
Bienvenidos, pequeños míos, acomodaos en mi humilde morada, espero que la humedad y suciedad, y el hedor de los cadáveres en descomposición no os moleste.
El
Tío Pennywise va a pasar un rato con vosotros, voy a
contaros dos aterradoras historias, que estoy seguro de que os agradaran.
Historias para sentir escalofríos en el Umbral de
Día 1.
Todo comenzó por la televisión. Siempre la televisión. Algo había pasado en el desierto de Nevada, se había abierto una especie de gran agujero por el que solo se veían llamas y oscuridad. El ejército acudió al lugar pero no se veía nada más. Llamas, fuego, oscuridad y un intenso olor a azufre. Nada más. Nadie sabía exactamente qué había originado el inmenso agujero en mitad del desierto. Nadie lo sabía pero todo eran especulaciones. Casi nadie acertó lo que era en realidad. Me llamo Hannah Gellar y creo que no ha habido mejor día para comenzar un diario que hoy.
Día 2.
Se sigue sin saber que es realmente el agujero. Numerosos científicos seguidos por aún más numerosas tropas del ejército de nuestros Estados Unidos de América. Nadie ha encontrado una explicación, al menos no satisfactoria. Hablo con mis amigos de ello y algunos se muestran temerosos. Algunos rumores dicen que es cosa de los extraterrestres. ¿No estaba en Nevada esa Área 51 de la que hablan los frikis? Extraterrestres...vaya tontería. Seguramente todo se deba a un corrimiento de tierra o cualquier cosa de esas. Nada importante. Me sorprendo a mi misma rechazando una cita con Josh para quedarme con mi familia viendo el programa oficial sobre el agujero. Los científicos dan sus puntos de vista.
Día 3.
Los programas especiales son cada vez más numerosos. Hay teorías de que el ejército se guarda algo. No nos cuentan la verdad, dicen. ¿Acaso es en el agujero se esconde el autentico asesino de Kennedy? Por la noche veo con mi familia un programa especial donde científicos, generales del ejército, geólogos, y algunas personalidades más o menos importantes más, dan su opinión. Opiniones contradictorias y muy diferentes por todos lados. Curiosa la opinión del cura que ha ido. Habla de demonios, el día del Juicio Final...y todo porque solo se ven llamas y el olor a azufre. Espeluznante.
Día 4.
Hoy hay una retransmisión especial a última hora de la noche. Va a haber una especie de expedición especial del ejército al interior del agujero. Fue cuando comenzaron los gritos, los chillidos y vimos la sangre y después a las criaturas saliendo del agujero. Criaturas monstruosas, aullantes, con alas, cuernos, con largos rabos, algunos pinchos por todos lados y afilados dientes como cuchillas. Mi familia y yo no hemos podido dormir en toda la noche. En la televisión no dicen nada hasta bien entrada la mañana. La ciudad de Las Vegas parece haber sido destruida. Las imágenes de los cadáveres de la gente, desmembradas, mutiladas y con las tripas al aire me perseguirán por siempre.
Día 8.
Ha comenzado el exilio. El ejército va casa por casa recogiendo a las familias elegidas para llevarlas a diferentes bunkers seguros o eso dicen. Ya no creo que nada sea seguro. He visto a esas criaturas por el televisor. Han arrasado ya tres estados y se acercan. Se acercan. Mi madre está histérica y no para de abrazar a mi hermana pequeña. Es tan solo un bebé. Noto las lagrimas escapárseme solo con pensar lo que la harían. Tenemos suerte de que papá sea un importante profesor de Universidad. Eso nos consigue un pase para uno de los bunkers.
Día 9.
He dejado mi barrio, mi casa, a mis amigos...lo he dejado todo. Hemos tenido que huir. Escribo en el jeep militar mientras nos trasladan al bunker. He tenido que soportar el ver a mi mejor amiga y su familia, llorando todos en la puerta de su casa tras averiguar que no estaban entre los elegidos. Muchas familias no han sido elegidas. Los monstruos se acercan.
Día 10.
Dicen que queda poco para llegar al bunker. Eso espero, aunque a una parte de mi le da igual. Exactamente igual. Hemos pasado por una larga y estrecha carretera y he visto cadáveres. Masas de gente matándose por entrar en los coches militares, por llegar a los bunker...por sobrevivir. ¿Sobreviviremos en los bunkers? He oído historias sobre esas cosas, historias de gente que las ha visto de cerca y han sobrevivido fingiendo estar muertas. Dicen que son demonios, que el agujero era un acceso directo al mismo Infierno. Cuentan haber visto a gente levantándose de sus tumbas, haber visto hombres lobo y esqueletos por doquier y detrás de ellos los demonios. Escupiendo fuego, oliendo a matadero y azufre...no quiero verlos, por favor, no quiero verlos.
Día 23.
Llevamos una semana escasa en el bunker. Hay comida, bebida, camas para dormir, duchas e incluso entretenimiento. No somos tantos como creía, incluso menos de los que deberíamos según escuché decir a un guardia. Parece ser que faltan varios camiones, varios helicópteros y muchos jeeps. Gente que no lo ha conseguido. Siguen las historias terroríficas sobre los demonios. Seres que arrancan la piel de la gente mientras aún está viva y que comen bebés. Miro a mi hermana. No quiero eso, no lo quiero.
Día 40.
El bunker donde vivimos está bajo tierra, por supuesto, es difícil de encontrar. Según las noticias del exterior, los demonios han arrasado 45 de los 50 estados. No sirven con ellos ni las balas, ni las bombas, ni nada...dicen que les arrojaron una bomba atómica mientras arrasaban Australia. Mataron a muchos pero son muchos más. Se habla de millones. Cuatro demonios por cada humano. Esta noche hemos oído los rugidos y los aleteos. Han pasado por encima nuestro. No ha pasado nada más. Ha sido tan terrorífico que muchos nos hemos echado a llorar. Un anciano ha muerto de un ataque al corazón. Ha muerto de miedo.
Día 77.
Oigo los gritos de la gente muriendo, mientras es despedazada. Somos 22 personas encerradas en los más profundo del bunker. Lograron entrar...Dios mío, lo consiguieron, al final lo consiguieron. Ya no tengo madre, ni padre. Mi hermana sigue conmigo. Contemplé...no puedo escribirlo...debo hacerlo... Contemplé como una especie de babosa gigante con una lengua llena de cráneos humanos se tragaba a mi padre. Quiero estar muerta, pero a la vez no. Los que estamos aquí ya hemos perdido toda esperanza. Toda América ha caído. Solo se mantienen algunos países de Europa y pocos de Asia. Tiene gracia, los europeos han sabido combatir a estas cosas. El Viejo Continente al final es experto en destruir a estas criaturas. Oigo que han llegado unos campeones que saben matar a esas cosas. No importa...están allí y nosotros aquí. Algunos de los de la sala piensan en pegarse un tiro o incluso en un suicidio colectivo. Todo antes de acabar como un muerto viviente o entre las fauces de esos seres. No quiero morir, no puedo...soy muy joven y moriré virgen. Me quedaba tanto por disfrutar, tanto por hacer...
Día 80.
Las puertas están siendo destrozadas por los demonios y esta seguramente es mi última entrada. He escondido a mi hermana bajo las sabanas de m cama. Estoy delante de la puerta. Algunos ya se han suicidado otros lo están haciendo ahora mismo. Oigo detrás de mi los disparos mientras frente a mi veo las garras traspasar el acero cromado como si fuera papel. Oigo los rugidos de hambre y de deseos sangrientos. Las lágrimas se me derraman pero es lo mejor, terminar rápido. Puede que así no se fijen en mi hermana si me cogen primero. De todos modos, así no tendré que ver como la devoran. Están entrando. Ahora sé que existe el Infierno, así que quizás pueda existe el Cielo. Con todo el cariño, quiero...
5/7/2006
Málaga
La casa en ninguna parte
Escrito por Anika
Este relato está escrito en honor a viejos escritores góticos, siguiendo sus métodos, y de hecho está lleno de guiños hacia una historia concreta.
Desperté de lo que creía fue un sueño y dudé. Han pasado siete años y cada vez estoy más convencido de que aquello fue real, sin embargo el hecho de haber abierto los ojos y descubrirme en el frío y sucio suelo del cementerio me hizo sospechar que quizá había tenido una pesadilla y nada fue real. El tiempo me demostraría que estaba equivocado.
Sé que me va a costar hacerme entender pero es necesario que saque esto de mi cabeza pues se trata de la humanidad, de la pérdida total del ser humano, del exterminio absoluto a manos del mal y de los seres más grotescos y viles que ha creado Dios.
Ya, ya… lo sé. Pueden pensar que estoy encerrado en algún sanatorio cuando, con mi pluma temblorosa, escribo estas líneas, pero juro que no es así. En estos momentos estoy en el mismo lugar donde sucedió todo, en el asiento del fin del mundo, en la casa que me abrió los ojos y me mostró el terrible futuro que nos espera.
Compré esta mansión porque buscaba invertir algo de dinero y la casa era especial, parecía no existir por el extraño enclave donde se encontraba; esto me parecía muy interesante dado que vivir en el confín del mundo era algo que me atraía para descansar cuando buscaba la paz que una vida ajetreada como la mía a veces reclamaba con fuerzas. Nunca he trabajado realmente, soy un hombre rico por herencia de modo que he vivido a lo grande asistiendo a fiestas cada día y he disfrutado de lo que he querido.
Mi amor platónico era Alia, pero ella estaba felizmente casada con un capitán de barco. Como el hombre pasaba mucho tiempo fuera de casa Alia vivía la mayor parte del tiempo en casa de su querida amiga Lady Angela Lockwood, de quien yo, por pertenecer a la misma clase londinense, era también amigo. Me hice íntimo de ella cuando me enteré de que Alia, su amiga de infancia, compartía con Lady Angela tantas horas de asueto. Así fue como conseguí meterme en su vida con el fin de robarle el corazón, aunque nunca fuera mía legalmente. Lo tenía todo planeado y la casa que adquirí me serviría de camino. Las invité a pasar un fin de semana y aunque Alia fue renuente, Lady Angela aceptó por ambas y convenció a su amiga, todavía remisa, cuando yo aproveché para alejarme a encender una pipa. A la vuelta, acompañado por una nube aromática de humo, vi brillo en los ojos de Alia y sonreí para mis adentros.
Contraté a una vieja ama de llaves para se ocupara de nosotros con la promesa de que si lo hacía bien se quedaría con el empleo definitivamente y mientras viviera. La mujer llenó la despensa y se encargó de buscar a un par de ayudantes (entre ellas la cocinera) que no llegamos a ver en todo el fin de semana porque eran muy discretas. Sólo escuché algún que otro comentario acerca de lo extraño que resultaba vivir en aquel lugar que parecía enclavado en ninguna parte.
Cuando el cochero nos dejó su acompañante se hizo cargo de las maletas y yo invité a mis amigas a conocer los alrededores de la casa. Un comentario del cochero que me llamó la atención antes de alejarnos –y que hizo cuando creía que yo no le escuchaba- fue que llegando a la casa había tenido la impresión de haber cruzado una pared transparente y haber entrado en otro mundo. Mostraba a su acompañante el brazo y le susurraba “el vello erizado”.
Lady Angela caminaba con su parasol blanco abierto ocultándose del sol del atardecer, y Alia paseaba cogida de su brazo. Yo les dirigía y les hablaba de la maravillosa visión de aquellas tierras lejanas e ignotas. No les conté lo barata que me había salido la inversión principalmente porque sé que a las mujeres no les gusta hablar de negocios, sin embargo las vi enamoradas del panorama que tenían ante sí.
La casa tenía su propio cementerio y allí se mantenían rígidas al menos cien losas con sus respectivas tumbas.
- ¡Oh, Dios mío! ¿Va a mantener este cementerio Lord Jeremy? –Me preguntó Alia espantada.- Da escalofríos pensar que pueda usted dormir con tantos cadáveres enterrados aquí mismo.
- También nosotras dormiremos esta noche aquí –rió Lady Lockwood más divertida:- podríamos aprovechar para contar historias de terror.
- ¡Ni en sueños! –Exclamó Alia asombrada.
Decidí intervenir.
- Una de las cláusulas, curiosa por cierto, que tenía el contrato de venta de esta mansión era el hecho de que el cementerio no puede desmantelarse. –Sonreí al ver el rostro helado de Alia- No se preocupe señora, los muertos no salen de sus tumbas.
- ¿Qué otras cláusulas extrañas tiene la casa? –Preguntó, curiosa, Lady Angela.
- Mmm… más que cláusula… la casa tiene nombre.
- ¿Cómo es eso?
- Se llama
Alia tembló visiblemente y decidimos abandonar el cementerio. ¡Era tan especial! Mientras Lady Angela y yo nos burlábamos de la situación, Alia se mostraba asustadiza, preocupada. Daba ganas de protegerla.
Disfrutamos de una grata velada pero tras la cena mis invitadas estaban cansadas por el largo viaje y decidí poner fin a la noche. Las dejé ir a sus habitaciones y yo, por mi parte, di un paseo nocturno.
Paseé fumando mi pipa, observando las estrellas y la luna llena que, por sí sola, hacía los efectos de una enorme lámpara. Era bello a la par que espectral, al menos en lo que se refería al cementerio de la familia Alchyuemist, lugar al que mis botas parecían caminar solas. Y a pesar de la extrañeza que me producía aquella guía invisible, me dejé llevar.
Me senté en un banco de piedra desde donde podía observar las lápidas pertenecientes, según el apellido que coincidía con el anterior dueño, a una misma familia. Crucé las piernas y exhalé humo de mi pipa. ¡Qué gran belleza! Porque realmente era bello el panorama. Frente a mí había tumbas, sí, pero también era una familia unida cuyo deseo había sido el de permanecer juntos toda la eternidad.
Entonces la luz, a mí alrededor, pareció vibrar. Por un segundo pensé que me había mareado no obstante me giré y observé la mansión cuya fachada parecía temblar, como si grandes focos de luz la atacaran insolentemente. Me levanté casi al borde del infarto, con las piernas temblando, buscando el origen de aquel extraño suceso, y cuando me di cuenta todo, y digo todo, giró a mí alrededor. Las imágenes comenzaron a sucederse rápidas, tanto que apenas era capaz de distinguir caras, gestos, amaneceres, anocheceres, ¡bodas!... vi una boda y vi, claramente, ¡mi rostro y el de Alia Harrow! Era una sucesión de hechos presumiblemente futuros que me espantaban por su nitidez pues se producían ante mí, imágenes que se mostraban ¡en el mismo aire!, entre el cementerio y la gran casa. Mis piernas temblaron aún más y me dejé caer en el banco de piedra, pero las imágenes eran incesantes bombas de información que atacaban mis pupilas y mis neuronas.
Abrumado traté de cerrar los ojos
pero una fuerza sobrenatural me impedía hacerlo. El contrato de venta apareció
en una de esas imágenes y fue el nombre de
El cementerio en el que yo me
encontraba en aquel momento cambió. El futuro me mostraba una sola tumba, la de
Lady Alia Wherter. Y tras visionar horrorizado imágenes de mí mismo
consumiéndome en el dolor, vi pasar los años, no demasiados ¡y eso era lo peor!
pues
¡Y todo eso lo vi sin poder hacer nada! Tremendamente espantado y con el corazón galopante, vi imágenes terribles donde no quedaba ningún ser humano vivo. Sólo los demonios que habitaran bajo tierra hasta que yo profanara el cementerio, consiguieron sobrevivir en nuestro bello planeta.
Desperté de pronto. Estaba en el suelo y al abrir los ojos vi las tumbas de la familia Alchyuemist. Me levanté aturdido y descubrí mi pipa, apagada, a unos pasos de mí. La recogí y me marché a casa para huir de tan sobrecogedora experiencia. Me costó conciliar el sueño pero lo conseguí. Al día siguiente no pude evitar recordar lo sucedido, pero no conté nada a pesar de que, por motivos que luego contaré, la horrorosa escena nocturna volvería a mi mente repetidas veces.
Tres años después Alia se quedó viuda, y dos años más tarde la llevé al altar y nos vinimos a vivir aquí. Alia estaba enamorada de esta casa a pesar de su nombre fatídico y de la lejanía del lugar a ciudades o pueblos, pero no podía soportar la visión del cementerio. Sin que me lo pidiera, hice desaparecer las tumbas. Cuatro meses después de aquella profanación Alia enfermó y se consumió en dos semanas. Su último aliento fue para pedirme que la enterrara en la casa y que guardara un espacio para mí, pues creía que una vez enterrados juntos volveríamos a encontrarnos. Aguanté las ganas de llorar y acaricié su pálida piel. Las ojeras que mostraba contrastaban horrorosamente con su tez blanquecina. Lady Angela me ayudó a cuidarla pero yo no permití que nadie me separara de mi amada noche alguna.
Al fallecer mi esposa comprobé que algunas de las imágenes que habían quedado olvidadas en lo más recóndito de mi cerebro volvían a cobrar vida: eran escenas que la casa me había mostrado casi siete años antes, como mi puño, rabioso, golpeando el contrato de compra de la casa. Me volví loco tratando de encontrarle algún sentido a todo aquello y Lady Angela llegó a preocuparse por mi salud, pero mi encono por conseguir averiguar el origen de aquel hechizo maléfico me hizo investigar sobre la familia a la que había pertenecido mi casa. Tan sólo pude averiguar que los anteriores propietarios eran originariamente rusos, que su apellido, Alchyuemist, significaba -como sospechaba- “alquimista” en inglés, y que las tierras donde se ubicaba la casa habían pertenecido siempre a aquella milenaria familia. No encontré al hombre que me vendió la casa. Lady Angela insistió en que volviera a Londres, pero me negué en rotundo. No quería separarme de mi querida Alia ni arrancarla del lugar donde tanto nos amamos.
Si ha de ser así, será, sin
embargo yo procuraré evitarlo. Entre las escenas que me mostró
No me queda nada más que decir, sólo orar para que Lady Angela fallezca después de mi expiración, pues no me atrevo a contarle esto a nadie más. Además... ¿en qué otra persona puedo confiar para que lleve a su fin mis últimos deseos? Debo confiar...
Lord Jeremy Wherter
(c) Con permiso de publicación de Anika