PROLOGO
Mogo, el planeta viviente.
Kilowog se agachó para tocar el terreno de tierra y rocas que tenía bajo sus pies. Su traje de verdes motivos le indicaba claramente como miembro de los Green Lantern Corps, los Protectores del Universo, los Guardianes de Oa, los hombres de confianza de los Guardianes del Universo... Numerosos nombres recibían, y mayor era su poder, que emanaba de sus verdes anillos por medio de la fuerza de voluntad y la imaginación de quienes los llevaban.
El suelo lanzó un leve temblor a la mano de Kilowog; era Mogo, saludándole de la manera más directa que sabía. El Green Lantern sonrió, y pese a su brutal aspecto, quien le estuviese viendo en aquel momento, hubiese visto el gesto como algo simpático y agradable; pese a su apariencia exterior, Kilowog estaba lejos de ser una bestia sin cerebro, un monstruo sin raciocinio alguno. Era todo un héroe, admirado entre los Green Lanterns, tanto los más jóvenes como los más veteranos, y ampliamente respetado por los Guardianes del Universo, quienes habitaban Oa y llevaban el control de la enorme Batería Central que proporcionaba la energía a los anillos de los Protectores del Universo. Precisamente, esa era una de las razones por las que Kilowog era el más importante entrenador de los Green Lanterns, y uno de los más queridos. No era extraño que Mogo, un planeta viviente, sintiese cierto afecto hacia él. ¿Cuántas pruebas había llevado a cabo con los más jóvenes Green Lanterns en su superficie? Habían sido tantas y tantas, que habían acabado por hacerse más que amigos; compañeros de armas, colegas, prácticamente hermanos... Tan diferentes ambos, y tan parecidos por dentro. Ninguno de los dos juzgaba a los demás por su aspecto, y mucho menos entre ellos.
Kilowog se levantó, y al posar sus manos cada una a un lado del cuerpo, notó que se había manchado las partes oscuras del traje con parte de la tierra de Mogo. No le importó lo más mínimo; limpiarse hubiese sido como un pequeño insulto a un amigo que no lo merecía.
Tras ponerse en pie, miró hacia su izquierda; el terreno que se extendía ante sus ojos alienígenas era un vasto territorio de terreno rocoso y color ceniciento cubierto por una espesa niebla blanca formada por el vapor de agua que desprendían los géiseres que escuchaba desde donde estaba. A su derecha, a varios metros de él, se encontraba la montaña que acababan de cruzar él y los cinco nuevos reclutas que estaban dispuestos a entrar en los Green Lantern Corps por todos los medios, aunque tuviesen que poner en peligro su propia vida. Llevaban los trajes verdes y negros de los elegidos como próximos Green Lanterns que aún no lo eran; los cinco miraban hacia el cielo oscuro y estrellado, con los brazos a la espalda, el pecho hacia fuera, y una tremenda expresión de respeto en sus rostros. Kilowog se acercó hacia ellos a grandes zancadas y con cara de pocos amigos; su gran tamaño, y su enorme musculatura imponían. Cualquier terrícola hubiese dicho que su aspecto se asemejaba al de un cerdo, aunque no de manera despectiva.
-¡Atentos, reclutas!- gritó Kilowog situándose a tan solo diez centímetros de los que pensaban ser los siguientes Green Lanterns del universo-. ¡¿Alguno de vosotros sabe por qué estamos aquí?!
Uno de ellos, la única chica del grupo, fue a contestar, pero un gruñido de Kilowog la detuvo. A unos metros de ellos, en la zona rocosa y gris, un géiser escupió su contenido con más fuerza de lo habitual; Mogo se había reído ante la actuación de su amigo.
-¡Era una pregunta retórica, Traxa!- Kilowog siguió inspeccionándoles uno a uno, como si esa fuese la autentica prueba-. ¡¿En cuántos sectores dividieron los Guardianes el universo, Traxa?
-¡En 7.200 sectores, señor!
-¡¿De dónde proviene el poder de nuestros anillos, Traxa?!
-¡De nuestra fuerza de voluntad, y de la Batería Central que se encuentra en Oa, señor!
-¡¿Qué limites tienen nuestros anillos, recluta?!
-¡Nuestra imaginación, señor!
-¡Esas son preguntas de examen, reclutas!- rugió Kilowog que, a pesar de su rudo aspecto y sus gritos, siempre era justo, amable y cercano con sus alumnos; duro pero justo, decían de él-. ¡Sé perfectamente que sabéis la razón de estar aquí! ¡Esta es la prueba final que debéis pasar para ser Green Lanterns de pleno derecho! ¡Una zona del planeta diferente para cada grupo de reclutas! ¡Todos contra todos! ¡El que queda consciente, es el que acaba perteneciendo al más noble cuerpo de defensa interespacial! ¡Los demás, deberéis esperar a la recuperación de dentro de unos meses! ¡No solo debéis enfrentaros a vuestros compañeros, sino a todas las trampas que Mogo os pondrá!
Kilowog siguió observándoles, dándoles unos minutos para que asimilasen la situación, y pudiesen hacer las preguntas pertinentes. Dio gracias por que le hubiese tocado un grupo que lo entendiese todo a la primera.
-¡Traxa!- Kilowog miró a la chica de baja estatura, ojos totalmente negros de insecto, pelo corto y negro, y piel rosada-. ¡Eres inteligente, pones en entredicho la autoridad, haces demasiadas preguntas a veces, eres ágil, y una de las mejores estrategas que nunca he visto! ¡Los Dro´x del sector 3.201 se sentirán orgullosos aunque no llegues a ser una Green Lantern!
-¡Gracias, señor!- saludó Traxa con cierta sorpresa; no esperaba tales halagos de su entrenador debido, precisamente, a que cuestionaba todas sus ordenes a la mínima oportunidad.
Kilowog pasó al siguiente recluta, de cara verde con arrugas en su barbilla y aspecto reptilesco; pertenecía a los skrulls, una raza alienígena de multiformes bastante belicosos. Sin embargo, los había pacíficos, y buenos; entre los skrulls, había cientos y cientos de grupos y facciones con diferentes credos y lealtades.
-¡Trill K´to, del Mundotrono skrull!- el extraterrestre cambiante pareció ponerse más recto ante la cercanía de su maestro-. ¡Eres fuerte, inteligente, y sabes usar tan bien tus habilidades que no te haría falta el anillo de poder para lograr llevar la paz a los terrenos más inhóspitos del universo! ¡Tu raza tiene muy mala fama, pero a nosotros los Green Lanterns eso nos da igual, sobre todo porque has demostrado valer tanto como el más alto de los Green Lanterns! ¡Trill K´to del sector 2.332, serás un gran Green Lantern si logras la victoria en este día!
-¡Eso espero, señor!
El entrenador asintió y pasó al siguiente recluta; sus ojos completamente rojos, su piel totalmente blanca, y las marcas negras alrededor de sus rojizos ojos le marcaban como un czarniano. Por todo el universo se decía que quedaba muy pocos, y se rumoreaba que se debía a que uno de ellos, el más violento de todos, se había vuelto loco y los había matado a todos. El recluta que tenía Kilowog frente a él desmentía el rumor; tanto el que decía que sólo quedaba un czarniano, como el que los situaba como una de las razas más peligrosas y violentas del universo. Una gota no hacía un océano, pensó Kilowog.
-¡Talos de Czarnia!- el preparador de Green Lanterns contempló que era el más bajo de todos, pero no por ello el más débil, ni el de menos valía-. ¡Perteneces a un pueblo denostado por una manzana podrida a la que el cuerpo de Green Lanterns lleva tiempo buscando! ¡Te da igual lo que dicen de ti a tus espaldas! ¡Eres tenaz, astuto, fuerte, valeroso, y nunca te das por vencido! ¡Tu enorme fuerza de voluntad podría ponerte a la altura del gran Hal Jordan! ¡Talos del sector 666, si eres el siguiente Green Lantern, sin duda serás uno de los mejores de la historia del cuerpo!
-¡Muchas gracias, señor!
Kilowog fue para el siguiente; aunque supusiera retrasar el enfrentamiento de los alumnos contra ellos mismos, y las trampas de Mogo, sabía que unas palabras de animo nunca les vendría mal. Duro pero justo, eso decían de él por toda Oa, sobre todo, los más veteranos del lugar.
El muchacho de joven aspecto, musculoso, alto y abundante pelo negro, miró a Kilowog brevemente antes de volver sus ojos hacia el cielo oscuro. Su entrenador recorrió su cuerpo con una veloz mirada, contemplando su físico entrenado para la batalla; la fisonomía del joven le recordó a la de los humanos de la Tierra. Podría pasar perfectamente por uno de ellos, como los kryptonianos y alguna que otra raza más.
-¡Nako de Vegeta!- el chico se estiró aún más-. ¡Provienes de una raza de orgullosos guerreros llamados saiyajins que se vanaglorian de buscar el combate por encima de cualquier cosa! ¡Actúa hoy bien, y serás el Green Lantern del sector 7.180! ¡Tendrás honor, gloria, y la oportunidad de combatir hasta el fin de tus días! ¡Que el noble rey Vegeta esté contigo!
-¡Muchas gracias, entrenador!
Kilowog asintió, y se dirigió hacia el último recluta que quedaba. Como ocurría con él mismo, su aspecto no era el más tranquilizador de todos; de hecho, era más raro, anormal incluso entre diferentes seres de otros mundos. Para cualquier otro Green Lantern habría sido un ser extraño e incluso monstruoso; para Kilowog era un recluta más esperando aprobar para ser un defensor del universo, poseedor de un anillo de poder.
-¡Talak de Gonsha!- Kilowog pronunció el apelativo con el que llamaba al alumno que tenía delante; dicho nombre le había sido otorgado debido a que el autentico, el que le habían puesto al nacer, solo sabían pronunciarlo los miembros de su raza-. ¿Qué podría decir de ti, recluta?
El llamado Talak, estaba formado solo por aire; dos pequeñas luces en mitad de donde debía estar su cabeza, le servían de ojos, o eso creían sus compañeros y algunos de los Green Lanterns veteranos. Poco se sabía de la raza de Talak; muchos eran los que no dudaban en afirmar que habían evolucionado hasta un nivel superior de la simple forma corpórea. No era una teoría loca, ni mucho menos; no eran pocas las razas de todo el universo (y otros) que habían llevado a cabo tal transformación hacia algo superior.
-Tienes madera de líder, tienes valor, eres inteligente... No dejes que te influyan los comentarios sobre tu aspecto y sigue siempre a tu corazón y tu instinto. ¡Podrías llegar algún día a ser el más poderos Green Lantern que exista! ¡Recuérdalo!
Talak emitió un leve pitido que suponía un “sí” para todos los que allí estaban. Kilowog asintió, les dio la espalda, avanzó hacia donde había estado al principio, y volvió su rostro hacia ellos de nuevo.
-¡Dejémonos de presentaciones y palabras de animo, muchachos! ¡Estamos aquí con un objetivo, y sólo uno de vosotros lo conseguirá! ¡Sólo uno de vosotros será el siguiente Green Lantern que...!
El entrenador calló de repente, dirigió sus ojos hacia el cielo, y después los llevó hacia el suelo, el cual temblaba levemente; Mogo quería decirle algo a su amigo, y no era algo bueno precisamente.
-¿Ocurre algo, señor?- preguntó Traxa, la única de todos los reclutas que allí estaban que se atrevía a hablarle directamente a Kilowog sin que éste le diese permiso.
-No estoy seguro del todo...- Kilowog miró de nuevo al cielo, y su rostro empezó a mostrar una creciente preocupación que fue dando paso al miedo; no miedo por su vida, sino por las vidas de sus reclutas.
-¿Qué es eso?- preguntó Nako, el saiyajin en un susurro.
Un brillo de color rojo y amarillo apareció en el oscuro cielo como por arte de magia. Poco a poco su tamaño fue creciendo, y los jóvenes entendieron lo que estaba pasando: se dirigía hacia ellos a una velocidad asombrosa.
Alertado por Mogo, y sus silenciosas señales, y por sus propios ojos, Kilowog corrió hacia sus reclutas y alzó su propio anillo de poder por encima de sus cabezas, apuntando con él al cielo.
-¡Agachaos!- gritó el entrenador de Green Lanterns.
Los jóvenes de diferentes planetas hicieron caso a su superior, se cubrieron las cabezas y doblaron las piernas. Del anillo de Kilowog salió un torrente de energía que se transformó en un poderoso escudo que les cubrió a todos por completo; un fuerte sonido pareció salir del propio anillo, como si fuese una de las trompetas del Juicio Final. Los aspirantes a Green Lantern sintieron sus corazones encogerse y sus pechos hincharse de orgullo al ver en acción a su entrenador, y al anillo de éste, el único que tenían conocimiento de que produjese sonidos al usarse.
Kilowog empezó a usar su fuerza de voluntad para intentar rodear al propio Mogo con el poder de su anillo, por si lo que se dirigía hacia ellos pudiese producir un fuerte daño en la superficie del planeta que consideraba su amigo. No le dio apenas tiempo, ya que dos segundos después de empezar a ampliar el escudo energético, la extraña forma amarilla y roja envuelta en llamas, se estrelló contra ellos, ocasionando una fuerte explosión que lanzó piedras, polvo, y pequeños trozos de Mogo por todas partes.
Cuando el polvo y la destrucción se hubieron disipado un poco, Kilowog pudo contemplar, a través de la fina pero poderosa capa verde del escudo energético formado por el anillo, un pequeño cráter en cuyo centro se arremolinaba una espesa nube de humo y polvo que ocultaba al responsable de aquel destrozo. Kilowog supo enseguida por el pequeño tamaño del cráter que Mogo ni siquiera habría notado el impacto, pero aún así, a sus ojos, había sido hacerle daño a su amigo y compañero. Tenía muchas ganas de ver qué o quién había amenazado tanto las vidas de sus alumnos, como la del planeta y la suya propia.
-¡Detrás de mí, alumnos!- ordenó Kilowog a sus reclutas.
Los pequeños tentáculos de humo que se arremolinaban alrededor de lo que quiera que fuese que había aterrizado, se fueron disipando poco a poco, hasta mostrar una figura humanoide completamente dorada y envuelta en llamas que no parecían ser de un fuego normal y corriente, sino más bien energía cósmica pura. No parecía poseer ningún ropaje, pero tampoco parecía poseer sexo alguno, ni marcas de ningún tipo que dijesen de él si era hombre o mujer, aunque su rostro era puramente masculino; parecía que su piel había sido sustituida por una armadura dorada tan, tan fina que se había integrado con él mismo al completo. Los futuros Green Lanterns retrocedieron instintivamente, aunque estaban preparados para entrar en combate a pesar de que la amenaza, si es que lo era, fuese desconocida para ellos; para Kilowog, aquel ser no era ningún desconocido.
-Tú...- murmuró Kilowog sintiendo la furia brotando de cada fibra de su ser.
-¿Es quién creo que es, señor?- preguntó Traxa.
-¿Quién?- preguntó a su vez Nako.
Kilowog dejó de proyectar el escudo verde con su anillo, y lo apuntó directamente hacia la cabeza del recién llegado, quien mostraba un aspecto temeroso, preocupado, y cansado. Cuando cayó al suelo de rodillas, terminó de afirmar el último punto.
-Lo es, Traxa- Kilowog avanzó un poco más y se paró-. ¡Es el Heraldo del Devorador!
Un leve gemido de sorpresa salió de las bocas de algunos de los reclutas del Green Lantern entrenador. A Kilowog no le daba miedo, sino enfado; sabía perfectamente quién era aquel ser, y qué había sido en otro tiempo.
-¡Levántate, Richard Rider del sector 2.814!- el anillo del entrenador empezó a brillar y a emitir un sonido a muy baja frecuencia, como una pistola amartillada a punto de disparar-. ¡Ponte en pie, Richard Rider de la Tierra y responde! ¡Te lo ordena un Green Lantern!
El antiguamente conocido como Richard Rider se levantó; su rostro seguía mostrando cansancio, temor, y restos de tristeza al escuchar su antiguo nombre, el que tenía antes de que el Devorador de Mundos le eligiese como su nuevo heraldo hacía ya bastante tiempo, justo después de que Reed Richards le salvase. El Devorador le imbuyó de poderes cósmicos, le responsabilizó de la tarea de encontrarle comida, y le hizo renacer como Nova, su nuevo heraldo. Richard Rider salvó a la Tierra, se convirtió en el más benévolo de los heraldos del Devorador, pero dejó atrás una vida de felicidad y heroísmo junto a su amado Johnny Storm, cuñado del mismo hombre que había salvado al ser que le había convertido en Nova.
-No puedo... mantenerme...- Nova trastabilló y pareció caerse, pero en el último segundo, consiguió mantener la compostura.
-¡Qué haces aquí!- rugió Kilowog a punto de perder el control.
-¡ Tenéis que iros de aquí cuanto antes, y avisar a los Guardianes del Universo; él viene hacia aquí, y acabará con todos vosotros!- logró gritar Nova al fin-. ¡Está desatado! ¡No pude convencerlo! ¡No parece tener control ni de sí mismo!
-¿De que está hablando, señor?- preguntó Nako.
Un escalofrío de puro terror recorrió a Kilowog, quien entendió al momento lo que estaba diciendo el antiguo Richard Rider. Sólo podía estar refiriéndose a un solo ser, y un rápido vistazo al cielo le dejó claro que, lo que estaba pensando, iba a ocurrir de un modo u otro.
La neblina que les rodeaba se dispersó en cuestión de segundos; los alumnos miraron también hacia arriba; Nova agachó su cabeza, claramente avergonzado; Mogo empezó a temblar, mostrando su miedo en cada región de su superficie; Kilowog no iba a caer sin luchar, pero sabía que poco tenía que hacer con lo que estaba observando.
Una enorme nave espacial invadió el cielo, tapándoles a los asistentes la visión de todo lo demás. Era una nave-mundo diseñada para albergar a algo que no cabía en la compresión de ciertos seres inteligentes. Contenía a un ser que para multitud de razas, planetas, y sociedades, había sido el mismo final de toda existencia.
-¡Señor! ¡¿Qué hacemos?!- preguntó Traxa visiblemente asustada-. ¡¿Qué pasa?!
-El fin...- Kilowog apretó sus manos, lleno de impotencia-. Galactus.
Fue lo último que se escuchó en Mogo antes de que el Devorador de Mundos saliese y usase su nave-mundo para alimentarse de Mogo y de todo lo que había en él.
GREEN LANTERN
VERSUS GALACTUS
¡NADA PUEDE DETENER A GALACTUS!
Escrito por The Stranger & Jerónimo Thompson / Portada: Israel Huertas
Horas después.
Oa, sector 0. Central de los Green Lantern Corps y hogar de los Guardianes del Universo.
Kyle Rayner, uno de los dos Green Lanterns del sector al que pertenecía la Tierra, su planeta natal, salió del pequeño edificio conectado a tantos otros de igual tamaño, bajó las plateadas escalinatas, y llegó hasta la plaza central de Oa, pudiendo contemplar la enormidad y espectacularidad del lugar en todo su esplendor.
Enormes y asombrosos edificios de metal y cristal le rodeaban por doquier, dándole a la plaza cierto aspecto de ilusión o sueño; sin embargo, la plaza central de Oa era bien real, como había constatado Kyle Rayner conforme pasaba el tiempo. Aún así, no dejaba de maravillarse con la majestuosidad del lugar.
Empezó a andar por la plaza, sin dejar de volver su cabeza hacia los grandes edificios que se encontraban diseminados a su alrededor. Se sentía como un simple insecto viajando en un mar de cristales, metal, y materiales alienígenas totalmente desconocidos para él. La luz se reflejaba en los cristales de los edificios, dotándoles más aún de esa perspectiva ilusoria que solo parecía poder crear Morfeo, dios del sueño.
Por si fuese poco con la grandeza que despertaban las diferentes estructuras de la grandiosa plaza central de Oa, cientos y cientos de Green Lanterns se encontraban charlando, paseando, caminando o, como él, contemplando aquí y allí la espectacularidad de las construcciones del lugar. Muchos charlaban entre ellos sobre todo el tiempo que había pasado desde la última vez que se vieron; otro, se ponían al día sobre los últimos delincuentes interplanetarios que se habían descubierto; unos pocos, paseaban cabizbajos de un lado a otro, concentrados en sus pensamientos; algunos grupos, simplemente, observaban los gigantescos edificios, las sorprendentes arquitecturas, y las fastuosas estatuas que había en la plaza; sin embargo, la mayoría solo tenía un tema en sus labios: las misteriosas razones por las que habían sido convocados en Oa todos a la vez.
Kyle Rayner subió un pie para evitar la baba dejada por un Green Lantern que reptaba cual caracol terrestre. Volvió la cabeza y sonrió al ver como el ser caracolense se reunía con otros Green Lanterns de aspectos tan extraños como el suyo. El humano pensó que nunca acabaría por acostumbrarse del todo a la miríada de razas alienígenas que había en el universo, a cuál más extraña y misteriosa. Supuso que, muchas de dichas razas, se dirían lo mismo al verle a él.
Alzó la vista para contemplar con fascinación a un grupo de Green Lanterns volando entre los edificios gracias a la energía de sus verdes anillos, la cual se reflejaba en el cristal de las construcciones, dotándolas de un aspecto aún más de sueño. Otros Green Lanterns pasaron alrededor de una torre de cristal, solo que éstos, usaban sus propias alas para volar; Kyle pensó que si estuviesen en la Tierra, los tomarían por ángeles, aunque en su planeta natal ya tuviesen sus propias maravillas.
Centrar sus pensamientos en la Tierra le trajo una oleada de buenos recuerdos que le provocaron cierta añoranza, la suficiente como para que las caras de los que echaba de menos, invadiesen su mente, alejando de ella la pregunta de qué estaba pasando para que tantos y tantos Green Lanterns estuviesen en Oa. La colosal figura que se encontraba en el mismo centro de la plaza, le hizo olvidarse absolutamente de todo... o casi.
La Batería Central de la que cogían su energía los anillos de los Green Lanterns, pareció darle la bienvenida a Kyle Rayner, como si hasta que no la hubiese visto, no hubiera llegado realmente a Oa. Era una construcción que se alejaba de cualquier maravilla construida por el hombre en la Tierra, el planeta azul. Una construcción enorme, grandiosa, verde, que se alzaba hacia el cielo de Oa como una especie de tranquilo y poderoso coloso, vigilante, como un guardián de todos los Guardianes del Universo y sus Green Lantern Corps y, en parte, así era; la Batería Central era lo que les daba su poder, contenía la fuerza de voluntad de todos los seres del universo concentrada en un torrente de energía pura, y debían considerarla como una especie de edificación divina más allá de toda comprensión terrenal. A Kyle le recordaba a las pequeñas baterías de poder que solían llevar los Green Lanterns y que recargaban directamente allí; muchas veces, cuando agarraba su pequeña batería de poder, solía quedarse mirándola, recordando la enorme Batería Central que tenía frente a sus ojos.
Una figura pareció separarse de un grupo de Green Lanterns que acababan de llegar a la plaza, y dirigirse hacia Kyle Rayner, quien observaba embelesado la grandiosa Batería Central, pero a quien no le había pasado desapercibida la presencia del Green Lantern que se acercaba hacia él con una sonrisa en su rostro: se trataba de John Stewart.
El segundo Green Lantern del sector 2.814 al que pertenecía la Tierra, aterrizó junto a Kyle, mostrando con orgullo su traje verde de Green Lantern. Afroamericano, joven, valiente, orgulloso, amigable, sociable... John Stewart era uno de los más queridos Green Lanterns de Oa, uno de los mayores héroes de la Tierra, y uno de los mejores amigos de Kyle Rayner.
-¡Bienvenido, John!- saludó Kyle con una sonrisa, dejando de mirar la Batería Central.
-¡Gracias! Aunque no sé yo quién ha llegado antes.
Ambos soltaron una feliz carcajada y se abrazaron, como grandes amigos que eran, como hermanos de batalla que se consideraban. Cuando se separaron, se miraron de arriba abajo; hacía tiempo que no se veían.
-¡Te veo estupendo, Kyle!- John se separó unos centímetros y asintió con la cabeza; después, señaló hacia la gigantesca Batería Central que les vigilaba-. Cuesta dejar de prestarle atención, ¿verdad?
-Mucha, pero ahora mismo tenemos que ponernos al día- Kyle invitó a su amigo a acompañarle a un paseo, mientras se aclaraba el porque de estar todos en Oa-. ¡Tú sí que estás genial, bribón!
-Se hace lo que se puede- John empezó a caminar, siguiendo a su amigo; ambos observaban a los demás Green Lanterns que llenaban la plaza-. ¿Sabes qué es lo que ocurre aquí? Tengo entendido que han convocado incluso a los Lanterns de reserva.
-Entonces es cierto, ¿no?- Kyle torció la boca en un gesto de preocupación; ambos se separaron durante un instante para dejar pasar a un Green Lantern de pétreo físico que corría hacia el lado del que venían-. Nos han convocado absolutamente a todos.
-Eso parece- John hizo un rápido movimiento de cabeza hacia atrás-. Yo empecé a pensarlo nada más llegar, pero recibí confirmación oficial de los Lanterns con los que estaba antes de verte.
-Me pregunto qué está ocurriendo...
-Yo también me pregunto ciertas cosas- John tragó saliva, intentando encontrar la mejor manera de hablar con Kyle de su tiempo alejado de la Tierra-. ¿Qué tal en la Tierra, Kyle? Han pasado dos meses desde la última vez que... bueno... El sector 2.814 es bastante grande, y recibo mucha ayuda de algunos héroes que pueden salir de la Tierra, pero... Somos dos Green Lanterns por sector, Kyle, y...
-Deja que te explique...
-No, deja que termine; no ha sido fácil comenzar- John tosió, y volvió a tragar saliva-. No es sólo que debas cumplir con tu deber en tu sector...
-He estado cumpliendo encargos de los Guardianes del Universo por todo el sector 2.814, John. Solo he estado... alejado de la Tierra, y...
-No se trata de eso, Kyle. No se trata de que dejes el planeta desprotegido; sabes que hay suficientes héroes para evitar cualquier ataque, y estoy yo- John se lamentó al captar el tono paternal con el que había pronunciado la frase-. ¿Por qué te fuiste? Hay gente que te echa mucho de menos y... ¡No lo entiendo, la verdad! ¡Libraste al mundo de la más que probable futura tiranía del Doctor Muerte! ¡Terminaste con uno de los más peligrosos supervillanos de la Tierra! ¡Uno de los seres más detestables que existían en el planeta! (1)
El Green Lantern conocido en su vida privada como Kyle Rayner, no supo qué contestar exactamente. Supuso que la verdad, aún con ciertos flecos, podría valer.
-Liberé al mundo del Doctor Muerte y fui tratado como un héroe tanto por todas las naciones del planeta, como por todos los héroes del mundo, sí- Kyle sonrió-. Incluso algunos criminales me felicitaron; sin embargo, todo acabó cansándome... No sabía cómo sentirme, John. Eran felicitaciones a todas horas, en todo momento, en cualquier lugar, en cualquier sitio... No podía aguantarlo, y necesitaba un poco de paz.
-¿Y dos meses no son suficientes?
-Aún no lo sé, John.
Lo que en realidad no quería contarle Kyle era que no sentía ninguno de los halagos que recibía. Después de todo, había sido su yo del futuro quien había dado su propia vida para acabar con Víctor Von Muerte en el apogeo de su poder. Él no había hecho nada, absolutamente nada, y se le reverenciaba como el mayor héroe del planeta desde cualquier punto del mismo; sobre su yo del futuro, nadie decía nada, pocos sabían lo que había pasado en realidad, pero nadie cantaba alabanzas sobre él. Como si nunca hubiese muerto; como si no hubiese existido nunca. Kyle Rayner no sabía bien cómo sentirse, y ante tantos agradecimientos que sentía no merecía (a pesar de que había intentado librarse de ellos de las más inverosímiles maneras), decidió tomar la vía más rápida y extrema, y salir del planeta.
Ya llevaba dos meses lejos de su planeta natal, apenas tenía noticias de lo que allí ocurría y, en ocasiones, sentía que era muchísimo mejor así; aún no tenía ni idea de cómo debía sentirse, si debía compensar de alguna manera a su versión del futuro, o si debía contar la verdad a todos de una vez por todas, aunque eso supusiera alguna variante en el continuo telar del tiempo.
Aún si le hubiese querido contar algo a John, todo lo que sabía lo conocía a través de Batman, y otros implicados en el asunto Muerte en Gotham. Tampoco sabía muy bien cómo debía sentirse por recibir la gloria de alguien a quien no había conocido nunca... Bueno, era él mismo, pero no se había conocido, y sabía que le hubiese gustado preguntarle un par de cosas.
-¿Alguna novedad por la Tierra?- preguntó Kyle intentando que John se centrase más en contarle algo que en preguntar; aún así, tenía cierto interés en la información que podía darle su compañero, a pesar de saber que, cuando estuviese solo, reviviría lo que le contase y sentiría que debía estar allí para vivirlo de primera mano.
-Unas cuantas, la verdad, pero deberíamos hablarlo, si de verdad te interesa, cuando estemos más tranquilos.
-¿Si de verdad me interesa?- a Kyle no le gustó nada el tono empleado por su compañero y amigo.
-Perdona, no quería hablarte así- se disculpó John Stewart-. Gotham no lo está pasando muy bien, amigo mío.
-¿Cómo?- la incredulidad se dibujó en el rostro del Green Lantern-. La había dejado mal, pero... Creía que la reconstrucción estaba en marcha.
-Y lo estaba, pero ni tu ayuda ni la de los demás fue suficiente- John apoyó una mano en el hombro más cercano de su amigo-. No es culpa tuya.
-Claro que no...- murmuró Kyle sintiendo en cada fibra de su ser que no, que no era culpa suya, pero que tampoco era de su cosecha la derrota de Víctor Von Muerte.
-¡Yo siempre estropeándolo todo!- se quejó el Green Lantern conocido también como John Stewart-. Para algo que te cuento de la Tierra, y tiene que ser algo malo.
-No tiene importancia, amigo. Yo te he preguntado.
Ambos siguieron paseando por la monumental plaza llena de Green Lanterns como ellos; un pequeño silencio se alzó entre ambos. John Stewart no se sentía nada cómodo en aquella situación, y no podía dejar de pensar que era por su culpa; tampoco podía dejar a un lado sus sospechas sobre que Kyle se guardase algo que no había contado sobre el enfrentamiento contra Muerte, pero tal y como estaban las cosas, decidió que los acontecimientos siguieran su curso y, si su amigo quería contarlo, que lo hiciera por sí mismo.
-¿Cómo se tomó Johnny tu partida?- preguntó John Stewart; el simple sonido de su propia voz sirvió para reconfortarle; el silencio se había roto.
-Lo ha entendido- Kyle intentó esbozar una sonrisa; apenas lo consiguió-. ¿Por qué crees que nos habrán reunido a todos?
“Bien hecho, John”, pensó Stewart deseando formar un puño verde con la energía de su anillo y machacarse la cara por su insensibilidad.
“Como si no tuviese bastante con estar lejos de su planeta, no sólo le cuento lo de Gotham, sino que le recuerdo al que es, probablemente, el amor de su vida. ¡Desde luego que hoy no es mi día!”
John Stewart movió la cabeza en señal de negación, como respuesta a la pregunta hecha por su amigo; sabía que la había realizado para poder dejar el tema de su marcha de la Tierra y, en concreto, todo el asunto con Johnny Storm, su pareja sentimental y miembro del supergrupo conocido como los Cuatro Fantásticos, así que decidió seguirle la corriente. De todos modos, la llegada de tantos Green Lanterns a la vez a Oa era un tema que debían tratar tarde o temprano y ese era el mejor momento que se podía pedir.
-Ni la más remota idea- respondió John tras sus movimientos de cabeza-. Hay teorías por todas partes, pero ninguna parece conducir a un lugar concreto.
-¿Crees que ha podido pasar de nuevo?
-¿Lo de la otra vez?- John Stewart se mantuvo pensativo durante unos breves instantes-. Puede ser. Fue la única vez que he visto esto desde que pertenezco a los Green Lantern Corps.
-No debería poder ser lo mismo- respondió Kyle Rayner, aunque no las tenía todas consigo-. Aún así, ¿qué teoría tienes tú?
-Creo que...
John y Kyle se detuvieron de repente al ver como, los diferentes Green Lanterns que campaban a sus anchas por la colosal plaza, se detenían y parecían estar pendientes de sus anillos. Al instante, los anillos de ambos héroes humanos les hablaron, indicándoles que fuesen hasta la sala de reuniones de Oa para ser informados de la gran reunión de Green Lanterns que estaba teniendo lugar; los misterios parecían estar cerca de ser revelados.
Los dos Green Lanterns del sector 2.814 desandaron el camino avanzado hasta volver a las cercanías de la Batería Central. Algunas partes de la base en la que se apoyaba la enorme estructura verde, se empezaron a abrir puertas rectangulares por las que pasaban los miles de Lanterns que allí había; Kyle Rayner y John Stewart, siguieron el camino de sus compañeros.
Cada puerta rectangular por la que podían pasar varios Green Lanterns a la vez de los más diversos tamaños (la base de la Batería Central era tan enorme como la edificación que “sujetaba”) daba paso a unas grandes escalinatas que recorrían toda la zona llena de miles y miles de asientos que se adecuaban a sus respectivos Green Lanterns. Como si de un circo romano terrestre se tratase, los miles de asientos para los defensores del universo se situaban alrededor de una grada circular en la que se encontraban varias pequeñas figuras que levitaban en el aire a la espera de que todos los Green Lanterns se sentasen en sus respectivos sitios; eran los Guardianes del Universo, antiguos seres de pequeño tamaño, piel azul, pelo blanco, togas rojas y blancas, y grandes poderes. Eran ellos quienes mandaban en los Green Lanterns, aunque no de manera autoritaria, pero sí de forma informal; los sentimientos y las emociones no eran para aquellos antiguos seres.
Los Guardianes del Universo habían creado el cuerpo de Green Lanterns para proteger al universo de cualquier mal; el objetivo de los Guardianes era llevar una existencia pacifica, y traer dicha paz a todos los planetas del universo que habían dividido en 7.200 sectores, protegidos cada uno por dos Green Lanterns, lo que daba un total de 14.400 Green Lanterns en todo el universo; prácticamente, estaban todos en aquella sala, en ese mismo momento.
Kyle Rayner y John Stewart caminaron hasta sus asientos, que se transformaron en dos perfectas y ergonómicas sillas diseñadas para sus cuerpos humanos. Saludaron con un gesto de cabeza a los Guardianes del Universo que se encontraban en el centro de la sala de reuniones circular; fue más a modo de respeto que como saludo a la espera de una respuesta por parte de ellos. Por supuesto, ninguno de los doce Guardianes del Universo respondió a los saludos de los terrestres, aunque hubo uno que sí que se fijó en ellos; se trataba de Ganthet, el único de los Guardianes del Universo que tenía nombre y que se distinguía del resto por diversos motivos, el principal de ellos, que no estaba tan seguro como sus “hermanos” de que la falta de emociones fuese la solución directa para traer la paz al universo, al menos, por parte de ellos.
John Stewart se ocupó su asiento a la derecha de Kyle Rayner. Un Green Lantern con ocho tentáculos, de los cuales, cuatro usaba para andar, se acomodó en su propia silla, justo al lado de John Stewart; el asiento pareció fundirse sobre si mismo, y luego transformarse en una perfecta silla donde pudiese sentarse el Green Lantern con tentáculos de la manera más cómoda posible, como habían hecho los asientos de Kyle y John, así como los de todos los demás Lanterns.
Mientras John Stewart intercambiaba unas palabras con el Green Lantern con aspecto de pulpo, gracias a la capacidad de su anillo para hacerle entender cualquier idioma, todos los demás Green Lanterns terminaban de ocupar sus sitios alrededor de la tarima circular, y los Guardianes del Universo se dispusieron a darles la información que tanto ansiaban conocer: la razón de la presencia de todos allí al mismo tiempo.
Uno de los Guardianes del Universo se adelantó a los demás, y empezó a hablar una vez se hubieron acabado los murmullos entre los Green Lanterns.
-¡Green Lanterns de todos los sectores del universo!- pronunció para captar la atención de todos; desde el primero, hasta el último-. ¡Seguro que os preguntáis, al menos la mayoría, la razón de esta enorme reunión de Green Lanterns! ¡Pocas veces en la historia de los Green Lantern Corps se ha producido una reunión de estas características! ¡Cómo en los anteriores casos, en los que algunos de los que estáis hoy aquí tuvisteis algo que ver, nosotros los Guardianes del Universo no traemos buenas noticias!
Muchos de los Green Lanterns ya lo sospechaban; ahora, solo quedaba saber cuales eran las malas noticias que les traían.
-¡Estáis todos aquí, llegados de todos los sectores del universo! ¡Todos sois grandes Green Lanterns! ¡Todos nos habéis ayudado, y nos ayudáis fielmente a mantener la paz en un universo lleno de caos, maldad, guerra, hambre, pena, corrupción, y un nuevo terror surgido a mayor velocidad de la que podemos detenerlo!
Numerosos Green Lanterns asintieron ante las sabias palabras del Guardián del Universo; los anillos de todos ellos traducían a sus propios idiomas el discurso del inmortal ser azul.
-¡Tiempos oscuros nos aguardan si no actuamos con prontitud!- el Guardián del Universo parecía estar postergando las malas noticias que tenía que darles a los defensores esmeralda del universo; algo raro en seres que no mostraban emoción alguna-. ¡Una gran amenaza se cierne sobre nosotros! ¡Sobre Oa, sobre nosotros los Guardianes del Universo, sobre vosotros, Green Lanterns! ¡Un mal que ha acechado al universo desde hace eones, aunque muchos no lo consideren como algo realmente maligno, sino como una fuerza de la naturaleza! ¡Galactus, el Devorador de Mundos, se acerca a Oa!
Gran multitud de murmullos llenaron la sala de reuniones, desde una punta hasta la otra; todos conocían el enorme poder que atesoraba Galactus; todos sabían del ansia de planetas que tenía el Devorador de Mundos. Si era una amenaza para todos ellos, no les extrañaba que hubiesen convocado hasta a los Green Lanterns de reserva.
-¡Hace dos horas estándar, el Devorador de Mundos consumió por completo el planeta viviente Mogo!- el Guardián esperó hasta que, poco a poco, disminuyeron los gestos de sorpresa de los defensores esmeralda; disminuyeron, pero no cesaron-. ¡La suerte o el destino quisieron, desgraciadamente, que en el momento de la consumición del planeta por parte de Galactus, Kilowog y cinco reclutas estuviesen en Mogo durante un entrenamiento! Ninguno de ellos ha sobrevivido.
Los murmullos dejaron paso a los gritos de sorpresa, los gestos de furia, y las palabras de enfado; muchos de los Green Lanterns usaron su gran fuerza de voluntad que les servía para manejar sus anillos para no levantarse en ese instante e ir a por Galactus, se encontrase donde se encontrase; otros muchos se mantuvieron en silencio ante la triste noticia o lloraron; Kilowog había entrenado a muchos de ellos, y era muy querido por todos los Green Lanterns. Los Guardianes del Universo apenas dieron muestras de pena ante la noticia que habían dado; ni cuando la habían recibido, ni en ese momento. Ninguno de ellos, salvo Ganthet, que había intentado evitar con todas sus fuerzas no mostrar emoción alguna ante sus hermanos; cuando estuvo a solas, se sintió libre de soltar sus emociones a pasear.
-¡Sabemos que es algo duro para vosotros!- siguió el Guardián-. ¡Kilowog era muy querido por todos, incluso por nosotros mismos, pero no es el momento de llorar! ¡Es el momento de actuar, Green Lanterns! ¡Galactus amenaza con enviarnos al lugar donde descansan los cinco reclutas a los que recordaremos siempre, y a Kilowog, uno de los mejores Lanterns del universo!
Un Green Lantern de aspecto humanoide, pero de color de piel morado, y una enorme cresta reptilesca en la cabeza, levantó una de sus manos; el dolor era fácil de adivinar en su rostro.
-Uno de los reclutas...- el Green Lantern tragó lo que para él era saliva; le costaba trabajo seguir hablando, pero sabía que debía hacerlo-. ¿No deberíamos honrar a los reclutas caídos tanto como al gran Kilowog?
-¡Por supuesto, Green Lantern del sector 101!- afirmó el Guardián del Universo con contundencia-. ¡Todos tendrán un funeral de héroes, pero no ahora! ¡No, ahora no! ¡Existen momentos mejores para rendir homenaje a aquellos que han caído por la defensa de nuestro universo! ¡Este instante, no es uno de esos buenos momentos, ya que vivimos bajo la amenaza inmediata del Devorador de Mundos!
Muchos de los Green Lantern se hacían una idea de por dónde iban a ir las siguientes palabras del Guardián del Universo.
-¡Alrededor de Mogo había algunos planetas deshabitados y que, indudablemente, hubiesen podido alimentar de sobras a Galactus, así que descartamos que haya sido por supervivencia!- muchos Green Lanterns creyeron ver un atisbo de preocupación en el rostro azul del inmortal ser que les hablaba-. ¡No sabemos por qué ha hecho Galactus lo que ha hecho, pero no quedará impune! ¡Si el Devorador de Mundos se ha vuelto una presencia malvada en nuestro universo que usa sus enormes poderes para consumir planetas sin ton ni son, entonces debe ser detenido!
Se oyeron algunos gritos de aprobación entre los defensores esmeralda del universo; la mayoría fueron soltados por quienes estaban furiosos ante la muerte de Kilowog y los reclutas que iban con él.
-¡Sin embargo, no vamos a tener que esperar mucho para enfrentarnos al Devorador de Mundos! ¡Nuestras informaciones más fiables nos dicen que Galactus se dirige hasta Oa en una recta trayectoria desde los restos de Mogo!- numerosos murmullos de asombro poblaron la enorme sala de reuniones-. ¡Galactus viene a por nosotros, Green Lanterns! ¡No sabemos qué quiere! ¡No sabemos qué busca exactamente, ni qué intenciones tiene ahora Galactus! ¡Siempre ha sido un ser al que hemos dejado en paz salvo en contadas ocasiones! ¡Más fuerza de la naturaleza que un ser malvado que se regodeaba en la destrucción que provocaba! ¡Eso parecía, hasta ahora!
-¡Tenemos un plan para detenerle!- intervino Ganthet; los demás Guardianes del Universo no tardaron en mirarle de arriba abajo, dando a entender claramente que no se sorprendían lo más mínimo de que, al final, hubiese interrumpido al Guardián encargado de informar a los Lanterns.
-¡Ganthet tiene razón, Green Lanterns!- prosiguió el otro Guardián del Universo-. ¡La amenaza es muy seria! ¡Una de las peores a las que nos hemos enfrentado! ¡Pocos son los planetas que se han enfrentado a Galactus y han sobrevivido, pero nosotros somos los defensores de este universo, y no vamos a fallar!
Los gritos de alborozo no esperaron para aparecer por todas partes.
-¡Vamos a dar todo lo que tenemos contra Galactus!- los aullidos prosiguieron, a pesar de que el Guardián movía sus manos para calmarlos-. ¡Vamos a enviar al gran Salaak, gran Green Lantern, con otros 800 agentes altamente entrenados a un sistema planetario sin vida alguna por el que Galactus pasará dentro de 16 horas estándar!
Salaak, el Green Lantern al que el alienígena azul había nombrado, se levantó de su especial silla, y saludó de manera militar; los gritos de ánimo hacia su persona no se hicieron esperar. Salaak intentó no inmutarse, aunque se sentía lleno de orgullo ante la misión que se le había asignado; movía nervioso los dedos de sus cuatro brazos, y trataba de no sonreír con sus labios alienígenas. Movió su cabeza alargada afirmativamente cuando miró a sus compañeros, dejando claro que había aceptado la misión antes incluso de que le fuese asignada.
-¡En principio, la misión del Green Lantern Salaak no es de violencia sino de paz!- el guardián tuvo que lidiar con algunas exclamaciones de protesta por parte de los Lanterns enfadados por la muerte de sus compañeros en Mogo-. ¡Salaak, como líder de esta agrupación de 800 Green Lanterns, tratará de ponerse en contacto con Galactus para descubrir los motivos de su ataque y convencerle de que desista! ¡Si no fuese así, y el Devorador diese plena muestra de continuar con su objetivo de destruir Oa y a todos nosotros, se le deberá detener por todos los medios posibles o, al menos, dejarle lo suficientemente malherido para que, la siguiente oleada defensiva, pudiese con él!
Más gritos de guerra, algunos murmullos de preocupación, y nuevos movimientos de cabeza por parte de Salaak. Entre la miríada de Green Lanterns, Kyle y John se miraron, reconociendo cada uno en el otro el gesto que presentaban: preocupación.
-¡El resto de los Green Lanterns se distribuirá estratégicamente por todo el sistema Sto-Oa a la espera de Galactus, en caso de que fallasen las negociaciones pacificas de Salaak! ¡La mayor parte de ellos, rodeará Oa!
-¿Y quien protegerá el universo mientras nos enfrentamos a Galactus?- preguntó un Green Lantern enorme y de aspecto pétreo.
-¡Hemos asignado los diferentes sectores a las suficientes unidades Manhunters!
-¡Creía que eran algo inseguras, Guardián!- replicó el Green Lantern.
-¡Es cierto, Green Lantern!- respondió a su vez Ganthet, interrumpiendo de nuevo a su compañero-. ¡Sin embargo, la inteligencia artificial conocida como Ultrón, ya fue erradicada, y toda la infección que provocó en los Manhunters, borrada por completo! ¡Gracias a la tecnología del sintezoide Visión de la Tierra, en el sector 2.814, los Manhunters son más seguros que nunca!
-¡Lo que ha dicho el Guardián Ganthet es totalmente cierto! ¡No debéis preocuparos por el universo en este momento, sino por Oa, por nosotros y, por supuesto, por vosotros!
Otro de los Guardianes del Universo que estaban escuchando a sus compañeros, intervino en ese mismo momento; tanto Ganthet como el primer Guardián, le dejaron la palabra amablemente.
-¡Poco hay que decir más sobre el peligro que se nos viene encima, Lanterns! ¡Vuestros anillos de poder os darán toda la información que os falta cuando acabe esta reunión! ¡Desde vuestro destino, hasta la función que cumpliréis en él!
Numerosos gritos de aprobación volvieron a resonar entre los Green Lanterns reunidos. Comentarios sobre venganzas hacia Galactus; promesas de supervivencia; murmullos sobre los momentos anteriores a la gran batalla, pero, entre todos los Green Lanterns, había ciertos sentimientos que flotaban sin remisión: la furia, y el miedo.
Y un Green Lantern no debía sentir miedo, solo pura fuerza de voluntad. Y tener miedo es a lo que más temían, pero se trataba de Galactus, y no era conocido como el Devorador de Mundos por una simple cuestión de temor hacia sus enemigos.
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Kyle Rayner entró en el enorme edificio principal de la plaza de Oa, y entornó la vista hacia el largo pasillo que le daba la bienvenida tras cerrarse la puerta tras él. Estaba dentro del edificio donde residían los Guardianes del Universo; tanto por dentro, como por fuera, la construcción era impresionante, hecha prácticamente de una especie de cristal alienígena que podía llegar a ser más resistente que el titanio terrestre, y con motivos tan elegantes que podría haber pasado como la pequeña fortaleza de un rey, o un emperador estelar.
El Green Lantern empezó a andar hasta llegar a una puerta que daba a la pequeña sala donde, en raras ocasiones, los Guardianes del Universo se encontraban con algunos Green Lanterns para tener pequeñas audiencias privadas. Las dudas embargaban la mente del humano, pero su anillo le había dicho que su destino era llegar hasta el edificio de los Guardianes, y adentrarse en la pequeña sala de audiencias, cuya puerta se estaba abriendo en ese preciso momento. Kyle Rayner entró, la puerta se cerró tras de sí, y de las sombras de la sala surgió Ganthet, el único Guardián del Universo con nombre propio.
-Hola, Kyle- saludó el ser azul con una leve sonrisa en sus labios.
-Ganthet...- murmuró Kyle, aunque no estaba tan sorprendido de que fuese él, como del hecho de que su anillo le hubiese llevado hasta allí en vez de asignarle una posición contra Galactus como habían hecho el resto de los anillos de poder con sus respectivos portadores.
El Guardián del Universo que solía ser embajador en aquellas misiones donde la importancia era tal que no podían usar a un Green Lantern como representante, invitó con un movimiento de sus manos, a que Kyle Rayner de la Tierra se sentase; el Green Lantern desechó la oferta con un gesto educado de cabeza. A Ganthet no le extrañó; tenía la impresión de que absolutamente todos los Green Lanterns, desde el más pacifico hasta el más impaciente, estaban alterados por las últimas noticias.
-Mi anillo me ha traído hasta aquí, Ganthet- afirmó Kyle-. ¿Aquí está mi misión?
-Estás en lo cierto, Kyle- admitió Ganthet con toda la familiaridad del mundo para con el Green Lantern.
-¿Lejos de mis compañeros? ¿Lejos de Galactus, el cual ha masacrado a Mogo y a Kilowog?
-No es tan sencillo, Kyle. La misión en la que te vas a ver envuelto es de vital importancia- Ganthet procuraba usar toda la diplomacia de la que disponía con un Green Lantern que, comprensiblemente, lo único que deseaba era ponerse manos a la obra para detener al enemigo que amenazaba el mundo que protegía-. Como sabes, eres uno de los Green Lanterns predilectos dentro del cuerpo; por ello, tu misión será acompañarme en un viaje de vital importancia, como mi guardaespaldas.
-No es algo muy común, Ganthet.
-No, pero tampoco extraño. Ya sabes cuánto confiamos en ti, Kyle, sobre todo yo.
-Lo sé, amigo- admitió Green Lantern-. Entonces, la misión sí tiene que ver con Galactus.
-No exactamente...
-Vamos a pedir ayuda- Kyle no estaba para evasivas por parte de los Guardianes del Universo, aunque se tratase de Ganthet.
-Es un asunto muy importante, Kyle- Ganthet se resistía a contarle la autentica razón del viaje que iban a realizar-. Confía en mí.
-Lo hago, pero no lo pones nada fácil, Ganthet.
-Por ello, tu confianza es aún más valiosa para mí... Para nosotros, los Guardianes. En cuanto a lo de pedir ayuda, Galactus va a pasar por los sectores donde se encuentran los Kree y los Thanagarianos, así que nos hemos puesto en contacto con ellos.
“Algo es algo”, pensó Kyle, no demasiado ilusionado a pesar de conocer la vertiente bélica y orgullosa de ambas razas alienígenas.
-Ambas razas nos han denegado su ayuda- sentenció Ganthet con cierta pena en su rostro azulado-. Han aducido, educadamente, que por motivos militares y estratégicos, no quieren verse envueltos en esto. Nos han deseado suerte, y tienen por seguro que podremos con la amenaza del Devorador.
-¡Cobardes!
-Kyle, no somos quién para juzgar...
-¿Motivos militares, Ganthet? ¡Son dos razas que han luchado en guerras que no les tenían en cuenta por el simple hecho de demostrar lo poderosas que son! ¿Cuántas veces ha tenido que aguantar mi planeta natal las tonterías de los Kree? ¿Y las guerras de las diferentes naciones Thanagarianas? ¡Todo lo que quieren es no llamar la atención de un Galactus que puede haber pasado de fuerza de la naturaleza a entidad maligna! ¡Me dan asco!
-Nosotros no somos así, Kyle. No podemos obligarles a nada; debes comprenderles.
-Lo que comprendo es que, si Galactus acaba con nosotros, ya pueden ir rezando a sus propios dioses, porque ellos serán los siguientes, por no hablar de la ola de criminalidad que asolará el universo sin nuestra presencia. ¿No piensan en eso? ¡Inútiles! ¡Eso es lo que son! ¡Nosotros los humanos hemos plantado cara a Galactus más de una vez, y ahí seguimos!
-Los humanos sois una raza poco evolucionada, y con muchísimo futuro por delante si no os destruís vosotros mismos, amigo mío. A pesar de que sois considerados débiles por gran parte de este universo, sois una de las razas más fuertes, poderosas, y emocionalmente interesantes de todo el universo. Habéis logrado lo que pocas dinastías intergalácticas podrían creer: derrotar a Galactus, alejarlo de vuestro planeta, más de una vez. Me fascináis, y vuestra fuerza ya sabes que no reside en vuestro físico o vuestros poderes, sino en vuestras emociones, en vuestra alma, en vuestros corazones...
-Gracias por esa inyección de autoestima, Ganthet- Kyle sonrió levemente-. Me has dado una idea...
-No podemos llamar a tus amigos, Kyle.
-¿Por qué no? La Liga de la Justicia; los Vengadores; los Cuatro Fantásticos; la JSA... Todos podríamos con Galactus; incluso Batman podría amenazarlo de nuevo con el Nulificador Supremo mientras el Doctor Extraño y John Constantine usan la Biblia del Crimen para...
-No, ninguna de las estrategias usadas antes daría tiempo de usarse ahora.
-¡Los seres humanos le vencieron otra vez usando todas sus fuerzas sin saberlo, Ganthet! Puede que podamos concentrar de nuevo toda aquella energía...
-No da tiempo, Kyle, y lo sabes- Ganthet le miró directamente a los ojos, y vio como las esperanzas del Green Lantern empezaban a ser cada vez menores-. Deja a tus compañeros hacer su trabajo, y nosotros hagamos el nuestro.
-¿Cuál es?
-Debes acompañarme al sistema Vega.
-¿¿Cómo?? Creía que era un sistema al que no nos acercábamos y... ¡Está dominado por la Tecnarquía!
-Debemos ir allí, Kyle; sin preguntas, y de inmediato. ¿Estás conmigo?
-El anillo me ha dicho que es mi misión- Kyle suspiró e intentó sacar fuerzas de donde parecía no quedarle; las últimas noticias le tenían desbordado, sobre todo, tras lo que ya estaba sufriendo con su marcha de la Tierra.
-Vámonos pues.
“No he tenido tiempo de hacerme idea de nada; no he tenido tiempo de aceptar nada”, pensó Kyle.
Algo dentro de él esperaba que, ir al sistema Vega, sirviese de algo más que alejarle de sus compañeros que iban a arriesgar su vida contra una de las mayores amenazas a las que se habían enfrentado nunca.
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Lejos.
Salaak se volvió en la fría inmensidad del espacio sideral y contempló con orgullo la agrupación de 800 Green Lanterns que tenía tras él. Todos esperaban, ansiosos, emocionados, y con cierto temor, la llegada de Galactus, un ser que se alimentaba de planetas para poder sobrevivir, y de todo lo que encontrase en ellos. Una criatura que había destruido numerosas civilizaciones, que había encontrado pocos planetas que se le resistiesen, y aún menos seres que compitiesen con su poder. Una entidad cuyo poder era el mismo que el de los dioses; no, Galactus no rivalizaba con los dioses, el Devorador de Mundos era un dios para incontables civilizaciones; un dios mezclado con una fuerza de la naturaleza que no había quien la detuviese, igual que las rocas del mar acaban sucumbiendo a la fuerza de las olas, poco a poco, irremediablemente.
El Green Lantern alienígena, envuelto en el aura verde de su anillo que le permitía volar y respirar en el espacio, asintió con la cabeza hacia los demás guerreros del cuerpo, y volvió de nuevo su vista hacia delante; sus ojos extraterrestres observaron la estrella de un azul intenso que se podía ver desde donde estaban; no era una casualidad que estuviesen tan “cerca” de ella, sino que formaba parte del plan de los Guardianes del Universo para detener a Galactus. Un plan que debía ser puesto en marcha con precisión milimétrica; si todo salía bien, Salaak calculó que no perdería a ningún Lantern bajo sus órdenes, y que Galactus habría sido detenido antes de oler siquiera a Oa.
Los anillos de los Green Lanterns (algunos de los cuales no necesitaban del aura verde de los anillos para respirar, al igual que otros no lo necesitaban para volar, aunque lo seguían usando) les avisaron a la vez de la proximidad de la nave-mundo del Devorador. Todos contuvieron la respiración, y empezaron a prepararse para la llegada del ser que tanto temían en sus corazones; pero el temor no era para los Green Lanterns.
-¡Nadie atacará hasta que yo dé la orden!- afirmó Salaak a los demás Green Lanterns gracias a su anillo de poder.
Todos asintieron en la “oscuridad” del espacio, y entonces fue cuando la vieron.
Al principio, solo era un pequeño resplandor que resaltaba entre el montón de pequeños meteoritos e insignificantes estrellas muertas que había diseminadas a uno y otro lado. Poco a poco, aquella nimiedad resplandeciente que tenían ante sus ojos se fue transformando en algo más grande, más inmenso, más... amenazante. Era como si una simple mota de polvo se fuese convirtiendo en una estrella de inmenso poder.
Salaak hizo crujir los nudillos de sus numerosos dedos y, calculando que sólo faltaban unos cuantos minutos para que la nave de Galactus llegase hasta ellos, se dispuso a ponerse en contacto con el Devorador de Mundos; una parte de él deseó de todo corazón que Galactus se negase a retirarse de manera voluntaria y pacífica. La muerte de Kilowog merecía ser vengada, y supuso que no era el único que lo pensaba, a pesar de su carácter pacifico, resolutivo y planificador.
-¡Soy Salaak, líder de los 800 Green Lanterns que aquí se encuentran!- Salaak usó una frecuencia mayoritariamente popular con su anillo para poder llegar hasta la nave-mundo del Devorador-. ¡Tenemos noticias de que te diriges hacia Oa, un planeta habitado, pacifico y sede de los Green Lantern Corps. Y el Consejo Principal de Guardianes del Universo! ¡Sabemos que ya has acabado con Mogo y algunos Green Lanterns, en una zona donde los planetas deshabitados no escaseaban! ¡Pido, cortésmente, ponerme en contacto contigo, Galactus, y saber de tus intenciones exactas y, si son violentas para con Oa, intentar que desistas de ellas!
Salaak y sus demás compañeros se mantuvieron a la espera; algunos dejaron de respirar, como si la más mínima molestia fuese a estropear el pacifico discurso de Salaak.
El silencio fue la única respuesta que dio Galactus, mientras la nave-mundo se acercaba hacia ellos sin variar su velocidad.
Salaak repitió el mismo discurso en otra frecuencia diferente, encontrando la misma silenciosa respuesta por parte de Galactus, de su nave-mundo, y de cualquier cosa que hubiese en ella. Dijo lo mismo una y otra y otra vez, en diferentes frecuencias, en distintos idiomas, mientras la nave se hacía cada vez más grande, estando a cada minuto más cerca de ellos. Cuál fue la sorpresa de Salaak cuando, durante la infinita paciencia que poseía repitiendo las mismas palabras una y otra vez, la nave-mundo de Galactus les atacó cuando estaba lo suficientemente cerca.
Poderosos rayos de energía concentrada fueron expulsados por los cañones que salieron de la esférica nave del gran Galactus, dirigiéndose hacia los Green Lanterns de manera pasmosa. Sin embargo, esperando todos que el Devorador pudiese responder de esa forma, estaban preparados; enormes escudos de energía esmeralda se levantaron segundos antes de que los rayos llegasen a sus objetivos, parándoles de manera instantánea. No bajaron los escudos hasta que los cañones de la nave no dejaron de escupir su carga asesina.
-¡Al ataque!- gritó Salaak sorprendido por la rudeza de su voz.
Los 800 Green Lanterns que allí habían empezaron a concentrar toda la energía de sus anillos en el sol azul que iluminaba aquel pequeño sistema abandonado de toda vida. Mientras los Green Lanterns despedían una cantidad ingente de energía contra el sol azul, Salaak les protegía con diversos y fuertes escudos de los ataques de la nave-mundo, cada vez más cerca de ellos; aunque los proyectiles eran lanzados con irregularidad, si llegaban hasta los Green Lanterns, todo el plan se vendría abajo. Salaak lo sabía, y usaba toda su fuerza de voluntad para que, ni siquiera la más mínima partícula de la energía de los cañones llegase a sus compañeros.
Poco a poco, el sol intensamente azul, empezó a brillar cada vez más. Aquello no sirvió a los policías intergalácticos para parar, sino todo lo contrario; intensificaron sus esfuerzos en que sus anillos de poder lanzasen su energía verde brillante hacia el azulado sol. Formaba parte del plan y, como Salaak estaba comprobando, todo iba a pedir de boca, aunque no podía despistarse lo más mínimo; la nave se acercaba, los rayos energéticos cada vez llegaban con más fuerza, y si no actuaban al mismo tiempo, se verían abocados a un infierno que ellos mismos habían creado. Tan solo les quedaría el instantáneo consuelo de que su sacrificio podría acabar con Galactus, cuyo nombre hacía temblar a los mismos czarnianos.
¿Qué pretendían los Green Lanterns abordando a la estrella con sus poderes al máximo? Justo lo que estaba pasando: las múltiples energías esmeralda de los anillos de poder de los Green Lanterns estaban obligando a la estrella a quemar, en cuestión de segundos, energías que la habrían mantenido con vida durante millones de años. En definitiva, la estrella estaba a punto de convertirse en una supernova.
Salaak se preparó para enfrentarse cara a cara contra la nave de Galactus; aunque supusiera dar su vida por la misión, iba hacerlo si con ello conseguía unos cuantos minutos más a sus compañeros para hacer lo que habían ido a hacer. Si su muerte daba como resultado el fin de Galactus, se iría en paz hacia el otro lado, junto a Kilowog, y los reclutas que se había llevado Galactus en su arranque repentino de furia asesina.
Un leve aviso por parte de algunos Green Lanterns, hicieron que Salaak se volviese a observar la estrella y viese que estaba a escasos segundos de explotar; los Green Lanterns empezaron a usar sus anillos para saltar al hiperespacio, bien lejos de allí, a salvo, a bastante distancia del infierno que estaba a punto de desatarse.
Lo último que vio Salaak antes de saltar junto a sus hombres fue tan solo una parte mínima de la inmensidad de la nave-mundo del Devorador de Mundos que se llevó el grueso de la explosión de la estrella un instante después de que todos los Green Lanterns se hubiesen puesto a salvo.
El sistema se convirtió en lo más parecido a la pura destrucción que podía expresarse de forma física; los planetas cercanos, todos sin ningún ápice de vida, explotaron como uvas en un horno, esparciendo sus restos por todas partes, aunque eran destruidos hasta el último de sus átomos de manera inmediata por la cantidad de energía que emitía la explosión de la estrella azul.
Oleadas de fuego, destrucción, y energía imposible de asimilar rodearon la nave de Galactus por completo. Mientras todo se reducía a mucho menos que cenizas por todas partes, dentro de la nave, una enorme figura que era por muchos considerada como un dios, hizo un leve gesto que sólo podría haber sido captado por alguien especialmente atento y muy cercano a la grandiosa figura; el ser llamado Galactus y que consumía planetas como quien respira, sintió una leve punzada de algo que los meros mortales podían considerar preocupación.
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Sistema Vega.
“Apenas podría explicar lo ocurrido en mi vida últimamente”
Kyle Rayner caminaba lentamente por el tecnificado planeta que, antaño, había servido de mundo a los Psions, una antigua raza creada por los mismísimos Guardianes del Universo, aunque no era exactamente así, pero era como mejor podía resumirse. Cables, mecanismos cibernéticos, botones, tubos conductores de bioenergía... La capital de aquel mundo por la cual andaban con sumo cuidado el Green Lantern y Ganthet, estaba formada por todo eso, y aún más; un mundo tecnoorgánico que solo podía formar parte de las peores pesadillas de los seres más peligrosos del universo.
“Hace más de dos meses, mi yo del futuro regresa de un mundo dominado por el tiránico Doctor Muerte junto a los Cuatro Fantásticos de otra dimensión; se unen a Batman y sus Thunderbolts y consiguen evitar que Víctor Von Muerte se haga con los suficientes objetos de poder como para conquistar el mundo. No hay futuro para el Doctor Muerte, pero no sólo caen en la batalla algunos miembros de los Thunderbolts de Batman, sino mi propia versión del futuro, que se sacrifica para obtener la victoria”
Tanto Green Lantern como Ganthet estaban cubiertos por una delgada aura esmeralda que lograba que su presencia no fuera detectada. El Guardián del Universo sentía que Kyle no estaba en la misión, sino lejos de ella; al menos, su mente lo estaba.
“Gotham queda semidestruida por el brutal combate. Pobreza, delincuencia, criminalidad, apagones, gente abandonando sus casas o la propia ciudad... Los héroes tratamos de arreglarlo mientras yo recibía unas alabanzas que no merecía, pero no iba a defraudar a nadie. El agobio llegó al poco tiempo y, acompañándole, la frustración de estar recibiendo unos meritos que no creía merecer. ¡Que no merecía, demonios!”
-¿Green Lantern?- susurró Ganthet mirando a todas partes; cualquier cosa era un peligro en aquel mundo tecnificado hasta el tuétano.
“Me fui, dejándolo todo atrás; amigos, deberes, misiones, familia... Mi amor. Dejé a Johnny atrás, porque necesitaba tiempo para reflexionar en la clase de héroe que soy; el tipo de héroe que se nutre del heroísmo de otros, y aguanta como puede. ¿Para qué? ¿Para no defraudar a los demás? Al final, acabé defraudándome a mí mismo, y nunca mejor dicho; mi versión del futuro no estaría muy convencida de mis elecciones”
Kyle alzó la pierna ante una mirada de cables cuyas chispas parecían peligrosas. A Ganthet le pareció que andaba como una nave que avanza en piloto automático; sabe el destino al que quiere llegar, pero no le importa lo que haya por el camino. A pesar de ser ambos muy sigilosos, y poseer el aura que les daba casi completa invisibilidad, Ganthet sabía que, cualquier despiste, podría ocasionarles una muerte horrible, y eso en el mejor de los casos.
“Dos meses alejado de la Tierra, lejos de Johnny; sin embargo, parece que fue ayer cuando aún reíamos juntos. Sus chistes, su pelo, sus manos, el calor que transmitía aún sin estar encendido, su compañía... Y, ahora, pasa esto: Galactus, una de las fuerzas más terribles de la naturaleza del universo, amenaza con destruir Oa. Un gran amigo ha caído ante él, no sabemos por qué está haciendo lo que hace y, mientras mis compañeros de armas están combatiéndole, aquí estoy yo, en una extraña y misteriosa misión con el único Guardián del Universo que parece no tener un palo metido por el...”
Kyle sonrió levemente. Ganthet no captó el gesto, debido a que le daba la espalda en ese momento.
“Sistema Vega, un sistema vetado para los Guardianes del Universo y cualquier Green Lantern. Un sistema habitado hasta hace unos años por diferentes razas, como la gente de Tamaran, los crueles regentes de la Ciudadela, o los Psions, raza que, por lo que sé, es una especie de creación de los propios Guardianes. Este planeta, situado en una zona periférica del sistema, pertenecía a los Psions, como buena parte del sistema Vega, hasta que la Tecnarquía se hizo con él. ¿Qué es la Tecnarquía? Una de las mayores mierdas que el universo puede dar; en una utopía, sería una de las primeras razas en no vivir. La razón de que no entremos en este sistema”
-¿Estás atento, Green Lantern?- preguntó Ganthet tratando de captar la atención del terrestre.
“Los pertenecientes a la Tecnarquía tienen un aspecto similar al de una maquina. Son todo cables, botones, conexiones, redes neuronales... Todo un complejo tecnoorgánico; maquina, tecnología, vida... Todo unido para formar a esos seres del demonio. Su líder absoluto es Magus, uno de los más peligrosos objetivos de los Green Lanterns, sólo que suele librarse porque nos está vetada la entrada a este sistema. Suele usar una cosa llamada el Virus del Transmodo para convertir los planetas y sus habitantes en miembros de la Tecnarquía; suerte que, con este sistema, permanece tranquilo. Los Green Lantern Corps saltarían sobre Magus en cuanto saliese de este sistema, y creo que no quiere verse involucrado en una guerra que podría ser su fin, de otro modo, ya habría salido a convertir planetas para su raza. Nosotros no le molestamos, y él no nos molesta”
Kyle alzó la cabeza para contemplar el mundo tecnificado en el que se encontraba. Si la zona en la que estaba hubiese sido la Tierra, plantas, maleza, piedras, y grandes matorrales les cubrirían, pero lo que les ocultaba de la vista de cualquiera (a la misma vez que las auras esmeralda que cubrían sus cuerpos) era una versión maquinaria de todo lo que recordaba Kyle que era una selva terrestre, o algo parecido.
“Hay gente que dice que el hijo de Magus, Warlock, es igual de malo que él, e incluso peor; otros dicen que es algo más... blando”
Una sonrisa cubrió los labios del Green Lantern.
“Me guardaré mi opinión para...”
Un fuerte susurro le sacó de sus pensamientos.
-¿Qué?
-Kyle, necesito que estés concentrado en esta misión- imploró Ganthet.
-Lo estoy.
-Noto tu mente lejos de aquí.
-Con todo lo que ha pasado, con todo lo que estoy viendo, con todo lo que vivo... Es difícil, Ganthet.
-Lo sé, pero eres un Green Lantern, y tu fuerza de voluntad puede hablar por ti la mayoría de las veces- Ganthet se detuvo, exploró la zona con cuidado, y asintió-. A pesar de que los miembros de la Tecnarquía sean pocos, y que este planeta esté prácticamente abandonado, dada su superficie en ruinas y su situación, debemos andar con cuidado y mantener la concentración.
-Lo sé, Ganthet. Lo sé.
-De acuerdo- Ganthet terminó de revisar la zona con sus ojos-. Hemos llegado. Es aquí.
-¿Aquí?- Green Lantern inspeccionó la zona por si veía algo diferente en ella que no hubiese en el camino que habían hecho; nada le llamó la atención-. ¿Aquí? ¿Vamos a encontrarnos con alguien?
-¿Por qué lo dices?
-¿Me estás diciendo que hemos entrado en un sistema prohibido para cualquier Green Lantern e incluso para cualquier Guardián del Universo, que hemos llegado hasta uno de los planetas más peligrosos que existen, superado a la Tecnarquía, una de las razas más belicosas y mortíferas del universo, tan solo para esperar aquí? Los humanos no seremos seres que hayan transcendido su propia carne, Ganthet, pero no somos tan estúpidos.
-Tienes toda la razón, Kyle- Ganthet se permitió un leve esbozo de sonrisa-. Los seres humanos nunca dejareis de sorprenderme.
-¿Y bien?- el Green Lantern no iba a rendirse tan fácilmente.
-Sí, estamos esperando a alguien. No te di detalles de esta peligrosa misión en Oa porque temía ser escuchado por alguien inapropiado.
-¿Es para tanto?
-Para mucho más, Kyle Rayner- Ganthet asintió, con una expresión de pena en el rostro-. Como ya sabes, los Guardianes del Universo y vosotros, Green Lanterns, quedamos hace muchos años en ser neutrales en la batalla eterna entre Apokolips y Nueva Génesis.
-Sí, ya me sé todo ese rollo entre Darkseid y el Alto Padre. ¿Qué tienen que ver con todo esto?
-Vas a averiguar muchos secretos de nosotros los Guardianes que deberían ser encerrados en las profundidades de nuestra ciudadela por siempre, pero eres uno de nuestros elegidos dentro de los Green Lantern Corps y estamos en un momento demasiado peligroso como para guardar secretos. Tienes que saber que me ha costado convencer a los demás Guardianes del Universo de revelarte lo que te voy a contar.
-No pinta muy bien la cosa, según veo- afirmó Kyle notando un nudo en el estomago.
-Hace poco, sin que nadie lo supiera salvo nosotros los Guardianes, por supuesto, tomamos al fin partido en la guerra entre Apokolips y Nueva Génesis; nuestros elegidos fueron los Nuevos Dioses, por supuesto. Darkseid empezaba a convertirse en una amenaza demasiado seria para todo el universo, e incluso para algunas dimensiones y realidades alternativas. Ese ser oscuro está lejos de ser Magus, a quien se puede amenazar, o el mismo Galactus, una fuerza de la naturaleza que toma para sobrevivir, no por placer ni por ambición; incluso con el Devorador de Mundos, pudimos llegar a algún acuerdo, hasta los más recientes acontecimientos.
-Bueno, Darkseid es malvado, y no soy quién para juzgar vuestros actos- dijo Kyle, aunque en realidad pensaba todo lo contrario; sentía que, como siempre, los Guardianes del Universo “imponían” sus ordenes a todos excepto a ellos mismos. ¿Provocaría eso su destrucción o la salvación completa del universo? No lo sabía; era algo que ya se comprobaría con el tiempo.
Ganthet no parecía muy convencido ante la respuesta de Kyle, ya que le había parecido demasiado rápida, y carente de la intensidad con la que solía replicar el terrestre, pero supuso que sabía que no era momento de discusiones, sino la hora de recibir respuestas y hallar soluciones.
-Los Nuevos Dioses cuentan con algunos infiltrados en Apokolips. No son muchos, pero tener, al menos, una red de infiltración en aquel belicoso mundo, ya es algo. Gracias a dichas redes, nosotros los Guardianes del Universo pudimos introducir en el planeta a un reducido grupo de Green Lanterns de confianza.
-¿En Apokolips? Creía que era algo imposible.
-Lo es, o lo era; los más altos e importantes científicos de Nueva Génesis han pasado años y años creando unas armaduras que mezclan la más alta tecnología de los Nuevos Dioses con las más antiguas técnicas arcanas. Todo con el único fin de introducir en los dominios de Darkseid a un grupo de guerreros. Habían fallado hasta que contaron con la energía de los anillos de poder, y la fuerza de voluntad de nuestros Green Lanterns.
-Lo lograron- aventuró el Green Lantern de la Tierra.
-Afirmativo- respondió Ganthet.
-¿Cuál era la misión? ¿Abrir una brecha en Apokolips? ¿Inutilizar alguna de las maquinarias de guerra de Darkseid?
-Acabar con Darkseid- Ganthet fue contundente-. Es una amenaza demasiado peligrosa.
-No es momento de juicios- Kyle no tenía las suficientes fuerzas como para seguir fingiendo llevar bien todo lo que le estaba contando el Guardián-. ¿Cómo pensabais acabar con ese monstruo?
-Las armaduras llevaban un dispositivo que aumentaba los poderes de los anillos de los Lanterns hasta límites insospechados. Los Nuevos Dioses definieron las cotas de poder alcanzadas como las que podía alcanzar el mismísimo Alto Padre en el apogeo de sus poderes.
-Increíble...- fue lo único que pudo expresar Kyle-. A estas horas, Darkseid estará...
-No lo sabemos. El asesinato de Darkseid estaba programado para hace dos días y aún no sabemos nada; ni de los Green Lanterns, ni de los Nuevos Dioses, por lo que suponemos que la misión ha fracasado- Ganthet suspiró, como si ya sintiese las muertes de los Lanterns enviados al infierno de Apokolips-. Lo único que hemos recibido ha sido un mensaje por canales lo suficientemente seguros como para no temer de su procedencia. El mensaje nos citaba aquí, debido al extremo peligro que supone la Tecnarquía, ya que nadie se atrevería a espiarnos aquí; ni podría, ni se atrevería.
-¿No has podido pensar que nos han metido en una trampa?- Kyle empezó a notar como le hervía la sangre.
-No, Kyle, eso es imposible; era un canal muy seguro. Quien quiera que nos haya citado aquí, está de nuestra parte.
Kyle Rayner no respondió; se fiaba de Ganthet, pero no estaba del todo seguro de que no estuviesen en medio de un ataque de alguien que había aprovechado los secretos que guardaban los Nuevos Dioses y los Guardianes del Universo. Incluso podría tratarse del mismísimo Darkseid que había descubierto su plan y estaba allí, esperándoles, dispuesto a matar con sus propias manos a un Guardián del Universo y a uno de los Green Lanterns más condecorados.
Además, todo el secretismo con el que se habían movido los Guardianes según Ganthet, y que se hubiesen saltado sus propias normas por haberlo creído necesario, como unos padres que solo sabían decir aquello de “haz lo que te ordeno, hijo, no lo que hago”, no le había gustado nada al Green Lantern. Sí, entendía que lo habían mantenido en secreto por seguridad, pero no dejaba de pensar que no era solamente por eso.
-Y ahora nos ataca Galactus- los pensamientos de Kyle volvieron a la amenaza actual-. Hace dos días, un grupo de Green Lanterns armados con poderosas armas de los Nuevos Dioses tendrían que haber acabado con la vida de Darkseid, y ahora nos ataca Galactus.
Ganthet y Green Lantern se miraron, y ambos lo supieron al instante: no era casualidad y, si alguien lo pensaba, era, sin duda, un necio o un imprudente.
-Creo...- fue a decir Ganthet.
El atronador sonido característico de un Boom-túnel interrumpió las palabras del Guardián del Universo. La cegadora luz del agujero teleportador les iluminó a ambos de manera absoluta, puesto que se estaba abriendo justo a su lado. Una figura apareció por el Boom-túnel a los pocos segundos, dispuesta a hablar con Ganthet y Kyle.
-Orión- anunció Ganthet.
El hijo de Darkseid, cambiado por el propio hijo del Alto Padre, para alcanzar cierto equilibrio entre Nueva Génesis y Apokolips, se presentó ante ellos. Sus ropas, rojas, azules y con ciertos motivos alienígenas, hechas de las más altas y resistentes telas de Nueva Génesis, cubrían su poderoso cuerpo. Un extraño casco cubría su cabeza y gran parte de su rostro; en su pecho, estaba el astro-arnés que le confería la astro-fuerza y le permitía, con el deslizador especial que iba conectado a él, viajar a tremendas velocidades que ningún ser humano llegaba, siquiera, a imaginar.
-Veo que el mensaje llegó hasta su destinatario- Orión movió la cabeza gentilmente a modo de saludo; su mirada se volvió hacia Kyle Rayner-. ¿Un Green Lantern? Tu cara me es familiar...
-Soy Kyle Rayner, del sector 2.814.
-¡El famoso Kyle Rayner! Tus hazañas se conocen por toda la galaxia, Green Lantern. Eres una de las razones por las que no presto a la Tierra tanta atención como debería; con guerreros como tú, creo que soy inservible en tu planeta.
-Resulta gratificante oír esas palabras por parte de un... dios- admitió Kyle sintiéndose algo cohibido ante la presencia de aquel poderoso personaje.
-Ojala mi misión fuese la de charlar con vosotros, amigos- Orión se volvió de nuevo hacia Ganthet-. La misión ha fracasado, Guardián.
-Me lo temía- el gesto de preocupación de Ganthet, ya de por sí grave, se tornó aún más serio-. ¿Cómo lo habéis sabido? ¿Habéis tenido noticias de los Green Lanterns?
La parte de Orión que había sido creada en Nueva Génesis, su parte buena, se atragantó ante la noticia que debía darle a su amigo. Su parte natural, la que le venía de familia, quiso regodearse en ello; sin embargo, Orión ya hacía tiempo que había dejado atrás Apokolips y todo lo que ello significaba. Que fuese un bravo y feroz guerrero, no significaba que fuese a ser malvado, y no pudiese sentir empatía hacia Ganthet cuando recibiese la cruel noticia que estaba a punto de darle.
-Sí, hemos tenido noticias de ellos- confesó finalmente el hijo de Darkseid-. Hace unas cuantas horas, tres cuerpos entraron en la atmósfera de Nueva Génesis ardiendo inmediatamente debido a la fricción e impactando contra la superficie del planeta. No tardamos en recuperar los cuerpos y reconocer, a pesar de los destrozados que estaban, a los Green Lanterns infiltrados en Apokolips para matar a mi padre.
Ganthet agachó la cabeza, compungido. Kyle olvidó, momentáneamente, la rabia por la muerte de Kilowog y los reclutas, y la enfocó contra Darkseid y su crueldad sin límites.
-Lo siento mucho, Ganthet. Fueron valientes guerreros y, te prometo, sus muertes serán vengadas.
-Eso espero- dictaminó Kyle Rayner-. Si debo ser yo en persona quien se lo haga pagar a Darkseid, así será.
-Ya habrá tiempo para eso, Green Lantern- respondió Ganthet-. Entonces, Darkseid sabe lo que hemos intentado... ¿Desde hace cuánto?
-Unas horas, según nos informan los canales de información que aún tenemos ocultos en Apokolips.
Kyle empezó a sumar dos y dos, temiéndose lo peor: Darkseid descubría el plan, torturaba a los Green Lanterns, los mataba, lanzaba sus cuerpos a modo de mensaje macabro sobre Nueva Génesis y, luego...
-Es un alivio que no hayan sido descubiertos- declaró Ganthet.
-Algo es algo, sí. Gracias a ellos hemos descubierto algo terrible, Ganthet- Orión se dispuso a seguir dando malas noticias-. Darkseid no ha esperado para tomar represalias, pero no las ha tomado contra los Nuevos Dioses, no, sino contra vosotros, los Guardianes del Universo, por haber roto la neutralidad.
“Ya sé lo que va a decir”, pensó Kyle sintiendo un escalofrío recorriendo su espina dorsal.
-Ha usado la Ecuación de la Anti-vida con el mismísimo Galactus. Nos han informado que ya ha acabado con Mogo que...
-De eso estamos al tanto, Orión- dijo Ganthet-. Muchas gracias por la información y...
Kyle dejó de escuchar en ese momento; todo cobraba sentido en su mente. El animal de Darkseid había usado la llamada Ecuación de la Anti-Vida con una de las fuerzas más infinitas y peligrosas del universo. El Green Lantern no sabía, ni siquiera se imaginaba cómo, en un espacio tan relativamente pequeño de tiempo, Darkseid había conseguido infectar a Galactus con la Ecuación, pero sí sabía lo que era dicha arma o, al menos, sabía lo que se escuchaba por ahí.
La Ecuación de la Anti-Vida era comúnmente conocida como un poder cuasi-místico capaz de hacer pensar a cualquiera como quisiera quien lo controlaba. La persona o el ser que desentrañase y supiera manejar el poder de la Ecuación de la Anti-Vida, podría manipular a su antojo los pensamientos, la voluntad y las emociones de cualquier criatura que hubiese sobre el universo; daba igual el poder que ostentase, o lo grande o pequeña que fuese, la Ecuación le daría el control a su dueño.
Otros, decían que la Ecuación de la Anti-Vida era una compleja formula científica que nadie podía resolver. Daba igual que fuese una cosa u otra, el resultado era el mismo: un arma capaz de controlar a cualquier ser al antojo de quien la tuviese en su poder.
“Se decía que Darkseid al final había logrado encontrarla y resolverla, pero no creía que fuese verdad”
Kyle seguía observando como Ganthet y Orión intercambiaban palabras sobre Darkseid, la Ecuación, y cómo había logrado Darkseid dar con Galactus y con la famosa Ecuación. Para el Green Lantern estaban allí, pero a la vez no; sólo tenía atención para sus propios pensamientos.
“Si Darkseid ha conseguido resolver la Ecuación... ¿Por qué no estamos todos bajo su control?”
Mientras daba vueltas sobre el tema y sus dos acompañantes seguían hablando del mismo, la amenaza de Galactus, el ser que parecía ser un dios y que Darkseid había puesto a su mando para destruir Oa, pendía sobre ellos.
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Lejos de allí.
Salaak y los demás Green Lantern prestaban atención a las imágenes holográficas en tres dimensiones que les presentaban sus anillos de poder, mientras Ganthet, Kyle, y Orión intercambiaban información en el sistema Vega. Todos se encontraban en un asteroide que formaba parte de un denso anillo de asteroides situado a un sector de distancia del lugar en el que se habían enfrentado a Galactus.
Las miradas expectantes de los Green Lanterns no se separaban de las imágenes holográficas que les mostraban lo que estaba ocurriendo en la zona donde habían dejado a la nave-mundo de Galactus recibiendo el estallido del sol azul que se habían visto obligados a convertir en una supernova.
Al principio, lo que vieron fue el increíble estallido de energía del sol azul comiéndose todo lo que encontraba a su paso. Muchos de los que estaban presenciando la imagen, pensaron que, por más que fuese Galactus quien allí estaba, tenía que ceder ante tamaño ataque. Otros se mostraban más escépticos, sobre todo cuando empezaron a ver una especie de pequeño agujero negro que parecía estar absorbiendo la energía del sol azul.
Lo que al principio parecía una especie de efecto óptico e incluso, como unos pocos optimistas creyeron, la nave de Galactus explotando de manera extraña, les llenó de miedo cuando entendieron lo que de verdad estaba ocurriendo: la inmensa explosión estaba siendo usada por el Devorador de Mundos para alimentarse antes de llegar a Oa para destruirla por completo.
Salaak dejó de crear la imagen holográfica con su anillo, puesto que ya no necesitaba, ni quería ver más; habían fracasado, y estaba claro que Galactus era un enemigo que no podían vencer ellos solos. Necesitarían de toda Oa para ello, incluso, seguramente, de la fuerza de los mismísimos Guardianes del Universo.
-Dejad eso- gruñó Salaak a los que aún estaban viendo lo que ocurría con la explosión-. Con suerte, acabará en unas horas. Volveremos a Oa, pondremos todos nuestros asuntos en su sitio, veremos qué plan tienen los Guardianes, y esperaremos a Galactus. Recemos para que la comida de esa estrella suponga algún efecto inesperado en su organismo y se olvide de nosotros antes de llegar.
Ni siquiera los más optimistas se tomaron en serio aquella posibilidad; la batalla estaba tan cerca que podían incluso tocarla con sus dedos.
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Horas después.
Todos habían llegado ya hacía unas horas; se habían preparado, los Guardianes del Universo lo habían dispuesto todo, habían planeado, y los asuntos personales se habían puesto en su sitio, al menos, todos los que habían dado tiempo. Galactus se acercaba, y las historias que contaban de él lo situaban como la misma muerte reencarnada en el cuerpo de un dios con poder ilimitado. A pesar de ello, existían relatos sobre victorias contra él, pírricas, temporales, pero victorias al fin y al cabo, y eso suponía esperanza para los Green Lanterns, y era un sentimiento que debía prevalecer sobre el miedo que les atenazaba. La esperanza y la fuerza de voluntad debían conquistar al miedo.
Kyle Rayner se encontraba rodeando Oa fuera de su superficie, observando la oscuridad espacial y sintiendo que algo así de negro era lo que le esperaba en cuestión de horas, e incluso minutos. Los Guardianes del Universo estaban en Oa, en la Ciudadela de los Guardianes, y serían la última línea de defensa contra Galactus, si todo lo demás fallaba. Si eso ocurría, los seres azules ya habían dejado claro que no tenían muchas esperanzas de detener al Devorador de Mundos, aunque si llegaba hasta ellos, siempre podría estar lo suficientemente debilitado como para lograr vencerle. O eso esperaban, a pesar del pesimismo que desprendían.
Junto a Kyle, montaban guardia otros tres Green Lanterns igual de importantes para los Guardianes como él: Kaylark, Arx, y Varix. Ellos eran la segunda línea de defensa si fracasaba la primera, situada en el borde del sistema Sto-Oa.
Kaylark pertenecía al sector 1.721, era mujer, de aspecto humano, y una gran inteligencia. Solía dedicarse a hacer tests de rendimiento a otros Green Lanterns en Oa cuando no estaba vigilando su sector, uno de los más cuidados de todo el universo, en gran parte, gracias a ella. Los Guardianes del Universo la tenían en gran estima, no tanto como a Kyle, pero era otro de sus Lanterns de confianza, y no conocían a otra mejor para situarse junto a Oa en contra de Galactus.
Arx, en cambio, estaba lejos de parecer humano, a pesar de su constitución humanoide. Vigilaba el sector 488, y su particular aspecto radicaba en su cabeza totalmente rodeada por una mata de pelo que le daba cierto parecido a una pelusa terrestre. Solo dejaba ver dos grandes y redondos ojos azules, y una nariz roja que le daba cierto aire cómico. Era muy competitivo y orgulloso, pero siempre anteponía a sus compañeros por encima de sus propios objetivos. Kyle se sentía orgulloso de estar a su lado en la batalla.
El último Green Lantern al que los Guardianes habían puesto como líder de la segunda línea de defensa era Varix, del sector 69. Lo único que dejaba ver, puesto que iba vestido de los pies a la cabeza, era parte de su boca, por lo que se podía ver que su piel era de una tonalidad verde clara. Los Lanterns que habían trabajado con él lo tildaban de sabio, estratega, fuerte, decidido pero hipocondríaco, debido a la plaga que asoló su mundo natal.
Kyle Rayner pensó en la primera línea de defensa, formada por más de 4.000 Green Lanterns y liderados por algunos de sus amigos: Salaak, John Stewart (del que se había despedido con un abrazo antes de empezar a formar las líneas de defensa), y Droxelle, del sector 3.411, de aspecto humanoide, pelo blanco y piel azul, con la que había combatido en más de una ocasión.
“Ninguno de los que están aquí sabe por qué va a morir”, pensó Kyle Rayner echando un breve vistazo hacia atrás, a Oa, concretamente, hacia la Ciudadela de los Guardianes. Una mirada que iba dedicada a los seres inmortales y azules.
“Ganthet ha contado a sus hermanos por qué nos ataca Galactus, y me ha pedido discreción. No se lo han contado a los demás Lanterns; a ninguno. Sólo yo sé por qué Galactus viene a devorar Oa, y eso no sólo me da ganas de unirme al Devorador y decirles cuatro cosas a esos pequeñines azules, sino que me da fuerzas para sobrevivir y ver qué ocurre cuando tengan que darles explicaciones a los que queden con vida”
Cerró los puños con rabia; sentía que no era justo lo que iba a pasar, y en su lista de culpables no solo estaban Darkseid y el mismo Galactus, sino los propios Guardianes del Universo. La última mirada que le había echado a Ganthet antes de separarse de él, se lo había dejado claro al Guardián.
“Jóvenes que mueren, y viejos que parlotean; eso es la guerra, en la Tierra y en cualquier parte del universo. Y ahora nos toca morir a todos porque los hombrecillos azules del espacio exterior creen que hay cosas que no debemos saber, pero sí por las que debemos morir. Y, lo mejor de todo, es que todos los Green Lanterns, absolutamente todos, están aquí, preparados para morir, y no saben la autentica razón. Unos se dicen a sí mismos que Galactus iba a hacer esto tarde o temprano; otros no le dan demasiadas vueltas al asunto, y otros creen en la teoría de que alguien le controla o que no es el autentico Galactus”
“No saben lo cerca que están en realidad”
De repente, Salaak, por medio de su anillo, empezó a hablarles desde donde estaba; la nave-mundo de Galactus estaba aproximándose, y estaban dispuestos a atacarla hasta hacer salir a su residente.
“Puede que esta vez sí me merezca la gloria de mi sacrificio”, terminó de pensar Kyle con una sonrisa en los labios, antes de prestar atención a Salaak.
Mientras Kyle Rayner dejaba sus pensamientos a un lado para centrarse en la misión, John Stewart, Droxelle y los más de 4.000 Lanterns que estaban en el borde del sistema, se quedaban estupefactos ante el tamaño al que crecía la nave del Devorador conforme se acercaba hacia ellos. Salaak estaba demasiado concentrado dando detalles a los Lanterns que vigilaban Oa, y ya había visto la nave como para sorprenderse demasiado.
-¿Atacamos ya, Salaak?- preguntó Droxelle.
La nave-mundo de Galactus se paró lejos de ellos, aunque lo suficientemente cerca como para que pudiesen contemplar su colosal tamaño; sintieron que, 4.000 Lanterns y ellos tres, no iban a ser suficientes, pero tendrían que serlo, puesto que no iban a permitir que Galactus llegase a Oa. O morirían en el intento.
-¡No hay tiempo para discursos, hermanos!- gritó Salaak haciéndose oír en el silencio espacio gracias a su anillo, llegando a todo Green Lantern y Guardián del Universo situado en el sistema-. ¡Solemos pronunciar nuestro juramento cuando cargamos nuestros anillos con nuestras baterías personales de poder, pero creo que, nunca va a haber mejor momento como este para clamarlo!
Sonrisas, gritos de alborozo que sólo oían sus dueños, y gestos de atención y alegría contenida, surcaron el mar de Green Lanterns que desbordaba todo el sistema Sto-Oa. Todo conocían el juramento; todos lo habían pronunciado, como mínimo, una sola vez; era lo que necesitaban antes de ponerse manos a la obra en una batalla que podría acabar con todos ellos; todos se dispusieron a repetirlo al mismo tiempo que Salaak.
-¡En el día más brillante, en la noche más oscura, el mal no escapará a mi vista! ¡Que aquellos que adoran al mal, teman mi poder...! ¡La Luz de Green Lantern!
Todos alzaron sus puños, en señal de una clara victoria por su parte, aunque no las tenían todas consigo, pero eso no iba a impedirles intentarlo hasta que la última gota de sangre de sus cuerpos se agotase.
Se volvieron hacia la nave-mundo de Galactus, y hacia ella apuntaron sus anillos, todos a la vez, dispuesto a atacar al menor movimiento, el cual llegó a los pocos segundos después de haber pronunciado el juramento de los Green Lanterns.
Los cañones delanteros de la esférica nave del ser que podría ser un dios, empezaron a salir de sus respectivos compartimientos hidráulicos y regularmente revisados, dispuestos a descargar sus mortales energías contra los enemigos de su amo. Los Green Lanterns no esperaron a que los rayos alcancen los escudos esmeralda que podían crear; la energía verde brillante rodeó sus cuerpos, dejando claro que iban a usar sus poderes al máximo, y lanzaron poderosos rayos de energía esmeralda a partir de sus anillos contra los cañones, que explotaron al instante sin provocar un solo sonido.
Más cañones comenzaron a salir de otras partes de la superficie de la nave al instante, más rápidamente, como si los primeros hubiesen sido solo una prueba para catar la peligrosidad de los guerreros verdes. Se apresuraron en lanzar nuevas descargas contra las armas de la nave, haciéndolas volar en pedazos antes de que pudiesen, siquiera, identificar a sus objetivos y apuntarles con precisión. Aún así, la nave-mundo de Galactus siguió sacando más y más armas, como dando a entender que podría estar así durante todo el día.
Salaak, sin dejar de disparar por su anillo, comenzó a ver algo que podría ponerles en peligro; cada vez aparecían más y más cañones por la superficie de la nave, y eso les obligaba a dividirse para contrarrestarlos. ¿Resultado? Acabarían por tardar en destruir alguno de los cañones, y eso haría que tuviesen que pasar a defenderse, en vez de seguir atacando sin darle tiempo a Galactus de contraatacar.
-¡John Stewart y Droxelle! ¡Coged a 2.000 Lanterns y atacad el flanco derecho de la nave! ¡Yo y el resto de los Lanterns iremos a por el flanco izquierdo!
-¡Entendido!- respondió Droxelle, dirigiéndose a por John.
Todos respondieron inmediatamente a las órdenes de Salaak, uno de los más respetados Green Lanterns. En cuestión de segundos, los flancos estaban cubiertos, y las diferentes armas que surgían de la nave seguían siendo destruidas casi al instante. Muchos creyeron en la victoria en ese preciso momento.
Los Green Lanterns volaban de un lado a otro gracias a los poderes de sus anillos, se unían en grandes grupos, y disparaban todos a la vez sus energías verdes contra las armas, haciéndolas explosionar, convirtiéndolas en pedazos, dejándole claro el mensaje a Galactus: la victoria, si la obtienes, te va a salir cara, muy cara.
John Stewart vio, por el rabillo del ojo, como varios inmensos cañones láser de aspecto peligroso, salían por una zona que no estaba cubierta aún por ninguno de sus compañeros, y entendió que, por mínima que fuese, cualquier brecha en el ataque que estaban llevando cabo podía suponer su derrota.
-¡Droxelle, ayúdame!- gritó por medio de su anillo.
-¡Enseguida!- la alienígena terminó de destruir una especie de arma que parecía lanzar enormes minas espaciales con la ayuda de otros Lanterns, y fue hasta donde estaba John-. ¡Qué ocurre!
Stewart señaló los cañones que parecían estar fusionándose entre si para formar un arma mayor. Alzó su anillo frente a ellos, y creó una pequeña nave para dos pasajeros.
-¿Te apetece dar una vuelta?- Stewart sonrió.
Droxelle le devolvió la sonrisa, y ambos subieron a la nave, que empezó a dirigirse hacia el cañón a una velocidad de vértigo, conducida por la mente de John Stewart y creada por su anillo, gracias a su fuerza de voluntad, evitando a todos los Green Lanterns que rodeaban la nave de Galactus, que empezaba a dar señales de estar herida.
Mientras John Stewart se concentraba en el manejo de la nave, Droxelle usaba su anillo para ir lanzando poderosas descargas de energía a la gigantesca nave. Dos cañones verdes salieron del capó de la nave hecha de energía del anillo de poder, y dispararon contra el mortal cañón que ya había sido formado y que explotó al instante en una tremenda bola de fuego. John y Droxelle siguieron dando vueltas a la nave en su propio vehículo improvisado, como si fuesen una pareja que daba vueltas a un parque, solo que intentaban destruir al enorme “parque”.
-¡Y pensar que me costó trabajo sacarme el carnet!- Stewart giró, dispuesto a pasar por la parte trasera de la nave y proseguí su ataque.
-¡¿Qué?!- gritó Droxelle sin dejar de disparar su anillo.
-¡Nada! ¡Una broma terrestre!
La nave siguió su vertiginoso viaje alrededor de la esférica masa metálica que era el transporte del Devorador de Mundos. Droxelle ya admiraba a John Stewart, pero verle conduciendo con su mente una nave que mantenía con su fuerza de voluntad, al mismo tiempo que le había hecho surgir cañones, y hacer bromas a la vez, provocó que sintiese algo mucho mayor que admiración.
“Si esto acaba bien, sería un placer conocer al terrestre John Stewart”, pensó Droxelle dándose la oportunidad de ser optimista durante un segundo.
Desde las cercanías de Oa, los restantes Green Lanterns veían, mediante imágenes holográficas producidas por sus anillos, como la nave-mundo de Galactus parecía estar sangrando. Enormes brechas se abrían en su superficie, provocando que el fuego se extendiese por el interior; las explosiones aumentaban, incluso cuando los Green Lanterns no atacaban ciertas zonas, y el fuego empezaba a hacer huella en la casa-transporte del Devorador de Mundos.
Kyle veía, con cierta felicidad, como la nave-mundo parecía estar sufriendo ante los insistentes y poderosos ataques de sus amigos y compañeros. Sabía que los Guardianes del Universo estaban observando el espectáculo con auténtico interés y, esperaba, que sintiesen una pizca de remordimiento por lo que estaba ocurriendo. Aunque sólo fuese una pizca, eso ya le valdría.
Fue entonces, al ser los daños de la nave demasiado evidentes, cuando se abrió una especie de enorme compuerta en la parte superior de la nave-mundo. Las armas no dejaban de aparecer, pero cada vez a menor velocidad y en menor cantidad; los Green Lanterns suponían que ya no quedaban muchas dentro de la nave; otros, supusieron, al ver la colosal compuerta abriéndose, que el dueño iba a salir a decirles hola, en persona. Estos últimos, fueron quienes acertaron de pleno.
La aparición de la enorme figura encima de la grandiosa nave, provocó que muchos Green Lanterns cesaran su ataque a la enorme construcción diseñada para Galactus. Los que no lo vieron al instante, sintieron la presencia en todo su ser; estaba allí, frente a ellos, por encima de todos ellos: Galactus, el Devorador de Mundos.
Era una visión impresionante, asombrosa y terrorífica a la vez. Pocos seres podían decir que habían visto a Galactus y habían sobrevivido para contarlo, y muchos de los miles de Green Lanterns que estaban asistiendo al espectáculo, pensaron que con ellos no iba a ser una excepción. Mirar al enorme ser que estaba en lo más alto de su propia nave-mundo, no podía ser nada bueno; un escalofrío de terror les llenó el cuerpo, a pesar de que intentaban evitar cualquier síntoma de miedo.
El traje morado y azul que le cubría de los pies a la cabeza, exceptuando parte de la boca que tenía un aspecto humano, estaba claro que era alienígena. Daba la impresión que le servía para algo más que para cubrirle el cuerpo, como si fuese parte de la protección que necesitaba para enfrentarse a los grandes ataques de quienes le percibían como una clara amenaza. Un traje de aspecto altamente tecnológico, lleno de cables por algunas partes, de protuberancias por otras, de líneas, de pliegues... Cientos de Green Lanterns tuvieron el pensamiento fortuito de que ese era el traje que debían llevar los dioses, creado, a su vez, por otros dioses. La enorme “G” de su pecho les saludó.
Lo más característico era el casco; enorme, de color morado, y con dos protuberancias que parecían una mezcla de cuernos y antenas. ¿Cuántos planetas habría hecho estremecer aquel monstruo con la sola sombra de su casco? ¿Cuántas almas se habrían echado a temblar al ver las dos enormes antenas del grandioso casco del Devorador de Mundos? No era nada comparado con la oscuridad de sus ojos, sólo rota por unas finas líneas de color morado que los surcaban, como si pretendiesen decir que quedaba algo de humanidad en aquel coloso aparentemente indestructible e invencible.
Los Green Lanterns no pensaban esperar a que el gigante diese el primer paso, pero no tuvieron más remedio; los ojos de Galactus se iluminaron, movió la cabeza velozmente hacia su derecha mientras lanzaba potentes rayos de energía por ellos, como el terrícola que coge el spray anti-mosquitos y hace una pasada para matarlos a todos. El ataque no les habría dado demasiados problemas a los Lanterns, preparados como estaban, pero lo que no esperaban era el color de los rayos de Galactus: amarillo.
A pesar de que hacía ya tiempo que cualquier Green Lantern había superado su debilidad hacia el color amarillo, hacía falta para ello un esfuerzo de concentración muy alto que, en ese momento, no habían logrado alcanzar. Galactus pilló desprevenidos a la mayoría y, en cuestión de segundos, acabó con más de 1.000 en una sola pasada.
Salaak contempló con terror cómo, sólo unos pocos Green Lanterns habían conseguido concentrarse lo suficiente como para levantar escudos lo bastante fuertes como para bloquear el duro ataque de Galactus. El Green Lantern se volvió hacia el monstruo, dispuesto a ordenar atacarle con todos los efectivos de los que disponía, justo cuando la cabeza de Galactus volvió a girar para dar una nueva pasada; sus ojos no pararon de despedir energía destructiva de color amarillo.
Otros miles de Lanterns cayeron ante la potencia del ataque del Devorador de Mundos. A pesar de que ya estaban avisados, y de que empezaban a concentrarse, nada pudieron hacer contra las fuerzas del ser que devoraba planetas para nutrirse de ellos. Durante la nueva pasada, el vehículo verde donde viajaban John Stewart y Droxelle fue alcanzado, desmenuzándose al instante en cientos de miles de partículas de energía esmeralda.
Stewart fue despedido hacia el espacio, donde se paró gracias a la energía de su anillo. En cuanto paró su indeseable viaje, descubrió que Droxelle estaba a varios metros de él, flotando en el espacio, inerte, y con la mitad de su cuerpo destrozado, despidiendo partículas de lo que había sido su torso. El grito del terrícola no fue escuchado en el vacío del espacio, pero a poco estuvo de romper las normas de la física y poder conseguirlo; así fue su agonía, su rabia, y su furia.
Indignado, y con toda la sangre hirviéndole, fue hacia los pies del Devorador de Mundos, esquivando los enormes torrentes de energía que seguían saliendo de sus ojos y aniquilando a Lanterns por doquier. El espacio rebosaba de trozos de carne alienígena, extremidades cercenadas, cuerpos quemados, y sangre de mil y un colores. La matanza era horrible, y todo había ocurrido en apenas unos segundos. ¿De qué sería capaz Galactus de llegar a Oa?
En los pies del Devorador de Mundos, se arremolinaban cientos de Lanterns que formaban unos grilletes verdes con sus anillos de poder, dispuestos a hacer caer a su enemigo de su propia nave; John se unió a ellos, despidiendo parte de su energía a la formación de los grilletes que ya estaban casi fabricados.
Mientras tanto, otro nutrido grupo de Green Lanterns se reunía en torno a la cabeza de Galactus. Alzaron sus anillos, concentraron todas sus energías, y formaron una especie de fuertes barreras en los ojos del coloso, parando así el torrente interminable de energía amarilla.
Los Lanterns empezaron a sonreír al ver que el peligro había pasado, saludaron a sus amigos y compañeros de los pies, apremiándoles a seguir con su misión para desequilibrar al gigantesco monstruo. Lejos de allí, Kyle Rayner, los demás Green Lanterns, y los Guardianes del Universo, vigilaban todos sus progresos mediante las imágenes holográficas que formaban sus anillos; su deseo más ferviente era que todo acabase en aquel momento. Nadie les escuchó.
Antes de que pudieran darse cuenta, y distraídos por un instante de victoria, los torrentes de energía quebraron el muro verde, y alcanzó de lleno a los Green Lanterns, reduciéndoles a meros grupos de cenizas. El coloso, miró hacia abajo, y dirigió sus ataques ópticos hacia los grilletes verdes, que fueron destrozados al instante al mismo tiempo que volaban en pedazos cientos de Lanterns más. John Stewart fue uno de los pocos que se libró de la masacre; ninguno de los planes que llevaban a cabo, salía bien, y estaban comenzando a saber qué es lo que iba a ocurrir. Los miles de anillos de los Green Lanterns muertos, lanzaban sus mensajes informativos sobre el fallecimiento de sus portadores, como una leve música que se escuchaba en el fondo de la batalla.
-¡Retirada!- acabó gritando Salaak por medio de su anillo entre el horror y la carnicería en la que se había convertido aquella parte del sistema.
Los pocos Green Lanterns que quedaban, obedecieron, y todos usaron las pocas energías que quedaban en sus anillos para llegar, velozmente, hasta las proximidades de Oa, donde les esperaba la segunda línea de defensa del planeta; sólo quedaban Salaak, John Stewart, y apenas 100 Green Lanterns. Y sólo habían logrado destruir la nave del Devorador de Mundos. Las esperanzas empezaban a desaparecer con tanta rapidez como con la que Galactus había liquidado al grueso de la primera línea de defensa de Oa.
Al llegar a las proximidades de Oa, Salaak, Stewart, y los demás, fueron recibidos con miradas de pena, tristeza, odio, enfado y comprensión a partes iguales. No es que hubiesen fracasado en su misión, es que habían hecho todo lo posible, hasta sus últimos recursos, y no había funcionado; Galactus era demasiado terrible.
-Lo... siento...- se disculpó Salaak con un solo murmullo mientras descansaban.
-No tiene su nave- replicó Kyle Rayner en el espacio, junto a todos sus preparados compañeros-. Ya es un logro. Ahora, se tendrá que enfrentar a todos nosotros. ¡Se tendrá que enfrentar a Oa! ¡Y va a comprender, que le va a salir jodidamente caro!
Antes de que pudieran descansar unos segundos más, maquinar nuevos planes, y elaborar una nueva estrategia de batalla, apareció ante ellos la impresionante figura de la nave-mundo de Galactus, malherida, destrozada, pero aún se desplazaba con pasmosa velocidad. Encima de ella, en su parte más alta, seguía Galactus, impenitente, colosal, terrorífico.
-Ahora son tuyos, Kyle- admitió Salaak-. Dirígenos.
-¡Es de todos, Salaak!- rugió el Green Lantern terrestre-. ¡Que cada uno de vosotros coja un buen grupo de Lanterns, y que vaya a por uno de los flancos! ¡Le rodearemos por todas partes! ¡Le atacaremos en cada punto que veamos! ¡Usad toda vuestra voluntad, toda vuestra imaginación! ¡Que tema nuestro poder!
No hizo falta más. Todos los Green Lanterns se lanzaron velozmente sobre Galactus, girando alrededor de su persona, volando por todas partes, evitando los rayos energéticos de sus ojos; ya habían visto lo que eran capaces de hacer, y no iban a dejarle que lo repitiese con ellos.
-¡Distraed su atención!- gritó Kyle Rayner a través de su anillo.
Un gran grupo de sus compañeros, dirigidos por Varix, se arremolinó alrededor de la enorme cabeza del gigantesco ser, dándole vueltas sin cesar. Las columnas de energía amarilla que salían por los ojos (si es que podían considerarse así) les perseguían, pero no llegaban a alcanzarles por muy poco. Con sus anillos, comenzaron a crear cientos de miles de grandes insectos, monstruos, y seres alienígenas salvajes de sus planetas natales, que rodearon la cara de Galactus por completo. Poco duraron frente a él, pero los Green Lanterns siguieron creándolos, dispuestos a distraer lo suficiente a la criatura como para que los demás compañeros le hicieran caer.
Alrededor del cuerpo del Devorador, los demás Lanterns lanzaban sus ataques más potentes, que parecían destrozar, poco a poco, el traje del grandísimo ser al que se enfrentaban. Kyle Rayner se colocó en uno de los pies de Galactus, junto a Salaak, y empezaron a atacarle en un mismo punto una y otra, y otra vez; Salaak con poderosos rayos de energía y Kyle, siendo el Green Lantern más imaginativo de todo el cuerpo, se creó unos enormes guantes verdes alrededor de sus manos y golpeó con saña el mismo punto al que su amigo disparaba. En unos cuantos minutos, descubrieron, para su alegría, que la zona estaba agrietándose; en diversos puntos del cuerpo de Galactus, otros Lanterns descubrieron lo mismo.
“¡Lo estamos logrando!”, pensó Kyle sin dejar de golpear, a pesar de sentir el sudor bajando por su frente hasta su rostro. La concentración que llevaba a cabo era demasiado alta, pero estaban consiguiéndolo; estaban haciendo mella en un dios.
De repente, Galactus empezó a mover sus grandes brazos, hasta unir sus manos y crear, entre ellas, una enorme bola de energía eléctrica que pegó a su cuerpo. A él no le afectó, pero a los miles de Green Lanterns que, en ese momento, tocaban su cuerpo, sí, hasta el punto de que explotaron como pequeñas uvas, salpicando de sangre por una miríada de lugares el cuerpo del Devorador de Mundos.
Kyle vio, con autentico horror, como Salaak, de pie encima del pie de su enemigo, se contorsionaba de dolor y reventaba, salpicándole con su sangre por todas partes. El terrícola gritó, horrorizado, y dio las gracias por procurar estar siempre volando gracias a la energía de su anillo, y no estar en ese momento, golpeándole con sus puños hechos de energía esmeralda. Otros Green Lanterns, tuvieron la misma suerte, sobre todo, los que volaban alrededor de la cabeza de Galactus, distrayéndole. Muchos se preguntaron de cuántas formas más podría matarles la criatura.
-¡Tenemos que seguir atacándole!- gritó Kaylark cerca de uno de los hombros del Devorador-. ¡Su traje está cediendo!
-¡Ya lo veo!. Kyle siguió golpeando el mismo punto, haciendo volar partes de la enorme bota de Galactus, aunque teniendo cuidado para no seguir el mismo destino de Salaak y sus compañeros.
Por suerte, Galactus seguía distraído con las maniobras de Varix y los Green Lanterns que le acompañaban. Varios de ellos se habían separado de la formación para atacar las enormes antenas del casco de Galactus, dispuestos a destrozárselas.
-¡Meteos de nuevo en la formación!- ordenó Varix, claramente nervioso.
Ese instante fue todo lo que necesitó Galactus para contraatacar. Se movió levemente, los brazos se alzaron varios metros, y su cabeza giró velozmente, lanzando columnas de mortal energía amarilla por todas partes, aniquilando en un breve instante a todos los Green Lanterns que le rodeaban. Más sangre, más cuerpos destrozados, y más anillos anunciando la muerte de sus dueños... Ese era el resultado de enfrentarse a Galactus, el Devorador de Mundos.
-`¡Nueva estrategia!- exclamó Kyle, sabiendo que, sin la distracción de sus compañeros, el monstruoso ser se centraría en ellos, matándoles en cuanto tuviese la ocasión-. ¡Todos unidos frente a él! ¡No quiero errores!
Absolutamente todos los Green Lanterns que quedaban formaron un muro de personas vestidas de verde y negro a unos metros de Galactus, por encima de Oa. Pocos se percataron de que, aquella fuerza de la naturaleza, les había obligado a retirarse poco a poco.
Desde donde estaban todos reunidos, pudieron contemplar que Galactus tenía el traje agrietado por numerosos lados; solo hacía falta u buen ataque para debilitarle lo suficiente, quitarle las ganas de seguir avanzando e incluso, para matarle, si tenían suerte.
-¡Alzad los anillos!- ordenó Kyle.
Todos lo hicieron, y entendieron al instante lo que su líder pretendía que hicieran. Donde estaba, Galactus alzó una de sus manos, y empezó a formar en ella una bola de energía de color rojo cuyos objetivos estaban claros. Kyle Rayner y los suyos, se temieron lo peor, pero no se movieron un milímetro de donde estaban.
-¡Concentrad todas vuestras energías! ¡Concentradlas todas!- gritó Kyle con los dientes apretados, y sintiendo como el cuerpo le temblaba de puro miedo-. ¡Todas! ¡Absolutamente toda! ¡La descarga debe ser inmensa!
La energía verde empezó a brillar alrededor de ellos de tal forma que, cualquier ser, se hubiese quedado deslumbrado por ella. Incluso Galactus pareció estar impresionado por un momento y, hasta minimamente preocupado, a pesar de carecer del raciocinio absoluto que poseía cuando Darkseid no le tenía bajo su control con la Ecuación de la Anti-Vida.
La masa de Lanterns parecía un gran muro de energía verde, salvo porque todos apuntaban con sus anillos a Galactus, dispuestos a que, el disparo esmeralda resultante, fuese mortal; como mínimo, debía parar a Galactus, aunque fuese por unos breves instantes.
Cuando vieron que la bola de energía que estaba creando Galactus se tornaba más rojiza, supieron que no tenían el tiempo suficiente como para reunir todas sus fuerzas y lanzarlas en un solo ataque. Como mucho, podría crear un solo y enorme escudo con el que protegerse todos, pero, con toda probabilidad, muchos morirían.
En el último momento, Arx, el Green Lantern de grandes ojos azules y cabeza peluda, atacó, salido de la nada, uno de los hombros de Galactus con una enorme espada hecha con energía pura de su anillo; toda la energía concentrada de su anillo de poder puesta en una sola arma blanca de enorme tamaño.
Arx rajó el hombro de Galactus, provocando que el monstruo se tambalease un instante después de que disparase su bola de energía contra la agrupación de Green Lanterns, los cuales, antes de verse obligados a levantar un gran escudo esmeralda, sonrieron en sus corazones al comprobar que Galactus podía ser herido y que, parecía poder sentir dolor.
La energía roja concentrada impactó de lleno contra el escudo verde, volándolo al instante; innumerables Green Lanterns murieron al momento, y el resto, cayó a Oa debido a la onda expansiva de la explosión. Lo último que vieron Kyle Rayner, John Stewart, y Kaylark antes de entrar en la atmósfera de Oa, fueron los cuerpos de muchos compañeros al desintegrarse.
Por suerte, Kyle Rayner no se desmayó, y pudo caer, más o menos gracilmente sobre la superficie de Oa, en plena Ciudadela de los Guardianes, a varios metros de la Batería Central de Oa, monumento a la grandeza de la ciudad, del mismo planeta y a la justicia en el universo. A unos cuantos metros de él, cayó John Stewart, algo más pesadamente; en cuanto se levantó, creó un colchón verde en el cual aterrizó la inconsciente Kaylark.
-Nada puede detenerle, Kyle- murmuró John con miedo en su voz, tomando a su compañera entre sus brazos.
-Hay que intentarlo, John. Al final, ha llegado aquí, a Oa, a la Ciudadela y los Guardianes van a tener que pringarse.
-¡Ya lo has visto!- John luchó para que no saliesen las lagrimas de sus ojos-. ¡Ha acabado con todos! ¡Con Varix! ¡Con Droxelle! ¡Con Salaak!
-¡Lo sé, maldita sea! ¡Si no fuese por esta aura verde, tendría su sangre en mi traje!- Kyle se pasó las manos por el pelo; temblaban incontroladamente.
Justo antes de que pudiesen seguir hablando, algo empezó a caer del cielo. Enseguida entendieron de qué se trataba, los pelos se les pusieron de punta, y entendieron que aquello debía ser lo que era conocido como “guerra”; cientos de cuerpos de Green Lanterns caían del cielo. Carbonizados, desmembrados, calcinados, mutilados, quemados... Algunos no eran más que polvo que se les pegaba al pelo.
No conseguían encontrar palabras ante el aterrador espectáculo del que estaban siendo testigos; ni siquiera podían llorar, sólo contemplar, impávidos, cómo caían sobre ellos los cuerpos de sus amigos y compañeros. Tras ellos, bajaba Galactus al planeta; los dos Green Lanterns pudieron contemplar cómo, a lo lejos, podía vislumbrarse la herida nave-mundo del Devorador de Planetas; al final había llegado a Oa, y se disponía a consumirla con ellos dentro.
Los pocos Green Lanterns que quedaban vivos en tierra, volaron hacia Galactus en cuanto sus enormes pies derribaron los primeros edificios de la ciudad. Fueron asesinados con facilidad por Galactus y los torrentes de energía que salían de sus manos; edificios, construcciones, casas, y enormes y bellas estructuras cayeron ante los ataques del monstruo.
-No tienen ninguna posibilidad, Kyle- John Stewart parecía a punto de darse por vencido; tenía varios cortes en la frente, y sudaba copiosamente-. No tenemos ninguna posibilidad.
Kyle se volvió, echándose las manos a la cabeza, preguntándose dónde estaban los Guardianes del Universo mientras aquel ser destruía, no sólo a su ciudad, sino a sus guerreros.
Al volver la cabeza, vio el cuerpo de Arx, quien había logrado herir a la bestia, en el suelo, con todos los huesos rotos, las extremidades dobladas de mala manera, y un montón de sangre saliéndole por la cabeza abierta como un melón; Kyle Rayner ya no pudo aguantar más. Si debía morir, quería hacerlo luchando, no quejándose.
-Protege a Kaylark, John- ordenó Green Lantern volando con la energía de su anillo-. Si no vuelvo, busca a los Guardianes y si ellos no pueden, huye del planeta con los Lanterns que queden vivos, pero debes huir. ¿Me oyes?
-No te entiendo...
-¡Huye! ¡Los Green Lanterns debemos perdurar!
Kyle no le dio tiempo a John para replicarle, y voló, velozmente, hasta la zona donde Galactus acababa con la vida de los pocos Green Lanterns que aún quedaban. Se situó encima de un edificio bastante alto, creó una catapulta medieval con la energía de su anillo, y comenzó a arrojar rocas de pura energía contra la cabeza de Galactus.
La primera roca no le hizo nada, solo explotó en el enorme casco del Destructor de Mundos; la segunda, llamó su atención; la tercera, le alcanzó en plena boca, haciéndole trastabillar. No fue algo notable, pero eso le valió a Kyle; iba a morir, de eso estaba casi seguro, pero iba a caer bien contento.
Galactus vislumbró al Green Lantern, y avanzó hacia él destrozando edificios con su cuerpo, con sus grandes manos, y aplastando los cadáveres de los cientos de Lanterns que cubrían el suelo de la ciudad creada por los Guardianes del Universo. Los cadáveres, aunque fuese algo sorprendente, seguían cayendo del cielo.
Kyle siguió su tarea de lanzar piedras a su enemigo, a pesar de que ya estaba muy cerca de él. Algunos de los proyectiles alcanzaban a Galactus y otros, aunque le daban, apenas le hacían ir más lento, pero si parecían pararlo durante una milésima de segundo; a pesar de todo, habían logrado herir a Galactus, aunque no pararlo; nada podía detener a Galactus.
Justo antes de llegar al tercer edificio que le separaba de Kyle Rayner, Galactus se vio rodeado por varias pequeñas figuras azules que volaban alrededor de su cabeza; los Guardianes del Universo habían llegado, y estaba acompañados por Kaylark.
-Perdona la tardanza, Kyle- Ganthet le dirigió una mirada llena de angustia, pesar, tristeza, amargura y miedo; un atroz miedo, por encima de todo. Al final, ni los Guardianes parecían estar exentos de él.
Los pequeños seres azules, rodearon la cabeza de Galactus y giraron a su alrededor, cubiertos por una energía brillante y verde; Kaylark iba tras ellos, dispuesta a obedecerles a cualquier simple orden mental que le mandasen.
Los ojos de Galactus se iluminaron, pero antes de poder lanzar su atroz ataque contra sus nuevos enemigos, estos alzaron sus brazos y, numerosas ráfagas de energía verde surgieron de las auras que les rodeaban y se estrellaron contra la cabeza de Galactus, haciendo que temblase.
-¡Eso es monstruo!- gritó Kyle Rayner riendo como un maniaco-. ¡Arde! ¡Arde!
Las manos de Galactus empezaron a moverse de un lado a otro, intentando deshacerse de quienes le provocaban tal daño a su dueño, pero los ataques de los Guardianes del Universo se lo impedían. Para sorpresa de todos los que estaban contemplando el espectáculo, el casco de Galactus empezó a resquebrajarse, hasta que la punta de una de sus antenas se partió en dos; el Devorador de Mundos, se tambaleó, y las esperanzas de los pocos que aún sobrevivían, aumentaron.
A pesar de lo herido que se encontraba, y de lo fuerte del ataque que estaba recibiendo, logró alcanzar con una de sus manos a dos de los Guardianes del Universo, a los que estrujó entre sus dedos. Los demás Guardianes intentaron no inmutarse y continuar con el ataque que tenía por objetivo destruir el casco de la criatura, y reventar su cabeza con sus potentes poderes; Kaylark empezó a atacar el rostro del monstruo, dispuesta a evitar más muertes.
El Devorador de Mundos levantó entonces sus manos, y como pudo, empezó a crear una bola de energía entre ellas; a pesar de lo cegador que resultaba el proceso, los Guardianes no cedieron ni un centímetro, sino que siguieron con su tremendo ataque al ser que consumía planetas enteros. No pensaban que, para su supervivencia, Galactus fuese estar a punto de hacer lo que iba a hacer.
De repente, la bola de energía estalló, reduciendo a los Guardianes y a Kaylark, en un impactante resplandor de muerte, a unos cuantos huesos calcinados que se rompieron al caer al suelo desde tan alta altura. Kyle contempló como el casco de Galactus estaba casi totalmente destruido; la bola de energía le había afectado a él también, pero no le había detenido. Había corrido un gran riesgo para poder deshacerse de sus amigos.
Galactus siguió andando hacia Kyle, quien no sabía exactamente qué hacer contra su enemigo, salvo seguir lanzándole piedras explosivas hasta que uno de los dos muriese. Fue entonces cuando, para sorpresa de Kyle, Galactus cayó al suelo, apoyándose sobre una de sus rodillas, no sin antes lanzar un quejido de dolor que alentó el alma del Green Lantern y atravesó, de un lado a otro, la destruida Ciudadela de los Guardianes del Universo repleta de cadáveres.
Kyle se asomó por el borde del edificio en el cual estaba y vio, junto a uno de los pies de Galactus, a John Stewart con una enorme espada energética verde, como la que había usado Arx para herir en el hombro al Devorador de Mundos; el pie junto al que estaba John, parecía poseer ahora una enorme brecha, provocada por la espada en la que había puesto su compañero todas sus energías.
John Stewart asintió con la cabeza, y sonrió a su amigo. Kyle le devolvió el saludo, y se cubrió con su energía esmeralda de nuevo, dispuesto a ayudar a su amigo a combatir a Galactus; los últimos Green Lanterns de Oa; los Green Lanterns de la Tierra.
-¡Continua en el suelo, escoria!- gritó John arrancando un nuevo pedazo del pie de Galactus que tenía cerca.
El coloso dio un nuevo respingo de dolor, soltó otro quejido y, con una velocidad inusitada para alguien de su tamaño, se volvió y aplastó a John con una de sus grandes manos. Desde donde estaba, Kyle oyó crujir los huesos de su amigo entre los dedos de Galactus, hasta que el monstruo levantó la mano y contempló, con un horror que en las últimas horas se había convertido en familiar para él, la masa sanguinolenta en la que había convertido Galactus a John Stewart.
Green Lantern cargó su anillo al máximo, pero antes de poder lanzar un potente torrente de energía, Galactus lanzó un puñetazo al edificio donde estaba, derribándolo sobre él, el último Green Lantern de Oa. Cascotes, metal, y cristal cayeron sobre Kyle; hacía ya varios minutos que no caían muertos del cielo, pero las calles, antaño impolutas de la Ciudadela, estaban adoquinadas con ellos.
El gigante consumidor de mundos, se irguió sobre el edificio destruido donde había estado Green Lantern. Para su sorpresa (si un ser como aquel, y además esclavo de otro peor, podía sentir alguna sorpresa), los restos de la estructura empezaron a tambalearse y de ella, como si del ave fénix se tratase, surgió Kyle Rayner, el último Green Lantern de Oa, envuelto en una enorme armadura de pura energía esmeralda que le hacía igual de grande que el mismísimo Galactus.
Más que una armadura, parecía ser una versión gigantesca del mismo Kyle Rayner, pero envuelta en una bestial armadura; tenía el mismo tamaño de Galactus y, dentro de este enorme cuerpo verde brillante, Kyle Rayner se esforzaba al máximo por mantener la concentración necesaria para mantenerlo cohesionado, usando, además, toda la energía que le quedaba al anillo.
-¡No voy a morir sin lucha! ¡¿Me has oído, cabrón?!- rugió Green Lantern.
Los ojos de Galactus se iluminaron con un fulgor amarillo. El enorme Kyle Rayner se movió a una velocidad asombrosa, y estrelló uno de sus puños esmeralda contra la cara de Galactus, haciendo que, de nuevo, hincase una de sus rodillas sobre el suelo, tras soltar un pequeño quejido de dolor. Una vez en el suelo, usó una de las rodillas de la enorme armadura verde para arrojar a Galactus de espaldas contra el suelo; toda la Ciudadela de los Guardianes tembló; numerosos cristales de los edificios se rompieron debido al fuerte impacto.
-¡Quédate en el suelo, asesino!- Kyle Rayner saltó, cayendo al lado del Devorador de Mundos, y hundió uno de sus pies en su cara-. ¡Aquí tienes algo de tu propia medicina, monstruo! ¡Te voy a mandar en pedazos a Darkseid!
Galactus esquivó una segunda patada, rodó a un lado, se levantó, y lanzó una ráfaga de puro poder de una de sus manos a Kyle, quien hizo surgir un escudo de uno de los brazos de su colosal armadura brillante, parando el proyectil energético; el Devorador se dirigió hacia Kyle, esquivó un nuevo puñetazo del Green Lantern, y contraatacó con otro golpe que hizo tambalear a Green Lantern.
Kyle se puso de nuevo firme en cuestión de milisegundos, y encaró de nuevo a su enemigo, quien le disparó varios torrentes de energía; el guerrero de los Guardianes del Universo los evitó con facilidad, corrió hacia Galactus, y le hundió uno de sus puños en el estomago; el Devorador gritó de dolor, lo que hizo alegrarse a la parte más primitiva y vengativa de Kyle.
-¡Vas a sentir cada una de las muertes que has provocado!- de una patada, Kyle hizo caer nuevamente a su enemigo-. ¡Te debíamos haber detenido hace tiempo, pero nosotros somos los buenos! ¡Eso se acabó!
El enorme Green Lantern estampó la cara de Galactus en las calles llenas de muertos; la tierra tembló, varios pequeños edificios semiderruidos se terminaron de caer, y el planeta entero sintió las consecuencias de la pelea.
-¡Prueba el sabor de la muerte, mamón! ¡Eso que tienes en la cara son mis compañeros y amigos muertos!- Kyle cogió del casco a su enemigo, y le arrancó la antena que aún le quedaba intacta; de un manotazo, la arrojó lejos, cogió a Galactus del cuello, y lo lanzó contra varios grandes edificios, destrozándolos al instante-. ¡Me da igual que Darkseid te controle o no! ¡Te voy a destrozar, asqueroso! ¡Voy a acabar contigo!
A pesar de llevar ventaja, Kyle sabía que a su anillo no le quedaba demasiada energía, y su concentración estaba disminuyendo por momentos; el cansancio hacía mella en él, y la batalla ya había durado mucho. Galactus estaba cayendo ante sus golpes, pero no sabía cuanto más iba a durar.
El Devorador de Mundos se levantó de nuevo, lanzando al mismo tiempo varias bolas de energía roja que Green Lantern evitó velozmente. Cuando llegó hasta el coloso que había masacrado a sus amigos, le hundió la rodilla en su pecho, haciendo pedazos la enorme “G” que le identificaba como el monstruo que era; pedazos de su armadura esmeralda empezaron a caer al suelo, debido a que la energía del anillo estaba disminuyendo.
“No voy a... conseguirlo”, pensó Kyle intentando no desmayarse.
Galactus se volvió a levantar, más rápido de lo que Kyle creía posible, y torrentes de energía amarilla salieron de sus ojos; antes de que el ataque destrozase su armadura esmeralda, Kyle pudo ver un leve gesto de terror y enfado en la boca de Galactus, el Devorador de Mundos.
Kyle Rayner, del sector 2.814, cayó desde varios metros contra un edificio cercano, golpeándose en la cabeza, destrozándose casi todos los huesos del cuerpo, entre trozos esmeralda de su colosal armadura, y terminó su viaje en el duro suelo, totalmente derrotado, sin energías mentales, físicas, o en su anillo de poder.
Abrió los ojos con las últimas fuerzas que le quedaban, y lo último que vio, antes de que el insoportable dolor le hiciera entrar en la oscuridad que le esperaba, fue la enorme Batería Central de Oa; bella, grande, impresionante, poderosa... Futuro alimento de Galactus.
“Te quiero, Joh...”
Kyle Rayner cerró los ojos sin poder terminar su pensamiento; no tenía sentido esperar más; nadie llegaría en el último momento, nadie le salvaría, nadie le curaría, nadie salvaría Oa... Nadie podía detener a Galactus.
El Devorador de Mundos, Consumidor de Planetas, Destructor de Civilizaciones, observó, impasible, el cuerpo del último ser viviente que había osado ponerse en su camino. Esperó varios minutos para comprobar si alguien más osaba desafiarle, pero el silencio le dio una clara respuesta: no quedaba nadie, todo estaba muerto en Oa, al menos, en aquella ciudad, en los Green Lanterns Corps, en el hogar de los Guardianes del Universo.
Miró hacia arriba y vio su nave-mundo en el cielo de Oa, aproximándose poco a poco, dispuesta a situarse a una distancia prudencial para que su amo y señor pudiese sacar de ella todo el instrumental necesario para convertir Oa en energía pura que fuese su alimento; la Batería Central le alimentaría por mucho tiempo, y le daría poder casi ilimitado. Que tuviese hambre o no, no iba a ser un impedimento para que Darkseid le enviase a destruir más mundos, más planetas, más civilizaciones que se opusieran a él.
Y, así, Galactus, el Devorador de Mundos, controlado por Darkseid, dueño y señor de Apokolips, consumió Oa.
1.- Ver “Los Cuatro Fantásticos” números 12 y 13 en Action Tales.