Y llegó el día en que la Unión Europea decidió formar su propio equipo de superhéroes, para combatir aquellas amenazas que ninguna nación podía hacerlo por sí sola. Stan Lee y Action Tales presentan...

Dramatis Personages

Le Peregrine

Darkstar

MicroMax

Shamrock

Omertá

Blitzkrieger

El Águila

El Amo del Mundo

Capitulo 4

Victima del Destino

Por Roberto Cruz

Resumen de lo anterior: Enviados a Groenlandia en busca de un grupo de científicos dados por desaparecidos, Los Campeones se ven atrapados en un fuego cruzado cuando se encuentran con el saqueador Parnival Plunder y con una extraña estructura de origen desconocido que intenta destruirles.

 

 

 

 

 

-¡Fantasma de Lenin! ¡¿Qué ha sido eso, Karl?! ¡Karl!!- grita Darkstar una vez ha disipado su cúpula de oscuridad, abalanzándose hacia él para evitar que se cayese.

El joven Blitzkrieger apenas se mantiene en pie, agotado por el esfuerzo realizado. Ha llevado sus poderes eléctricos al límite, pero todos y cada uno de los artefactos que les atacaron yacen ahora inmóviles, con terribles daños internos. Incluso la cúpula que les atrapa, antaño brillante y bruñida, aparecía muy afectada con decenas de paneles calcinados y con visibles cortocircuitos por toda su superficie.

-Es un truquito que aún tenía escondido en la manga, mein freund…- susurra con notables signos de dolor en su rostro.

Los supervivientes avanzan titubeantes, intentando digerir todo lo ocurrido en los últimos minutos. Desde su precipitada caída desde la superficie, ésto ha sido lo más parecido a una pesadilla. Ahora pueden pararse y contemplar el dantesco resultado: entre los cuerpos carbonizados de los robots y los cascotes que componían el suelo sobre el que antes pisaban, varios de los hombres de Parnival Plunder yacen inmóviles, en algunos casos aplastados por las rocas y en otros despedazados por los brazos mecánicos. Los Campeones tampoco han salido indemnes: aparte del agotado Blitzkrieger, Micromax aún yace herido, golpeado por el arma sónica de Plunder.

De repente, un crujido mecánico retumba en la sala. Todos se ponen en guardia mientras sienten cómo los mecanismos de la torre comienzan a moverse. Los paneles sobre los que descansan desaparecen, precipitándolos a todos en un mar congelado que se encuentra bajo la estructura.

-         >Coff!< ¿Estáis… estáis todos bien?-pregunta Temanya.

-         Si… pero si lo que queríais era que dejase de descansar hay modos más fáciles…- la responde bromeando Micromax, apareciendo de debajo de las aguas.

-         Me alegro de verte tan de buen humor, mein freund. Me temo que has llegado tarde para la fiesta…

-         Veo que habéis organizado una buena mientras tanto, si señor…-bromea Micromax contemplando el agujero que antes era el suelo de la cúpula- Pero me temo que no tenemos demasiado tiempo para bromas. El chapuzón no nos matará, pero no sé vosotros: yo no podré soportar la temperatura del agua mucho tiempo más sin sufrir una hipotermia.

-         No te preocupes por eso, tovarish– dice Temanya mientras alza su mano. A su alrededor, la energía conocida como “energía oscura” comienza a concentrarse y a “brillar”, desplegándose a partir de ahí siguiendo los pensamientos de su dueña y conformando una pequeña plataforma a escaso centímetros del agua. No sin esfuerzos, los supervivientes van subiendo poco a poco a la superficie, permaneciendo luego acurrucados, atenazados por el frío.

-         ¡Maldición! No hay manera de entrar en calor…- se queja MicroMax.

-         Si no se hubieran agotado, yo podría intentar utilizar mis poderes para calentarnos pero con tanta humedad podría electrocutaros…- responde Blitzkrieger.

-         En cuanto suban todos saldremos de aquí e intentaremos encontrar a los otros…- sugiere Kalya.

 

Poco a poco, los supervivientes van acercándose a la plataforma. Van subiendo a la misma lentamente, ayudando aquellos que ya están arriba a los que quieren subir. Todo transcurre con relativa tranquilidad, hasta que uno de los hombres comienza a gritar horrorizado.

-         ¡¿Qué diablos ocurre?!!

-         ¡No lo sabemos! ¡Parece que hay algo tirando de él!

Bajo la plataforma, el agua comienza a burbujear. Pronto, la espuma se tiñe de color escarlata mientras la gigantesca caverna retumba con los gritos de dolor de la pobre víctima. Sobre la plataforma de energía negra, los hombres hacen un esfuerzo titánico por sacar a su compañero. Consiguen a duras penas izarlo, sólo para comprobar que ambas piernas han sido brutalmente seccionadas.

En estado de shock, sólo pueden observar horrorizados cómo su compañero muere por las terribles heridas pero no tienen tiempo de descansar, pues rápidamente, el grito de otro de los supervivientes llama su atención, cuando un enorme tentáculo surge de las oscuras aguas y le arrastra hacia ellas. Los que quedan en el agua tratan de subir a la plataforma desesperadamente pero pronto se hunden también, desapareciendo bajo la espuma ensangrentada.

-         ¡Sácanos de aquí, Kalya! ¡¡Elévanos!!- ordena Micromax.

Con un pensamiento, la plataforma de energía oscura comienza a elevarse en el aire pero no lo suficientemente rápido como para que nuevos tentáculos aparezcan de las aguas, tratando de retenerles en su posición. La tremenda fuerza de los mismos provoca que la estructura se desestabilice, haciendo que los tripulantes pierdan momentáneamente el equilibrio. Uno de éstos, el joven Blitzkrieger, comienza a rodar sobre sí mismo, estando a punto de caer pero consigue asirse en el último momento, quedando a escasos metros de la monstruosa criatura: un ser casi amorfo, una masa gelatinosa de carne grasienta y casi transparente, que deja vislumbrar su sistema circulatorio y órganos internos; un conjunto de tentáculos similares a los de los pulpos que surgen de un cuerpo inmenso culminado en una gigantesca boca poblada de afilados dientes.

-          ¡Es demasiado fuerte! ¡No puedo aguantar mucho más!- grita Temanya.

 

Por fin la joven rusa alcanza su límite y no puede sostener la estructura energética por más tiempo. Ésta se rompe en pedazos bajo la presión de los gigantescos tentáculos, enviando a todos los pasajeros por los aires. Con un último esfuerzo, Darkstar se concentra tratando de construir plataformas más pequeñas, una por cada superviviente, tratando de evitar que nadie más caiga al agua. Pero son demasiados cuerpos cayendo indiscriminadamente y no puede evitar que nuevas víctimas caigan en garras de la criatura.

Disgregados en varias plataformas individuales, a la criatura le resulta mucho más difícil atraparles y de este modo Kalya consigue poner suficiente distancia entre ellos y el monstruo.

-¡¡MALDITO HIJO DE P…!!!- gritan algunos hombres descargando su ira sobre la criatura, disparándole indiscriminadamente una vez se sienten a salvo. El monstruo no contesta, salvo por un sonido gutural más parecido a un gruñido que a otra cosa, como única queja a las decenas de proyectiles que impactan contra su cuerpo. Lanza un último y profundo gruñido antes de volverse a sumergir en las oscuras aguas.

Los hombres por fin se derrumban. Unos rompen a llorar. Otros simplemente se arrodillan. Pero todos lo hacen en silencio. Lo único que permanece son los ecos de los disparos aún retumbando en la gigantesca cúpula. Y el sonido de las olas bajo ellos.

-         ¿Y ahora?

-         Tenemos que buscar una salida. No sabemos nada de los demás pero no quiero permanecer ni un minuto más aquí de lo necesario. Kalya, acércanos a la cúpula.

En ese instante, un burbujeo bajo ellos llama su atención. Todos temen mirar abajo pero no pueden evitar hacerlo para ver miles de burbujas emergiendo de todos lados. Entonces el mar estalla, dejando paso a un horror informe compuesto por dientes y alas.

De las profundidades del mar surge una manada de criaturas diabólicas: con forma de grandes peces, con aletas inimaginablemente grandes, armados con unas fauces desproporcionadas para su tamaño, alzan el vuelo como una nube de langostas, pero con mayor voracidad. Tan veloz es su ataque que los hombres no pueden buscar protección a tiempo y alguna de estas criaturas consigue alcanzarles, devorándoles vivos en casi un instante.

Temanya concentra su energía para construir una burbuja de fuerza que los proteja. Las criaturas se agolpan a su alrededor, atacando la estructura con la misma ferocidad con la que devoraron los miembros de sus compañeros. Algunos, aterrados, abren fuego con sus armas para exterminar a aquellos monstruos que han quedado dentro, provocando, si cabe, un desastre mayor. Los proyectiles que no dan en el blanco comienzan a rebotar en el interior de la estructura, hiriéndoles a ellos mismos. Una bala alcanza a Darkstar, causando que baje su concentración por un instante, deshaciendo la burbuja. Por un instante, las criaturas parecen que van a conseguir atravesarla, pero Kalya hace alarde de una enorme fuerza de voluntad consiguiendo mantenerla a pesar del dolor.

-         ¡¡Estáis locos??!! ¡¿Queréis matarnos a todos?!!- increpa Micromax al responsable, golpeándole en el rostro.

-         Idioten. Wenn etwas mit Kalya geschieht…- murmura Karl sosteniendo a la joven rusa que aún lucha por mantener su burbuja de energía.- Tenemos que salir de aquí, Max. No va a aguantar mucho más.

-         ¿Cómo lo hacemos? Si concentras tu energía aquí, pasará lo mismo que con las balas y moriremos todos; y  si ella baja el campo de fuerza para que te concentres, esas bestias nos devorarán…

-         Pero no podemos quedarnos aquí sin hacer nada.

-         Mmmm…- Max se acerca a la bella heroína-. Kalya, ¿podrías abrir un hueco en tu campo de fuerza y cerrarlo rápidamente?

Kalya asiente. Karl, extrañado, susurra a sus compañeros:

-         ¿Qué pretendes Will? Si abre la estructura esos bichos podrían pasar.

-         No si lo hacemos rápidamente. Pretendo llegar a las paredes de la cúpula pero no podré hacerlo sin tí, Karl.

La burbuja de fuerza se eleva silenciosamente hacia la superficie de la cámara. En su interior, los nervios están a flor de piel mientras se acerca el momento de comenzar la maniobra.

-         Recuerda, Karl. Debes enviarme contra algún panel que esté dañado. No falles, ok??

-          Selbstverständlich, mein Freund. (Por supuesto, amigo mío.)

-         Los demás cubridnos. Sólo será un instante, pero no queremos sorpresas, ¿ok?

Los hombres asienten, cargando sus armas.

-         Darkstar, cuando estés preparada.

-         Ten cuidado, Max.

Éste eleva uno de sus pulgares en señal de aprobación. Respira hondo y activa su poder: rápidamente su tamaño se reduce, hasta que no llega a ser mayor que un teléfono móvil. Si fuese más pequeño, su peso sería demasiado insignificante y no sería manejable para sus compañeros.

En la negra superficie se abre un pequeño hueco, no mayor que una pelota de tenis pero su luz atraviesa el interior de la estructura como su fuese una lanza de luz. Rápidamente, las voraces criaturas se arremolinan en su exterior, intentando acceder a través de él. Uno de los hombres coloca el cañón de su arma en el hueco, abriendo fuego indiscriminadamente como si se tratase de un parapeto. Mueve su arma en todas direcciones: no importa, hay tantas criaturas que no le hace falta ni apuntar. Consigue su objetivo. Las criaturas, más asustadas por el estruendo del arma que por otra cosa, se alejan momentáneamente, escapando de las ráfagas del arma.

-¡Ahora!

Darkstar expande el agujero, permitiendo a Blitzkrieger tener una visión clara del exterior. Cubriéndole, los hombres continúan disparando, alejando a las criaturas y ampliando su campo de visión. Localiza su objetivo y lanza al diminuto Micromax en aquella dirección. Inmediatamente, Darkstar reconstruye el campo de fuerza, aislándolos de nuevo del exterior.

Una vez impulsado, Micromax reduce aún más su tamaño: de este modo podrá aprovechar más la inercia y pasará más desapercibido para las criaturas. Éstas no muestran interés y reanudan su ataque contra la negra estructura. Ahora, nuestro héroe se enfrenta a otro problema: espera que Blitzkrieger lo haya lanzado con suficiente fuerza como para llegar a su destino y que pueda sobrevivir al impacto cuando llegue. Si por un casual no pudiese asirse, estaría en serias dificultades.

El impacto es atroz. Micromax se queda sin respiración a causa del golpe pero consigue agarrarse a uno de los destrozados paneles. Angustiado, la falta de aire casi hace que pierda el conocimiento, pero consigue recuperarse. “Decididamente, esto es algo que no volveré a repetir en mucho tiempo”, se promete a sí mismo. Mira hacia el abismo. Abajo, en el mar, el monstruo gelatinoso ha vuelto a aparecer. Lanza sus grandes tentáculos contra las paredes, tratando de encontrar un asidero que le permita trepar. “¡Lo que nos faltaba!”, piensa Micromax. Debe de darse prisa. Así que comienza a trepar, reduciendo su tamaño de modo que pueda colarse entre las piezas que conforman la cúpula.

Los minutos pasan lentamente. Encerrados en la negra estructura, Darkstar, Blitzkrieger y el resto de supervivientes sólo pueden esperar mientras fuera, el ruido de las criaturas revoloteando alrededor de ellos no cesa. El joven Karl abraza a la heroína rusa, que lucha contra el dolor mientras sostiene la cúpula de energía. Si por un momento desfalleciese, todo habrá terminado.

Fuera, la cúpula comienza a crujir. Dolorosamente, las planchas bruñidas comienzan a combarse, a doblarse, cuando se ven incapaces de contener la gigantesca forma de Micromax que crece en su interior.

-¡Elévate, Darkstar!! ¡Ya podemos salir!-grita Micromax a través de su comunicador.

Las criaturas voladoras, desconcertadas en un primer momento por el estruendo, reaccionan cambiando su objetivo: en vez de atacar la cúpula de fuerza se lanzan por el gigantón. Éste les responde dando un fuerte golpe al aire con ambas manos, provocando una onda de choque que las ahuyenta.

Darkstar abre la burbuja a medida que gana altura y se acerca al gigante. Una vez al descubierto, los mercenarios abren fuego contra las restantes criaturas que aún revolotean a su alrededor, mientras Blitzkrieger, visiblemente recuperado, acumula carga eléctrica en sus manos antes de descargarla, electrificando el aire a su alrededor y friéndolos en el sitio.

Una vez todos han conseguido alcanzar el exterior de la cúpula, Micromax utiliza su enorme fuerza para derribar parte de la estructura sobre el agujero, de modo que nadie más pueda salir de la caverna.

-         Bueno chicos, y ahora ¿Qué? ¿Cómo salimos de aquí?

 

 

 

-         Me temo que se está refiriendo a mí- se oye una potente voz a sus espaldas-. Pero debían saber que la muerte es el único destino que les puede esperar a aquellos que invadan los dominios del Amo del Mundo.

Alain Racine está desconcertado. Toda esta misión está saliendo completamente al revés de lo que tenía planeado. Les habían asignado como misión el rescate de una inocente expedición arqueológica en un perdido glaciar de Groenlandia con la que se había perdido el contacto hace días. Una misión sencilla, sin ningún tipo de problema. Un genial golpe publicitario que ayudase a despegar al proyecto de los “Vengadores Europeos” pero en vez de eso se han encontrado con un ejército de mercenarios que han querido coserles a balazos y con una estructura de origen desconocido. Para complicarlo todo, descubre que uno de los científicos era un agente encubierto.

-         ¿Qué le ocurre monsier Racine? ¿Sorprendido? Veo que no lo han considerado tan importante como para ponerle al tanto de todo lo referente a esta operación. Hay que ver cómo les gusta a vuestros gobiernos estos juegos absurdos. Qué importancia se otorgan a ellos mismos, cuando en realidad son insignificantes…

Le Peregrine le observa extrañado. ¿Han estado jugando con ellos? ¿De qué va todo esto?

-         Veo que la perspicacia no venía incluida con la máscara. ¡Discúlpeme, monsier Racine ! Creo que pasar tanto tiempo aislado de mis semejantes ha oxidado un poco mis modales. A veces olvido que no todos pueden tener una perspectiva global de las cosas como la mía. Después de todo, este planeta es mi responsabilidad. ¿Acaso no soy el Amo del Mundo?– comenta lanzando una leve risotada, antes de darse cuenta de la falta de gracia de su chiste–. Permítame que le ilustre un poco, amigo mío. ¿Acaso explicar sus planes al héroe no entra dentro del papel del villano de la historia?

Alain aprieta los puños disimuladamente. Aunque este hombre no haga más que reírse de él, atacarle ahora no sería el mejor movimiento. Deberá aguantar un poco más…

-         Yo soy antiguo, monsier Racine. Nací hace mucho tiempo. Hace 40.000 años fui un hombre como usted. Un mero cazador elegido por el destino para quedar atrapado en una nave alienígena. Naturalmente, no supe hasta mucho más tarde que aquello era una nave de otro mundo. Conceptos como ése estaban a años luz de mi entendimiento–. El Amo se yergue, orgulloso-. Pero si pensaron que así podrían acabar conmigo estaban equivocados. Con el tiempo, mi voluntad convirtió mi prisión en castillo. Dejé de ser prisionero y me convertí en el Señor de la Nave, poniendo a mi disposición todo su poder y su conocimiento.

Con mi nuevo poder pude observar cómo había cambiado la humanidad desde el tiempo que la abandoné. Habían descubierto la escritura, el arte, habían levantado civilizaciones… pero no perduraban en el tiempo. En el fondo continuaban siendo tan ignorantes y débiles como lo habían sido mis congéneres. ¿No debía yo convertirme en su guía, en el Amo de su destino?

Y eso es lo que he estado haciendo desde entonces: influí en la evolución de la sociedad humana, alterándola, procurando sacarla de ese círculo de destrucción a la que parecía condenada, guiándola hacia un futuro glorioso.

 

 

Pero en mi camino no estaba sólo: pronto detecté a otros que podían interferir en mis planes: sociedades secretas, alienígenas, entes superpoderosos… y viajeros en el tiempo. Debía preparar… contingencias especiales para prevenir sus actuaciones.

Durante décadas, Kang no había sido más que una pequeña molestia: un viajero temporal con unas miras tan estrechas que resultaba terriblemente sencillo anular su posible influencia. Pero su último ataque fue mucho más ambicioso. Me obligó a tomar medidas… extremas o todo por lo que había trabajo estaría perdido. Por primera vez me ví  obligado a actuar públicamente, abandonando la seguridad que la clandestinidad me había dado hasta ahora.* (Nota del Autor: ver Avengers V3 #41-55)

Naturalmente, mi otrora oculta presencia desestabilizaba la actual balanza de poder y muchos jugadores recelan de mí o ansían mi poder. Por eso, durante los últimos meses, muchos de ellos han tratado de establecer contacto o han invadido mis dominios para  saquear mis recursos. Al principio, toleré tales acciones pero hasta para un hombre tan anciano como yo, la paciencia tiene un límite…

El Amo hace un gesto leve con una de sus manos. Robert Grenier comienza a gritar, mientras la maquinaria que le mantiene inmovilizado comienza a actuar, desgarrándolo por dentro. Le Peregrine no puede más que ser testigo de la agonía de su antiguo amigo.

-         Monstre! Tu l'as tué! Pourquoi ?!!

-         No se altere, monsier Racine. ¿Cree usted que la muerte de un individuo va a importarme cuando he sido testigo de la desaparición de generaciones enteras? Mi plan desde un principio había sido el de enviar una advertencia, y para hacerlo siempre he necesitado únicamente a una persona viva. Y ahora está usted aquí, monsier…

Sorprendido por tal afirmación, Le Peregrine duda por un instante en su ataque, momento que es aprovechado por el Amo para atraparle con una serie de tentáculos mecánicos que aparecen de los paneles del techo. Inmovilizado, trata inútilmente de liberarse de la presa, comprendiendo que sólo posee una fracción de la fuerza necesaria.

-         Hasta ahora mi plan consistía en advertir a esos absurdos burócratas que insisten en molestarme. Con vosotros también puedo incluir a esos molestos justicieros que tratan igualmente interferir en mis planes– continúa el Amo haciendo un gesto con su mano y convocando un holograma con un esquema del complejo, indicando con varios puntos de luz los lugares donde se encuentran los héroes–. Aunque son valientes pronto se verán superados. Como ves, desde aquí tenemos acceso a todo lo que ocurre en el complejo. Tengo localizados a todos tus compañeros, incluido a ese escurridizo italiano que trata de ocultarse de nosotros ahí arriba, entre los conductos.

Un escalofrío recorre la espalda de Omertá una vez se da cuenta que lo han descubierto pero esta circunstancia sorpresiva pero no inesperada, no le detiene. Su cuerpo, entrenado durante años hasta la extenuación, reacciona inmediatamente, lanzándose desde su escondrijo y rodando al alcanzar el suelo, amortiguando el golpe. Los muros de la estructura se abren a su lado, dando paso a nuevos tentáculos metálicos que se abalanzan sobre el héroe. Su mayor número, sin embargo, no parece ser un factor decisivo en esta batalla, pues la increíble agilidad del italiano termina siempre por superarles.

Pero la probabilidad de que su habilidad se vea superada por el número de enemigos es cada vez mayor, por lo que debe hacer algo al respecto… y rápido. Con un veloz movimiento, su mano rebusca en la bolsa que porta a la espalda y, como una exhalación, algo vuela desde su mano cruzando la habitación: un afilado cuchillo que termina clavado en el pecho del Amo. Desconcertado, éste es incapaz de reaccionar; mientras su mente trata de ordenar los recientes acontecimientos, incrédula ante lo vivido. Su cuerpo pronto se desploma, víctima de la terrible herida y la masiva pérdida de sangre, en estado de shock.

-         Sacrebleu! Lo…lo has matado…- comenta espantado Le Peregrine, mientras Omertá lucha por liberarle. Éste último sólo le responde con una mirada inquisitorial, dándole a entender toda la verdad: “Éramos nosotros o él”. El francés no puede más que apartar la mirada, sabiendo que tiene toda la razón.

Libre de sus ataduras, ambos héroes quedan consternados al contemplar el panorama: alrededor suyo la maquinaria del Amo se mueve espasmódicamente, sin control aparente. El control que éste debía ejercer sobre ella debía ser de un nivel mayor al que cualquiera podría imaginar. De algún modo el Amo y su nave estaban conectados, y ahora que él se debatía entre la vida y la muerte, ella también había entrado en shock.

-         Ésta puede ser nuestra mejor oportunidad para salir de aquí. Tenemos que tratar de localizar a los otros. Antes he podido captar la señal de alguno de sus comunicadores. Quizás podamos utilizar los nuestros para localizar esa señal y así encontrarles. No quiero dejar a nadie más detrás, ¿entendido?

Omertá le contesta asintiendo con la cabeza sugiriendo mediante signos que se dividan, tomando cada uno de los diferentes pasillos que tenían ante sí.

-         Oui, mon ami. Aunque quizás no sea una maniobra muy inteligente dividir nuestras fuerzas, así cubriremos mucho más terreno. En cuanto localicemos a nuestros compañeros, hay que salir de aquí lo más rápido posible, ¿de acuerdo?

Y así, ambos héroes se separan, con sus movimientos espoleados por lo precario de su situación. “¡Molly résiste. Je vais te chercher!”-piensa para sí Le Peregrine.

 

-         ¡Están por todas partes! ¡¡ESTÁN POR TODAS PARTES!!- gritan desesperados mientras descarga su cargador sobre ellos, siendo sus gritos tan inútiles como las balas que les lanza.

Corriendo a lo largo de oscuros corredores, el grupo de supervivientes trata de huir futilmente de la ola de pequeñas máquinas que les persigue desde que abandonaron la sala de incubación. Su número, en vez de disminuir con la distancia, ha ido en aumento, surgiendo nuevas unidades de los rincones más insospechados a medida que tratan de escapar.

-         ¡Salid de ahí! ¡Rápido! ¡MOVEOS!!- grita El Águila junto a una puerta automática, a los hombres que se han quedado rezagados.

Los hombres tratan de retroceder lo más rápido que pueden, sabiendo que son sus disparos los únicos que ralentizan el avance de las máquinas. En cuanto apartan sus ojos de las máquinas, aunque sólo sea por un instante, caen sobre ellos una ola de éstas que les despedazan en segundos. Y es así como caen dos de ellos antes de que El Águila consiga cerrar las puertas de la cámara. En ese momento, clava su espada sobre el panel que controlaba las puertas, descargando sobre él un pulso eléctrico, friendo los sistemas. La compuerta quedó sellada, incapaz de ser abierta.

Sintiéndose a salvo, aunque sólo sea por unos segundos, Alejandro Montoya se relaja. Los hombres a su alrededor también se derrumban, agotados tras los continuos combates y la más frenética huida. Heridos y asustados, todos permanecen en un tétrico silencio, como un presagio de muerte.

-         Dios mío… van a matarnos a todos… Vamos a morir…- murmullan algunos de los hombres.

-         ¡Basta!– les increpa Alejandro, levantando a uno de ellos mientras le sostiene de su chaleco.- Si ése es tu mayor deseo, me parece bien pero guárdatelo para ti, ¿de acuerdo? No nos molestes con más. Ya tenemos problemas más que de sobra.

El hombre asiente y permanece en silencio; así, El Águila puede concentrarse en lo único que puede sacarles de este embrollo: para salir de aquí necesitarán mucha suerte y sólo hay alguien en este grupo que la tiene seguro de su parte: Molly Fitzgerald, a.k.a. Shamrock que permanece acurrucada en un rincón, ausente del mundo.

-         ¿Molly? Molly, ¿estas ahí pequeña?- susurra mientras trata de abrazarla.

-         Él tiene razón, Alejandro. Éste es el fin…

-         ¡No digas eso preciosa! Tú más que nadie sabes que al final siempre nos sonríe la suerte. ¡Ya verás como pronto algo ocurre que lo soluciona todo!

-         Yo no tengo control sobre mi poder, Alejandro. ¡No lo controlo en absoluto! Todos pensáis que puedo hacer que las cosas ocurran sólo con pensarlo pero no funciona así; no siempre consigo que las cosas ocurran como quiero. No podéis confiar en eso para que nos libremos de esto…

“¡Mierda!”, piensa para sí Alejandro.

-         He tratado de hacer cosas sencillas, como comunicarme con Alain pero no he conseguido más que unas frases sin sentido y un montón de estática…- murmura ella.

¿Sólo eso? El Águila la observa cuidadosamente y se da cuenta que, a pesar de sus heridas, Molly sólo tiene rasguños comparados con la situación en la que se encuentra el resto de grupo. Todos han sido atacados y golpeados decenas de veces en su huída pero ella está casi ilesa. Si es cierto que no tiene control consciente de su poder, sólo una persona saldrá viva de aquí…

-         AAAAAAAAARRRGHHHHHHH!!!!

-         ¡Dios mío!! ¡Lo han cogido!! ¡¡LO HAN COGIDO!! ¡ESOS BASTARDOS HAN CONSEGUIDO ENTRAR!!

El soldado, apoyado contra la pared, se convulsiona mientras borbotones de sangre brotan de su boca y nariz, al tiempo que las metálicas patas de los robots atraviesan su pecho. Los soldados, aterrados, abren fuego indiscriminadamente destrozando lo poco de su cuerpo que esas criaturas habían dejado reconocible. Tras él, aparece el hueco que en la pared habían socavado las arañas-robot, que ahora se concentran en ampliar para poder acceder a la estancia. Concentradas como están, no les resulta muy difícil a los soldados abrir fuego contra ellas pero pronto su número es tan grande que son capaces de escapar de la lluvia de balas. El caos acrecienta el terror en los hombres, que de nuevo se encuentran atrapados frente a una muerte casi segura.

Desarmados, Águila y Shamrock no pueden más que mantenerse apartados de la línea de fuego y tratar de encontrar un modo de salir de allí pero, lamentablemente, ninguno de ellos tiene conocimientos técnicos por lo que sus intentos para abrir la siguiente compuerta del corredor son totalmente infructuosos.

-         ¡¿No puedes cortocircuitar esta puerta como la otra, Alejandro?!

-         ¡Ni siquiera puedo acceder al panel de control! ¡Hijo de @#**…!– protesta el héroe español.

Un estruendo tras ellos llama su atención. La compuerta del otro lado, bloqueada por El Águila, estalla en mil pedazos cuando la presión de los robots del otro lado termina por destrozarla. Aterrados y desesperados, los supervivientes se agolpan al final de la sala. Imperceptible por el fragor de la batalla, nadie se percata del sonido de varios tornillos que caen bajo los pies de Shamrock, haciendo que el suelo bajo sus pies ceda, tragándose a la heroína irlandesa que cae por el agujero dando así acceso a lo que parecen ser unos túneles de mantenimiento que continúan en paralelo a los pasillos superiores.

-         ¡Bravo, pelirroja! ¡Sabía que podíamos contar contigo para salir de aquí!– celebra el bravucón español introduciéndose de un salto por el hueco.

Los túneles son sensiblemente más estrechos que los pasillos superiores, impidiendo que un ser humano normal pueda ponerse en pie o moverse libremente; incluso el hueco de acceso es muy estrecho, impidiendo a todos los hombres acceder lo suficientemente rápido como para evitar ser alcanzados por los robots, no pudiendo hacer otra cosa que oírles gritar mientras son destrozados.

Molly toma aire y trata de tranquilizarse mientras avanza a ciegas, por unos túneles que no saben dónde les llevan; lo único que sabe es que detrás de ellos están esas criaturas y por mucho que pueda temer lo que haya al final del corredor, nada puede ser peor que lo ha dejado atrás.

-         ¡¡CORRED!! ¡DAOS PRISA!! ¡ESTAS HIJAS DE … ESTAN JUSTO DETRÁS!!- grita el hombre que va al final, mientras abre fuego intentando detener el avance de las máquinas.

¿Hacía donde ir? ¿Arriba? ¿Abajo? ¿Izquierda? ¿Derecha? ¿Acaso importa? Ya antes de introducirse en esta ratonera no tenían ni la más remota idea de dónde se encontraban o dónde debían ir. Ahora mismo lo único que pueden hacer es huir para tratar de vivir unos minutos más porque a la vuelta de la esquina puede haber una muerte incierta porque lo que dejan detrás es una muerte segura.

-         ¡¡¡¡AAAAAAAARGHHHHH!!!!!!!

-         Oh Dios… Alex…-trata de decir Molly.

-         ¡No pares Molly!! ¡Haz lo que quieras pero no te pares!!!- la empuja el héroe español forzándola a continuar. Por un instante mira tras de él para ver cómo el último de los hombres vacía su cargador sobre las máquinas que inundan el túnel, siendo atrapado un instante después y explotando en una mancha de sangre cuando es destrozado.“Por favor, pelirroja. No me falles ahora” piensa para sí acelerando el paso.

Una vez han conseguido dejar unos metros entre ellos y las criaturas, El Águila se detiene, dejando que la heroína irlandesa continúe su camino. Es una jugada arriesgada: él confía que los poderes de la chica terminen por sacarla con vida de aquí y si se aleja demasiado es posible que luego no pueda alcanzarla pero esos bichos están cerca y si no consigue retrasarlos, los darán caza más temprano que tarde. Así que se detiene y se prepara para hacer uso de su arma secreta: Alejandro Montoya que es algo más que un atractivo espadachín: es un mutante nacido con la habilidad de generar descargas eléctricas. Durante años ha engañado a todo el mundo haciéndoles creer que esas descargas procedían de un mecanismo de su espada pero no le es más necesaria que las zapatillas para un corredor. Se concentra y pronto sus manos comienzan a brillar. El aire se calienta a su alrededor mientras alcanza su carga máxima. Los robots, si tienen conciencia, no parecen inmutarse en absoluto mientras terminan de despachar los restos del último de los mercenarios. Alejandro espera acumulando carga, mucho más allá de lo que lo ha hecho antes. Sus manos se calientan, arden, incapaces de soportar tanta temperatura y aunque requiere mas potencia, necesita que estén más cerca, para que no quede ninguno.

Y por fin… ¡¡lo suelta!! y el conducto se ilumina con la luz de un pequeño sol. El aire se desgarra y por un instante sólo se hace el silencio.

 

- ¡¡¡¡AAAAAAAAAARGHHHH!!!!– Alejandro grita de dolor colocando delante de su rostro sus manos calcinadas. Mira tras de si y contempla cómo los pequeños robots se han convertido en un amasijo de metal fundido y chips sobrecargados, incapaces de moverse o de amenazar a alguien. “Virgen de la Macarena…” suspira y el sentimiento que le embarga alivia parcialmente el dolor que siente por sus heridas. Es posible que esos bichos vuelvan pero tardarán varios minutos en regresar-. ¡¿Molly?! ¡¡Molly!! ¡Espérame, pelirroja!– trata de bromear aunque el chiste se le corta con una mueca de dolor. Ha de sobreponerse o jamás la alcanzará.

Tras unos dolorosos minutos de desesperada carrera, Alejandro consigue alcanzar a Shamrock, que ha logrado por fin salir de los túneles y permanece en parada en pie, inmóvil.

-         ¿Qué ocurre, pelirroja? ¿Qué es lo que ves?

Shamrock no contesta. Sólo permanece callada, con lágrimas recorriendo su  rostro. Frente a ellos se abre un abismo, un gigantesco pozo de ventilación sin aparente principio ni fin.

-         Se acabó Alejandro. No ha sitio dónde ir…

-         Shhh… No llores, guapísima. Seguro que hay algún modo. No podemos rendirnos tan pronto…- trata de consolarla aunque las palabras cada vez salen con mas dificultad de su garganta y su voz se apaga…

Ambos permanecen varios minutos allí, juntos, sin decir nada; fundiéndose en un abrazo, tratando de digerir su situación. El tiempo parece detenerse y todo se termina en el momento que un quejido procedente del túnel les recuerda que aún no han escapado de esta trampa mortal.

-         Señor, ya están ahí otra vez…- gime Molly.

El Águila mueve su cabeza nerviosamente hacia todos lados, mientras en su cabeza toma una difícil solución.

-         Molly preciosa- es hora de que te vayas de aquí.

-         Pero, ¿de qué hablas Alejandro?

-         Fíjate: al otro lado del pozo hay una plataforma muy similar a ésta. Si puedes llegar a ella…

-         ¡¿Estás loco?! ¡Puede haber casi 5 metros!

-         ¡Lo sé! pero… ¡si tomas suficiente impulso y yo te ayudo, es posible que la alcances! ¡Tienes que intentarlo!

-         Pero tú…

-         ¡Mírame las manos! Aunque yo lo intentase, no tendría fuerza para poder asirme a nada. Necesito que estés allí y me ayudes a llegar cuando yo salte.

-         P-pero…

-         ¡Ssshh! Vamos a hacerlo, ¿ok?

Molly pega la espalda contra la pared, intentando aprovechar todo lo posible el poco espacio del que disponía para tomar impulso. Cerca de ella está El Águila, preparado para ayudarla a coger fuerza. A la de tres, asiente con la cabeza y se lanza. Alejandro la coge cuando pasa a su lado y con todas sus fuerzas la lanza hacia el vacío. El tiempo parece congelarse mientras ella cruza el aire; por un instante parece volar… quizás el plan funcione y consiga alcanzar el otro lado… pero todo se viene abajo cuando sus manos impactan con el saliente; no encuentra asidero y piensa que por un momento no llegará a sujetarse. Por fin, sus dedos encuentran dónde agarrarse y se aferra a ello sabiendo que su vida va en ello. Su cuerpo golpea contra el muro empujado por la inercia y amenaza con derribarla pero Shamrock aguanta. Lástima que la estructura sobre la que se sujeta no lo hace.

-         ¡¡¡MOOOOLLLLYYYYYY!!!!

Molly Fitzgerald, a.k.a. Shamrock, comienza a caer, con trozos de estructura aún sujetos a sus manos. Sabía que dedicándose a este trabajo algún día podría ser el último pero siendo “la mujer con más suerte del mundo” ¿quién puede vivir pensando que llegará ese día? Aunque parezca increíble, hasta a ella se la ha terminado la racha. Morirá aquí, a mil kilómetros de ninguna parte, lejos de los suyos.

Algo, como una exhalación, pasa a su lado. De repente, siente un fuerte tirón y deja de caer. Algo la ha atrapado por la mano: una fina cuerda de nylon que parece surgir de varios metros por encima del pozo. Por fin, una sombra parece moverse y, forzando la vista, consigue distinguir la figura de Omertá al otro lado de su cuerda salvadora.

-         ¡¡Omertá!! ¡No sabes cómo me alegro de verte!

-         ¡Te lo dije Molly! ¡Te dije que no debíamos rendirnos! ¡Te lo…- grita El Águila pero su exaltación desaparece cuando la plataforma sobre la que se encontraba cede y amenaza con lanzarle al vacío.

-         ¡¡ALEJANDRO!!

Todo el mundo contiene la respiración mientras El Águila trata costosamente de recuperar el equilibrio. Al final lo consigue pero su sustento no es más que una pequeña plancha de metal donde apenas entran sus pies.

-         ¡ Omertá! ¡Tenemos que hacer algo! ¡Tenemos que ayudarle!

El italiano, en silencio como siempre, redobla sus esfuerzos para izar lo más rápidamente posible a su joven compañera.

-         No te preocupes, pelirroja. Hace falta algo más que una plancha traicionera para acabar con un apuesto héroe como yo…

Y como respuesta a tal bravuconería por su parte, el sonido de patas metálicas repiqueteando sobre las paredes atraen la atención del héroe español, contemplando cómo varios de los robots-araña han conseguido, al fin, atravesar la barrera. Sus fríos ojos electrónicos parecen alegrarse ante la posibilidad de exterminarle a él como lo han hecho con los otros.

Alejandro Montoya también se da cuenta de lo delicado de su situación y comprende que sólo queda una salida: respira hondo, guiña un ojo a Shamrock y la envía un beso antes de lanzarse al vacío, con la mejor de las sonrisas.

-         Lo siento, hija de puta. Me temo que esta noche te quedas sin postre- se despide de las robots-araña que parecen enfurecerse, frustradas por no poder alcanzar su presa.

-         ¡¡¡ALEJANDROOOOOOO!!!!!– y el grito de Shamrock le acompaña hasta que su cuerpo desaparece al final del pozo, engullido por la oscuridad.

 

Del: Comandante Diethelm Emmerich

A: Centro de Coordinación de Operaciones Aéreas (AOCC) , Centro de Representación de Operaciones Conjuntas (CAOC/AOC), Representación Aérea del Eurocuerpo (AREC), Oficinal del General en Jefe (COMEC)

Nivel de seguridad: CLASIFICADO. Parte la información solo estará disponible para niveles de seguridad superiores a nivel 6

Asunto: Operación Tormenta de Hielo

“Siguiendo los protocolos establecidos, una hora tras la pérdida de contacto con las unidades enviadas, se procedió a la movilización de las unidades de apoyo asignadas al grupo, estacionadas en las coordenadas 1111111111111111111. A la llegada de las primeras unidades, los oficiales al mando informaron de la presencia de una estructura metálica de origen desconocido que ocupaba la zona de actuación de las unidades (ver los ficheros 000000000 y 0000000 para ver las especificaciones técnicas y los datos del departamento científico) sin rastro alguno de los grupos previamente enviados.

Tras realizar el despliegue táctico standard y asegurar la posición, no podemos informar de ningún suceso hasta 96 minutos después del despliegue, cuando los efectivos situados al noroeste de la estructura informaron de cierta actividad: sonidos sordos como golpes en el interior de la misma. Antes de que pudiésemos enviar refuerzos, se produjo una fuerte explosión en la misma zona. Activamos los protocolos aljñalja y ñajañlj según el manual de operaciones.

El protocolo lkajñalkjsñ fue desactivado cuando informaron que no se trataba de actividad hostil, si no que los responsables fueron los sujetos asignados al Primer Grupo: Scott Wright designado Micromax, Karl Mittelstaedt designado Blitzkrieger, Layna Petrovna designada Estrella Oscura, Alain Racine designado Le Peregrine. Acompañando a los operativos se encontraron a los ciudadanos  Oskar Mathias, Kris Jacob, Elbert Benjamin y Kristian Jeroen. Los cuatro sujetos son identificados por el Jefe del Primer Grupo como miembros del grupo responsable de la desaparición de la base ñlajlskjaldkj ñlka y son puestos bajo custodia con el visto bueno del Cuerpo Médico.

El Jefe del Primer Grupo desconoce el paradero del resto de su equipo; interrogado sobre la situación de los miembros de la base ñlajlskjaldkj ñlka, informa que fueron capturados por lkajñlkjñaskdj designado “Amo del Mundo” y han sido eliminados.

La unidad TECA07 informa que han localizado al este de la estructura a los sujetos Desconocido designado Omertá y Molly Fitzgerald designado Shamrock. Operativos del Unidad Médica son requeridos dado el estado de las heridas de estos sujetos. En este caso, ningún otro sujeto les acompaña. Interrogados sobre el paradero del sujeto Alejandro Montoya, designado El Águila, debemos clasificarlo como “caído en combate”. Se envía informe al representante del Gobierno Español.

Desde el campo base, la Unidad Científica detecta movimientos sísmicos que afectan a toda la zona. El origen de dicho movimiento es la estructura misma, en su movimiento al interior de la Tierra. Se da orden a las tropas para su repliegue, estableciendo un cordón de seguridad según protocolos 3654321 y 79865498.

Fin del Informe”

-         ¿Conclusiones, caballeros?

-         Inaceptable. Totalmente decepcionante e inaceptable.

-         La misión designada para el proyecto “Campeones” debía ser algo sencillo, un éxito asegurado y se ha convertido en el peor desastre que podríamos esperar.

-         Permítanme presentar mi más enérgica queja a ese respecto, señor. Según el informe de misión presentado por Le Peregrine, había otras agencias implicadas en esta misión. Si eso es cierto, se nos negó el acceso a información crucial sobre la misma.

-         No hay información que respalde el informe de Le Peregrine. Él era el responsable de este grupo y no sólo no consiguió cumplir con su cometido, sino que además perdió a uno de sus hombres.

-         Señor…

-         ¡Basta! Los informes psicológicos del sujeto indican un marcado narcisismo y serios problemas con las estrategias de afrontamiento ante los errores. Es posible que se trate de una mera fantasía para ocultar su propia ineptitud.

-         ¿Cómo procedemos entonces?

-         Suspéndanlo. Mejor, suspéndanlo todo. Todo el proyecto. Démonos seis meses a ver cómo podemos arreglar todo este desaguisado. Volveremos a reunirnos una vez pasado ese tiempo a ver qué podemos rescatar de todo esto.

-         Muy bien, señor.

-         Ahora, retírense.

Todos en la sala abandonan su lugar en silencio, tan deprisa como pueden sin que se note demasiado que no tienen ganas de permanecer allí. Cuando está de semejante humor es mejor no permanecer cerca. Solamente él, con el que lleva colaborando ya varios años, se queda rezagado. Cuando todos se han marchado, vuelve a preguntar.

-         ¿Y que hacemos con el Amo, señor?

-         Por ahora mantenga un destacamento en la zona. Que nos informe ante el más mínimo movimiento. Tenemos que sopesar detenidamente qué acciones tomaremos respecto a ese tema.

-         De acuerdo señor.

“Le demostraré a ese… monstruo quién es realmente el Amo de este mundo”, piensa para sí.

 

Parnival Plunder está aterrorizado.

Hace horas que vaga por la estructura y está completamente perdido. Por algunos instantes piensa que podría seguir a Le Peregrine pero pronto el héroe está demasiado lejos para poder seguirlo. Ha estado andando desde entonces, tratando de buscar la salida de forma inútil. Hace horas que llegó a una sala donde decenas de cuerpos colgando, visiblemente mutilados, daban un espectáculo dantesco: había signos de pelea, con abundante sangre por todas partes y cada vez que el cansancio amenazaba con terminar con sus fuerzas, esa visión y el miedo que le producía le azuzaba a continuar.

Lamentablemente, ese esfuerzo no parece conducirle a ninguna parte. De nuevo se encuentra en una encrucijada: nuevos pasillos en direcciones opuestas que le llevan a un lugar incierto. Decide apoyar su espalda contra la pared para recobrar resuello… cuando la pared se abre y se apoya en falso, cayendo de bruces contra el suelo. La sala a la que accede parece impoluta, casi como un quirófano. En el centro de la misma, iluminada por un haz de luz cenital, un cuerpo descansa sobre una mesa. Reúne el valor y se aproxima para intentar reconocerlo. Después de haber contemplado tanto horror, hay algo como… reverencial en el modo en el que han tratado este cuerpo. Incluso la herida del costado, posible causa de su defunción, ha sido limpiada.

Al levantar la vista, se percata que hay otra persona en la habitación, una que es completamente igual que la que se encuentra  sobre la mesa: frente a él se encuentra la figura del Amo del Mundo, que con gesto severo le observa.

-         Mr. Plunder, hoy no es el día más aconsejable para invadir mis dominios. Cómo puede ver, hoy no he tenido un buen día.

Sólo el eco en los pasillos responden al grito aterrorizado de Parnival Plunder.

Fin del episodio.–