¡Asalto al Edificio Baxter!
Escrito por Jerónimo Thompson
Portada: Juan Andrés Campos
Nota del autor: Esta historia es autoconclusiva, y como tal, no hay necesidad de leer previamente ningún otro cómic o fan-fiction para entenderla (e incluso disfrutarla, llegado el caso). Sin embargo, el universo en el que transcurre fue ya presentado en Capitán Marvel Anual #1 (aquí mismo, en Action Tales), donde aparecieron por primera vez algunos de los personajes y situaciones que forman parte de ella. Esta historia tiene lugar un año después de los acontecimientos narrados en aquel anual.
Víctor Von Muerte paseaba, como era su costumbre, observando el amanecer entre las almenas de la torre más alta de su castillo. En un día tan despejado como aquel, podía ver sin demasiado esfuerzo los lejanos picos de las montañas que delimitaban la frontera sur del país, deleitándose con la visión de lo único que quería más que a sí mismo: Latveria.
Gobernar era su destino, y Latveria su pasión.
Sin embargo, aquel instante de sosiego con el que gustaba iniciar cada uno de sus días, se vio súbitamente interrumpido por la aparición de un pequeño objeto que se movía con rapidez entre las nubes teñidas de rosa por el sol naciente. Un objeto que fue aumentando de tamaño conforme se aproximaba al castillo de Muerte, hasta resultar molestamente reconocible por el monarca.
El recién llegado se detuvo apenas unos metros antes de impactar contra la torre donde se encontraba Muerte, permaneciendo entonces frente a él, a varias decenas de metros sobre el terreno rocoso que rodeaba el castillo.
-Hola Víctor –saludó el hombre de la capa roja sin efusividad.
-No eres bienvenido en esta tierra, kriptoniano –respondió el monarca de Latveria con tono amenazante. –Y tú mejor que nadie deberías saber que no está permitida la entrada o salida de mi país. ¿O es que los mandatos de Naciones Unidas no fueron dictados para nuestros nuevos dioses?-.
-No he venido aquí para discutir contigo, Víctor; sino para pedir tu ayuda-.
Muerte quedó en silencio durante varios segundos, mostrando en sus ojos enrojecidos, casi ocultos por la máscara de metal, lo que parecía ser un genuino brillo de sorpresa.
-¿Mi ayuda? –se mofó entonces prorrumpiendo en sonoras carcajadas. -¿Quién
necesita mi ayuda? ¿Tú, Bufón de Acero, o la todopoderosa Liga de
-Víctor... –trató de responder Superman.
-Aún no he terminado, kriptoniano. ¿Cómo te atreves a venir a MI castillo, a MI país, para pedirme ayuda, cuando tú y los tuyos sois responsables de este embargo que dura ya tres años, y que mantiene a mi pueblo al borde de la pobreza? Si no fuera por mi genio y nuestro espíritu inquebrantable, Latveria se habría convertido hace tiempo en una tierra devastada y suplicante bajo la rígida bota de tu querida comunidad internacional-.
-¿Y qué esperabas, Víctor? –intervino al fin el Hombre de Acero, cada vez más irritado por las orgullosas palabras del monarca. –Invadiste Markovia; ejecutaste a su legítimo rey; y si no hubiera sido por Los 4 Fant...-.
-Márchate de aquí –concluyó Muerte con voz acerada mientras le daba la espalda a Superman, dirigiéndose hacia las escaleras de piedra que bajaban hasta los niveles inferiores del castillo.
-Te necesitamos, Víctor. Tu ayuda podría suponer el fin del embargo, y la normalización del estatus latveriano. Se lo debes a tu país-.
-Muerte no le debe nada a nadie –contestó el monarca volviéndose hacia Superman con una pose aún más altiva que la que había estado mostrando hasta ese momento. –Latveria y yo somos uno: mis necesidades son sus necesidades; sus exigencias, las mías-.
El Hombre de Acero permaneció callado, sosteniendo la mirada de Muerte con la misma determinación que había mostrado desde su llegada.
-Está bien –continuó el monarca en tono más distendido, avanzando unos pasos hacia Superman. –Has logrado suscitar mi curiosidad, kriptoniano: ¿cuál es ese asunto tan importante que requiere mi asistencia, llegando a ofrecer a cambio una recompensa tan elevada que hasta hoy mismo no estabais dispuestos a pagar?-.
-
El Helitransporte del Departamento de Operaciones Extranormales sobrevolaba la ciudad de Nueva York con el sistema de camuflaje activado, de forma que ningún ojo o sistema de detección civil pudiera distinguirlo en aquel cielo sin luna.
En su interior, en una de las salas de reuniones de la estación aérea, el señor Huesos, director del D.O.E., fumaba con fruición su tercer habano en los últimos 40 minutos, recostado sobre uno de los caros sillones de cuero que rodeaban la mesa central.
-Ese vicio acabará con tu salud algún día –comentó Blue Beetle, sentado a su derecha, rompiendo un silencio tenso que se había prolongado durante varios minutos.
El señor Huesos se giró apenas un par de centímetros hacia el héroe azul, señalando su rostro aparentemente descarnado con una de sus manos enguantadas:
-¿Crees que tengo un aspecto saludable que cuidar, Beetle?-.
-Quizá tú no, pero yo sí lo tengo y me gustaría conservarlo durante algunos años más, ¿sabes? –respondió Blue Beetle agitando los brazos, con intención de dispersar aquel humo espeso que desprendía el puro del director del D.O.E.
-En ese caso, deberías empezar por hacer más ejercicio… héroe -.
-¿Qué insinúas, Huesos? –replicó Beetle palmeando suavemente su incipiente barriga.
-Esta espera me está matando –interrumpió impaciente Kyle Rayner, Green Lantern del sector 2814, desde el otro extremo de la sala. –Superman volvió de Latveria hace más de una hora. ¿Dónde está Muerte?-.
-Relájate, Lantern –trató de tranquilizarle Ms. Marvel, sentada a la izquierda del señor Huesos. –El buen doctor tenía preparativos que hacer antes de dar el salto hasta aquí-.
-Seguro que sí, pero mientras nos hace perder el tiempo, y cuando por fin entremos en el Baxter quizá sea dem...-.
-Basta –cortó la voz electrónica de Iron Man, que permanecía también de pie
sin posibilidad de acomodarse en un asiento que aguantara el peso de su armadura.
–
Kyle Rayner encaró al Hombre de Hierro mientras Blue Beetle y Ms. Marvel lanzaban una mirada recriminadora a su compañero de metal.
Sin embargo, justo en el momento en que el Green Lantern se disponía a responder a la provocación de Iron Man, surgió entre ambos un círculo vertical de cegadora luz blanca a través del cual hizo su aparición el Dr. Muerte, seguido de Zero, el androide que había hecho posible el salto instantáneo desde la soleada mañana latveriana a la medianoche neoyorquina.
-¿Interrumpo alguna reunión social? –preguntó el monarca de Latveria observando a los ocupantes de aquella estancia con evidente desprecio.
-Tú nunca interrumpes, Muerte –contestó sarcástico el señor Huesos, mientras se levantaba de su sillón expulsando una amplia bocanada de humo.
-No puedo decir lo mismo de ti y tus apestosos puros-.
-Vaya, parece que hoy todo el mundo se cree con derecho a opinar sobre mis hábitos personales... Está bien Muerte, vayamos al grano: como ya te ha contado Superman, necesitamos tu ayuda para burlar las defensas del Edificio Baxter. Si dispusiera de más tiempo encargaría este trabajo a mi gente, pero la situación actual es... digamos crítica, y he creído que tú serías la persona más indicada para lograr el objetivo en el plazo más breve posible. Al fin y al cabo, ya has forzado la seguridad del Baxter en alguna que otra ocasión, ¿no es así?-.
-Me aburren tus justificaciones, Huesos. Me has llamado porque sabes que mi genio supera al de Richards, y que soy el único capaz de acceder a ese edificio-.
-Este tío siempre tan humilde... –murmuró Blue Beetle.
-Como quieras, Muerte –siguió el director del D.O.E. –Pero ahora, si no te importa, acompáñame hasta el laboratorio que te hemos preparado; está aquí al lado, y cuanto antes empieces...-.
-No-.
-¿Cómo?-.
-He dicho que no –se reafirmó el monarca de Latveria sin mover un solo músculo de su cuerpo. -¿Acaso me confundes con uno de tus lacayos, dispuestos a saltar a una orden tuya? Yo soy Muerte, y no te prestaré mi ayuda hasta que me informes debidamente de todo lo que ocurre aquí-.
-¡Jodido bastardo! –estalló al fin Green Lantern, incapaz de seguir conteniendo su impaciencia.
-Te dije que no debíamos traer aquí a este genocida –añadió Iron Man. –Si me dieses la oportunidad de intentarlo, yo mismo podría...-.
-Caballeros –vocalizó el señor Huesos con tono gélido, –hagan el favor de no ofrecerle a nuestro visitante la reacción que esperaba obtener con sus palabras. Y en cuanto a ti, Muerte, creí que teníamos un trato: tú nos ayudas en esto, y Naciones Unidas revisa las sanciones que aún persisten contra Latveria-.
-Efectivamente, he aceptado ese intercambio de favores, pero no a cualquier precio. Si quieres mi apoyo, tendrás que contarme antes cuál es el motivo por el que esta... situación resulta tan crítica-.
El señor Huesos aspiró con fuerza su habano un par de veces antes de contestar al latveriano:
-Está bien, acabemos con esta farsa cuanto antes. ¿Quieres saberlo todo? Adelante, pero presta atención porque no pienso repetirlo dos veces-.
El Dr. Muerte se limitó a hacer un leve gesto con la mano, animando al director del D.O.E. a que iniciara su explicación, como así hizo:
-Hace ocho meses, Annihilus se hizo con el control del planeta Qward, en el Universo de Antimateria, organizando en muy poco tiempo su propio ejército: los Annihilation Corps. Entonces, empleando el poder de su Cetro de Control Cósmico como fuente de energía, creó 3.600 anillos a imagen y semejanza de los utilizados por los Green Lantern Corps, y se los ofreció a los individuos más crueles y despiadados de Qward para llevar a cabo la conquista de su universo-.
-Y una vez logrado su propósito –siguió Muerte para sorpresa de su interlocutor, -Annihilus obligó a los Guardianes del Universo a firmar un tratado de no agresión, que mantendría tanto a los Green Lantern Corps como a sus Annihilation Corps en sus respectivos universos-.
-Vaya, veo que el embargo a Latveria no parece haber afectado a tus fuentes de información –dijo el señor Huesos exhalando una breve bocanada de humo.
-Fruto de ese tratado –continuó el monarca, ignorando el comentario, -el portal al Universo de Antimateria diseñado por Richards, que tan burdamente bautizó hace años como “Zona Negativa”, fue clausurado por orden de los Guardianes, así como lo fueron también las restantes puertas que existían en uno u otro universo... Conozco la historia, ¿pero qué tiene que ver con todo esto?-.
El director del D.O.E. se apresuró a contestar con impaciencia:
-Hace cuatro horas, nuestros sensores detectaron la activación de los sistemas
defensivos del Edificio Baxter. Tal y como indica el protocolo en estos casos,
tratamos de contactar con el Dr. Richards, pero no obtuvimos respuesta a pesar
de que los informes señalaban que el grupo se encontraba en el interior del
edificio. Dos horas más tarde, recibimos una señal de alarma que, esta vez sí,
nos obligó a intervenir: el portal a
-Entiendo... -murmuró el monarca latveriano observando distraídamente los rostros crispados de los héroes que le rodeaban. -Así que temes que alguien haya entrado ya en el Universo de Antimateria, e iniciado un conflicto de magnitud multiversal... ¿Has considerado la posibilidad de que Richards sea el único responsable? No sería la primera vez que su estúpida curiosidad científica nos pone a todos en peligro-.
-Muy divertido, Muerte –respondió con sequedad el señor Huesos. –Si no actuamos y solucionamos este problema cuanto antes, nuestro planeta podría irse a la mierda en cuestión de minutos, incluida tu preciosa Latveria-.
Seguidamente, el director del D.O.E. accionó un pequeño artefacto que guardaba en uno de los bolsillos de su impecable traje oscuro, haciendo aparecer un holograma sobre la mesa rectangular que mostraba lo que ocurría en aquel mismo instante bajo el Helitransporte:
-Como puedes ver, la mayor parte de los miembros de
-No es un mal plan... –asintió el Dr. Muerte. –Creo que os ayudaré. Aunque evidentemente, yo también iré con ellos-.
-¿Cómo? –exclamó Blue Beetle.
-No –negó el director del D.O.E. con la cabeza. –Tu intervención se limitará a proporcionarnos un método para acceder al Edificio Baxter: ese es el trato-.
-No te equivoques, Huesos. El trato es que si queréis que os ayude a salvar el universo, aceptaréis todas mis condiciones-.
-¡Ni hablar! –intervino Ms. Marvel. –No voy a aceptar que esta sabandija forme parte de mi grupo de asalto poniendo en peligro toda la operación. ¡Sería suicida!-.
-La tecnología que voy a necesitar para abordar el Baxter me pertenece a mí y al pueblo de Latveria, y no tengo intención de regalársela al gobierno de los EEUU. Es mi última palabra-.
-Pero... –empezó a replicar Ms. Marvel volviéndose hacia el director del D.O.E.
-¡Está bien, maldita sea! –claudicó el señor Huesos arrojando su puro contra el suelo. –Acepto todas y cada una de tus putas condiciones, pero a cambio quiero verte ahora mismo trabajando en ese jodido laboratorio, y no te atrevas a salir de ahí sin haber conseguido antes lo que necesitamos-.
-Amenazas vacías... –concluyó el Dr. Muerte con tono satisfecho. –Está bien, Huesos, prepara a tu gente: estaré listo en cinco minutos-.
-No sé cómo he dejado que me convenciérais para hacer esto, Carol...-.
-Tranquilo Beetle, Wayne Enterprises se encargará de realizar todas las reparaciones que sean necesarias-.
-¿Sí? ¿Y también se encargará de reparar mi cuello roto?-.
Bicho, la nave con forma de escarabajo diseñada por Blue Beetle al inicio de su carrera, descendió desde el Helitransporte incrementando su velocidad conforme avanzaba hacia el Edificio Baxter.
-¡Preparaos gente! –gritó Ms.Marvel. –Impacto en diez, nueve, ocho…-.
Tan pronto como el sistema defensivo del Baxter registró la aproximación de Bicho, procedió al lanzamiento de un sinfín de proyectiles y diversas contramedidas que tenían como último objetivo el derribo de la nave.
-...siete, seis, cinco...-.
Sin embargo, haciendo gala de su impresionante pericia como piloto, Blue Beetle lograba esquivar, o deflectar con los sofisticados escudos energéticos de su nave, todos los ataques que disponía el Baxter contra ellos.
-...cuatro, tres, dos...-.
Bicho alcanzó en pocos segundos el perímetro del campo de aislamiento del edificio; un campo de intenso color azul, infranqueable para todo tipo de materia o energía. O al menos esa era la teoría.
-...uno...-.
Justo antes de llegar al punto de colisión, Muerte accionó el dispositivo que había traído con él desde Latveria, provocando que Bicho entrara en fase con el campo, y al pasar al otro lado, también con la pared de aleación metálica del Baxter que les separaba del hangar situado en la última planta del edificio.
Una vez dentro, sin embargo, la nave recuperó al instante la solidez que había perdido durante el tránsito, impactando contra una de las paredes del hangar, para rebotar a continuación contra la pista del aterrizaje, y terminar estampándose contra el muro del fondo. En el proceso, diversas piezas metálicas pertenecientes a Bicho, y a la propia estructura del edificio, salieron despedidas con violencia en todas direcciones.
-Un plan de asalto fino y elegante, doctor –gruñó Beetle incorporándose en su asiento con el cuerpo dolorido. En el exterior, mientras tanto, podía escucharse el aullido estridente de una alarma que avisaba de la intrusión de los recién llegados.
-¿Todos bien? –preguntó Ms. Marvel retirando las bandas de sujeción que la habían mantenido fija a su asiento.
-Perfectamente –respondió Green Lantern con rapidez.
-Afirmativo –añadió Iron Man mientras observaba receloso al Dr. Muerte, que se encontraba junto a la puerta lateral de salida estudiando el hangar con mucho interés-.
Zero, por su parte, se limitó a inclinar ligeramente su cabeza.
-Muy bien, pues en ese caso... –comenzó a decir Ms. Marvel, antes de verse interrumpida por la aparición de una figura familiar al otro lado del cristal frontal de la nave.
-¡Jamie! –exclamó Blue Beetle esbozando una sonrisa. -¿Pero qué haces tú aquí?-.
-¡Eh, Beetle! –contestó el otro tratando de hacerse oír desde el exterior. -¿Necesitáis ayuda ahí dentro?-.
-¿Madrox? –musitó Green Lantern levantándose muy alterado de su asiento. -¡Cuidado, Beetle! ¡No le dejes entrar!-.
Tras percatarse de la presencia del vengador en el interior de la nave, Jamie Madrox golpeó repetidamente su cabeza contra el cristal que les separaba, dando lugar a un número creciente de copias que tan pronto como aparecían se liaban a puñetazos contra Bicho como posesos.
-¿Qué está ocurriendo, Lantern? –preguntó Ms. Marvel.
-Los Vengadores acudimos hace un par de meses a una llamada de socorro enviada desde la isla Muir. Se trataba de los 4 Temibles, y cuando llegamos allí, el Ultra-Humanita había transplantado ya su cerebro al cuerpo de Madrox-.
-Dios, Jamie... –susurró Beetle mirando con angustia la treintena de copias que seguían golpeando con fiereza el casco de su nave.
-Ahora –siguió explicando Green Lantern, -el Ultra-Humanita cuenta con un número ilimitado de cerebros para poder transplantar, y no tiene escrúpulos en sacrificarlos si es necesario-.
-Entonces, ¿nos enfrentamos a los 4 Temibles? ¿Qué interés puede tener ese grupo de mercenarios en ir al Universo de Antimateria? –dijo Blue Beetle.
-Tú mismo lo has dicho, Beetle –repuso Ms. Marvel. –Son un grupo de mercenarios: cualquiera puede haber alquilado sus servicios. Lo que tenemos que hacer ahora es...-.
-Un momento –cortó Iron Man con su inexpresiva voz metálica dirigiéndose hacia Green Lantern. -¿Por qué no nos habéis informado antes de que el Ultra-Humanita había conseguido el cuerpo y los poderes de Madrox?-.
-Bueno, supongo que el Capi pensó que vuestra conexión privilegiada con Naciones Unidas os mantendría al día-.
-¡Maldita panda de bastardos rencorosos! –estalló el Hombre de Hierro. -¿Todavía
no habéis asumido que
-¡Basta! –le interrumpió Ms. Marvel severa, percatándose con irritación de la mirada divertida con la que el Dr. Muerte observaba toda la escena. – ¡Este no es momento para riñas infantiles!-.
-¡Eh, tíos! –avisó Blue Beetle. –La legión de Madroxs se está apartando de Bicho como si les fuera la vida en ello. ¿Creéis que...?-.
Sandman cayó en ese momento sobre el cristal frontal de la nave, en su forma de roca superdensa, fragmentándolo en miles de pedazos que hubieran acabado con la vida de Beetle si Ms. Marvel no lo hubiera cubierto con su cuerpo indestructible. Rápidamente, el miembro de los 4 Temibles se convirtió en un torbellino de fina arena que se introdujo en Bicho, mientras el medio centenar de copias de Jamie Madrox volvían de nuevo a la carga, saltando al interior de la nave.
Al tiempo que Ms Marvel, Blue Beetle y Green Lantern hacían frente al ataque de los clones en la parte delantera de Bicho, Sandman fue directamente hacia el fondo, reuniendo sus granos dispersos de arena para encargarse de los restantes miembros del grupo de asalto. Sin embargo, en el mismo instante en que se disponía a hacer frente a Iron Man, el Hombre de Arena reparó en la figura envuelta en una capa verde que quedaba a su izquierda, deteniéndose con brusquedad para tomar de nuevo su forma aparentemente humana:
-Muerte... –murmuró con rostro atónito tras su máscara característica.
-Sanderson Hawkins, alias Sandman –dijo el monarca latveriano sin moverse de donde estaba.
-Sí, yo... ¿Qué haces... hace, usted, con
-Mis motivos sólo me incumben a mí, pero debes saber que si hoy atacas a estos héroes, me estás atacando a mí. ¿De verdad quieres tenerme como enemigo?-.
-Yo... No, claro que no... Pero... -.
Antes de que Sandman lograra articular una frase completa, Iron Man lanzó sobre él una fuerte descarga energética que lo envió al otro extremo de la nave, barriendo a varias de las copias de Madrox que caían sin pausa sobre sus compañeros.
El Hombre de Hierro se volvió hacia Muerte, apenas unos centímetros, para decirle:
-No creas ni por un momento que esto cambia nada-.
-No puede importarme menos, lacayo-.
-¡Replegaos hacia el fondo! –gritó Ms. Marvel entonces, mientras Green Lantern
con su anillo de poder y Blue Beetle con su pistola de aire comprimido, trataban
de repeler la avalancha de Madroxs que llegaba incesantemente desde el exterior.
-¡Zero, abre una vía hasta el laboratorio donde se encuentra el portal a
-¿Y qué pasa con Bicho? –exclamó Blue Beetle mientras Zero hacía surgir de la nada uno de sus círculos verticales de teletransportación.
-Yo misma te compraré otro si hace falta, Beetle, pero no podemos seguir aquí más tiempo-.
-Joder...-.
A continuación, todos fueron pasando rápidamente a través del brillante disco creado por Zero, mientras Iron Man mantenía a raya el avance de sus atacantes.
El Dr. Alquimia recitaba el cántico una y otra vez con voz monótona, dejándose llevar por la esencia del hechizo mientras levantaba su mano izquierda hacia el portal. A su alrededor, el laboratorio se encontraba en penumbra, sólo iluminado por el fulgor iridiscente que emitía aquella puerta capaz de conectar con el Universo de Antimateria.
Tras el Dr. Alquimia, se movía inquieto Pete Pote de Pasta, el cuarto componente
de los 4 Temibles, quien había permanecido junto al jefe del grupo mientras
el Ultra-Humanita y Sandman subían para ocuparse de los intrusos. Lo cierto
es que aquello le olía muy mal a Pete, metafórica y literalmente, pero la obscena
cantidad de dinero que le habían ofrecido por realizar aquel trabajo, bien valía
otra posible visita a la prisión de
A su derecha, colgaban de una de las paredes metalizadas del laboratorio los
miembros inconscientes de los 4 Fantásticos:
Entonces, mientras el Dr. Alquimia completaba el conjuro, ocurrieron dos sucesos
de forma casi simultánea. Por un lado, la aparición en el mismo centro del portal
de un brazo escamoso y de color verde, que sujetaba entre sus dedos puntiagudos
un extraño medallón. Por otro, la apertura del disco de teletransportación creado
por el androide Zero, varios metros a la izquierda de Pete Pote de Pasta, a
través del cual irrumpió en el laboratorio el grupo de asalto formado por cuatro
miembros de
-¡Johnny! –gritó Green Lantern al ver a su amigo en la situación en que se encontraba.
-¡Mirad! –gritó también Blue Beetle, reparando en el brazo que surgía del portal a través de la superficie iridiscente. -¡Es Annihilus!-.
-¡Está entrando en nuestro universo! –apuntó Ms. Marvel.
Sin mediar palabra, Muerte disparó un potente rayo de energía mística hacia la mano verdosa del intruso extradimensional, haciéndole soltar el medallón que ofrecía al Dr. Alquimia sobre el suelo en penumbra del laboratorio, sin que ninguno de los recién llegados reparase en su existencia.
-¿Pero qué has hecho, Muerte? –exclamó Ms. Marvel encarándose con el monarca latveriano, mientras escuchaba con claridad el eco de un aullido de dolor al otro lado del portal. – ¡Esa estupidez ha podido condenarnos a todos!-.
El Dr. Alquimia cayó al suelo de rodillas, aturdido por la brusca interrupción del hechizo:
-Idiotas, ahora vendrá hasta aquí... –masculló con voz ronca.
-¿No te das cuenta, mujer? –contestó Muerte. –El portal ha sido mágicamente reconfigurado: ni ese era Annihilus, ni el Universo de Antimateria lo que se encuentra al otro lado-.
-¿Cómo? –exclamó Ms. Marvel con incredulidad.
-Puedo olerlo en el aire. El hechizo aún persiste alrededor del portal. Ese brazo pertenecía a...-.
Precedido por un bramido que ensordeció a todos los presentes en el laboratorio, surgió del portal un demonio de piel verde, con más de dos metros de alto, rostro caballuno y alas cartilaginosas.
-...N’astirh, y es el Limbo lo que se encuentra al otro lado –concluyó el Dr. Muerte.
El demonio clavó entonces sus ojos enrojecidos en el pequeño grupo, con las manos crispadas por la ira:
-No habéis debido interferir en
Acto seguido, N’astirh lanzó sobre ellos una andanada de hechizos necrománticos que hubiera acabado rápidamente con sus vidas, si Muerte no los hubiera atajado rápidamente con un breve cántico de protección.
-¡Rápido! –les apremió el monarca latveriano. –Seguidme y haced todo lo que ordene-.
-Pero bueno... ¿Quién se ha muerto y te ha nombrado emperador del mundo? –respondió Blue Beetle.
Mientras hablaban, N’astirh comenzó a acumular conjuros en las yemas rugosas de sus dedos, preparándose para la batalla contra aquellos metahumanos que no le eran del todo desconocidos. Particularmente, Muerte.
-Si no me equivoco –dijo éste dirigiéndose hacia Ms. Marvel, -los componentes de este grupo no fueron elegidos por su capacidad para afrontar un conflicto mágico. Ninguno de vosotros domina las artes arcanas, luego si queréis sobrevivir al enfrentamiento con ese demonio tendréis que hacer todo lo que yo diga-.
La responsable del equipo de asalto se mordió el labio con fuerza, consumida por la impotencia. Una vez más, Muerte volvía a imponer sus condiciones:
-De acuerdo-.
-¿Cómo? –gritó el Hombre de Hierro exasperado. -¿Vas a cederle el mando a este asesino de masas?
-La decisión ya está tomada-.
-Carol, cuando esto acabe... –amenazó Iron Man.
El Dr. Muerte, ajeno ya a la discusión de sus circunstanciales compañeros de combate, fue elevándose lentamente sobre el suelo. Pronto, sus manos brillaron intensamente mientras murmuraba viejos hechizos aprendidos en los campamentos gitanos de su niñez.
-Beetle –siguió Ms. Marvel. –Tú mantente alejado del demonio y ocúpate del Dr. Alquimia y Pete Pote de Pasta: que no escapen aprovechando la confusión durante la pelea. Y de paso, libera a los 4 Fantásticos-.
-¿Nada más, jefa?-.
-Y Zero, tú baja hasta el nivel 27, como estaba previsto, y trata de desactivar el sistema defensivo del Baxter. Creo que dentro de muy poco nos vendrá bien toda la ayuda que podamos conseguir desde el exterior-.
-Un momento –intervino Green Lantern. –Yo podría ayudar a Beetle a liberar a los 4 Fantásticos...-.
-Ni hablar, Lantern –zanjó Ms. Marvel. –Te necesito con nosotros-.
-¡Seguidme! –gritó el Dr. Muerte lanzándose hacia N’astirh para bloquear el primer ataque del demonio, mientras Green Lantern, Iron Man y Ms. Marvel se aproximaban por diferentes flancos, con la intención de distraer a N’astirh lo suficiente para que Muerte pudiera darle el golpe de gracia.
Mientras tanto, el Dr. Alquimia se incorporaba del suelo tambaleante, buscando entre las sombras el medallón que había soltado el demonio de forma tan abrupta.
-¡Date prisa, Desmond! –susurró Pete Pote de Pasta. – ¡Tenemos que irnos de aquí cuanto antes!-.
Sin darle tiempo a que contestara a su compañero, Blue Beetle disparó una descarga de aire comprimido contra la cabeza del Dr. Alquimia, haciendo caer al villano al suelo sin sentido.
-Quieto ahí, Pete –dijo a continuación el héroe azul, apuntando al otro miembro de los 4 Temibles con su pistola. –Normalmente prefiero utilizar métodos menos expeditivos, pero la situación está fuera de control y no tengo tiempo para sutilezas. ¿Vas a darme más problemas?-.
-Tranquilo, tío: me rindo –contestó Pete soltando sobre el
suelo el depósito de fluido pegajoso que colgaba de su espalda, junto con la
escopeta unida a él. –Sé que es sólo cuestión de tiempo que le deis una paliza
a ese bicho verde y nos entreguéis a las poli, así que ¿para qué liarme a hostias
contigo? Además, los
Blue Beetle levantó una ceja con gesto de sorpresa:
-Joder Pete, me dejas de piedra. ¿Cómo es posible que un perdedor como tú demuestre un destello repentino de inteligencia?-.
-Vete a tomar por culo, escarabajo-.
En ese instante, pasó extremadamente cerca de sus cabezas una potente descarga emitida por los propulsores de Iron Man, obligándoles a agacharse y esconderse entre los diversos instrumentos esparcidos por el suelo del laboratorio. La batalla contra el demonio estaba alcanzando su punto álgido: mientras los tres héroes trataban de derribar a N’astirh por todos los medios a su alcance, Muerte arrojaba sobre él la esencia del poder arcano que había atesorado durante tantos años de práctica y estudio.
-¿Vas a contarme por qué os habéis colado en el Baxter para traer aquí a este bichejo? –preguntó Blue Beetle a Pete Pote de Pasta, mientras ambos arrastraban al inconsciente Dr. Alquimia hasta un sitio más seguro.
-¿Bromeas? ¿Es que nunca has oído hablar de la cláusula de confidencialidad mercenario-cliente?-.
-Lo que tú digas. Pero ahora ayúdame a bajar a los 4 Fantásticos de esa pared, antes de que alguno de esos rayos perdidos los parta por la mitad: este es el tipo de buena acción que podría reducir un par de años tu condena-.
-Imbécil... –concluyó Pete Pote de Pasta acompañando a Blue Beetle hacia donde se encontraba el cuarteto.
Diez minutos después, la extraña pareja había logrado sacar del laboratorio los cuerpos inconscientes de los 4 Fantásticos y el Dr. Alquimia.
Treinta minutos después, Muerte agarraba triunfante el cuello de N’astirh, y arrastrándolo hacia el portal, lo lanzaba al Limbo con las manos chisporroteantes de energía mística.
Cuarenta minutos después, Zero conseguía convencer a la inteligencia artificial
del Baxter de que desactivara su sistema defensivo, permitiendo la entrada en
el edificio del resto de
Una hora más tarde, Muerte se despedía de un aturdido Reed Richards, asegurándole que había sido un placer salvarle la vida tanto a él como al resto de su equipo. Superman e Iron Man tuvieron que sujetar a Geo-Force, actual rey de Markovia, para evitar que arremetiera allí mismo contra el asesino de su padre.
Víctor Von Muerte tomaba una copa de vino latveriano en los aposentos privados de su castillo, cómodamente sentado sobre un antiguo sillón de finales del siglo XVIII. A su alrededor, las paredes de la amplia habitación se encontraban cubiertas por estanterías repletas de libros de temática muy variopinta: desde El extranjero de Camus a Ecología microbiana de los océanos de Kirchman.
El monarca vestía un sencillo traje de lino de estilo cíngaro, sin ninguna máscara que ocultara su rostro marcado.
La habitación, escasamente iluminada por una simple lámpara de mesa colocada junto al sillón, se mostraba abundante en sombras; algunas de las cuales, parecieron condensarse con lentitud hasta formar la silueta de un hombre alto y enjuto, ataviado con un elegante traje negro de época y sombrero de copa: the Shade siempre había sabido cómo hacer una entrada.
-Hola Víctor –saludó el visitante.
-Hola Richard –respondió Muerte. –Llegas antes de lo que esperaba. ¿Te apetece una copa de vino?-.
-Si se trata de ese líquido pardo que por alguna extraña razón denomináis vino en esta tierra, mi respuesta ha de ser negativa-.
-La cosecha del año pasado superó con creces nuestras mejores expectativas. Deberías probarlo-.
-Me sorprendes, Víctor –contestó the Shade aproximándose al monarca con una leve sonrisa en su boca. -¿No vas a añadir ninguna amenaza velada por mi insulto al vino latveriano? ¿A qué se debe este estado de ánimo tan inusualmente conciliador?-.
-No me pongas a prueba, Richard. Cuéntame cómo ha ido todo-.
-Por supuesto, amigo mío –dijo el inglés con su exquisito acento decimónico, mientras encomendaba su sombrero a un pequeño ser surgido de la misma esencia de las sombras. –El Ultra-Humanita ha acudido a nuestra cita en el lugar convenido, y ya le he hecho entrega de la cantidad de dinero acordada. Lo cierto es que ese mercenario se ha vuelto muy versátil ahora que controla el cuerpo del mutante múltiple-.
-Estoy de acuerdo. Puede resultarnos útil en futuros trabajos. ¿Y el resto de los 4 Temibles?-.
-Aún siguen en el Helitransporte del D.O.E. Según me ha contado Albert Desmond,
a quien he visitado en su celda hace escasamente una hora, el señor Huesos está
tratando de sonsacarles cualquier tipo de información sobre el cliente que les
contrató, y el motivo por el que utilizaron el portal a
-Doy por supuesto que el pago acordado y la promesa de sacarlos de la cárcel antes de seis meses les mantendrá en silencio –sentenció Muerte.
-Estoy seguro de ello, pero no creo que esa cuestión te preocupe demasiado, puesto que sólo han tratado conmigo y nunca sospecharían que eras tú su verdadero cliente –dijo Richard Swift con marcado tono irónico. –En cualquier caso, me da la impresión de que el señor Huesos se siente tan aliviado por no haberse visto envuelto en un conflicto con Annihilus, que pronto perderá todo el interés por el tema y enviará a Desmond, Hawkins y Petruski directos a Riker-.
-Excelente –murmuró el Dr. Muerte. –Todo ha resultado mejor de lo que había previsto... ¿Quién podía imaginar que esos idiotas pedirían mi ayuda para abortar el ataque al Edificio Baxter que yo mismo había organizado?-.
-Ciertamente insólito. ¿Y además han suspendido las sanciones que pesaban sobre Latveria?-.
-Así es –dijo el monarca mientras retiraba parcialmente el cuello de su camisa de lino para mostrar el medallón procedente del Limbo.
-Ya veo que al final pudiste cogerlo tú mismo-.
-
-¿Y ahora, Víctor? ¿Cuál será tu siguiente paso?-.
El Dr. Muerte se incorporó lentamente en su sillón antes de contestar:
-Mi siguiente paso será conseguir las últimas dos piezas mágicas que necesito, y con ellas y todos los objetos que ya poseo... Gobernar este sucio mundo que me pertenece por derecho.
¿Fin?