Presenta : A.C.A.M ( Agencia de Control de Actividades Metahumanas)

ACAM Capítulo cinco

Escrito por Sheriff

-Carlos está recuperándose en su casa y a Michelle le he dado unos días libres- les decía Sarah Jordan, comisario de ACAM a sus hombres-, por lo que sólo nos han pasado un caso.

-¿Y nosotros?- preguntó Mike

-Sólo un caso, pero hay muchas denuncias que han de ser atendidas: “mi vecino es un mutante” y otras cosas. Vayan casa por casa y déjense ver, así nos haremos un nombre y puede que nos suban el presupuesto.

-¿Y el caso?-preguntó Bill, con profundas ojeras

-Os esperan en La Cocina del Infierno, tomad la dirección

Bill cogió el papel que Sarah le tendía y salió del despacho. Detrás de él salieron Hassam y Mike, quedando solo Jim con el comisario.

-¿Qué quieres?-preguntó ella primero

-Quiero que me cambies de compañero

-Ufff- pareció que había apuñalado a la mujer-¿Por qué?

-No me cae bien

-¿”No te cae bien”? Ja ja ja…

-¿Me va a cambiar?

-¿Porque no te cae bien? ¿Estás de broma? Pues claro que no, qué idiota. ¿Cuántos años tienes?

A Jim las burlas le cambiaron la cara: de preocupación pasó a ira. Se dio media vuelta y cerró la puerta dando un portazo. “Mierda, no tenía que haber hecho eso, ella es mi superior”, pensaba mientras bajaba las escaleras. Se tocó la mano vendada, y a modo de resorte, le vino el recuerdo de los millones que tenía bajo la cama; en apenas unas semanas con Bill se había convertido en un corrupto y ahora no podía escapar de él. Con esos pensamientos en mente montó en el coche y dejó que Bill lo llevará hasta “La Cocina del Infierno”.

El tiempo había empeorado en la última semana, y de una temperatura claramente primaveral se había pasado a una tormenta eléctrica. Cuando Bill y Jim llegaron a la Cocina, la tormenta había aminorado lo suficiente para que se concentrara un grupo de curiosos frente a la escena del crimen. Aparcaron, cogieron unos impermeables y se dirigieron a la zona acordonada.

-Somos los de ACAM-le dijo Bill a uno de los policías-¿Qué nos puedes contar?

-Recibimos una llamada anónima, vinimos y nos encontramos con esto-le contestó el policía.

Los dos detectives se acercaron y vieron lo que en algún tiempo debió de ser una mujer, pero que ahora era irreconocible. Lo que más llamaba la atención era una herida que dividía parcialmente a la mujer desde el hombro hasta el pecho. Otras muchas heridas se repartían por todo el cuerpo, concentradas en las piernas que habían sido reducidas a pulpa de carne. La cara estaba desfigurada a causa de la hinchazón. Sobre ella trabajaba un forense.

-Habla tú con el forense, yo miraré entre el publico-le dijo Jim a Bill, sabía que muchos criminales volvían a la escena del crimen.

El forense clavó un termómetro en el hígado del cadáver, anotó la temperatura y se levanto.

-Ya he visto todo lo que quería aquí, en cuanto llegue al juez que se la lleven al laboratorio-dijo el médico.

-Doc-le dijo Bill-hablemos un rato.

-Apenas tengo nada, cuando haga la autopsia podrás venir a verme.

-Solo será un momento, quiero saber por qué se nos ha llamado a nosotros.

-Ven. - le contestó el médico mientras lo llevaba al cuerpo- Quiero que te fijes en las heridas de las piernas-dijo mientras las señalaba.

- Las veo.

   -Son mordeduras.  La boca que las hizo tiene un diámetro mayor que el de una boca humana.

   -¿Humanas?

-No sabría decírtelo, en estos tiempos que corren… pero ven, te voy a enseñar lo mejor de todo: la herida que le recorre el pecho.

-Sí, ¿qué pasa con ella?

-¿Y los moratones de las muñecas? Bien, creemos que la cogieron de los brazos y tiraron de ella, desgarrando su tronco; por la cantidad de sangre creo que aún estaba viva cuando se lo hicieron.

-Solo un meta podría hacer algo así. Un meta muy fuerte.

-Y muy loco- sentenció el forense.

Mientras, en otra parte de la ciudad, Hassam y Mike se interponían entre una mujer de 60 años y un hombre delgado y calvo.

-¡Arréstenlo!-gritaba la mujer mientras intentaba golpear al hombre calvo con una  escoba-¿No ven quien es?

-No, señora. -le contestaba Mike mientras era golpeado por la escoba- No sabemos quien es, pero quédese tranquila.

Mientras tanto, Hassam intentaba tranquilizar al hombre calvo.

-¿Ve lo que tengo que soportar? Se cree que soy un puto superhéroe…

- ¡Un superhéroe no, eres el maldito Surfista Plateado!

Cuando la mujer hizo esta afirmación, Hassam y Mike se miraron y los dos esbozaron una sonrisa. En verdad el hombre calvo se parecía al Surfista Plateado.

-Vamos, señora. ¿Qué le hace pensar que el Surfista Plateado sea vecino suyo? Yo creo que es un alienígena- intentó convencerla Hassam.

-No me trate como tonta. ¿Sabe cuántos meta-humanos viven en esta ciudad? ¡Claro que el Surfista Plateado podría ser mi vecino! Esa gente tiene que vivir en algún sitio, trabajar en algo. No creo que a ese asqueroso de Spider-man le pague el gobierno.

-Vamos, señora, no se preocupe. -siguió Mike- Además, aquí Plateado es uno de los chicos buenos.

-Oiga…-espetó el hombre calvo.

-Eso es lo él quiere hacernos creer, vino a la tierra para matarnos a todos,  pero cuando vio que los Cuatro Fantásticos ganarían la batalla, no dudo en cambiarse de bando, lo que ocurre es que nadie lo recuerda ya. Es como si hubieran pasado cuarenta años de eso… -al decir esto, la mujer se tranquilizo un poco- Dios, cómo pasa el tiempo…

Hassam aprovechó el cambio de actitud de la mujer y le acompañó a su casa, mientras Mike tranquilizaba al hombre y lo convencía para que no denunciara a la mujer.

Finalmente, montaron en el coche y se dirigieron a comisaría.

-¿Será posible que todos los casos cutres nos toquen a nosotros?-dijo Mike.

Hassam agachó la cabeza debido a un repentino sentimiento de culpa.

Mike aparcó el coche y entró junto a Hassam en la comisaría de policía. En la puerta estaba esperándolos Charlie, el viejo policía amigo de Bill, que se encargaba de vigilar la puerta.

-Os estaba esperando.-les dijo- El comisario os ha dejado un “regalito” -los llevó hasta una mujer sentada en una silla de plástico. Lo primero que notaron Mike y Hassam es que la mujer estaba muy demacrada; además, el pelo lo tenía sucio y lleno de nudos, la ropa era vieja y estaba destrozada. Charlie los dejó solos con la mujer.

Mike se percató que la mujer estaba muy nerviosa, así que para no asustarla tomó una posición de inferioridad ante ella y se agachó flexionando las rodillas.

-Cuéntame lo que le pasa.

-Se lo dije a sus compañeros, se lo han llevado-a la mujer le costaba trabajo hablar. Además, tenía un acento muy fuerte que ni Mike y Hassam supieron identificar.

Mike intentó que la mujer se explicara mejor.

-¿Qué se han llevado?, ¿Quién se lo ha llevado?

-Se han llevado a mi Dennis, usted no lo entiende… él nos defendía en el mundo subterráneo, y ahora se lo han llevado…

-“Mundo subterráneo”…-murmuró Mike. Ahora comprendía Mike lo que Charlie les quiso decir con lo de “regalito”.

   -¿Lo han secuestrado?-pregunto Hassam

-Los de la parte norte del río, fueron ellos, y ahora no puedo ir a buscarlo, por eso vengo a ustedes. Yo no puedo, pero ustedes sí…

Mike, más relajado, le preguntó con un tono claro de burla hacia la mujer: -¿Y por qué se han llevado a su Dennis?

La mujer se secaba las lágrimas. - Porque ellos nos echan la culpa de habernos llevado a su campeón, por eso se llevaron al nuestro, ojo por ojo, es la ley de allí…

-¿Tan importante es su Dennis?

-¿No me creen? Pues Dennis es un vengador, ¿saben? D-Man, le llaman

En la Cocina del Infierno, Jim sacaba fotos del público que se había concentrado alrededor de la escena del crimen. De vez en cuando bajaba la cámara y descansaba la vista. Aun recordaba lo sucedido el día anterior, pero lo recordaba todo como si hubiera sido una pesadilla. ¿Cómo pudo golpear el espejo? Se miró la mano y sonrió.

Volvió a mirar hacia la multitud, y se fijó en una chica morena que miraba el cuerpo. Llevaba un abrigo largo encima de un traje de mayas y calzaba tacones de aguja; en un momento sus ojos se cruzaron, la chica agachó la mirada y se marchó.

-Mierda- dijo en voz alta Jim mientras se saltaba el cordón policial. Empujó a la gente que estaba allí, ignorando sus preguntas, sólo para descubrir que la había perdido. ¿Dónde estaba? Jim miró a su alrededor y vio como la chica doblaba una esquina y se internaba en un callejón. El policía echó a correr detrás de ella. Los pasos alertaron a su vez a la mujer, que también empezó a correr, pero al poco tiempo tropezó y cayó.

Jim se paró al lado de ella. El pelo le caía en la cara.

-Vamos, -le ordenó Jim- levántate.

 Mientras agarraba a la chica del brazo y la levantaba, esta se revolvió y arañó a Jim en la cara.

-Mierda, ¿te voy a tener que esposar?-le amenazó Jim mientras tiraba de ella.  Cuando se acercó la chica, vio que se trataba de una mujer latina, de no más de 20 años; el cabello negro le caía por la cara, llena de furia. Jim parpadeó un momento, golpeado por la belleza de la mujer.

-¿Qué ha pasado?-la voz era de Bill, que se les acercaba por detrás, internándose en el callejón.

-Cuando la descubrí salió corriendo-le contestó Jim

-Vamos, -dijo Bill- llevemos a la putita a la comisaría.

En la misma comisaría, Hassam colgaba el teléfono. -Imposible contactar con los Vengadores. Deben de estar fuera, señora.

-Helen- contestó la mujer

Mientras Mike bajaba las escaleras que daban al despacho de Sarah Jordan, comisario de ACAM.

-¿Qué te ha dicho, Mike?- le preguntó Hassam

-Ven conmigo- Y una vez se hubieron apartado un poco de la mujer, le contestó - Me ha dicho que demos un paseo, que vayamos con ella. Mientras, ella intentará ponerse en contacto con Los Vengadores.

-Ya lo he intentado yo. -contestó su compañero- Están fuera.

Mike soltó una risotada sarcástica. -Si esa foca quiere putearnos, va lista, que le jodan. Pues si quiere que le demos una vuelta…

Volvieron a donde estaba la mujer

- Señora, llévenos donde tienen a su Dennis-dijo Mike acentuando la palabra “su” para burlarse de la mujer

-Mi nombre es Helen, y no podemos ir directamente, antes tenemos que ir a ver a los ancianos de la tribu.

Al escuchar esta afirmación a Mike se le abrieron los ojos como platos. Hassam,  al ver su reacción, dio dos palmadas en la espalda a su compañero.

-Genial.

A la salida se encontraron con Jim y Bill, que llevaban a una mujer esposada.

-Buena pesca -bromeó Hassam.

Bill y Jim condujeron a la mujer a la sala de interrogatorios y le dejaron esperando un tiempo para que se pusiera algo nerviosa.

- ¿No podríamos haber hecho esto en la calle?

-¿Y que vinieran todas las putas detrás gritando y fastidiando? Chico, a ti te falta rodaje.

-¿Para qué traerla aquí, y además esposada? ¿Necesitábamos tanto humillarla?-le preguntó Jim a Hill.

Bill sonrió a Jim –A ti lo que te pasa es que te la quieres follar- le dijo mientras  con el dedo índice le golpeaba en el hombro. Sin dejar tiempo para una respuesta de Jim, Bill se dio la vuelta y entró en la sala de interrogatorios.

-Tu nombre -preguntó Bill.

-Eva -contestó la mujer secamente.

-¿Por qué saliste corriendo, Eva?

La chica levantó las manos esposadas.

-Por esto.

En ese momento se les unió Jim, que sin decir nada se desplazó a una esquina de la habitación.

-Mira niña, tomamos fotos de la escena: a los psicópatas les gusta volver a las escenas del crimen. Después las cotejamos y buscamos una relación con la victima, pero tú…-Bill sonrió enseñando los dientes- Ni ellos son tan estúpidos como para correr como hiciste tú.

- Sé quiénes son ustedes, -le contestó la chica- y sé que solo tratan con superhéroes, así que supongo que a Melinda la mató un meta-humano de esos, así que dime, cabronazo: ¿crees que si yo hubiera tenido algo que ver estaría ahora aquí tranquila? Joder, hubiera atravesado la pared y volaría rumbo a Canadá.

Bill sonreía. - ¿Así que “Melinda”? ¿Os conocíais? Te robaba los clientes y por eso la mataste -Bill hablaba cada vez más rápido, intentando poner nerviosa a la mujer.

-No, no… -contestó ella- Melinda era amiga mía, escuché que algo le había pasado y fui a mirar, joder. Y ahora, ¿me puedo ir o necesito llamar a un abogado?

Bill movía la cabeza de un lado a otro. Por primera vez, Jim lo notó cansado

-Sí, márchese. No abandone la ciudad y déjenos un número de teléfono donde podamos contactar con usted.

-¡Oh, sí!- le contestó la muchacha con ironía

Jim, que no se había movido de la esquina durante todo el interrogatorio, la acompañó hasta la salida y le tendió un formulario.

-Por favor, rellénelo, en cuanto lo haya hecho puede marcharse. -le comentó Jim con apatía.

-Está bien -le contestó la muchacha mientras rellenaba el formulario.

-Siento…

Eva levantó la cabeza sorprendida

-Siento lo ocurrido. Que haya tenido que venir y todo eso.

-Ya

-No, en serio… pero compréndalo, es nuestro trabajo, tenemos que contemplar todas las posibilidades. Para pillar a los malos, ¿sabe?

-Claro, y si yo en lugar de una puta mexicana hubiera sido una blanquita vestida con abrigo de pieles, su trato hubiera sido el mismo, ¿verdad?

-¿Quiere tomar un café conmigo? -preguntó Jim.

-¿Cómo?-preguntó incrédula la mujer.

-Bueno, es parte de nuestro trato diferenciado. -contestó Jim esperando ser gracioso- Aquí cerca hay una cafetería. ¿Quiere venir a tomar un café?

-¿No se meterá en un lío?

-No creo. Además, otro más no me importa.

-Ja, ja… está bien, acepto. Pero solo por lo surrealista de la situación. Además, no quiero volver a la Cocina, ¿sabe? -contestó la mujer mientras sonreía satisfecha.

Las nubes, que habían estado descansando unas horas, empezaron a descargar furiosas sobre Hassam, Mike y Helen. Los tres estaban al lado de una boca de alcantarilla abierta.

-Es por aquí -les dijo Helen con su fuerte acento mientras bajaba por una escalera hacia la alcantarilla.

Mike suspiró.

-Has estado mosqueado todo el día. ¿Qué te pasa?

-Es la manía esa de putearnos que ha cogido la comisario.

-Por la parte que me toca, lo siento -le contestó Hassam.

-No te echo las culpas a ti Hassam. Además, estoy cansado…

-¡Vamos! -les gritó Helen desde la alcantarilla

-Será mejor que bajemos -le dijo mientras ponía el pie en la escalera.

Una vez abajo, lo primero que sintieron Hassam y Mike fue un fuerte y  desagradable olor. Helen, dándose cuenta, les comentó:

-Con la lluvia se remueve toda la porquería que hay acumulada -mientras dirigía el haz de luz de su linterna al agua que corría al lado de ellos.

Helen se puso en marcha mientras los dos policías la seguían; les fue guiando por una infinidad de pasillos, de los cuales muchos parecían abandonados. Finalmente, llegaron a un túnel bastante más pequeño que en los que habían estado. Además, estaba parcialmente tapado por unos tablones cruzados.

-Es por aquí -les indicó la mujer mientras retiraba los tablones. Dejó pasar a los policías. Después pasó ella, y a continuación volvió a poner los maderos en su lugar.

Siguieron avanzando diez minutos por el pasillo. El tiempo pasado había sido suficiente para que ambos olvidaran el olor. Mike movió el haz de luz por la pared y vio unos dibujos hechos con colores de madera. Representaban a unos hombres con lanzas

-¿Y esto? -preguntó Mike a Helen

-Es una pintura de nuestra civilización -contestó orgullosa ella. Mike se fijó en que el porte de la mujer había cambiado: de la mujer insegura y llorona que habían conocido, se había transformado en otra mujer más orgullosa. ¿Dónde se produjo el cambio? Mike lo dudaba, pero suponía que había sido al entrar en las alcantarillas.

-Ya estamos –anunció, mientras miraba con satisfacción la expresión de sorpresa en las caras de los dos policías.

Helen les había conducido a una amplia sala bajo el suelo donde, como una pequeña ciudad donde se levantaban chabolas, sus ciudadanos andaban por las calles con ropas raídas. De la iluminación se encargaba unas antorchas dispuestas por toda la habitación.

-Ahora tenemos que hablar con los ancianos.

Los habitantes de la ciudad subterránea miraban con apatía a los hombres mientras susurraban con el mismo acento con el que hablaba Helen. Finalmente, llegaron a un edificio que se encontraba en el centro de la ciudad, construida con palés. Helen les invitó a pasar, pero se quedó fuera.

-¿Tú no entras?

-La entrada está prohibida a las mujeres.

-Vaya.

La casa se componía de una única sala, levemente iluminada por un fuego, alrededor del cual se sentaban tres hombres viejos con largas barbas.

-No sé lo que estamos haciendo aquí -le murmuró Hassam a Mike

-No lo sé, tú déjate llevar. Yo llevo haciendo eso todo el día…

-¿Saben para qué han venido? ¿Se lo ha explicado Helen? -les dijo uno de los ancianos.

-Sí, ella nos lo ha explicado -le respondió Hassam.

-Pero por favor, explíquense, así sabremos lo que conocen y podremos contemplar su información.

-El amante de Helen, Dennis, antiguo superhéroe, ha desaparecido. -contó Mike con tono mecánico- Lo tienen los de más allá del río, y… ha sido secuestrado porque ellos les responsabilizan la desaparición de su propio campeón.

-Lo que pensábamos -dijo uno de los ancianos a otro.

-Sí -contestó el otro.

-Deben de saber, -dijo el tercero- que Dennis es nuestro campeón. Siempre ha habido rivalidades con la tribu de más allá del río. Por eso, a lo largo de los años hemos tenido un campeón, un guerreo, para persuadirles de que nunca nos atacaran. Nosotros encontrábamos a uno y ellos se buscaban otro. Pero las cosas se han puesto feas en los últimos años; muchos de los nuestros que salen a la superficie nunca vuelven; el territorio subterráneo es sagrado, pero el exterior no; así que esa tribu nos ha estado cazando en la superficie. -unas lagrimas se deslizaron por las arrugas del anciano- Hemos perdido muchos amigos.

-Así que cuando llegó Dennis, fue una bendición para nosotros, y cuando empezó su relación con Helen, sabíamos que nunca se marcharía. Pero ellos buscaron otro campeón metahumano, y todo seguía igual. Pero al tiempo su protector desapareció y ellos nos han responsabilizado a nosotros. Aquí se rige la ley del talión, y por eso, en un momento de debilidad se han llevado a Dennis, y ahora estamos asustados. No saben como son…

-Está bien, está bien, -dijo Mike- ya nos encargamos nosotros.

Los dos policías salieron de la cabaña.

-¿Habéis hablado con ellos? -les preguntó Helen

-Más bien han hablado ellos -le contestó Hassam.

-Os tengo que llevar hasta ellos, vosotros hablareis por mí. Tenéis que saber una cosa, aquí vuestra autoridad no sirve…

-Eso ya lo veremos-le contestó Mike

-No, -contestó Helen- os digo esto para que tengáis cuidado. Os he traído porque sois gente de fuera, podéis ser neutrales.

-Está bien, pero si voy a tener que vérmelas con una panda de caníbales prefiero hacerlo con los SWAT detrás. Llamaremos a los refuerzos -dijo Mike.

-¡No!, Eso no, ¿no veis lo que nos harían si nos descubrieran? Nos echarían de aquí

-Ni siguieres pienses que voy a meterme solo, con mi mujer embarazada, ¡para morir en las alcantarillas!

La mujer temblaba de nerviosismo. Hassam se compadeció de ella.

-Tío, espera. Mira: vayamos, miremos, y si la cosa se pone mala, nos damos la vuelta.

-¡Eso! -gritó la mujer- Vamos, seguidme.- y se puso en camino.

-Espero que estemos haciendo lo mejor -le dijo Mike a Hassam.

-Ya verás como sí. -le contestó este- Helen, por cierto, ¿cómo se llama el campeón de la gente de más allá del río?

-Kaine.

-Joder. -sentenció Mike.

Antonio Luís González Sánchez                                       ptlsheriff@hotmail.com

Traducción: Diego Guerra                                              robbersoul@hotmail.com