“Durante los días de la Segunda Guerra Mundial un grupo de hombres misteriosos lucharon juntos como el primer supergrupo de todos los tiempos. Ahora algunos de los viejos héroes se unen a una nueva generación siguiendo adelante con el legado. Hoy la Sociedad de la Justicia de América sigue viva.”

DC Comics y Action Tales presentan: JSA

 


JSA # 1

La Edad de Oro I de III: Orígenes”

Escrito por José Luis Miranda

Portada: Mark Sparacio

Fecha de publicación: Agosto de 2006

Nota del Editor: Empieza por fin otra de las series imprescindibles dentro del Universo DC, la protagonizada por la Sociedad de la Justicia y que tiene como escritor a José Luis Miranda. A falta de futuros cambios de planificación (que os indicaremos cuando toquen, claro) los tres primeros episodios forman una saga que narra el origen del grupo. El cuarto capítulo ya estará situado en el presente y contará con Nerocles como escritor. Más allá de esto es posible que Miranda vuelva para otro arco argumental. Sea como sea lo importante es que ahora es el momento de comenzar...

Prólogo.

Junio de 1938.

En algún lugar del universo.

El Espectro estaba a punto de morir. Estaba destrozado. Sentía como perdía a borbotones la energía mística que le animaba. Recostado entre las estrellas, derrotado y moribundo empezó a recordar su larga vida.

Vio su principio. Cuando era el ángel Rafael, personificación de la Ira de Dios. Protegido, privilegiado y amado por el Creador. Sin embargo, no se sentía satisfecho. En su corazón nació la ambición y exigió al Creador dirigir parte del universo. Al no ver cumplidas sus expectativas, se unió a la rebelión que encabezó Lucifer contra el cielo.

La guerra estremeció el universo. Al final, Lucifer fue derrotado y sus cohortes desmanteladas. Entonces, Rafael puso fin a sus ambiciones y arrepentido, suplicó el perdón de Dios. La Presencia se lo concedió. Fue convertido en su servidor, pero alejado del cielo. Debería vagar por la Tierra. Bautizado como el Espectro destruyó Sodoma y Gomorra, derribó los muros de Jericó e inundó la Tierra cuando se salvó Noe.

Llegó un día en el que Dios comprendió que la venganza y la ira no servían para indicar el camino a los seres humanos. Por ello, prefirió la compasión y se hizo hombre en Jesucristo. El perdón inundó el corazón de Dios y los espíritus de la venganza quedaron dormidos en el limbo. Sólo podían salir de él uniéndose a un mortal que acabase de fallecer. Así, lo hizo el Espectro durante siglos en varias encarnaciones. Negado el cielo, retornó a la Tierra para recorrerla ayudando a los necesitados y castigando a los culpables

Los recuerdos cesaron. El Espectro volvía a la realidad presente de 1938. La muerte se acercaba. Su encarnación humana había sido destruida y su poder inmortal se deshacía por momentos. Recostado en la inmensidad del espacio, la antigua Ira de Dios, gemía:

-          Padre, no puedo acabar así. No es justo. Mi vida ha sido larga, pero me niego a aceptar este final. ¡¡¿No me oyes Padre?!!

El silencio gobernaba el universo.

-          Es inútil, he sido castigado por mi soberbia. Me creí invencible. No pensé que Abaddon[1] fuese tan poderoso. Su fuerza me superó. Y ahora muero, lejos de aquel planeta al que he llamado hogar y lejos del cielo. Dios, si la muerte es mi destino, ¡¡hazlo pronto, mátame ya o dame una nueva oportunidad!! Sé que me oyes, sé que estás ahí. Renueva mis energías... Por favor, haré las cosas de otro modo... Soy el único que puede detener a Abaddon.

            Abaddon se encontraba muy lejos de allí, pero ya planeaba la mismísima caída del cielo. La segunda rebelión. El Espectro sentía llegar el fin.

-         La era de las maravillas ha terminado. Se está acabando mi tiempo. Mi muerte es inevitable. Padre, a tu voluntad me entrego.

Cerró los ojos y se dispuso a aceptar la muerte.

En ese mismo instante, una enorme explosión estremeció el universo. Un planeta estallaba con una fuerza inusitada. Millones de almas perecieron. La energía generada inundó al Espectro violentamente. Regeneró sus heridas y le insufló nueva vida. Pronto, recuperó parte de su antiguo poder y lo utilizó para terminar de sanarse. Asombrado no acertaba a pronunciar palabra. Más asombro obtuvo cuando apreció que una nave escapaba de la terrible destrucción. Concentró sus poderes en el interior de la nave y empezó a leer la información de los cristales que la dirigían:

-         Un niño ha sobrevivido. Su nombre... Kal-El. Se dirige hacia la Tierra. Tardará décadas en llegar. La matriz le mantiene en proceso de desarrollo sin permitirle crecer hasta que no llegue a su destino.

El Espectro se concentró aún más y quiso averiguar algo del futuro del niño. Generalmente le era muy difícil ejercer esa habilidad. Pero, en este momento, sus energías místicas estaban al cien por cien. Se sentía capaz de hacerlo todo.

-         Su futuro... Luchará por la verdad y la justicia. Será compasivo y justo. Será la fuerza del bien más grande que jamás haya conocido la Tierra. No puedo rendirme entonces. Esto es una señal. Debo hacer que las vidas que se han perdido aquí, en este mundo… Krypton, tengan valor.

El Espectro se puso de pie. Cerró los ojos. Al abrirlos estaba a unos kilómetros de la atmósfera de la Tierra. Extendió sus manos y de ellas brotó una fina lluvia energética que bañó el planeta:

- Haré que el azar vuelva a sembrar de maravilla las vidas de varios seres humanos. La Tierra tiene que estar preparada para la llegada del niño. Algo cambiará en este planeta desde este día. Hoy comienza una verdadera edad de oro. Hoy comienza una nueva era de maravillas.

La lluvia mágica se introdujo en la atmósfera, en el agua y en la tierra del planeta. Las leyes naturales cambiaron desde ese día de una manera casi imperceptible. Pronto se verían sus efectos.

Capítulo 1. El despertar de los héroes.

Junio de 1938.

El mundo no vivía sus mejores momentos en 1938. Hitler invadía Austria en marzo ante el silencio de todas las potencias internacionales. El nazismo, con su ideología dictatorial y racista, se extendía como la peste por una Europa temerosa y sin respuesta. Todavía se notaban los efectos de la depresión mundial en las economías del mundo. España estaba inmersa en una cruenta guerra civil. En Italia gobernaba la dictadura fascista. La Segunda Guerra Mundial estaba a punto de comenzar.

La magia del Espectro, mezclada con los diferentes elementos y fuerzas naturales inspiraba y aumentaba el valor de muchos hombres y mujeres. Por ejemplo, el Doctor Occult,[2] cuya carrera contra las fuerzas del mal había comenzado en 1935, se había retirado en 1937 debido a un terrible caso que costó la vida de la persona a la que amaba. Aquel día de 1938, la energía del Espectro, propició que decidiera salir de su retiro y volver a combatir la maldad. Además, sus poderes mágicos fueron reforzados. Otro fue Speed Saunders,[3] aventurero que había sufrido un accidente terrible en 1937 que le provocó la rotura de ambas piernas y daños en la columna vertebral. La energía del Espectro le devolvió la vitalidad anterior al accidente. E hizo que su cuerpo se fortaleciera, siempre tendría la edad biológica de un hombre de cuarenta años.

También, en junio de 1938, la energía mágica inspiró a Zatara, el Mago.[4] Giovanni “John” Zatara era un emigrante italiano que actuaba desde los 19 años en teatros. Sus conocimientos mágicos, ya existentes, se fortalecieron, convirtiéndose en uno de los más poderosos hechiceros. Utilizó sus habilidades para ayudar a los más desfavorecidos.

En octubre de 1938, Lee Travis, se colocó, por vez primera, un antifaz rojo para combatir los efectos del pánico que produjo la retransmisión radiofónica de la novela de H.G. Wells, la Guerra de los Mundos, por Orson Welles. Luego, combatiría el crimen con la identidad del Vengador Carmesí.[5]

Una edad de maravillas estaba surgiendo. Pero, centrémonos en los hombres que serían los fundadores de la Sociedad de la Justicia. Comencemos por el orden cronológico de su presentación al mundo:[6]

Capítulo 2. Sandman[7]

Julio de 1939.

Wesley Doods, vivía un infierno cada vez que llegaba la noche. Desde hacía varios años, sufría pesadillas terribles. Prácticamente todas las noches, despertaba lloroso y empapado en sudor. La temática era de lo más variada: sueños premonitorios que llegaban a hacerse reales, monstruos que torturaban víctimas indefensas, villanos que se unían para arrasar países. Incluso, en junio de 1938, soñó repetidas veces con la explosión de un planeta. Pero, sin duda, el sueño que más se repetía era el de un hombre alto que llevaba un extraño yelmo y una enorme capa. Ningún médico era capaz, siquiera, de mitigar tales pesadillas.

Cuando la energía del Espectro le bañó, supo lo que tenía que hacer. Se colocó una máscara antigás de la primera Guerra Mundial, una pistola con gases adormecedores, un sombrero, un elegante traje de caballero verde oscuro, una capa morada y salió a las calles a combatir criminales con el nombre de Sandman. La máscara le cubría todo el rostro e impedía que los gases que utilizaba para dormir a sus enemigos le afectaran. Esa máscara le otorgaba una apariencia, cuando menos, inquietante.

A veces, pensaba que lo hacía para ocupar el lugar de alguien. De algún ser misterioso que estaba fuera de su sitio. Su deber era reemplazarle. Wesley no podía saber que la entidad llamada Sueño había sido capturada y que el universo necesitaba  una forma de sustituirle.[8] Su meta: conseguir que en las calles imperara la justicia.

En sus viajes por oriente habían aprendido ciertas artes marciales, que practicaba a diario. Luchaba contra su tendencia a engordar. Todos los días seguía una tabla de ejercicios que se había autoimpuesto. No le hacía mucha gracia entablar pelea alguna, pero su voluntad era férrea. No podía arredrarse ante las dificultades.

La primera noche que se disponía a salir se detuvo y observó todo el equipo. Miraba la capa, el sombrero, el traje encargado a medida en la mejor boutique de Canadá, pero sobre todo, miraba la máscara de gas. Sus pensamientos iban a la velocidad de la luz:

-         Sólo tengo que vigilar el parque. Sí, hoy daré una vuelta por el parque. Quizá llegue hasta la Feria Mundial de Nueva York, ese loco que escribe cartas a los diarios diciendo que la va a sabotear puede rondar por allí. Sí, sólo debo ponerme el traje y salir… pero bueno, ¿qué te retiene Wesley? ¿aparte del hecho que estés hablando solo? Lo sabes, ¿verdad? ¡¡Claro que lo sé!!-  se gritó a sí mismo. Es el miedo. Pero, no va a pasar nada. Ya me hago ciento veinte flexiones diarias. Y aguanto dos horas corriendo. Además, están las artes marciales que practiqué en La India. Lástima que esta barriga no quiera dejarme por completo. Y, seamos claros, no voy a pelearme. Si me encuentro a algún criminal, sólo tengo que enfocarle con esta pistola y apretar el gatillo. El gas les dormirá. Yo estaré protegido con mi máscara. Bueno, entonces a qué estoy esperando… joder, el miedo, el miedo…

Doods estuvo más de una hora mirando fijamente su traje y sus armas. Finalmente se lo puso y se miró al espejo. Desde luego se veía amenazante.

-         Si yo fuera un criminal moriría de terror. Voy a salir.

Llegó hasta el garaje, levantó la puerta y se sentó en el automóvil. Estuvo sentado otra media hora sin decidirse a arrancar. Miró un par de saquitos de arena que había guardado en los bolsillos de la chaqueta. Iban a ser una especie de tarjeta de presentación.[9] Por fin, llevo la mano al contacto del coche y arrancó.

Era noche cerrada. Nada más salir, la sensación de sentirse amenazante se convirtió en la de sentirse el ser más estúpido del mundo al ir conduciendo con máscara y capa. Condujo hasta Central Park. No había nadie. Todo estaba silencioso. Aparcó en la zona más recóndita y empezó a pasear por entre los matorrales.

-         Me siento imbécil, ¿qué demonios esperaba encontrarme? ¿Diez asesinos armados con cuchillos entre los árboles?

Retornó al coche y se dirigió a la Feria de Nueva York. Iba a inaugurarse al día siguiente. Un fanático había amenazado con sabotearla. Se hacía llamar el Fantasma de la Feria. De nuevo, aparcó en un lugar oculto y alejado de la Feria. Paseo por el exterior de las instalaciones. Ni un alma, ni un sonido. Cuando iba a marcharse, lo escuchó. Era un tic-tac que subrayaba el paso de los segundos. ¿Un tic, tac? ¿A estas horas de dónde…? Enfocó su linterna hacia donde provenía el sonido y la vio. Era una bomba casera. Unos cartuchos de dinamita con un reloj que provocaría la explosión al llegar a determinada hora. Todo ello, a dos metros y medio sobre su cabeza. La bomba estaba situada estratégicamente para que uno de los pabellones se desplomara. Los pensamientos de Doods se atropellaban:

-         ¿Una bomba? ¿Qué demonios hago? No tengo ni idea de cómo desactivarla. Espera… son cartuchos de dinamita, lo único que tengo que hacer es mojarlos o simplemente quitar el reloj… Pero, ¿a qué hora estará conectada? ¿Y si queda un minuto y cuando la esté cogiendo me estalla en la cara? ¡Madre de Dios! ¿Qué hago? ¿Me largo? ¿Aviso a la policía? Espera, espera, faltan diez minutos para las dos. Claro, seguro que estalla a las dos. ¿Seguro? Sí, sí… seguro. Debe ser. Tengo diez minutos para subir y desengancharla y … ¿y qué? ¿Me la como? No, no te pongas nervioso… La fuente, allí hay una fuente. Eso es. La cojo y la introduzco en el agua. ¿Cómo subo hasta allí?... La escalera, tengo una escalera plegable en el maletero. Venga, venga…

Wesley echó a correr hacia el coche como un desesperado. Llegó hasta él, abrió el maletero y cogió la escalera plegable. Con ella en las manos se dirigió de nuevo al pabellón. Wesley resoplaba, a pesar de que iba a correr casi todos los días. Los nervios, el peso de la escalera … Llegó a los pies de la bomba, miró el reloj.

-         Cinco minutos, joder quedan cinco minutos. Venga, tiempo suficiente.

Subió apresuradamente. Se puso de puntillas en el peldaño más alto y alargó lo que pudo sus brazos. Cuando estaba a punto de alcanzar la bomba la escalera se cerró y Wesley cayó al suelo estrepitósamente.

-         Mierda de escalera plegable… el seguro… no le puse el seguro.

Dolorido por el costalazo, Wesley se levantó. Volvió a montar la escalera, cerró, esta vez, sí, los anclajes y volvió a ascender. La bomba estaba atada con varias cuerdas. ¿Cómo iba a cortarlas? No tenía ni tijeras, ni una mísera navaja. Sacó las llaves de casa y empezó a intentar serrar la cuerda. Era inútil. Miró el reloj, tres minutos para las dos.

-         Mierda, mierda.

 Sacó su pistola y arrancó de ella un pedazo de metal que estaba suelto. Era afilado, con él empezó a cortar la cuerda. Iba lentísimo, volvió a mirar el reloj. Un minuto.

-         Maldita sea…, maldita sea… Venga, venga.

Empezó a tener éxito y la cuerda empezó a deshilacharse.

-         Segundos… puede estallar en cualquier momento…

Por fin, la cuerda cedió. La emoción le hizo perder el equilibrio y volvió a caer propinándose un auténtico costalazo. La bomba cayó justo entre sus brazos. Se levantó de un salto y fue corriendo hasta la fuente. Cuando la iba a depositar allí, una voz sonó a su espalda:

-         ¡¿Qué demonios te crees que haces?!

Era otro enmascarado, sin duda el Fantasma de la Feria, con una capa que le cubría el cuerpo y una especie de máscara de cera sin rostro.

Wesley quedó paralizado, con la bomba entre las manos y sin saber que decir. El Fantasma llevaba una pistola entre las manos y se acercaba hacia él amenazante.

-         Entrometido hijo de puta, ¿quién te crees que eres? Deja la bomba en el suelo o te coso a balazos.

Wesley decidió que era hora de componer su papel:

-         Uh…, detente… o… o… o sufre los sueños… oscuros de Sandman…

No sonó muy convincente. De hecho, al no hablar en voz muy alta, estar aún resoplando y tener la máscara puesta el Fantasma sólo escuchó un simple:

-         Uh, bebenbe..ooo bubre …bos …buebos boburos de banban

-         Jodido chalado. ¡Deja la puta bomba en el suelo!

Wesley miraba el reloj. Aquello que tenía entre las manos podía estallar en cualquier momento. Actuó sin pensar: la arrojó a la fuente e intentó refugiarse detrás de un árbol. El Fantasma disparó y le acertó en el hombro. Wesley cayó al suelo, su pistola de gases había quedado al pie de la escalera, estaba muy lejos. Su hombro ardía y el Fantasma ya estaba a su lado apuntándole con la pistola.

- Bueno, tenías que hacerte el héroe. Despídete del mundo…

Wesley cerró los ojos. Vaya carrera más corta había tenido como justiciero. Sin embargo, en aquel momento la bomba explotó. La fuente se fragmentó y uno de los pedazos salió disparado golpeando en la espalda al Fantasma. Su tiro fue a las nubes. Wesley no dudó. Se levantó y corrió hacia su pistola de gases. El Fantasma seguía aturdido. Buscaba con la mirada a Wesley. Cuando le encontró Wesley tenía en la mano su arma. Ahora sí, reunió todo el aire que puso en sus pulmones y gritó:

-         Soy Sandman. Acabaré con los malvados y preservaré el sueño de los justos.

Dicho lo cual, apretó el gatillo y los gases verdosos envolvieron al Fantasma desmayándole casi en el acto. Después, sacó un papel arrugado de su chaqueta y un lápiz y escribió una nota para la policía:

-         Una de las pesadillas de la ciudad duerme. Nadie escapa de mis sueños.

Firmó como Sandman. Situó la nota al lado del Fantasma. Sacó uno de los saquitos con arena y esparció un poco por encima de la nota. Después, situó el resto encima para que no volase. Por último, recogió la escalera y se alejó de allí. Ya escuchaba como la explosión atraía gente. Cuando llegó a casa descubrió con alegría que la bala sólo le había rozado. Aún así, se curó la herida, se tumbó en la cama y empezó a sonreír. Aquella noche no tuvo una sola pesadilla.

            Sandman se convirtió en poco tiempo en una leyenda urbana. Deteniendo asesinos en serie, maltratadores, ladrones. Llegaba donde la policía no era capaz. Su pericia y habilidad aumentaban cada año. Su reputación se extendía por la ciudad de Nueva York.

Capítulo 3. Flash.[10]

Enero de 1940

Jay Garrick acudía a las clases de la Universidad de Midwestern cuando vio a Joan Williams. Como siempre, la visión de aquella mujer cautivó hasta el mínimo impulso de sus cinco sentidos. Se dirigió hacia ella, pero Joan fingió no verle y continuó el paso. Jay la llamó gritando:

-         ¡Hola…! Joan, Joan, espere.

Joan se hizo la sorprendida y se detuvo.

-         Oh, Jay… Es usted.

-         Sí, Joan. Qué prisa llevaba. Tengo que hacerle una pregunta. Sé que nos conocemos poco, pero quería decirle que si… bueno, querría usted ser mi pareja en el baile de la victoria.

-         Yo…yo, Jay… creo que no.

-         ¿No…?

-         Es que Bull Tyron, el capitán del equipo de fútbol ya me ha invitado…

-         Bueno, en ese caso no… no la molesto más. Nos veremos en clase…

-         Espere… además hay otra razón…

-         ¿Otra…?

-         Bueno, es que usted es un hombre de un cerebro privilegiado y… mírese… tiene una buena constitución física. No debería ser de ninguna manera… el…

-         El aguador del equipo.

-         En efecto, es ridículo. Si saliese con usted, sería la chica del aguador. Se burlarían de mí. Usted debería ser una de las estrellas del equipo y no…

-         Es decir, que no vendrá conmigo al baile porque soy un simple aguador.

-         No quería ofenderle…

-         Joan…, le demostraré lo que puedo llegar a ser.

Ese mismo día Jay habló con el entrenador Bullock. Un hombre rudo, bronco. Acostumbrado a forjar equipos campeones. Jay le explicaba…

-         Señor Bullock, quiero pedirle un favor.

-         Tú dirás chico, pero que sea rápido. Tenemos entrenamiento en cinco minutos.

-         Verá… me gustaría…

-         Chico, suéltalo ya. Parece que me vas a decir que quieres salir conmigo.

-         Bueno, quiero dejar de llevarle el agua a los jugadores y recoger sus cascos…

-         ¿Quieres dejar el equipo?

-         No, no. Quiero ser jugador. Quiero jugar.

De repente, el entrenador Bullock se quedó mirándolo fijamente sin pestañear. Sí Jay se hubiera transformado en una gallina y se hubiese puesto a picotear la mesa no se habría sorprendido tanto. Cuando el efecto de la sorpresa cedió, el entrenador Bullock empezó a reír desenfrenadamente:

-         Jo, jo, jo, jo, jo, jo, jo, jo, jo, jo, jo, jo, jo…

-         ¿Le resulta muy gracioso?

-         Hijo, voy a ser claro. No tienes ni puta idea de jugar al fútbol. Tendrías más opciones pidiéndome que me casara contigo. Joder, Jay, eres un chico excelente. Ya sé que sacas unas notas extraordinarias en todo… Pero… ¿el fútbol? Joder, chico, esto es cosa de hombres. Yo siempre he pensado que tú, bueno, ya sabes…

-         ¿Qué yo qué…?

-         Bueno, que tú eras de esa clase de chicos que van por la acera de enfrente, no sé si me entiendes…

-         ¿Está insinuando que yo…?

-         Joder, Jay, sí, narices, sí… marica, maricón, julandrón, ¿en qué idioma te lo digo? Oye, y que conste que yo te he respetado, que yo no tengo nada en contra de…

-         ¡Entrenador, soy tan hombre como cualquiera y lo voy a demostrar! Deme una oportunidad. Una sola… Déjeme jugar en el partido de entrenamiento. Le demostraré de lo que soy capaz…

-         Chico, …

-         Por favor.

-         Bueno, de acuerdo… Tendrás una oportunidad. Ponte ese casco y ven.

Jay lo intentó. Tuvo que soportar las risas de todos cuando el entrenador le puso en el equipo. Allí estaba Bull Tyron que no le quitaba ojo. Ya se había enterado que Jay pidió a Joan una cita. Sólo pensaba en demostrarle que no debía volver a acercarse a Joan. Jay recibió el balón, lo agarró fuertemente e intentó correr. Tyron era mil veces más rápido se lanzó y derribó a Jay. Así tres y cuatro veces. Todo el equipo se reía y Tyron cada vez le placaba con más fuerza. Jay no se rendía, cada vez que caía volvía a levantarse y a pedir el balón. Pero cada vez acababa en el suelo con nuevas magulladuras. Al fin, el entrenador detuvo el entrenamiento:

-         ¡¡Basta, basta chicos!! Es suficiente. Cinco minutos de descanso. Jay ven aquí.

Jay se acercó con el casco en la mano. Apesadumbrado. Las risas de los demás seguían oyéndose.

-         Mira chico, lo has intentado. Esto no es lo tuyo. Te falta fuerza y velocidad. Tienes los pies de plomo. Venga, vete a casa y descansa.

-         Entrenador, quizá con algo más de entrenamiento…

-         Mira, quizá si volvieras a nacer y te reencarnaras en Dutch Clark[11] tendrías alguna oportunidad.

Jay arrojó con rabia el casco al suelo y se encaminó cabizbajo a la salida. El entrenador volvió a dirigirse a él:

-         Pero, chico, ¿es que no vas a repartir hoy agua?

-         Entrenador, búsquese a otro.

Sin embargo, Jay era un brillante estudiante. Capaz de competir en conocimientos con sus profesores de Química. Llevaba un par de años realizando experimentos con una sustancia llamada agua pesada. Era un extraño líquido con unas propiedades extraordinarias. Cuando impactaba algo en su superficie el líquido se convertía en vapor. Esa noche Jay y el profesor Hughes analizaban de nuevo la sustancia.

-         Tenemos que avanzar, Jay. Debemos separar los elementos que componen este agua pesada.

Llevaban tres horas trabajando cuando el profesor tuvo que irse. Jay se comprometió a terminar el experimento. Eran las tres y media de la madrugada. Jay estaba cansado. Tenía agujetas y le dolían los moratones que tenía.

-         Necesito un cigarrillo, se dijo a si mismo.

Encendió el pitillo y se apoyó en la mesa del experimento. Al estirarse hacia atrás tocó accidentalmente el frasco con el agua pesada y cayó al suelo. Jay intentó atraparlo en el aire, pero fue demasiado tarde. El cristal se fragmentó y el agua pesada se convirtió inmediatamente en gas. Jay inhaló los gases perdiendo en segundos el conocimiento. Los gases le hubieran matado de no ser porque la energía del Espectro había cambiado imperceptiblemente su composición.

Jay estuvo tres semanas entre la vida y la muerte en el hospital. Sin embargo, el día que abrió los ojos parecía haberse curado por completo. No sentía la más mínima molestia. Realmente no se había sentido mejor en su vida. Cuando se vestía en el hospital para volver a casa, vio desde la ventana de su habitación como Joan perdía el autobús. Jay, queriendo volver a saludarla, salió corriendo para alcanzarla sin percatarse de que su velocidad era inhumana. Los pacientes de la planta baja pensaron que un huracán se había levantado cuando Jay cruzó entre ellos. En tres segundos estaba tocando el hombro de Joan.

-         Joan. Soy yo… Jay.

-         Pero, ¿de dónde apareces?

-         Y tú. ¿Qué haces por aquí?

-         Debía devolver este libro a la biblioteca. Pero…

-         Déjeme a mí…

Jay, sostuvo el libro. Antes de que Joan se percatara de que no estaba entre sus dedos, Jay había llegado a la biblioteca y estaba devolviéndolo. Retornó en apenas tres segundos ante una Joan que no era capaz de salir de su asombro.

Jay había adquirido supervelocidad. Aunque aún estaba muy lejos de descubrir todas las aplicaciones de su poder. La inhalación del agua pesada junto a la energía del Espectro le habían conectado a la Fuerza de la Velocidad, una especie de campo energético natural que rodea la Tierra.

Con sus nuevas habilidades Jay volvió al despacho del entrenador:

-         Entrenador Bullock.

-         ¿Jay? ¿Has salido del hospital? ¿Cómo te encuentras?

-         Bien, vengo a que me dé otra oportunidad.

-         Desde luego, debo reconocerte valor. Te lo voy a decir una sola vez: antes dejaba jugar a una cabra.

-         Si fracaso volveré a ser el aguador del equipo.

-         ¿Volverás a ser aguador?

-         Sin una queja.

-         Mnnnn. De acuerdo. Pero el entrenamiento ya ha terminado. Estarás en el banquillo del próximo partido. Si vamos ganando por gran diferencia te sacaré unos minutos. Si vuelves a jugar como un pato cojo, volverás a recoger cascos y a repartir agua sin protestar. ¿Trato hecho?

-         No se arrepentirá.

En efecto, no lo hizo. En el partido prometido, el equipo de Bullock iba perdiendo. Además, Bull Tyron, el novio de Joan se lesionaba. Bullock, vio el partido perdido y pensó en que era el momento de que Jay jugase. Iba a perder de todas maneras. Jay cogió el balón y hecho a correr. Controló su velocidad de tal manera que aunque parecía humana, resultaba inalcanzable para los jugadores del equipo contrario. Así, Touchdown tras Touchdown ganó ese y los siguientes partidos convirtiéndose en la estrella del equipo.

Acabada la temporada. Jay parecía haber cumplido todos sus sueños. Se graduaba en el instituto, Joan pasó a ser su novia y entraba en la universidad Coleman de New York. Allí, inspirado por la nueva oleada de enmascarados que defendían la justicia en las calles, decidió utilizar su poder para convertirse en uno de los primeros superhéroes. Bajo el alias de Flash, modificó el viejo casco que su padre usó en la Primera Guerra Mundial, añadiéndole dos alas. Quiso así parecerse a la representación del dios de la velocidad, el comercio y los ladrones, Hermes griego, Mercurio romano. El uniforme constaba de una camiseta ajustada roja con un rayo amarillo en el pecho, unos pantalones azules con sendos rayos en las piernas y unas botas rojas, también con dos alas en ellas. Desde luego, la gente le reconocería al verle. Podía moverse tan rápido que casi alcanzaba la velocidad de la luz. A máxima velocidad resultaba invisible al ojo

humano. Más veloz que las balas, podía sujetarlas igualando su velocidad. Era el hombre más veloz en la faz de la Tierra.

 

¡ATENCION! Por su amplia extensión hemos dividido este fic en tres partes para hacer más cómoda la lectura:
PARTE 1 PARTE 2 PARTE 3


[1] Quiere decir perdición. Es el nombre hebreo del ángel del abismo, señor y representante del reino de los muertos. Personaje de nueva creación para esta serie.

[2] Doctor Occult es un personaje de Jerry Siegel y Joe Shuster unos años antes de crear Superman.

[3] Speed Sanders fue creado literariamente por Gardner Fox con dibujos de Creig Flessel.

[4] Zatara es una creación de Fred Guardineer. Apareció por vez primera en el Action Comics número 1. Padre de la popular Zatanna. Murió en el número 50 de Swamp Thing, escrito por Alan Moore.

[5] El Vengador Carmesí está considerado como el primer vigilante enmascarado de DC. Su creador fue Jim Chambers. Debutó en el Detective Comics 20.

[6] Presento a cada personaje en la fecha de su primera aparición en cómic.

[7] En casi todos los orígenes he recreado el original de la Edad de Oro, este es uno de los pocos casos en los que no es así. A pesar de poseer el primer Archives con sus primeras apariciones tanto en el especial New York World'S Fair Comics 1, como en el Adventure Comics 40, he desechado versionar estas historias por varios motivos. Primero, porque no explican su origen. Aparece como un personaje famoso para los villanos y el público en general. Segundo, porque de la historia de Adventure Comics 40, The Tarantula Strikes, se hizo una extraordinaria, y mucho más compleja, versión en la moderna Sandman Mystery Theatre 1 a 4 usa (1993). Tercero, no he leído ninguna historia que contara su primera aparición. Así que he ideado la primera salida superheroica de un novato Wesley Doods.  

[8] En el Sandman de Neil Gaiman, número 1 (1989).

[9] Sandman, literalmente hombre de arena, es el señor de los sueños que duerme soplando un puñado de arena.

[10] Basado en el número 1 de Flash Comics (1940)

[11] Earl “Dutch” Clark fue uno de los mejores Quaterbacks en los años treinta. Jugó en los equipos de Portsmouth Spartans (1931-1932) y Detroit Lions (1934-1938).

[12] También esta historia es una nueva versión de su primera aparición en el Flash Comics 1. Hawkman era uno de los personajes que acompañaban a Flash en su primer número. El único cambio es que en la historia original se reencuentra con Shiera después de recordar su vida pasada y la actual ya está casado cuando vuelven los recuerdos. Para modernizarlo, he seguido el Hawkman 5 usa (2002) (Publicado por Planeta en el tomo Vuelo interminable)

[13] Al no tener acceso a los cómics originales, este origen está inspirado en la ficha sobre Johnny Thunder de la DC Comics Enciclopedia, editada en España por Selecta Visión.