“Steve Rogers, convertido en el supersoldado perfecto para defender la libertad contra la amenaza nazi. Steve Rogers dejó de ser un hombre corriente para convertirse en una leyenda". Stan Lee y Action Tales presentan: Capitán América Centinela de la Libertad.

Escrito por  Adbar Sabbar Jenkins.

Tras los desembarcos de Normandía (6 de junio de 1944) y Provenza (15 de agosto de 1944), los aliados liberaron París (25 de agosto de 1944) y Bélgica (15 de septiembre de 1944), superaron la contraofensiva alemana en las Ardenas (diciembre de 1944) y progresaron por la cuenca del Ruhr.

Babiera, Febrero de 1945.

El cabo Joe Munny estaba en la cantina del pueblecito alemán en el que las fuerzas americanas del noveno regimiento de infantería habían montado un improvisado campamento, cuando el soldado Marcel Dumitrescu entró y le hizo una seña con total discreción para que este le siguiera. El cabo Munmy se despidió de los cinco hombres con los que jugaba al poker y salió detrás de Marcel.

Minutos mas tarde, Joe Munny, un hombretón de metro noventa y siete, de espaladas anchas y una fea cicatriz que le recorre la cara desde el ojo izquierdo a la comisura de los labios, producto de una pelea en algún bar de la cocina del infierno, camina por el bosque siguiendo a Marcel. Joe era un tipo duro en los Estados Unidos, robos, agresiones, juego, trafico de licor, etc… Tubo que alistarse en el ejército a la fuerza para no ir a la cárcel. Marcel, por el contrario, es un hombre más pequeño, de ascendencia rumana aunque de nacionalidad americana. Estafador de profesión acabó en el ejército huyendo de unos tipos a los que había timado una gran suma de dinero. Son sin duda dos de los peores ejemplares que se pueden encontrar en el ejército americano.

Llegan a un pequeño claro en el bosque, en el que el soldado Bob Stauton les esta esperando. Bob es un tipo rural, lo que algunos hombres de ciudad hubieran denominado como un “paleto”. Aficionado a mascar tabaco y escuchar música country, es todo un experto en rastrear huellas por el bosque, avezado cazador furtivo y capaz de rebanarle el cuello a cualquier pobre diablo por menos de veinte dólares. Junto a el hay un hombre atado a un árbol. El hombre no lleva el uniforme gris del ejército alemán, sino que luce uno negro muy similar y lleva puesto un chaquetón largo de cuero.

- ¿Qué tenemos aquí, Bob?

- Cogimos a este alemán piojoso a dos kilómetros de aquí, huía como alma que lleva el diablo acompañado de otros dos. Que me cuelguen si no es un oficial.

- Si, tienes razón, Bob. Tenemos aquí nada más y nada menos que a un Obersturmführer[1].

Dijiste que eran tres ¿y los otros dos?

- Están en el río. En el fondo del río.

- ¿Y este por qué demonios sigue vivo?

- Por esto.

Marcel puso una extraña moneda antigua en la mano de Joe, este se la llevo a la boca y después de morderla exclamo:

- ¡Oro!

- Oro. – Asintió el rumano. – Llevaba tres monedas como esas y no creo que sean de curso legal en Alemania, tienen pinta de ser muy antiguas. Quien sabe, podría haber más.

- Podría…

Joe saco una afilada bayoneta de su cinturón y se acercó al alemán sonriendo socarronamente.

- Tú y yo vamos a charlar largo y tendido…

Mike O´brady está tumbado en la carrocería de su tanque Sherman. O´brady es un duro irlandés que se gana la vida en un matadero de Boston. Tozudo como una mula pero listo como un lince. Su uno noventa y sus ciento dos quilos de peso le han sacado de muchas situaciones difíciles.

Tod Williams, su mejor amigo y compañero en el vehículo, está limpiando el cañón del tanque. Tod no es una lumbrera precisamente pero siente un gran respeto por O´brady y seria capaz de ir al infierno si este se lo pidiera. Tod es lo contrario de Mike. Apodado “fideo” Williams, es huesudo y espigado como Gary Cooper.

- Cuanto talento desaprovechado O´brady. Deberías estar haciendo cosas más productivas con tu tanque en lugar de estar ahí tumbado papando moscas.

- Vendas lo que vendas, olvídalo Munny. Yo no compro.

- Eh, tú y yo somos amigos.

- ¡Ja!, el día que tu y yo seamos amigos se congelará el infierno.

- Cualquiera que te escuchara diría que me guardas cierto rencor.

- La gente tiende a sufrir desgracias cuando se junta contigo.

- ¿No vas a escuchar mi proposición?

- No, hoy tengo sordera aguda.

- ¡Toma! Coge esto, mula irlandesa.

Munny lanza algo a las manos de O´brady y este lo coge en el aire. Mike, mira la palma de su mano y contempla lo que parece ser una moneda antigua. Después de sacarle brillo con la manga de su casaca, se la lleva a la boca y la muerde.

- En el año doscientos y pico antes de Cristo, un emperador romano, un tal Aurelio, acuño monedas de oro de gran pureza porque el sestercio se había devaluado o algo así. Al menos eso es lo que nos ha contado un alemán roñoso. A mi me da igual si son romanas, chinas o las han traído los marcianos en sus platillos volantes. Lo que importa aquí es que esa moneda tiene doce mil amigas que ya la están echando de menos.

Mike O´brady sonríe socarronamente y pregunta:

- ¿Y a la madre de quien dices que hay que matar?

Berlín.

Despacho del Reichführer Heinrich Himmler[2].

- El oro salió ayer.

El que habla es Heinrich Himmler mientras cuelga el teléfono.

- Es de vital importancia que ese oro no caiga en manos de nuestros enemigos. Tú deberás encargarte de que ese oro llegué a la costa y sea embarcado en el submarino de la Kriegsmarine[3] que estará esperando. El oro ha de ser transportado a Sudamérica, será la piedra angular del próximo Reich[4].

El hombre que está sentado en frente del Reichführer se pone en pie. Lleva un uniforme de las SS, pero lo que llamaría la atención de cualquier espectador es su cara. Esta horriblemente deformada formando una especie de calavera o cráneo de color rojo.

Su nombre es Johann Schmidt, Sturmbannführer[5] y asesor personal de Himmler además de un implacable genocida.

- Partiré enseguida y me aseguraré de que el oro no caiga en malas manos.

- Esa tarea es de suma importancia. Huelga decir que si el oro en algún momento se ve comprometido, no debe caer en manos enemigas. Antes es preferible que sea destruido para siempre.

- Entiendo.

- ¡Hail Hitler!

- ¡Hail Hitler!

Los dos hombres se saludan y Cráneo Rojo sale apresuradamente de la habitación.

Un tanque Sherman de cinco toneladas avanza pesadamente por el sendero de el bosque a quince millas por hora. Tod Williams lo conduce mientras Marcel Dumitrescu le hace compañía. Sentados en el exterior, sobre el tanque, van Mike O´brady, Joe Munny y Bob Stauton que empuña la ametralladora Browning M1918 de gran calibre adosada a la carrocería metálica automóvil. O’brady y Munny llevan colgando del brazo sendas MP40, calibre nueve milímetros parabellum, cargador de treinta y dos proyectiles y un alcance de doscientos metros.

Delante de ellos se escuchan disparos.

O’brady ordena a Williams que detenga el tanque. Todos permanecen inmóviles, escuchando lo que parece ser un gran tiroteo a poca distancia de su posición. Tras unos minutos el bosque queda en silencio.

De repente, de entre la maleza sale un hombre que se sitúa delante de ellos. Lleva el uniforme del ejército americano, y una especie de escudo redondo cubierto de tela de camuflaje en el brazo derecho. Es un hombre joven y muy robusto. A Munny y O’brady no se les escapan los galones que adornan la manga derecha de su uniforme y que denotan que es un oficial. Más concretamente, capitán del ejército americano.

El hombre delante de ellos se lleva la mano a la frente haciendo el saludo militar, y todos los presentes le responden de la misma manera, al mismo que exclaman un sonoro:

- ¡señor!

Después de las presentaciones pertinentes el Capitán pregunta con voz firme:

- ¿Qué es lo que hacen tan adentrados en las líneas enemigas?

- Perseguíamos a una patrulla de nazis, señor. – Contesta Munny.

- No creo que tengan que preocuparse mas por esa patrulla, caballeros. Acabo de toparme con ellos.

- Hemos escuchado los disparos.

- Bien. Entonces pueden volver al frente. Yo iré con ustedes.

Munny y O´brady se miran de reojo y Munny contesta con rapidez.

- Señor, capturamos a uno de esos bastardos ayer por la tarde. Nos contó que un destacamento esta transportando un arma secreta que podría cambiar el curso de la guerra. Tienen previsto parar en un pueblo a diez millas de aquí. Nos queríamos interceptarlos una vez que hubiésemos terminado con esa patrulla con la que usted se topó.

El Capitán se queda en silencio un instante y después contesta con voz decidida y autoritaria:

- Esta bien, vamos allá. Iré unos metros por delante de ustedes para asegurarme que el camino esta despejado.

Y dicho esto comienza a correr hasta adentrarse otra vez en la espesura.

- ¡Mierda! ¡Mierda! Joe, ¿Sabes quien es ese fulano?

- Si, claro que lo se, Mike, estate tranquilo.

- ¿Tranquilo? Y una mierda, es el jodido Capitán América. El puto héroe nacional.

- ¿El Capitán América ese? Pero si lleva el uniforme... – Les interrumpe Bob Stauton.

- Pues claro jodido paleto. El traje rojo y azul es para los desfiles, si lo llevara puesto todos los francotiradores de aquí a Berlín creerían que se ha adelantado la navidad este año.

- Tranquilos los dos. Es un héroe, pero un cuchillo en el gaznate le puede convertir fácilmente en mártir. Al pueblo le vuelven locos los mártires, no veáis que funeral tan bonito le harán en Washington.

- No me gusta nada Munny, no me gusta. – O’brady enciende un cigarrillo y mueve la cabeza hacia los lados en señal de negación. – Pero nada de nada.

Esta anocheciendo cuando llegan al pueblecito alemán. Rodean el pueblo y se acercan a un caserón de las afueras sigilosamente, dejando el tanque a una distancia prudencial. Después de parapetarse en un muro de piedras, Munny, O´Brady y el Capitán América se asoman para evaluar la situación.

En el patio de la casa ven aparcados dos tanques Panzer IV modelo “Tigre”, un carro blindado Sdkfz 222 y dos coches Kfz 11. No se ve ni un alma por los alrededores.

- ¡Que me zurzan! - Dice Munny en voz baja, no han puesto centinelas. Ni siquiera nos va a hacer falta el tanque, estos alemanes deben de ser tontos de remate.

- Da gracias a dios – Contesta O´brady. – Esos dos Tigres nos habrían puesto en un aprieto de estar operativos.

Steve Rogers ordena a Munny, Dumitrescu y Stauton rodear la casa y entrar por detrás. Él, O´brady y Williams, entraran por delante. Con mucha precaución se acercan reptando hacia la parte delantera, después de cerciorarse de que no hay nadie en los vehículos y para su sorpresa, descubren que la puerta esta abierta y no se ve a nadie detrás. Steve echa un rápido vistazo y les ordena entrar. En la base de las escaleras se reúnen con el otro grupo.

- La casa esta limpia – Dice Munny. – No me puedo creer que no hayan tomado precauciones, están todos en el arriba como corderos en el matadero.

- Si, vi la luz encendida – Contesta Steve.

- Debe ser el salón. Los muy idiotas estarán cenando tan tranquilos pensando que están a salvo por encontrarse en territorio Alemán.

- Estad atentos, puede ser una trampa.

Suben las escaleras muy despacio sin hacer el menor ruido.

Toman posición delante de la puerta doble del salón y el Capi cuenta hasta tres con los dedos. Cuando termina hace una señal con la mano al tiempo que de una potente patada abre la puerta de par en par.

Todos irrumpen en el salón con sus armas preparadas para disparar.

Y se quedan petrificados.

La mesa esta puesta. Una copiosa cena yace intacta en los platos. Hay veintidós soldados alemanes, oficiales incluidos, sentados en alrededor de la mesa. La mayoría están recostados hacia atrás, otros con la cabeza encima del plato e incluso alguno ha ido ladeándose hasta apoyar la cabeza en el hombro de la persona sentada a uno de sus lados. Hay charcos de sangre en el suelo y manchas de sangre en las paredes.

Munny se acerca a uno de los cadáveres, el más cercano a la puerta y mira de arriba abajo. Sus ojos se paran en el cuello. Esta destrozado, como si un animal le hubiese mordido. El alemán esta totalmente pálido como si no tuviera ya ni una sola gota de sangre en el cuerpo.

- Están todos igual, tienen el cuello destrozado como si les hubiera mordido un animal. He visto muchos mordiscos de perros y son muy parecidos.

Detrás de Munny, Marcel Dumitrescu deja caer su arma. Y con el rostro congestionado de puro terror, exclama en rumano:

- ¡Vampyri!

Continuara…



[1] Teniente. (Grado militar de la SS)

[2] Heinrich Himmler (*Múnich, 1900 - †Luneburgo, Hannover, 1945), dirigente de la Alemania nazi. Fue Jefe de la Gestapo, luego Comandante en Jefe (Reichführer) de las SS y más tarde Ministro del Interior y fugazmente Comandante de los ejércitos de Rin durante el sitio de Berlín. Llevó a cabo la matanza metódica y sistemática de millones de judíos, miles de gitanos, homosexuales y testigos de jehová.

[3] Marina de Guerra Alemana.

[4] Imperio.

[5] Comandante. (Grado militar de la SS)