas y el primero a quien acuden es Mark Anthony Todd, el olvidado Cráneo Llameante. Mientras tanto, el poderos vampiro llamado Hambre, busca la situación exacta de una puerta dimensional especialmente débil.
La misteriosa, extraña y antigua criatura raptaba por el cementerio como si fuese de su propiedad desde siempre. Era algo discutible, ya que acababa de llegar a la zona, acababa de resurgir tras siglos y siglos encerrado en lo más profundo de la tierra por medio de un poderoso hechizo de contención lanzado por un dios menor hacía tiempo extinguido de cualquier plano de existencia. Acaba de volver al planeta que hacía eones había sido suyo junto a sus compañeros, seres como él que ansiaban solo consumir todo lo que encontraban a su paso, así que se podría decir que todo aquello era suyo. Todo lo que se podía observar con los ojos de cualquier persona humana. Todo había sido suyo y el momento de recuperarlo había llegado. Un dios asgardiano había pactado con sus amos, seres como él, pero de muchísimo más poder y tamaño. Sobre todo de mayor tamaño. El pacto les devolvería la Tierra a los que eran como él, pero mientras tanto, con múltiples grietas temporales y dimensiónales en el planeta, era la hora de liberarse y alimentarse. Ya era libre y su hambre era atroz y casi eterna.
La túnica que le cubría todo el cuerpo era totalmente negra y hecha con pieles de seres que hacía tiempo ya que se habían extinguido. Seres que eran viejos cuando la idea del hombre ni siquiera había comenzado a gestarse en la mente del dios que les había creado. Llevaba la túnica con orgullo, pero le apenaba, de un modo inhumano, no recordar el autentico aspecto de los seres que había matado, mutilado y desollado para fabricársela. Sí, el tiempo había hecho mella en él, sobre todo en su memoria y sus ansias de destrucción. Mella en sus recuerdos y su hambre. Que enorme era su hambre, la necesidad de devorar que le consumía. Primero iría por lo necesario para coger energías y después llegaría el momento de devorar a aquellos cuyo orgullo y soberbia eran tan grandes que se creían dueños de aquel planeta que llamaban Tierra.
Sus ojos rojos eran lo único que se podía ver de todo lo que él era. Ni sus manos, si es que las tenía, ocultas dentro de la túnica. Su rostro, si es que así se le podía llamar a lo sujetaba su boca y sus ojos, oculto dentro de la capucha de sus ropajes de piel antigua. La luz que procedía de ellos, roja como la sangre que cubría parte del cielo nocturno del cementerio, dejaba pequeñas estelas al andar. Estelas energéticas que, para alguien versado en las artes oscuras y sobrenaturales, dejaban claro el nivel de poder de la criatura.
Siguió reptando por el cementerio lleno de tumbas y lápidas. Cruzó por medio de dos pequeños mausoleos familiares de alguna familia rica de la ciudad y llegó hasta un pequeño montículo dónde se paró. Había llegado al lugar perfecto para alimentarse de los pútridos cuerpos que habitaban aquel lugar de descanso eterno.
Los viscosos tentáculos salieron de las mangas de la túnica como una horrenda burla a las manos que debería haber tenido la criatura. Serpentearon en el aire unos segundos, como si estuviesen saludando a todo aquel que quisiese observarlos y después penetraron en la tierra del cementerio, con tanta facilidad como un cuchillo se hundía en un trozo de carne recién hecho. Dentro de la tierra, comenzaron a moverse con violencia, haciéndose sitio y avanzaron hacia las tumbas más cercanas, destrozando los ataúdes y llegando a los restos de los cadáveres que allí yacían. Una vez hubieron llegado a sus objetivos, las puntas de los tentáculos de aquel antiguo ser se abrieron, mostrando cientos de pequeños dientes y un agujero negro en el centro de ellos que parecía gritar como si de un pequeño animal hambriento se tratase.
La criatura gruñó levemente, mostrando su satisfacción al encontrar el alimento con el que recuperar fuerzas. Ese cementerio en el que se encontraba le proveería de los suficientes cadáveres como para coger fuerzas. Después, iría a por los seres vivos que ocupaban aquella bola de barro llamada Tierra. Acabaría con ellos, se daría un festín con su carne, bebería su sangre hasta que le rebosase por los labios, haría nuevas túnicas con sus órganos internos y colgaría sus pieles de sus amplios tentáculos. Él pensar en los gritos de sus próximas presas y en lo dulces que estarían los niños y mujeres a los que perseguiría, le provocó tal éxtasis que, sin pensarlo siquiera, comenzó a comer los cadáveres que había encontrado.
Llevaba unos cinco cuerpos en descomposición masticados, tragados y digeridos cuando percibió la presencia de alguien en el cementerio. En realidad, no percibió del todo la presencia de aquel ser que se acercaba del todo, ya que aún no estaba al máximo de sus habilidades, pero sus tentáculos, metidos dentro de la tierra del cementerio, detectaron las pequeñas ondas sísmicas que los pies del recién llegado provocaban al andar. El desconocido andaba lentamente, sin prisa pero sin pausa alguna y se dirigía hacia él, de eso no cabía duda. Sus pasos indicaban que había decidido ir a por él y su determinación no parecía tener limites.
Siguió comiendo cadáveres con más prisa, hasta que desde donde estaba, vio la figura que se le acercaba gracias a la luz de la Luna en lo alto del cielo nocturno teñido de rojo. La figura parecía extremadamente delgada, de pelo largo y oscuro, con ropas rotas alrededor de su escuálido cuerpo y su altura parecía variar. En algunos momentos era muy alto y en otros no tanto. Lo que no variaba era el color de su piel que, conforme se acercaba, veía con más facilidad. Era un color grisáceo, muy parecido al de la piel muerta. Él lo sabía por experiencia. No obstante, era un devorador de cadáveres. Eran sus entremeses.
El ser que andaba por el cementerio como si fuese su propia casa (como él mismo) fue acercándose cada vez más hasta situarse a tan solo unos tres metros. Pudo verle con toda claridad, observarle detenidamente mientras sus tentáculos seguían licuando los cadáveres que encontraban. Aquel hombre que tenía frente a él, con los ojos completamente blancos, con la piel grisácea que dejaba notar los huesos que había debajo, con la ropa roída por el paso del tiempo era un cadáver andante. No había usado sus poderes para levantar a los muertos a su antojo, así que no sabía de dónde había salido, pero no tenía duda de que era un autentico cadáver con vida. Un muerto viviente. Un zombie.
La bestia comenzó a gruñir al recién llegado. Le estaba hablando en un idioma que solo habían usado bestias de su linaje y que se encontraba extinto desde eones antes del surgimiento del homo sapiens sobre la faz de la Tierra. El muerto viviente más conocido como Simon Garth el Zombie, no entendía aquel idioma, ni dio muestras de querer entenderlo. No le respondió de forma oral, sino mental, pero el monstruo que comía cadáveres no poseía poderes mentales.
-No puedes estar aquí- gruñó finalmente la criatura en un idioma entendible por Simon Garth.
El Zombie pensó en contestarle. En hablar y prevenirle sobre lo que estaba a punto de ocurrir, amenazarle para que volviese al sitio del que había salido, advertirle sobre lo que pasaría si no se iba de ese planeta junto con los demás seres que habían vuelto a él. Lo pensó, pero no solía gustarle hablar, a pesar de que podía hacerlo. Era único entre los de su “especie”, al menos hasta lo que él sabía. Podía pensar por si mismo, hablar, tomar sus propias decisiones... y protegía al mundo de las criaturas como aquella que tenía frente a él. Intentaba ayudar, no solo porque podía, sino para redimirse por sus malos actos cometidos en su vida humana.
-Soy Gra-Noth, hijo de Te Lug-Groch, hijo a su vez de Lagarutho, Conocedor de la Oscuridad, dueño de las tinieblas más oscuras del abismo infinito. Soy el Hacedor de Viudas, soy el Fabricante de Cadáveres, soy el Devorador de Muertos, el Amo de los Despojos. Soy quien lleva las pieles de sus victimas para recordar el esfuerzo infructuoso de sus intentos de supervivencia. Estoy aquí para comerme a vuestros muertos y hacer montañas de sangre con los vivos.
El muerto viviente y pensante que era Simon Garth escuchó con atención la presentación de la criatura sin inmutarse. No le supuso una sorpresa a Gra-Noth, pero sí que lo era que aquel zombie se encontrase allí por decisión propia y que pareciera no temerle. Él, el Devorador de Muertos, estaba frente a un cadáver andante que se encaraba ante su presencia. ¿Tanto había cambiado ese mundo desde su encierro cientos de años atrás?
Antes de que pudiera seguir hablando, el Zombie se paró a unos centímetros de él y le lanzó un potente empujón con todas sus fuerzas. Gra-Noth cayó rodando hacia atrás por la pendiente que había subido minutos antes. Sus tentáculos salieron de la tierra con restos de cadáveres entre sus pequeños dientes. Los chillidos que soltaban eran infrahumanos, capaces de volver locos a muchos hombres. Simon Garth contempló como el monstruo caía chocando con la fría y blanda tierra del cementerio, mientras sus tentáculos serpenteaban en el aire, intentando agarrarse a cualquier cosa. No paró su pequeño viaje gasta que chocó contra un árbol cercano, astillando su tronco debido al tremendo choque.
-¡Hereje! ¡Inmundicia!- Gra-Noth soltó los siguientes insultos hacia el Zombie en su propio, extraño y antiguo idioma, para después, volver a hablar en el idioma que conocía Simon Garth-. ¡Excremento! ¡Basura orgánica! ¡Soy el Devorador de Muertos y tú eres un muerto!
Gra-Noth volvió a introducir sus tentáculos dentro de la tierra del cementerio. El Zombie comenzó a andar hacia él hasta que escuchó un extraño sonido que comenzó a rodearle. Era como si la tierra a su alrededor se estuviese abriendo, mezclado con sonidos de madera destrozándose. Al ver las primeras manos de los muertos, que segundos antes habían ocupado sus tumbas en paz, surgiendo del suelo, abriéndose paso a través de la hierba y de la tierra que les cubría, supo enseguida de qué se trataba; Gra-Noth estaba despertando a los mismos muertos que, minutos antes, estaban en su menú.
El Zombie siguió andando, casi sin inmutarse ante los muertos vivientes que surgían a su alrededor. Seguía avanzando a su lento paso hacia el monstruo cuyos poderes estaban despertando a todos los muertos del cementerio que en pocos minutos, acabarían por rodear por completo a Simon Garth. A él no le importaba. Si llegaba antes a la criatura que los zombies hasta él, podría acabar con ella y, seguramente, se rompería el control que ejercía sobre los muertos vivientes.
Cuando le quedaban unos escasos tres metros para llegar hasta Gra-Noth, varios muertos le bloquearon el paso, colocándose en su camino como si de un muro de huesos y carne podrida se tratase. Simon Garth hizo caso omiso a los las mandíbulas que intentaban alcanzar su cuello, a las manos que querían agarrar sus miembros y los gemidos lastimeros que suplicaban su muerte. Se paró y de un fuerte golpe con uno de sus puños, arrancó a la vez la cabeza de los cuatro muertos que le cortaban el paso, para sorpresa de la criatura que les había despertado y les controlaba. Antes de poder volver a ponerse en marcha, observó como los muertos le rodeaban cada vez más. Dos de ellos se lanzaron a su espalda. Segundos antes de quitárselos de encima de golpe, otros tres zombies se le echaron encima, haciendo que se arrodillase en el suelo.
Justo antes de hacer al suelo, bajo una montaña de carne putrefacta que se movía tan solo por poderes sobrenaturales, sin raciocinio u objetivo alguno, el Zombie pudo observar, con sus fríos y muertos ojos completamente blancos, como Gra-Noth parecía reírse con un susurro que helaría la piel de cualquiera. De cualquiera menos de él. Estaba muerto y pocos cosas podían matarle. Estaba seguro que un ser como aquel, que comía cadáveres, podía acabar con su no-vida, pero no iba a arriesgarse a comprobarlo. Lo último que vio antes de que los cadáveres que tenía encima le cayeran sobre la cara fueron dos tentáculos más que salían de las mangas de la túnica de Gra-Noth, uniéndose a los otros dos tentáculos que ya había sacado un rato antes.
-¡Pareces fuerte, misterioso muerto andante!- rugió Gra-Noth notando como sus fuerzas iban aumentando debido a la cantidad de cadáveres que sus cuatro tentáculos le ayudaban a ingerir-. ¡Mis cadáveres te debilitarán lo suficiente como para poder comerte! ¡Seguro que me darás las suficientes fuerzas como para comenzar a comer en serio!
Varios zombies salieron volando. Simon Garth comenzó a dejarse ver de nuevo entre la oleada de muertos que se le había echado encima. Arrancó la cabeza a dos con sus propias manos y las usó para matar (de nuevo) a otros dos zombies que tenía cerca. Uno de ellos le mordió en un brazo. De un fuerte movimiento, el Zombie le arrancó la mandibular. Con rapidez, aplastó su cabeza contra el suelo, convirtiéndola en una pasta que apenas podía decirse que hubiese pertenecido a un ser humano. Recibió varios mordiscos en su espalda, mientras varios muertos vivientes estiraban sus delgadas piernas carentes de vida, intentando arrancárselas. El Zombie se quitó de encima a los cadáveres que intentaban despojarle a la fuerza de sus piernas y después comenzó a destrozar a los que le molestaban en su espalda. Gra-Noth observó, impresionado, a aquella criatura destrozando a las que eran como ella. ¿De dónde había salido ese muerto viviente? ¿Por qué era tan fuerte? ¿Y por qué parecía querer acabar con él? No parecía que nadie le estuviese controlando, pero no desechó la posibilidad de que así fuese después de todo y que alguien le hubiese enviado para eliminarle. Algún humano con poderes sobre los muertos. Nigromantes, así eran conocidos en las épocas más oscuras de la humanidad. ¿Seguiría siendo así?
El no-muerto que respondía al nombre de Simon Garth siguió avanzando hasta Gra-Noth, el Devorador de Muertos, quitando de su camino los diferentes zombies que mandaba la criatura para detenerle. Brazos rígidos, piernas grisaceas, cabezas con ojos sin vida, trozos de carne muerta... todo volaba por doquier ante la brutal y determinada acometida de Simon Garth, el Zombie.
Finalmente y para sorpresa de la bestia, llegó hasta su objetivo. Gra-Noth sacó dos de sus tentáculos de la blanda tierra del cementerio y los disparó contra el Zombie, el cual alargó los brazos. La mano de uno de ellos agarró uno de los tentáculos, mientras que el otro se le escapó. Simon Garth aguantó con toda su fuerza el tentáculo que había alcanzado, a la vez que el otro serpenteaba por el aire, dispuesto a enroscarse en su cabeza. Finalmente lo hizo en el brazo que tenía libre. Ambos enemigos se habían agarrado mutuamente y ninguno de los dos pensaba ceder al otro.
El Zombie hundió sus pies en la tierra, entornó aún con más fuerza los dedos de su mano en el tentáculo, haciéndolo sangrar. Gra-Noth soltó un pequeño gemido de disgusto y dolor y, por primera vez tras eones, vio con horror su propia sangre, cayendo entre los dedos del fuerte hombre muerto. Su tentáculo apretó aún más el brazo de Simon Garth, quien no daba muestras de sentir dolor. Sus otros dos grandes apéndices viscosos seguían triturando cadáveres por debajo de los pies del Zombie, proporcionando alimento a su amo.
El monstruo lanzó un horrible y aterrador grito de dolor cuando el Zombie logró arrancarle de cuajo el tentáculo que agarraba con su mano. La viscosa, repugnante y olorosa sangre verde oscura que llenaba el largo apéndice bañó el suelo del cementerio y salpicó al Zombie. Gra-Noth echó el cuerpo hacia atrás, centró toda su furia y dolor en el tentáculo con el que agarraba a Garth y tiró de golpe, arrancándole parte del brazo que se desprendió de su cuerpo con un seco chasquido. El hombre muerto, no pareció darse cuenta siquiera de que le habían arrancado un brazo o puede que no le importase. Gra-Noth pensó que quizá tenía tan claro su objetivo que luego tendría tiempo para preocuparse de las extremidades que le faltaban. Peor no habría un luego para ese zombie. Gra-Noth pensaba comérselo, coger sus fuerzas y escupir sus restos.
El Zombie agarró a otro muerto viviente del cuello con la mano que tenía libre y le aplastó la traquea con todas sus fuerzas, acabando con su repentina vuelta a la vida. Vio como Gra-Noth se levantaba, no sin esfuerzo. Le lanzó el cadáver que había creado con sus propias manos, desequilibrándole. El antiguo monstruo, el Devorador de Muertos, sacó los otros dos tentáculos, furioso por no tener aún la suficiente fuerza como para acabar con su enemigo con facilidad y se quitó de encima el cadáver que el Zombie le había arrojado. Cuando pudo volver a ver sin nada que se interpusiera en su campo de visión, se dio cuenta que tenía frente a él al Zombie.
Simon Garth puso todas sus fuerzas en el brazo, cerró la mano formando un puño y con él golpeó el lugar donde debía estar la cara de Gra-Noth. El puño destrozó lo que se podía llamar el rostro de la criatura, bañando la mano del Zombie con el líquido viscoso y verde oscuro que le servía de sangre. El cuerpo de Gra-Noth dio varios rápidos espasmos antes de caer sin vida al suelo. Los tentáculos dejaron de moverse y en cuestión de minutos y ante los fríos ojos de Simon Garth, el monstruo pareció derretirse hasta formar parte de la tierra del cementerio, dejando tras de si su túnica, Segundos después de que el cuerpo de Gra-Noth desapareciese, un grito inhumano asoló el cementerio y los pocos muertos vivientes que quedaban en pie cayeron ante la poca importancia que les daba el Zombie, quien se acercó hasta su brazo arrancado, lo cogió y se lo colocó justo en el sitio del que había sido arrancado. Tardó un poco, pero al final, los poderes regenerativos del Zombie hicieron efecto y el brazo se pegó a su sitio, como si nunca hubiese sido arrancado de allí.
El muerto andante empezó a salir del cementerio, dispuesto a seguir su camino, a su paso, muy lento pero con total determinación. Sabía que aún había criaturas salidas de las más oscuras tinieblas que deseaban hacerse con un mundo que consideraban suyo por derecho propio y que no se detendrían ante nada. Él podía ayudar y así lo haría hasta que el mundo acabase, todos los monstruos muriesen o, finalmente, encontrase su final a manos de alguno.
Un resplandor rojo a su espalda le hizo volverse. Sus ojos se encontraron con la figura del Hermano Vudú que avanzaba hacia él. Tras él, el Hijo de Satán, Daimon Hellstorm, sujetaba su tridente infernal.
-Amigo Simon Garth- dijo Jericho Drumm parándose frente al Zombie-. Te hemos estado buscando. Debo darte las gracias, en nombre de la humanidad, por encargarte de Gra-Noth, Amo de los Despojos.
-De... de... nada- pronunció el Zombie. El Hermano Vudú era uno de los pocos amigos que tenía, una de las pocas personas que aún le trataban como un ser humano y no como un cadáver viviente y siempre le estaba agradecido. Hablarle era una buena muestra de agradecimiento.
-Ahora, te necesitamos para otro cometido de gran importancia. ¿Nos acompañas?
El Zombie asintió. No hacía falta preguntarlo.
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Minot, Dakota del Norte.
En la frontera con Canadá.
El poderoso vampiro conocido como Hambre destrozó la puerta de un solo puñetazo. Los pedazos se esparcieron por toda la tienda, haciendo que la mujer gimiese de puro terror, al comprobar la fuerza de aquel ser. Lo que no sabía Margot Lane, encargada de aquella tienda de artículos esotéricos y bruja por herencia, era que Hambre era más fuerte cuantos más vampiros tenía a su servicio. Cuantos más vampiros convertía, más crecía su fuerza, su agilidad, su velocidad y sus poderes en general. Tenía tan solo tres vampiros a su servicio, desperdigados por todo Estados Unidos y era así de fuerte. Pocos sabían su secreto y esos pocos temían el día que el número de vampiros de Hambre superasen la veintena.
Margot Lane, de veintinueve años de edad, rubia, de pelo rizado y aspecto atlético pero a la vez femenino, pronunció un hechizo que creó una barrera de fuerza invisible que atravesó toda la tienda, entre ella y Hambre, el cual solo se limitó a sonreír comprobando que, efectivamente, se encontraba ante una barrera de fuerza. No muy poderosa, pero lo suficientemente efectiva como para retrasarle y que a la bruja se le ocurriese otra solución más efectiva. Tenía que distraerla, asustarla. En definitiva, ganar tiempo.
-Creo que ya sabes lo que va a pasar- susurró Hambre cruzándose de brazos tras la barrera y sonriendo para mostrar sus dos enormes incisivos.
-¡Aléjate de mi, monstruo!- gritó Margot Lane aterrorizada.
-No soy un monstruo, pero ya sabes qué soy realmente.
-¡Tengo poderes!
-¿Crees que no lo sé?- Hambre rió-. ¡Inténtalo de nuevo, saco de carne! Para mi solo eres un filete poco hecho que anda y habla. Poco más. Pero puedo hacer una excepción.
-¡Mi barrera te mantiene lejos de mi!
-Por un tiempo- Hambre acarició la barrera invisible frente a él y apretó su cara contra ella, haciéndole una horrible mueca a la mujer, que sintió un escalofrío en lo más profundo de su ser-. Es cuestión de tiempo que la rompa o no puedas mantenerla subida.
-¡Eso no lo sabes!
-Claro que lo sé. No pareces muy poderosa. De otro modo, ya me habrías destruido o lo habrías intentado como mínimo.
La mujer no contestó. El vampiro tenía razón y lo que era peor, sabía que tenía razón. Podía pensar en algo mientras la barrera desaparecía poco a poco, pero podía llegar a ser demasiado tarde para ella. Tenía que actuar con rapidez si quería salir viva de esa situación.
-Podemos hacer un trato- dijo de repente el vampiro.
-¿Cómo? Eres un vampiro. Quieres...
-No quiero tu sangre. ¿Crees que si tuviera hambre me habría metido con una bruja? Por menos poderosa que fueses, los problemas que me darías no valdrían tu sangre. No, he venido buscando algo que me interesa. Damelo y me iré sin matarte.
-No puedo creerte.
-Es lo único que te queda. La otra opción es esperar a que la barrera baje y torturarte hasta que me digas lo que quiero saber y después matarte. Sentirás muchísimo dolor. Te haré cosas que están lejos de tus pesadillas más retorcidas y, cuando ya no puedas más y me supliques la muerte... no te la daré. Seguiré jugando contigo por el mero placer de vengarme por el tiempo que estoy perdiendo aquí de pie y porque la sangre de la gente que sufre sabe mejor. Te lo dice todo un experto.
-¡Cállate!- gritó Margot Lane.
-Puedes escuchar mi oferta por lo menos. Busco un libro de conjuros. Me ayudarán a librar de su encierro a un buen amigo mío. Damelo y te dejaré en paz.
-No puedo darte un libro así.
-Se llama el libro de Tralax. Según tengo entendido, Tralax era un monje del siglo doce que tenía experiencia con la persona que quiero liberar de su encierro. Sus hechizos hacen que mi amigo no solo pueda ser encerrado, sino liberado de donde esté, sea cual sea el sitio.
-Los conjuros de ese libro son...
-¡Diablos!- Hambre comenzaba a perder la paciencia-. ¡No quiero los demás conjuros! ¡Tan solo quiero uno en concreto para liberar a un ser en concreto! Dame el libro y me iré. Estoy hablando demasiado y siendo muy paciente, cuando actúo siempre de forma contraria. Considérate afortunada.
Margot Lane meditó la propuesta. Estaría a salvo, pero a saber a qué criatura querría liberar un vampiro como aquel. Desde donde estaba sentía su poder y sabía demasiado. Además, aún estaba el detalle de si la dejaría vivir al final o no.
Hambre golpeó con fuerza la barrera de fuerza, haciéndola temblar y sacando a Margot de sus pensamientos.
-¡No tengo todo el día!- gritó el vampiro.
-¡De acuerdo!- exclamó la temblorosa mujer-. ¡Está ahí!
Hambre miró la dirección que señalaba el dedo de la mujer y rebuscó en la estantería repleta de libros sobre el significado de los sueños, sobre conjuros para la buena suerte y remedios homeopáticos. Tiró gran parte de los libros hasta dejar la estantería vacía. Fue a darse la vuelta para protestar ferozmente ante el engaño de la mujer, pero vio como uno de los trozos de madera de la parte de la estantería pegada a la pared estaba algo suelto. Sacudió un fuerte puñetazo a la madera y encontró una especie de hueco en la pared, tapado por un trozo de madera que se confundía con la estantería. Cogió el libro cubierto con varias telas blancas y leyó el nombre que indicaba su cubierta: Tralax.
Sonrió ampliamente, se volvió para enseñarle su descubrimiento a Margot Lane, desapareció su sonrisa y en un parpadeo ya no estaba allí. La mujer dejó subido el campo de fuerza incluso varios minutos después de que el vampiro desapareciera de su tienda como por arte de magia. No se creía que estuviese viva, pero quería asegurarse.
Oyó una especie de golpe al otro lado de la tienda y fue entonces cuando la pared en la que se estaba apoyando explotó en miles de pedazos. Antes de saber qué pasaba, sintió unas largas manos con garras que le agarraban el cuello. Solo pudo pensar que al final no lo había conseguido antes de que Hambre hincase sus colmillos en su largo cuello.
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Ciudad de Metrópolis.
Más allá del tiempo y del espacio.
Cuando el Hijo de Satán y el Hermano Vudú entraron en la sala donde les esperaban los demás miembros del Concilio Místico del Primero, Mark Anthony Todd, de pie en el centro del hueco que tenía la redonda mesa donde se sentaba los allí presentes, se volvió hacia ellos. Una mueca de sorpresa se dibujó en su rostro al ver aparecer al Zombie, el cual andó lentamente tras el Hermano Vudú y se quedó tras él cuando se sentó. Daimon Hellstorm se sentó su sitio correspondiente y entonces pudo comenzar la nueva reunión de aquel poderoso y secreto grupo de personajes sobrenaturales.
-Lo habéis encontrado rápido- dijo Modred el Místico siendo el primero en hablar.
-Había acabado con Gra-Noth- añadió Hellstorm.
-Una pequeña victoria- dijo el Doctor Extraño a su vez-. Te estamos muy agradecidos, Simon Garth.
El Zombie asintió levemente. Prácticamente todos asintieron ante las palabras del Doctor Extraño, salvo el Doctor Muerte e Isabella Inferno.
-¿Podéis ya explicarme qué hago aquí?- preguntó Anthony Todd con curiosidad e impaciencia-. Agradezco que la chica con el caballo volador y el monstruo con alas me liberasen. No me gustaba ser maltratado como lo era, pero hace rato que me dijisteis que estaba aquí por alguna razón.
-Esperábamos la llegada de tu posible compañero- dijo Clea, antigua amante del Doctor Extraño, de gran atractivo físico y pelo blanco como la nieve.
-¿Mi compañero?- miró al Zombie-. ¿Ese hombre muerto?
-¡Trátale con un poco más de respeto!- exclamó indignado el Hermano Vudú.
-Deberíamos calmarnos- opinó Druida-. Está claro que el señor Todd lleva muchos años desconectado del mundo que ahora ocupamos. Sé lo que se siente al estar un tiempo... sin estar aquí, si se puede llamar así. Démosle algo de tiempo para que se adecue a la situación.
Mark Anthony Todd respiró con calma y agradeció en silencio las palabras de aquel desconocido. Todos se habían presentado nada más dejarle allí el hombre del pelo rojo. Recordaba que se hacía llamar Druida y parecía bastante callado y algo reacio a hablar. Sin embargo, había salido en su defensa y tenía razón. ¿Cuánto tiempo había estado encerrado, olvidado? ¿Veinte años? ¿Cuarenta? ¿Sesenta? ¿Cuánto tiempo había pasado desde la Segunda Guerra Mundial? No lo sabía con exactitud, pero todo aquello para él era muy nuevo. Le habían dado de comer y de beber lo que había pedido y había podido darse una ducha rápida mientras iban a por aquel hombre muerto que decían que iba a ser su compañero. Aquel sitio le daba ciertas sensaciones que no le gustaban lo más mínimo. La comida y la bebida se las había encontrado en una enorme sala donde cualquier cosa que alguien desease para comer y beber se aparecía al instante a quien efectuaba el deseo. Sin repercusiones o condiciones de ningún tipo. Había podido tomar una refrescante ducha (¿cuánto tiempo había pasado desde la última?)En una sala enorme, más grande aún que la de los alimentos, llena de piscinas, estanques de agua caliente, baños termales... aquel lugar no era normal, no hacía falta ser un cerebrito para saberlo. Tenía la sensación de estar rodeado de una magia antigua y maligna, pero usada eficientemente por aquellos hombres para hacer el bien. Tenía la impresión de estar en una torre creada por seres antiguos y malignos para efectuar sus malignos planes en otros tiempos.
-Druida tiene razón- dijo Modred.
-Mark Anthony Todd- dijo el Doctor Extraño para captar la atención del hombre-. Antiguo reportero hasta que dio, por casualidad, con la existencia de los Hombres Cráneo. Una extraña raza que podía hacer invisibles sus cuerpos, dejando a la vista solamente sus cráneos. Te enseñaron muchos de sus poderes, de sus habilidades y las formas de conseguir algunas de ellas.
-Más de lo que decías, Extraño- añadió Hellstorm-. Según me han contado la Valkiria y la Gárgola, tenemos ante nosotros a una especie de primigenio espíritu de la venganza (1).
-El señor Todd no es eso, aunque sí lo parezca- replicó Steen Extraño-. ¿Verdad? Los Hombres Cráneo le enseñaron más de lo que dejó mostrado en la Segunda Guerra Mundial. ¿O fue durante su confinamiento cuando comenzó a adquirir esas habilidades?
-Ha dado en el clavo, doc- Todd le guiñó un ojo-. ¿Doctor Extraño? Me enseñaron muchas cosas y con el tiempo las fui perfeccionando.
-¿Cuáles son tus poderes?- preguntó la reticente Isabella Inferno.
-Son una sorpresa- Anthony Todd sonrió misteriosamente.
-No es de fiar- protestó la mujer.
-¿Por qué no quiere decirte sus habilidades?- preguntó Hellstorm-. Está en su derecho. Además, no está aquí para que aprendamos sus habilidades.
-Tiene razón- atestiguó el Doctor Extraño-. Está aquí para colaborar con nosotros. El señor Todd era un poderoso aliado de los Invasores y con su actual experiencia y nuevos poderes conseguidos durante su confinamiento, puede...
-¡Tonterías!- replicó el Doctor Muerte levantándose de su sitio y señalando amenazadoramente a Todd-. ¡Dinos tus habilidades ahora mismo! ¡Muerte te lo ordena!
-¿Muerte?- Todd le miró como si ese nombre no significase nada para él-. ¿Han ganado los nazis después de años de guerra? ¿Qué clase de nombre es ese?
-¡Perro! ¡Pagarás cara tu insolencia!
-Basta- murmuró el Desconocido.
El Doctor Muerte le miró. Todos miraron a Victor Von Muerte, quien al cabo de unos segundos mirando al Desconocido, que apenas se dignó a volver su cabeza hacia el monarca de Latveria, se volvió a sentar en su sitio. El Doctor Muerte no iba a discutir con alguien de quien no sabía absolutamente nada. Aunque eso, solo era cuestión de tiempo. Él sería el primero en averiguar todo sobre el Desconocido y en hacerle pagar ofensas como aquella.
-Como estaba diciendo antes de ser interrumpido- Stephen Extraño siguió hablando-. El señor Todd fue un poderoso aliado de los Invasores durante la Segunda Guerra Mundial. Estuvo a las ordenes del mismísimo Capitán América y sus poderes hablan por si mismos.
-¡Sí! ¡El Capi! Que tiempos aquellos...- Anthony Todd se pasó una mano por su cabeza carente de cabello y sonrió, recordando los viejos tiempos-. ¿Sabéis qué ha sido del bueno del Capi?
-Ha muerto- dijo Isabella Inferno.
-¡¿Cómo?!
-Isabella bromea, señor Todd- replicó rápidamente el Doctor Extraño mirando con seriedad a la sonriente mujer-. Nada puede matar a nuestro colega, el Capitán América.
-¡Y usted que lo diga!
-Seguiremos con el tema que nos atañe- Stephen Extraño carraspeó-. La Tierra vive en estos momentos una edad oscura que...
-Perdone- le interrumpió Todd-. Pero me gustaría saber en qué año estamos.
-Estamos en el dos mil ocho- dijo Hellstorm.
-¿Dos mil ocho? ¿Siglo veintiuno?- Todd parecía perturbado ante la noticia-. ¿Llevo encerrado... aproximadamente sesenta años?
Todos callaron, dejando que el hombre fuera de su tiempo comenzará a aceptar el tiempo que había pasado encerrado, torturado, siendo humillado cada pocas horas día sí y día también. Apartado de sus amigos, de su familia, de cualquier oportunidad de llevar una vida como la de los demás, apartado de poder usar sus poderes para hacer algún bien por el mundo. Le habían quitado sesenta años de su vida y estaba asimilándolo demasiado bien. Eso era lo que le daba más miedo.
-¿Por qué no ha envejecido?- preguntó el Hermano Vudú.
-Sus poderes- fue el Desconocido quien contestó.
-Parece que los Hombres Cráneo le dotaron de ciertos poderes inmortales- añadió Modred-. O eso o los aprendió él mismo.
-Lo... lo siento...- se disculpó Anthony Todd-. Solo es que... no me lo esperaba. Tengo muchas preguntas y...
-Puedo prometer por todos nosotros que serán todas contestadas a su debido tiempo, señor Todd- dijo el Doctor Extraño levantándose-. Pero tenemos una misión para usted ahora mismo que requiere prioridad absoluta. Una misión para el bien del mundo.
-Sí... bueno... lo entiendo...- musitó Anthony Todd-. ¿Qué debo hacer?
-Deben, amigo- replicó Isabella Inferno-. El hombre muerto al que te referías antes será tu compañero.
Todd se volvió y saludó al Zombie amigablemente. Garth apenas si movió la cabeza para devolverle el saludo- Era un extraño y aún no confiaba en él lo suficiente como para ir más allá de compañeros de armas.
-Lo siento... por lo de antes- se disculpó Todd.
El Zombie siguió sin responderle aunque le gustó que se disculpará. Muy pocos lo hacían.
-¿No habla?- preguntó Mark Anthony Todd a los miembros del Concilio Místico del Primero.
-Solo lo necesario y con la gente adecuada- respondió Jericho Drumm, conocido allí más bien como el Hermano Vudú.
-La Tierra vive uno de sus peores momentos, señor Todd- siguió diciendo el Doctor Extraño, sabiendo que cualquier minuto que perdiesen con discusiones y conversaciones frívolas podría ser usado por fuerzas malignas para abrir la puerta dimensional de las Montañas Rocosas-. Fuerzas oscuras y sobrenaturales se han aliado con un dios asgardiano que quiere venganza y reinar por encima de todo. Los panteones de los diferentes dioses están en peligro, hasta el universo podría ser dominado por estas criaturas y su aliado asgardiano. La Tierra sufre un gran peligro, ya que estos seres antiguos la reclaman como suya y están haciendo grandes progresos para hacerse con ella: desastres naturales, muertos que se levantan de sus tumbas, seres que se han visto liberados de antiguos hechizos de encierro, ríos de sangre, monstruos que surgen de los más oscuros bosques, el cielo se ha teñido de sangre... y necesitamos toda la ayuda posible.
-Entiendo...- esa información era tan terrible para Anthony Todd como la de la fecha en la que se encontraba. Podía haber sido liberado para morir y ver destruido el mundo que tanto había luchado por proteger hacía ya años.
-Los pliegues temporales y dimensiónales son más débiles que nunca y...
-¿Perdón?
-El Doctor Extraño se refiere a las fuerzas espacio-temporales que separan los diferentes universos y realidades- le explicó Clea-. Esas fuerzas se están debilitando debido a estos hechos que están teniendo lugar. Incluso ahora mismo, mientras hablamos, se debilitan a un ritmo vertiginoso. Puede entrar o salir cualquier cosa de otra dimensión o realidad en nuestro mundo y viceversa.
-Hasta ahí lo entiendo- dijo Todd.
-Queremos que el Zombie y tú vayáis a una remota región nevada donde una de las grietas dimensiónales está demasiado débil. Cualquiera podría aprovecharla- le terminó de explicar Stephen Extraño-. ¿Podemos contar con tu ayuda? Lo entenderemos si te niegas. Es muy pronto para ti y...
-Lo haré- aceptó inmediatamente Anthony Todd-. He combatido el mal en este mundo desde que conseguí estos poderes. No quisiera haber vuelto al mundo para verlo destruido.
-Nos alegra que aceptes- dijo el Doctor Extraño satisfecho-. No esperaba menos de usted, señor Todd, con su fama. Una cosa, antes de que Daimon Hellstorm pueda llevarles hasta su objetivo.
-Claro.
-Procure no mencionar esta reunión con nadie ajeno a ella.
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Canadá.
Monte Foraker.
Las bajas temperaturas apenas hacían efecto en el cuerpo sin vida del vampiro conocido como Hambre. Siguió caminando por la zona totalmente cubierta de nieve haciendo caso omiso a sus pies, que se hundían a cada paso. Ya no nevaba, pero a esa altura y en esa zona, no tardaría en hacerlo de nuevo. Le daba totalmente igual, su objetivo estaba claro y su determinación era total. Usaría los conjuros del libro para abrir totalmente la grieta dimensional que había por esa zona. Conocía su ubicación exacta, traería de vuelta a quien quería junto a él en ese planeta alimentándose de la gente y después irían a poner en marcha ese plan tan simple. Incluso, quizá el libro le sirviera a su nuevo “amigo” para traer de vuelta a alguien más.
Pero antes de abrir por completo la grieta dimensional por la parte exacta y de modo preciso, iba a alimentarse y proveerse con un buen montón de esclavos vampiros que le dieran bastante poder para cualquier eventualidad. No solo obtendría mucho poder, sino su propio pequeño ejercito para comenzar a alimentarse del mundo.
Acabó su camino y desde aquella pequeña montaña, logró ver el pequeño pueblo de Cold Water. No más de doscientos habitantes, suficiente alimento para él y su nuevo amigo. Seguramente estaría hambriento, muy hambriento.
Miró al cielo y supo que pronto saldría el Sol. Tenía que comer y ocultarse y aquel pequeño pueblecito en la ladera del monte Foraker, apartado de toda la civilización, iba a ser su escondite y su restaurante.
CONTINUARÁ...
1.- Daimon Hellstorm se refiere a antiguos, misteriosos y poderosos seres que efectúan venganza contra los culpables que dañan al inocente. El Motorista Fantasma Johnny Blaze, Venganza, o el Motorista Fantasma Danny Ketch son ejemplos de diferentes espíritus de la venganza. De ahí que al parecerse tanto Cráneo Llameante a ellos, la Gárgola y la Valkiria le hayan confundido con uno de ellos.