Y llegó el día en que la Unión Europea decidió formar su propio equipo de superhéroes, para combatir aquellas amenazas que ninguna nación podía hacerlo por sí sola. Stan Lee y Action Tales presentan...

Dramatis Personages

Le Peregrine

Darkstar

MicroMax

Shamrock

Omertá

Blitzkrieger

El Águila

Parnival Plunder

Capitulo 3

Infierno en el hielo

Por Roberto Cruz

- ¿Qué diablos era eso?? – grita a sus compañeros Peregrine, que apenas había podido levantar el vuelo mientras se desarrollaba el veloz ataque.

- “Eso” eran los perros que tiraban de mi trineo. Me repatea la gente que maltrata a los animales – dice burlonamente una voz a apenas veinte metros del grupo de héroes.

Una solitaria figura se había estado acercando a la escena donde se desarrollaba la batalla. Debido a la confusión, los Campeones no la habían visto ni oído acercarse. Sin embargo, el hombre se muestra de modo desafiante frente a ellos, apuntándoles con un extraño y futurista fusil.

- ¿Quién eres tú? –pregunta el héroe francés – ¿Viajabas con la expedición desaparecida?

- No, amigo mío. Vengo aquí con el mismo propósito que vosotros, sólo que yo llegué ayer mismo. Veréis, me llamo Parnival Plunder y mi objetivo es saquear este lugar – ríe el hombre mientras se toca su frondoso bigote. Alza su mano, y el sonido de decenas de armas de energía cargándose surge en todas las direcciones, rodeando a los Campeones. – Me temo, héroes, que no quiero compartir el botín con nadie mas…- sentencia socarronamente Plunder, mientras alza su arma.

Por un instante el mismo tiempo parece detenerse. La tormenta de nieve desaparece, y los copos de nieve parecen quedar congelados en el aire mientras pasan los segundos como si fueran horas. En cualquier momento, lo que pueden ser decenas de armas de fuego pueden acribillarles. Demasiado confiados, se acercaron sin tomar ningún tipo de precaución. Como unos principiantes habían caído en una trampa. Su primera misión podría ser la última.

De repente el aire se enrarece con un sabor metálico. Un leve brillo rodea a los héroes, mientras su pelo se eriza. Blitzkrieger exclama “¡¡JETZT!!” y en ese instante media docena de relámpagos surgen del cielo tormentoso, rodeándolos. El sorprendente ataque surte efecto, desconcertando a los atacantes emboscados, obligándolos a delatar su posición.

- ¡Campeones, desplegaos!!- ordena Peregrine mientras alza el vuelo. Desde esa perspectiva, espera dirigir mejor a sus compañeros y servirles de apoyo en caso necesario. Bajo él, el grupo se despliega según lo ensayado: Micromax aumenta de tamaño hasta los 10 metros de altura, ofreciendo un mejor blanco en esa forma y atrayendo el fuego enemigo. Todos los asesores confían en un aumento de la resistencia al daño acompañando a su aumento de masa. Por si en algún momento eso fuese insuficiente, темная звезда (Temanya Zvezda-Estrella Oscura) lo cubre, utilizando sus constructos de energía oscura para protegerle mientras dispara ráfagas de energía desde el aire. A sus pies, Blitzkrieger utiliza sus enormes poderes energéticos para atacar áreas más amplias, barriendo literalmente todo lo que se encuentra a su paso. Shamrock y El Águila se internan en el páramo conjuntamente, entrando lo más rápido que pueden en el cuerpo-a-cuerpo, donde pueden ser mucho más efectivos. Omertá lo hace en solitario, como de costumbre. El se basta y se sobra solo.

Parnival Plunder se revuelve sobre un montón de nieve mientras, casi en estado de shock, intenta recuperarse de lo que ha ocurrido. Su sangre hierve de ira al percatarse de que la situación ha dado completamente la vuelta, estando ahora en desventaja. Con desesperación trata de alcanzar su vibro-rayo perdido entre el montón de nieve que tiene alrededor. Se maldice a sí mismo, pues después de todas las veces que se ha enfrentado a … estúpidos tipos disfrazados como estos, continúa dejando que le sorprendan en el último momento. Debería haberles disparado cuando tuvo la ocasión.

Peregrine le observa sobrevolando el combate. Ni con su increíble velocidad consigue evitar que el Saqueador alcance su arma y apunte sobre sus compañeros. Definitivamente, de todas las que portan sus hombres, el arma de Plunder es la de mayor calibre de todas y, por consiguiente, la más peligrosa potencialmente. Micromax los descubre, gritando de dolor al recibir el impacto de su disparo.

- Connard…- esputa Alain mientras carga contra el Saqueador. Éste, hábil luchador, consigue girarse para evitar gran parte de la inercia del golpe, dando ambos luchadores de bruces contra el manto de nieve. Ambos luchadores se levantan trabajosamente, afectados por la fuerza del impacto. Se abalanzan el uno sobre el otro: Parnival quiere evitar que emprenda el vuelo, donde tendría ventaja; Peregrine quiere evitar que tenga acceso a su arma, evitando que le dispare.

-¡MAX!! ¡¿Estas bien?!- grita Temanya mientras construye  un muro de oscuridad entre ella y los hombres de Plunder, protegiendo al gigantón que yace en suelo, retorciéndose de dolor.

De repente, la tierra se mueve bajo sus pies. Toda la ensenada se agita como victima de un fuerte terremoto. Por todos lados el suelo parece estallar mientras gigantescos bloques metálicos, de características similares a los de la omnipresente torre, surgen violentamente, como si fuesen dedos de una mano gigantesca o algo peor: dientes de unas monstruosas fauces, pertenecientes a algún tipo de criatura que quisiese devorarles. Y es en ese momento cuando el suelo cede bajo sus pies y todos caen al vacío, mientras los bloques convergen sobre ellos, sumergiéndolos en la más absoluta oscuridad.

Sólo después de varios minutos, el silencio acompañó a la oscuridad. Después, el sonido de lamento de dolor de los heridos sustituyó al de los cascotes de piedra al impactar tras la larga caída. Todos pueden dar gracias al espeso manto de nieve que se hallaba a sus pies cuando estaban en la superficie, pues aquí ha funcionado como colchón improvisado amortiguando el golpe. Pero nada había que les salvase de los fragmentos de roca levantados por los bloques metálicos y que caían con ellos dentro del agujero. Parecía que habían alcanzado a algunos hombres, pero la tremenda oscuridad impedía ver nada.

-          ¿Te encuentras bien, grandullón?- pregunta Temanya. Micromax escucha su voz y siente como ésta trata de acomodarle sobre una superficie rocosa. Si no fuera por el lacerante dolor que siente en su costado, la daría un beso.

-          He visto días mejores, preciosa…>¡¡Ughh!!<-la responde él.

-          Trata de no moverte demasiado. Voy a comprobar si los demás se encuentran bien.

-          ¿Cómo puedes ver …?

-          ¡Vamos чемпион (chempion)! ¿Qué clase de poderes serían los míos sin no pudiese ver en la oscuridad?

-          ¿Estáis bien, mein freund?- se oye la voz de Blitzkrieger a varios metros de ellos.

-          Si, Karl. Max fue herido antes de la caída. Prefiero no moverle. Podría tener lesiones internas.

-          Me alegro, compañero.-dice sonriéndole- He buscado a los demás, pero no los encuentro. Sólo hay algunos hombres del Plunder ese. Algunos han sido heridos por los cascotes.

-          No sabía que podías ver en la oscuridad, Karl.- le interroga Layna

-          No es que… vea en la oscuridad. Pero soy capaz de detectar la electricidad estática que tiene cada cuerpo. Eso me sirve al menos para orientarme…

-          ¿Q-Que es lo que veis, muchachos?-pregunta Micromax.

-          No mucho más de lo que ves tu, Scott- indica Layna.- Estamos bajo una cúpula de al menos 30 metros de altura del mismo material que el de la torre. El tipo que diseñó esto sabía hacer su trabajo. Si no la hubiese visto construirse delante de mí diría que es de una sola pieza…

-          Déjame que te lo muestre.- dice Blitzkrieger levantando el brazo y concentrando en su mano una potente carga eléctrica. De este modo, su mano comienza a brillar, iluminando en parte la sala. Por todas partes, temblorosos hombres cubren sus ojos mientras tratan de acostumbrarse a la repentina luminosidad…- Caballeros, no se si me entienden, pero creo que no sería buena idea que intentasen continuar la pelea en la actual situación, así que les sugiero que arrojen sus armas antes de… ¡¿Vas?!- Karl se detiene en ese instante. Mueve su cabeza nerviosamente, mirando en todas direcciones.

-          ¿Qué ocurre, Karl? Yo no veo nada- le increpa Layna

-          Hay actividad eléctrica creciente por toda la estructura. Ojalá pudieses verlo. Es como… una ola que estuviese inundando un laberinto. Algo está ocurriendo.

De repente una de las paredes comienza deformarse. Una de las planchas que conforman la cúpula se desvela como un montón de estructuras móviles más complejas que comienzan a bailar entre sí, plegándose y moviéndose sobre sí misma, hasta configurar un remedo de brazo mecánico que se abalanza sobre uno de los indefensos hombres que trataban de recuperarse. El grito de dolor del pobre desgraciado pone al resto en alerta, pero sus magullados cuerpos no son capaces de reaccionar lo suficientemente rápido como para escapar de la docena de brazos similares que han comenzado a formarse.

El desconcierto supera a nuestros héroes, pero sólo durante un instante. Ambos héroes, con vastos poderes energéticos, lanzan poderosas descargas contra los artefactos, haciéndolas saltar en pedazos. Rápidamente, la estructura reacciona y construye más artefactos, lanzándolos contra ellos. Aunque algunos de los hombres del Saqueador, aquellos que aún pueden moverse, se agrupan con ellos y tratan de destruir a los artefactos con sus armas, el cada vez mayor número de atacantes amenaza con sobrepasar al grupo.

-¡Verflucht…! - farfulla Blitzkrieger.

- ¡Estoy completamente de acuerdo, Karl! Comienza a haber demasiados. No sé cuánto tiempo más podremos aguantar…

- ¡¿Podrías protegerlos a todos con una cúpula de oscuridad?!

-¡Si, pero en ese caso debería dejar de disparar! Necesitaría toda mi energía, y no sé cuánto tiempo podría resistir!

-¡Tú aguanta todo lo que puedas!! ¡El resto déjamelo a mí!- ordena Blitzkrieger mientras destruye los artefactos más cercanos con una enorme descarga.

-Pero tú…

-¡Haz lo que te digo! No te preocupes por mí…

Temanya se concentra y con un gesto, la misteriosa energía conocida como “energía oscura” envuelve a los pocos supervivientes, dejando al joven alemán frente a los artefactos completamente sólo. Estos parecen desconcertados, paralizando su ataque un momento. Algunos dirán que sus sensores trataban de determinar la naturaleza de la cúpula energética que acaba de crearse. Otros dirán que trataban de analizar la estúpida estrategia que suponía dejar a un hombre sólo cuando media docena no eran capaz de detenerles. Eso al joven Karl Mittelstaedt no le importa.

-Ich träumte, um das eine Zeitlang zu versuchen…(Estaba deseando intentar esto desde hace tiempo…)

Se queda parado y cierra los ojos. Sabe que no tiene mucho tiempo, pero necesita concentrarse. Por muy sofisticada que sea esta tecnología, sabe que sus circuitos son alimentados por energía eléctrica. Necesita sentirla alrededor suyo: cada hercio de energía que recorre, cada uno de los artefactos que le rodean, como un gigantesco mar pulsante. Y entonces lo intenta: imagina un gigantesco pozo en su interior, un remolino cada vez más grande que comienza a absorber ese mar, que lo precipita a su interior. Y entonces ocurre: miles de relámpagos surgen de cualquier parte de la estructura, de los artefactos, y golpean el cuerpo del joven, que se sacude convulsamente mientras su cuerpo trata de manejar el volumen creciente de energía. Algunos artefactos tratan de atacarle pero caen fulminados a sus pies cuando toda su energía es absorbida. La estructura parece reaccionar, tratando de ajustar su programa para esta nueva situación, pero Blitzkrieger no va a permitírselo. El esfuerzo que está realizando es muy grande y siente que su cuerpo pronto no será capaz de controlar tanta energía acumulada. Así que lo único que le queda por hacer es liberarla, en un estadillo formidable que hace parecer que un pequeño sol ha aparecido en medio de la sala.

-¡Fantasma de Lenin! ¡¿Qué ha sido eso, Karl?! ¡Karl!!- grita Kalya una vez ha disipado su cúpula de oscuridad, abalanzándose hacia él para evitar que se cayese.

El joven alemán apenas se mantiene en pie, agotado por el esfuerzo realizado. Pero a sus pies, todos y cada uno de los artefactos que le atacaban yacen inmóviles, con terribles daños internos. Incluso la cúpula, antaño brillante y bruñida, aparecía muy afectada, con decenas de paneles calcinados y con visibles cortocircuitos por toda su superficie.

-Es un truquito que aún tenía escondido en la manga, mein freund

Y en ese instante, cuando todo parecía que iba a arreglarse, fue cuando la situación fue a peor.

Hay días que es mejor no salir de la cama. Eso es lo que Alain Racine piensa en este momento. Como líder en esta misión, es directamente responsable del fiasco en que se está convirtiendo. No sólo han caído burdamente en una trampa tendida por un villano de tercera como es el Saqueador, sino que al paso que van, es posible que se haga famoso por ser el tipo a cuyas órdenes murió el grupo de superhéroes oficial de la Unión Europea.

El suelo explota bajo sus pies mientras dientes de acero surgen por doquier. El terreno se hunde, como si un abismo se hubiese abierto justo bajo ellos. Para otros sería un problema, pero con su traje de vuelo caer al vacío es sólo un problema menor. Lo peor es esquivar las toneladas de rocas que les acompañan en su caída. Trata de localizar a sus compañeros, pero hay demasiados escombros para hacerlo. Lo único que le queda es salir de allí, haciendo uso de toda la pericia adquirida en sus años de experiencia como justiciero enmascarado. Así que coge a la única persona que está a su alcance, Parnival Plunder, y parte con él en busca de una salida.

Tras unas hábiles maniobras, Peregrine consigue alcanzar un refugio en una de las paredes de la estructura, antes de que la escasa luz diurna quede eclipsada por la naciente cúpula. Entonces se hace la oscuridad y el silencio.

-¡Maldito bastardo gabacho! ¡Aparta esa luz de mi cara!-bocifera Plunder, aún en suelo tras el aterrizaje forzoso, tratando de apuntar torpemente con su pistola mientras trata de cubrir su rostro del haz de luz de la linterna de Peregrine.

-Esperaba mon ami, que fueses un poco más amable después de haberte salvado el pellejo. Te sugiero que nos dejemos de juegos estúpidos y tratemos de salir de aquí lo antes po… ¡Sapristi!- exclama Peregrine cuando comprueba que el paso donde se habían resguardado se ha cerrado tras ellos, alejándolos de la cúpula y del resto de sus compañeros.

-¿Qué ocurre, francesito? ¿No tienes una llave maestra en ese cinturón tuyo de trucos de superhéroe?- dice sardónicamente Parnival.

- ¡Imbécile! ¿No te das cuenta que lo delicado de la situación? – le increpa Peregrine, al tiempo que su linterna ilumina un corredor tras el inglés que antes no existía. - Están jugando con nosotros como ratas en un laberinto…

- Entonces, ¿Qué es lo que tienes pensado hacer, héroe?

- Por ahora, debemos intentar localizar a los demás…-dice Peregrine mientras acciona el intercomunicador de su traje.- Nada. No hay señal. Algo de esta estructura bloquea la señal. Sea quien sea el que está detrás de esto, pretende que permanezcamos separados.

- >BRRRTZ..< ¿Alguien me escucha? Contestad, por favor >BRRRTZ..< – la voz de Shamrock zumba a través del comunicador.

-¡Shamrock! ¡Shamrock, aquí Peregrine! ¿Dónde estáis? La recepción es muy mala. Pensé que nos habíamos quedado sin los comunicadores.-Sólo el ruido de la estática responde a su pregunta.- ¿Shamrock? ¡Responde!

-¿Peregrine? (Por dios, se escucha fatal… ) ¡Peregrine! No sé si me escuchas, pero mi comunicador es el único que parece funcionar aquí. Estamos solos el Águila y yo con algunos hombres de Parnival. No sabemos dónde están los demás. Nos separamos durante la caída. – balbucea la joven al comunicador.- No tenemos ni idea de dónde estamos. Hemos… Hemos encontrado algo.

La joven irlandesa da un paso al frente, entrando en la enorme sala en la que desembocaba el pasillo por el que se habían adentrado. Frente a ella, bajo una enfermiza luz amarillenta, miles de pequeñas esferas fluorescentes aparecen situadas regularmente una tras la otra, hasta donde la alcanza la vista. Suelos y paredes están plagados con ellas. Aquí y allí, pequeños autómatas con forma de araña parecen trabajar sobre ellos, ignorando a los nuevos visitantes. El aire es pesado, casi irrespirable. La temperatura de la sala es asfixiante, y las paredes parecen casi sudar con la condensación que se produce por el alto nivel de humedad.

-          Alain, no sé si puedes oírme. Pero estamos muy asustados…-casi susurra suplicante Shamrock.

-          ¡Ey, hay algo dentro de estas cosas!-grita uno de los hombres de Plunder, algunos de los cuales se  han aventurado en el interior de la sala.

-          ¡Son huevos, Peregrine! Estamos dentro de una incubadora. ¡Son miles! ¡Tienes que ayudarnos a salir de aquí! ¿Me oyes? ¡¡Contesta!! – grita Shamrock al comunicador.

-          ¡Salgamos de aquí! ¡No toquéis nada!-ordena El Águila.

Un leve crujido le indica que sus órdenes han sido ignoradas. Uno de los hombres de Plunder permanece de pie, con los restos de uno de los orbes abierto por sus manos, con un líquido denso rezumando, mientras sostiene una de las pequeñas criaturas que habitan en su interior. Con curiosidad, todos se acercan para observarla, quedando desconcertados a la vista de aquello: la criatura es claramente humanoide, casi como un pequeño feto, pero en absoluto humana. De piel clara, casi transparente, con unos rasgos faciales apenas definidos, con ojos desproporcionalmente grandes para su cuerpo que comienzan a abrirse poco a poco, mostrando dos globos oculares completamente negros, que parecen escudriñar con la misma curiosidad y extrañeza con la que lo observan a él… hasta que comienza a gritar, mostrando una boca llena de diminutos y afilados dientes, con un sonido tan agudo que hace daño, obligando a varios hombres a alejarse tambaleándose.

Por toda la sala, las arañas mecánicas abandonan sus quehaceres, reuniéndose alrededor del grupo. Éste, aún aturdido por el grito, no se percata de ello hasta que es muy tarde: varios de los autómatas caen sobre ellos utilizando sus patas mecánicas para destrozar a varios miembros del mismo. Presas del pánico, muchos tratan de huir sin mirar hacia donde se dirigen, adentrándose más entre las filas de huevos, cayendo en las fauces de las voraces arañas mecánicas.

-¡Salgamos de aquí, Molly! ¡No podemos hacer nada por ellos!-grita El Águila, arrastrando del brazo a su compañera hacia la salida más cercana.

-¡Nos están destrozando, Alain! ¡Nos están destrozando! ¡Sacadnos de aquí, por favor!-grita ella al comunicador.

-          >BRRRTZ..<stan destroz>BRRRTZ..<acadnos de aquí! >BRRRTZ..<

-          ¡Shamrock! ¡SHAMROCK! Je ne l'écoute pas, malédiction. (No puedo oírla, maldición!)  ¡Sigue hablando! Trataré de localizar vuestra señal. ¿Me escuchas?!!-exclama Peregrine mientras alza el vuelo, dejando atrás al perplejo de Parnival Plunder.

-          ¡Peregrine! ¿Dónde vas? ¡No me dejes!-suplica inútilmente.

Y así, desesperado, Peregrine vuela a través de interminables pasillos en el interior de la fantástica estructura tratando de manera infructuosa de localizar la débil señal de radio. Muy pronto se da cuenta de que ha cometido un error: todos y cada uno de los pasillos es igual al anterior, de modo que en pocos minutos has perdido cualquier referencia sobre tu situación. ¡Si no se hubiese tratado de Molly quizás no habría actuado tan impulsivamente! Ahora él está tan perdido como ella. Y hace tiempo que por la radio sólo recibe estática…

Un segundo. ¿Es un gemido eso que oye? Comienza a dudar hasta de sus propios sentidos. Como él mismo dijo antes, alguien está jugando con ellos, dejándoles oír y ver sólo aquello que a él le interesa. Y esa sensación de ser dirigidos tan abiertamente no le gusta en absoluto.

Avanza cuidadosamente a lo largo del corredor acercándose al recodo tras el cual parece que se encuentra el origen del sonido. Alain Racine respira hondo, tratando de aliviar el creciente nerviosismo que le rodea. Esperando un ataque, cruza el recodo rápidamente, en actitud agresiva. Pero no hay nadie. El siguiente corredor continúa tan vacío como lo han estado todos los que le precedieron. No hay ningún peligro. Unos metros más allá, descubre el origen de los misteriosos gemidos.

Colgado entre del techo por unos voluminosos artefactos a modo de grilletes, de estructura muy similar a los que aprisionan sus pies, Peregrine encuentra varios cuerpos desnudos, con abundante sangre recorriendo sus brazos, tronco y extremidades procedentes de las numerosas laceraciones que cubren su cuerpo. En algunos puntos, las heridas punzantes son sustituidas por terribles quemaduras. Los habían enviado aquí en busca de la expedición, y ahora los había encontrado. Lástima que los moradores de esta estructura los hayan encontrado antes. Alain se acerca para examinar más detenidamente los cuerpos y observa, horrorizado, la crueldad con la que han sido tratados. Definitivamente debe calificar a los habitantes de esta estructura como hostiles, pues las heridas que han inflingido a estos pobres hombres rozan la tortura y el sadismo.

Algo llama su atención. Bajo toda la sangre que cubre su rostro, parece reconocer el rostro de uno de estos hombres, pero si es cierto, sería la última persona que esperaría encontrarse aquí. Según el expediente que le dieron, se trataba de una misión de rescate de una inocente expedición arqueológica, una misión relativamente sencilla que garantizase un rápido éxito y una mejor publicidad para el reciente grupo de héroes. Pero aquél individuo, si tenía razón, era todo menos un científico. Su guante aparta suavemente el cabello del joven, apelmazado por la abundante sangre que cubre su cabeza, siendo sorprendido cuando los ojos del hombre se abren repentinamente. ¡Sacre Bleu, estaba vivo!

-          ¡NO! ¡Pare ya! Pare ya…

-          ¡Mon die! Tranquilo mon ami. No pasa nada. He venido a ayudaros. Vamos a salir de aquí.

-          ¿Alain?... ¡Alain por Dios, ¿Qué haces aquí? ¡No debisteis venir! No debisteis venir…- le replica en medio de sollozos. Y es ahora cuando le escucha que Peregrine es capaz de reconocer su voz, confirmando sus sospechas: Robert Grenier, miembro del Departamento Gamma, la oficina de operaciones metahumanas de la Dirección General de Seguridad Exterior (DGSE), el servicio secreto francés, con el que ya había colaborado en otras ocasiones. Esto le confirma que no sólo los moradores de la estructura han estado jugando con ellos. Los han estado manipulando desde el principio. Si consiguen salir de aquí tendrá que hacer algo al respecto, se promete a sí mismo Peregrine.

-          Tranquilo Robert. Tranquilo. Te sacaré de aquí- le dice, intentando tranquilizarle.

-          Debes marcharte Alain. ¡Está loco! ¡No dejará que salgamos de aquí con vida! No debimos venir, no debimos venir…

-          No digas tonterías y tranquilízate. Encontraré el modo de sacarte de aquí.- le responde, tratando de manipular sus grilletes.

-          Déjalo Alain. No podrás hacer nada antes de que él vuelva. ¡Debes marcharte! ¡Sal de aquí lo más rápido que puedas! Sólo te pido un favor antes de marcharte… mátame. ¡Ten piedad y mátame! ¡No me dejes otra vez en sus manos! Ten piedad… - suplica el hombre entre sollozos. Alain no puede más que conmoverse mientras un escalofrío recorre su espalda.

-          ¡Basta, Robert! ¡No quiero oírte decir eso más, ¿de acuerdo?! Vamos a salir de aquí. Ahora dime quién va a venir. Dime quién te ha hecho esto…


-          Me temo que se está refiriendo a mí-se oye una potente voz a sus espaldas.- Pero debían saber que la muerte es el único destino que les puede esperar a aquellos que invadan los dominios del Amo del Mundo.

Continuará…