Stan lee y Action Tales presentan LA COSA VS. LOS 3 FANTÁSTICOS

Parte 2 de 3: Actos de Venganza
Escrito por David Guirado/ Portada: Edgar Rocha
Ben Grimm se encontraba en una pequeña habitación de un viejo apartamento, que tenía alquilado a un nombre falso. Estaba tumbado en un sofá, mientras bebía cerveza. Tenía puesta la televisión, pero apenas la estaba mirando, siendo más bien un ruido de fondo.
Apenas unas horas atrás, había asesinado con sus propias manos a un joven agente de policía. Lo había hecho con rabia, enfurecido por un mundo que lo había condenado a ser un monstruo. Como no tenía a mano a Reed Richards, causante de su deformación debido a la exposición a los rayos cósmicos, había desfogado su furia con la persona que más a mano se le había puesto.
Ben Grimm degustó otro trago de cerveza mientras tenia la mente ocupada en sus asuntos. Realmente no sentía remordimiento ni lastre alguno por haberle arrebatado la vida a un ser humano. Quizás la transformación que le había convertido en un monstruo externamente, lo había hecho también internamente. O Ben sentía tanto odio por lo que le había pasado que nada más le importaba, siendo esta segunda posibilidad la que más asustaba a Grimm.
Era consciente de la serie de acontecimientos que se habían puesto en marcha con ese asesinato. Sabía que sólo era cuestión de tiempo que dieran con él, iniciándose una caza que sólo podía acabar de una forma, por lo que era hora de marcharse de Nueva York.
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Esa noche Grimm durmió de un tirón. Antes de cerrar los ojos pensaba que no dejaría de tener pesadillas sobre la persona a la que había asesinado, pero sin embargo durmió toda la noche del tirón, como un bendito.
Recogió sus escasas pertenencias, y tapándose de arriba abajo con una gabardina, marchó rumbo a la estación de trenes de Nueva York.
No obstante, algo alteró sus planes. Mientras iba hacia su destino, se le ocurrió ojear un periódico. En el pudo leer que los 3 Fantásticos se habían quedado en bancarrota. Al parecer, el dinero generado por las patentes de Reed Richards había sido invertido en bolsa, perdiendo todo el capital del que disponían.
Eso alegro la mañana a Ben. El infalible Reed Richards estaba experimentando lo que significa perderlo todo. Como no se encontraba demasiado lejos del Edificio Baxter decidió ver de primera mano que es lo que sucedía exactamente.
Al entrar al edifico, notó como la gente le miraba de reojo. Durante el escaso tiempo en el que vivió en ese lugar, notaba como cada vez de las pocas que se arriesgo a salir a la calle siempre se le clavaba alguna mirada en la nuca y en este regreso al Baxter las cosas no habían cambiado.
Afortunadamente para él, aún seguía siendo correcta su clave para poder acceder al ascensor del cuartel general. El mecanismo camuflado en el cinturón continuo siendo válido para llegar al piso 31 del Edificio Baxter, en el cuál empezaban los dominios de los 3 Fantásticos.
Para regocijo de Grimm, se encontraba casi vació. Los inventos de Richards que pululaban y se encontraban desperdigados a lo largo y ancho del Baxter, brillaban por su ausencia. En su lugar estaba todo apilado en cajas de cartón, como si de un mercadillo de vecinos se tratase.
- ¿Ben? ¿Eres tú?- le preguntó una voz.
Grimm se giró sobresaltado, ya que no había visto venir a nadie, lo que le dio una pista muy clara de la identidad de la persona que le había perturbado.
- Si, Sue, soy yo. Puedes hacerte visible- gruñó Ben.
- Sabía que tarde o temprano, volverías. No eres de esos que dejan tirados a sus amigos cuando hay problemas- dijo una confiada Sue Storm que se estaba haciendo visible de nuevo.
Realmente Sue era increíblemente guapa. Su pelo rubio brillaba al sol, mientras que su piel se asemejaba a la de una diosa. Su figura era estilizada y esbelta, capaz de volver loco al más cuerdo de los hombres. Eso por no mencionar sus preciosos ojos, en los que era fácil perderse.
- ¿Dónde están Richards y tu hermano?- preguntó Grimm, con no muy buenas intenciones.
- Ha sido horrible. Reed invirtió el dinero que le habían ido generando sus inventos. Y lo hemos acabado perdiendo todo- musitó Sue- Johnny y Reed han ido visitar a nuestro abogado, Matt Murdock, con la esperanza de que pueda hacer algo para recobrar parte de nuestro capital. Menos mal que has vuelto, ahora las cosas volverán a ir mejor, sentí mucho tu marcha.
- ¿Sabes los motivos por los que me fui, verdad?- interrogó Grimm, con una voz de ultratumba.
- Lo siento tanto, no te merecías acabar siendo así- le consoló Sue acariciándole suavemente el brazo.
Grimm aparto bruscamente el brazo de la chica, rechazándola, y la agarró fuertemente por ambos hombros. Esta era la mejor ocasión que iba a tener de cumplir un deseo que hacía años que le hervía por dentro.
- ¿Qué estás haciendo? Me haces daño- dijo Sue Storm.
- Incluso antes de mi accidente, eras una chica que me llamaba la atención. Sin embargo, jamás intenté nada contigo por mi ya extinta amistad con Richards. Ahora las cosas son diferentes y haré lo que tenía que haberte hecho hace ya mucho tiempo- advirtió Grimm, mientras rompía la parte de arriba del uniforme de los 3 Fantásticos de Sue.
Sue rápidamente se hizo invisible, con la esperanza de frenar el arrebato de Ben.
- Esto es un error. No me hagas nada, aún podemos ayudarte a que vuelvas a ser como antes. Si sigues adelante, no será posible una vuelta atrás- rogó Sue.
- Tienes razón, no es posible una vuelta atrás- contestó Grimm, mientras pegaba un leve manotazo hacia donde se suponía que estaba colocada la cabeza de Sue Storm.
El impacto del golpe no fue muy fuerte, pero bastó para dejar inconsciente a la Chica Invisible. Al perder la consciencia Sue había recobrado la visibilidad, ocasión que aprovechó Ben Grimm para romperle el sujetador y para quitarle los pantalones.
La Cosa se bajó sus pantalones, sonriente ante el festín que le esperaba.
- Voy a hacerle a tu chica cosas que jamás te imaginarías, Richards. Ha llegado mi turno de poseerla- murmuró Ben para sí mismo, antes de empezar a disfrutar del cuerpo desnudo de Sue Storm.
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La Cosa gozó durante un par de horas de Sue. Cuando Ben llevaba unos veinte minutos poseyéndola, la Chica Invisible recobró la consciencia e intentó hacerse invisible de nuevo, pero Ben amenazó con ahogarla si lo hacía, con lo que no tuvo otro remedio que acceder a los deseos impíos de Grimm.
Una vez hubo hecho Ben todo lo que deseaba con ella, se marchó de la habitación, dejando detrás de él a una desconsolada Sue Storm que emitía un amargo llanto.
Tras este acto, la Cosa era consciente de que tanto Richards como ese niñato de Johnny Storm le perseguirían implacablemente, pero le había merecido la pena. Hacía años que deseaba que Sue fuese suya y por fin se había hecho realidad su sueño. No sólo eso, sino que forzándola había realizado un acto que contribuiría a vengarse de Richards. Imaginaba la cara de su antiguo amigo al enterarse de la noticia y Grimm no podía evitar sonreír.
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Grimm continuaba su vagabundeo por las calles de Nueva York. Había abandonado sus deseos de dejar la ciudad. Era el momento de coger el toro por los cuernos y vengarse de Richards de una vez por todas.
Ni le cabía duda que después de haber forzado a su prometida, se acabaría el momento de los paños calientes con respecto a él. Ni siquiera su antiguo colega sería capaz de perdonarle algo así, aunque tampoco buscaba su perdón ni lo necesitaba. Sólo quería arruinarle la vida como Richards le había arruinado la suya.
Ben Grimm pensó que sus suposiciones eran correctas cuando atisbó una especie de esfera volante por encima de su cabeza. Según su razonamiento, al fin Richards le había localizado.
La pequeña esfera dio unas cuantas vueltas alrededor de Ben, desorientándolo. Grimm se enrabió al tener esa cosa estorbándole. Intentó pegarle un puñetazo para destruirla pero ese trasto continuaba girando si quedarse quieto.
- ¡Estate quieto, jodido cacharro!- gritó de frustración al no poder destruir su objetivo.
Como por arte de magia, la esfera se detuvo delante de Grimm, completamente inmóvil.
- Richards, si eres tú espiándome, quiero que sepas que disfrute de cada segundo del tiempo en que tomé a tu pequeña Susie- vociferó La Cosa cara al extraño artefacto.
Tras esto, no dudó en pegarle un puñetazo con todas sus fuerzas. La esfera volante quedó destrozada, pero no sin antes cumplir su cometido. Una fuerte descarga eléctrica, sacudió a Ben Grimm, logrando algo que hasta la fecha no parecía posible: dejarle inconsciente.
Una figura misteriosa, ataviada con un manto verde se acerco a la inconsciente bola de barro humana.
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Ben Grimm recuperó la consciencia en apenas unos instantes, y al abrir los ojos le pareció encontrarse en el paraíso. Estaba en una cama acolchada, muy blandita y tumbado entre sabanas de seda.
Acostumbrado a dormir en su viejo sofá, a Ben eso le parecía digno de dioses. No obstante, poco le duró la felicidad. La habitación en la que se hallaba, tenía un enorme espejo enfrente de la cama, en el que podía verse reflejado recordándole su monstruosa condición.
La Cosa, llenó de ira, se levantó de su lecho, acercándose hacia el espejo. Lo arrancó de la pared y lo hizo mil añicos contra el suelo, sonando un enorme estruendo en la sala.
No tardo mucho en abrir la puerta una figura que a Ben le parecía misteriosamente familiar. Era un hombre ataviado con algo semejante a una armadura medieval, cubierto con una capa y un manto de color verde.
- Mis disculpas si la habitación no ha sido de tu agrado, Grimm. Por no mencionar la forma en la que te he traído a tus aposentos de la Embajada de Latveria en Estados Unidos, pero tenía que asegurarme tu presencia- dijo el hombre de la máscara de hierro.
- Conozco esa voz. Me recuerda a algo… del pasado- gruño Grimm.
- Por supuesto que nos conocemos, Grimm. Me conociste como Víctor Von Muerte. Ahora prefiero que la gente se refiera a mí con el título de Doctor Muerte- comentó Von Muerte, con unas formas muy aristocráticas.
- Yo te conozco. Eres ese capullo de Muerte, el que siempre se creía por encima de todo el mundo- comentó Ben.
- Es indudable que lo somos, Grimm. Yo solía pensar en ti como un bruto descerebrado, pero es obvio que me equivocaba- replicó Muerte.
- Menos mal que has rectificado. Mi puño ya iba camino de tu cabeza- amenazó Ben Grimm.
- No hace faltar vociferar amenazas. Eso se encuentra por encima de hombres como nosotros- dijo el Doctor Muerte.
- ¿Hombres como nosotros? Dudó que alguien más se encuentre en mi estado- contestó la Cosa.
Victor Von Muerte se quitó la máscara delante de Grimm, dejando ver un rostro completamente destrozado, lleno de cicatrices y de profundas quemaduras. Sin duda alguna, esa cara ya no podía ser reparada mediante la cirugía estética.
- Ya recuerdo lo que te ocurrió. Fuiste expulsado de la Universidad por el zipizape que liaste con uno de tus experimentos. Te equivocaste en unas décimas en unos cálculos, haciendo que funcionase mal uno de tus cachivaches. Richards intentó advertirte, pero no le hiciste caso y acabaste con la cara hecha un Cristo- rememoró Ben.
- Esa fue la versión de ese zoquete de Richards y lo que ese zote quería hacer creer. Lo que ocurrió realmente fue que saboteó mi portal transdimensional, para que no tuviese éxito en mi logró. Pretendía que el mundo no reconociese el genio de Victor Von Muerte- se vanaglorió Muerte.
- Y de paso, te deformó la cara. Parece propio de Richards, ir desfigurando a sus antiguos colegas- replicó Ben.
- Según mis investigaciones, Richards también se ocupó de sabotear el viaje espacial en el que fuiste parte implicada. Ya era consciente de que los rayos cósmicos producirían esos efectos en él, su prometida y el joven Storm. Ni que decir tiene que los padecidos por ti, Grimm, también.
Los ojos de Ben se llenaron de ira asesina.
- Richards buscaba la gloria, la fama y el reconocimiento mundial, sin importarle los daños colaterales. Mira lo que te ha ocurrido y lo que me pasó a mi hace años- prosiguió parloteando Von Muerte.
- Pagará por haberme arruinado la vida. Ya he tomado a su prometida, pero no me contentaré hasta hacerle pagar por todo lo que me ha hecho- prometió Grimm.
- Mientras Richards se ocupa de planear como sacar beneficios de la exposición a los rayos cósmicos, yo me he ganado el amor de un país. Soy un hombre de recursos y de poder- dijo Muerte mientras se ponía de nuevo su máscara- Grimm, únete a mí. Ya he intentado en un par de ocasiones destruir a Richards y vengarme del mal que ha hecho. He fracasado miserablemente porque ese cobarde juega con ventaja y mientras yo lucho sólo, ese miserable se esconde detrás de las faldas de una mujer y de un adolescente. Se aprovecha de la ventaja del número. Por eso te pido ayuda para que te unas a mí y podamos destruirle juntos.
El Doctor Muerte le tendió la mano a Ben Grimm, quien se quedo inmóvil ante el gesto del monarca latveriano.
- Richards va a sufrir por todo lo que me ha hecho. Por su culpa, soy un monstruo- masculló Grimm.
- Nosotros nos ocuparemos de eso- aseguró Muerte.
- En eso, te equivocas. Tú vas a morir- amenazó Ben, agarrando a Muerte del cuello.
Una descarga eléctrica sacudió por segunda vez en un día el cuerpo de la Cosa. Sin embargo en esta ocasión Ben apenas se tambaleó un poco.
- ¡Gárgola sin cerebro!- gritó Victor Von Muerte- ¿Qué es lo que estás haciendo?
- Richards va a ser castigado por todo el dolor que me ha causado, de eso no cabe duda. Pero lo haré yo sólo. Ya he tenido bastante con un cerebrito manipulándome. No dejaré que nadie trate de manipularme de nuevo- anunció Ben.
- Este ha sido el peor error que has cometido en tu vida, monstruo- dijo Muerte disparando a la Cosa un rayo que salía del guantelete su armadura. Ben hizo una muesca de dolor, pero eso no le impidió avanzar hacia su adversario.
Muerte proseguía atacando a Grimm mediante el poder de sus rayos, pero la Cosa consiguió asestarle un golpe que le abolló el casco de su armadura.
- Victor Von Muerte no será derrotado por un ser inferior como tú- dijo, mientras lanzaba una capsula. Eso causó una explosión que arrojó a Ben al suelo. Muerte no sufrió daño alguno debido a que activó un campo de fuerza.
El Doctor Muerte apretó unos botones escondidos en la muñequera de su traje, para proporcionarle energía extra a su armadura, dotándole de superfuerza. Sin mediar un segundo, se abalanzó a pegar puñetazos a Grimm.
- Estúpido patán, nadie rechaza a Muerte- proclamó el Doctor, mientras propinaba a Ben una tanda de puñetazos.
Grimm se defendió, frenando los ataques de Muerte e incorporándose inmediatamente en pie. Un par de golpes bastaron para tirar abajo las defensas del monarca latveriano, destruyendo su campo de fuerza. De esta forma, sólo la resistencia natural de la armadura de Von Muerte le protegía de encontrar su fin a manos de Grimm.
- ¡¡Es la hora de las tortas!- gritó Ben, mientras concentro todo su poner en un único puñetazo.
Ese ataque fue letal para el Doctor Muerte, puesto que le atravesó el pecho, incluido el peto de la armadura. El brazo de Grimm atravesó a Von Muerte como si fuese de mantequilla, saliendo su puño empapado en sangre por la espalda de su rival.
- Madre… por fin juntos… de nuevo, aunque sea en… el Infierno- fueron las últimas palabras del Doctor Muerte antes de expirar.
Ben Grimm contempló el cuerpo sin vida de su enemigo, mientras sonreía con una mirada asesina en los ojos.
- Primero, Von Muerte. El siguiente será Richards- murmuró mientras pisaba la cabeza del fallecido Doctor Muerte, convirtiéndola en montón irreconocible de pulpa irreconocible.
FIN DEL EPISODIO