Encrucijada y Action Tales presentan: Sutura

El Regreso Parte 3

Escrito por The Stranger/ Portada: Ben Templesmith

Anteriormente en Sutura: Un obsesionado con Sutura Damon Foster se despide del FBI para buscar a la asesina por su cuenta. Por otro lado, Sam y Twitch son contratados para demostrar la inocencia de un enfermo mental que casa con el perfil del último y mortal asesino en serie de la ciudad: el Cocodrilo. Para el caso del Cocodrilo es requerido Marc Simmons, al que los detectives privados reconocen como el hermano de Al Simmons, más conocido por ellos como Spawn.

-Has estado muy atareada, muchachita- susurró el solitario hombre colocando otra noticia recortada del periódico en el enorme tablón de corcho. Se separó unos dos metros para poder contemplar el extraño mural que tenía frente, en medio del cual se encontraba un mapa lleno de chinchetas rojas y amarrillas. Las amarillas señalaban los lugares en los que había sido vista Sutura y las rojas los lugares donde se había encontrado algún cuerpo según su modus operandi.

Damon Edward Foster se encendió el décimo cigarrillo del día y se lo puso entre los labios, disfrutando del nocivo vicio mientras no dejaba de observar el panel que tenía frente a él, ejemplo material de su obsesión por la asesina. Hacía tres días que no dormía, comía lo justo para seguir consciente y su mente era un burbujeante caldero de ideas, motivaciones y sospechas. Un caos al que pretendía dar forma y orden.

-Sutura...- susurró mientras sus planes comenzaban a tener una forma precisa.

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Marc Simmons se volvió hacia su mujer y su hijo en la puerta de su casa. La enorme y hermosa sonrisa de su esposa le hacía más difícil él tener que ir a trabajar, pero debía verla al menos una vez más antes de irse.

-Ten cuidado- le dijo su mujer dándole un pequeño beso en los labios.

-Gracias por el avión, papá- le dijo el chico.

-Hasta la noche.

Marc Simmons se metió en el coche usando toda su fuerza de voluntad para dejar a su familia, aunque fuesen solo unas horas. Les saludó por última vez y puso el coche en marcha mientras su mujer y su hijo le saludaban. Marc no podía haber sabido que era la última vez que les veía con vida.

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En su cama, Marc Simmons se movía de un lado a otro, sudoroso, mientras las pesadillas bullían en su mente.

-Mi culpa...mi culpa...mi culpa...- no dejaba de repetir mientras se daba la vuelta en la cama, arrastrando las sabanas con él-. Mi culpa...mi culpa...

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-Yo de usted no miraría, señor- le dijo el agente de policía.

Marc Simmons trató con todas sus fuerzas de no mirar, de evitarlo, sabiendo que aquello le iba a afectar de por vida pero decidió mirar ya que viese lo que viese ya le estaba afectando. Los cuerpos ensangrentados de su mujer y su hijo dentro del coche destrozado le dieron la bienvenida.

-Oh, Dios...- gimió antes de desplomarse sobre la calzada.

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-Mi culpa...mi culpa...- seguía repitiendo su cama Marc Simmons, sin poder o querer despertarse mientras las diferentes imágenes que le perseguían cada noche volvían a acosarle en ese momento.

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-¡Maldición!- gritó Simmons dándole una patada al escritorio de su despacho, mientras sus compañeros agentes le observaban, con una mezcla de lastima y compresión-. ¿Lo siento? ¿No hay pistas? ¡Eso no me vale! ¡¡Quiero a quien los mató!!

Cayó de rodillas entre los papeles y lápices tirados en el suelo. Un par de los agentes que le observaban hicieron un ademán de acercarse y ayudarle pero los otros agentes les detuvieron con un leve gesto de cabeza.

-Trey...Yvonne... es culpa mía... murieron por mi culpa- Marc Simmons enterró su rostro entre sus manos y comenzó a llorar-. Yo soy el agente... al que..Al que querían hacer daño. Es culpa mía. ¡Culpa mía!

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-¡¡¡Culpa mía!!!

Simmons se despertó gritando lo que llevaba una media hora susurrando con terrorífica angustia. Tiró las sabanas a un lado, totalmente empapadas de su sudor frío y trató de calmarse durante unos segundos. Cuando se hubo calmado y notado que su corazón volvía a latir normalmente, agarró la foto de su familia y él que conservaba y que siempre llevaba a cada hotel en cada nueva misión y la apretó contra su tembloroso pecho.

-Culpa mía...

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A la mañana siguiente.

El Village.

Marc Simmons sonrió levemente al ver el taxi de llegar. Se apartó de la pared en la que estaba apoyado y corrió a saludar  a la hermosa y joven mujer negra que salió del vehículo con una sonrisa de oreja a oreja. Ambos se abrazaron sintiendo ambos la calidez del otro. Marc Simmons tuvo que recordarse durante unos escasos segundos que aquella mujer era su ex-cuñada, la mujer de su hermano muerto en combate.

-Oh, Marc. Me alegro tanto de verte- dijo Wanda separándose un poco, aunque sin dejar de agarrarse al cuello del agente del FBI.

-Y yo a ti, Wanda.

Ambos se terminaron de separar del todo y Marc sintió la mirada penetrante de la mujer en sus ojos. Al darse cuenta de que le estaba mirando fijamente, Wanda apartó sus ojos de los del hombre y ambos entraron en la cafetería que tenían frente a ellos. Se sentaron en la primera mesa que encontraron libre y no comenzaron a hablar hasta que la camarera no les hubo tomado nota de lo que iban a tomar.

“Le recuerdo a Al. Siempre le recordaré a Al”, pensó Marc mientras recordaba la fija mirada que le había echado Wanda.

-Hacía tanto...que me alegro de que llamaras. Que sorpresa dijo Wanda alargando una mano y agarrando una de las de su ex-cuñado, quien dio un leve respingo ante el gesto.

-Sí, bueno...estaba en la ciudad por un caso como te dije por teléfono y...no sé...ya era hora de visitar a la familia.

-Me dio pena de que nos alejáramos tras la muerte de Al. He tardado mucho en recuperarme. Lo he conseguido gracias a Terry y Cyan, pero verte me resulta...

Wanda agachó su mirada. Marc Simmons apretó la mano de la mujer entre la suya, justo cuando llegaban los cafés que habían pedido. Dieron las gracias a la camarera y comenzaron a tomarlos mientras aún estaban calientes.

-Me resultaba demasiado doloroso verte- confesó Wanda.

-Lo sé...por Al.

-No es que tenerte cerca me recuerde a Al, no es solo eso es...Al y tu os parecíais tanto.

-Lo comprendo. Verte también era duro para mí. Todavía recuerdo cuando nos presentaron- una sonrisa se cruzó en el rostro de la mujer-. El día que me licencié en la academia.

-Debí haberte llamado después del funeral...el año pasado- Wanda agachó nuevamente la mirada mientras se mordía el labio inferior-. No conocía a Yvonne y Trey tanto como hubiera querido... pero debería haberte apoyado como tú me apoyaste cuando Al murió.

-No importa, Wanda. A estas alturas, ya no importa- Marc tomó un sorbo de su caliente café-. Tampoco me apetecía ver mucha gente después. Sólo quería trabajar.

-¿Te vas a quedar entonces un tiempo en New York?

-Antes veré cómo va este caso y después... pero seguramente sí.

-Espero que sí. Quiero que Cyan conozca a su tío Marc.

-La verdad es que ha sido duro vivir en Washington lejos de... lejos de vosotros que sois de la poca familia que me queda. Quizás me convenga un cambio.

Wanda sonrió antes las palabras de su ex-cuñado. Durante las dos horas que siguieron se pusieron ambos al día. Wanda le estuvo explicando a Marc en qué trabajaba, cómo le iba a Terry en su trabajo, como les iba a ambos y sobre todo le habló de Cyan, su sobrina. Marc, en cambio, tenía poco que contar y lo que poco que tenía no le apetecía contarlo. Ahí tenía a su ex-cuñada hablándole de la hija que debería haber tenido con su hermano fallecido y él...¿Qué iba a decirla? ¿Iba a contarle acaso a todos los asesinos con los que se codeaba en su trabajo? ¿Toda la burocracia? Wanda ya había tenido suficiente de eso con Al en vida e incluso con su actual marido, Terry Fitzgerald(1). Podría ahorrárselo, al menos por el momento.

Tras la larga charla, ambos salieron de la cafetería tras haber pagado Wanda la cuenta. Marc alzó la mano para parar un taxi y tras abrazar a Wanda, subió en el vehículo, alejándose del lugar. Ninguno de ellos se percató de que estaban siendo vigilados por alguien bastante bien oculto y que había fotografiado todo el encuentro.

-No codiciarás la mujer de tu hermano muerto- susurró Damon Foster guardando su cámara de fotos y yendo a por su coche.

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Marc Simmons lanzó un profundo suspiro, mezcla de cansancio mental debido a la situación y cansancio físico, sacó su móvil y marcó un número sin percatarse de que un coche seguía al taxi en el que iba.

-Sí, aquí Simmons. Necesitaré que se trasladen ciertos expedientes de Washington a New York. Tal vez me quede un tiempo.

Tras unos minutos más de dar instrucciones precisas sobre su estancia en New York y la investigación que llevaba entre manos, Marc colgó el móvil justo cuando el coche que le seguía aceleraba y se interponía en el camino del taxi que tuvo que dar un frenazo en seco que casi hace a Simmons comerse el asiento tras el que estaba. El conductor del taxi, un hombre de origen chino, comenzó a proferir insultos en su idioma natal.

Marc Simmons fue a coger su pistola pero se paró a medio camino al reconocer al hombre que se había bajado del coche y se dirigía hacia el taxi. Las bocinas de los coches tras el taxi no hacían más que sonar.

-Salga, Simmons- dijo Damon Foster acercándose a la ventanilla junto a la cual estaba y enseñándole su carnet de agente especial del FBI-. Tenemos que hablar.

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Damon Foster aparcó su coche en un solitario embarcadero, lejos de la vista de todo el mundo. Se encendió un cigarrillo mientras Marc Simmons, en el asiento del copiloto, observaba el lugar en el que estaban.

-Muy bonito.

-Discreto y solitario- Damon Foster le sonrió-. No queremos que nadie se inmiscuya en nuestros asuntos.

-Tengo un caso pendiente.

-Lo sé y por eso estoy aquí.

Simmons miró a Foster de arriba abajo, observando su aspecto descuidado, demasiado descuidado para quién era. Tragó saliva antes de hablar con aquel hombre que era uno de sus ídolos.

-Así que usted es la leyenda.

-Podría decirse así.

-Damon Foster- Simmons volvió a tragar saliva-. El analista de analistas. Nunca dejó que se le escapara un asesino en serie. Un verdadero cazador de hombres. Y de pronto, hace poco...abandonó. Sin explicaciones.

-Tuve mis razones- gruñó Foster-. Ahora tiene usted un problema. El caso que lleva ahora mismo... el hombre al que atrapó por los asesinatos del Cocodrilo, el tal Bonner... no es su hombre.

Damon Foster abrió la guantera del coche ante la atenta y curiosa mirada de su invitado y sacó un montón de documentos y papeles diversos.

-Su asesino es un cabrón patológico y su nombre es Travis Quinn- Foster le pasó los documentos-. Aquí tiene su dirección y un mapa para que no se pierda buscando al hijo de perra.

-¿Travis Quinn?- Simmons leyó los detalles del perfil psicológico de Quinn en los papeles que le había dado Foster-. Vale, por lo que perece aquí es creíble. Me lo trago porque sé que usted es el mejor. ¿Y qué quiere de mí?

-¿Por qué piensa que quiero algo de usted?

-Me ha estado siguiendo y si no quisiera algo de mí le habría dado estos datos a la policía o el FBI e incluso podría haber atrapado usted al asesino. En cambio, estamos intercambiando impresiones aquí, apartados de todos.

“Es bueno”, pensó Foster esgrimiendo una siniestra sonrisa.

-¿Cómo sabe que le seguía?

-Ha sabido dónde encontrarme.

-Tocado- Foster encendió el coche-. Le enseñare lo que quiero de usted.

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El Bronx.

Marc Simmons subió por las destrozadas escaleras siguiendo siempre a Damon Foster que iluminaba el camino con una linterna. El gigantesco y alto edificio abandonado parecía que no tenía fin alguno, aunque al final llegaron a él, llegaron a lo alto del edificio, el ultimo piso del mismo destrozado por las inclemencias del tiempo y del descuido al que había sido sometido. Simmons siguió a Foster por un improvisado pequeño puente hecho con maderas corroídas que amenazaban con destrozarse bajo el peso de ambos. El agente del FBI se paró en cuanto quien le había llevado hasta allí hizo lo mismo frente a una enorme pared.

-¿Qué sitio es este?- preguntó Marc Simmons sintiendo un extraño frío en lo más profundo de sus huesos, pero hubiera jurado que ninguna brisa pasaba en aquel momento por aquella zona.

-Fíjese en las paredes, Simmons- Foster señaló las paredes que tenían frente a ellos con la luz de su linterna-. Esos nombres son victimas de asesinos en serie. Inocencia robada a los débiles igual que esas palomas muertas.

Los dos hombres observaron los diversos cadáveres de las aves colocadas casi de forma estratégica por todas partes de aquella enorme zona del edificio. Foster comenzó a caminar hacia su izquierda, seguido de cerca por un Marc Simmons cada vez con más curiosidad en su interior.

-Aquí... muñecas de trapo- Foster iluminó un grupo de muñecas atadas con hilo de pescar en una de las partes del techo bajo el que pasaban en ese momento-. Destrozadas y recompuestas...inofensivas. Fascinante, ¿verdad, Simmons?

-¿A qué nos enfrentamos, Foster?

-¿Enfrentarnos?- Foster lanzó al hombre una leve y seca risa-. El mito. La leyenda. El asesino de asesinos que antaño fue Gretchen Culver, una mujer norma y corriente con una vida normal y corriente, hasta que el asesino en serie John Mawbley la arrojó al abismo, un horror oscuro como el mismo mal: la inhumanidad del hombre hacia el hombre.

Foster tosió. Marc Simmons no podía esperar a seguir escuchando la historia de aquel hombre que era su ídolo pero que sin duda todo aquello le estaba afectando.

-Los que deberían haberla protegido le arrebataron todo lo que era, pero lo que surgió de las cenizas del torturado final de Gretchen Culver fue más que la suma de las partes. Hecha pedazos y recompuesta  como estas muñecas se convirtió en la misma venganza...la criatura magnifica...el filo mellado de la muerte que es...Sutura.

Simmons miró a aquel hombre que había sido una leyenda entre los que se dedicaban a la caza de asesinos en serie y pudo vislumbrar un brillo de locura en sus ojos. Aquello no le daba muy buena espina.

-Foster, óigase. Quiere a Sutura...¿para qué? ¿Para llevarla ante la justicia?- Simmons se puso frente a Foster-. ¿O es por algo más? Usted persigue asesinos en serie, esta mujer a la que obviamente admira persigue asesinos en serie y es una asesina en serie. Foster...¿está enfermizamente enamorado de esta mujer?

El rostro de Foster pareció desencajarse de repente, aunque en realidad no por las afirmaciones de Simmons sino más por el tono que empleaba para proferirlas.

-¡No me analice, Simmons! Está aquí para ayudarme a atrapar a Sutura. La conozco...he estudiado todos sus actos, sus métodos, todos sus golpes. Ahora buscará al asesino Cocodrilo. ¡Travis Quinn será nuestro cebo!

-Olvídelo, Foster. Esta diciendo tonterías- Marc sacó su móvil, dispuesto a llamar para comunicar la identidad del asesino Cocodrilo.

 Damon Foster le quitó el móvil con una rapidez inusitada que le habían dado sus años de experiencia, sacó su revolver reglamentario y apuntó con él a Marc Simmons antes de que él pudiera sacar su arma.

-¡Usted me ayudará, Simmons! ¡Me ayudará a coger a Sutura porque sé quién asesinó a su esposa y a su hijo!

Marc Simmons notó como su propia cara cambiaba ante las palabras que acababa de pronunciar aquel hombre. Ya sabía por qué le había elegido a él: ambos tenían algo que el otro quería. Lo primero que pensó fue en saltar sobre Foster, armado o no y sacarle la información a golpes, pero su mente racional le detuvo, sabiendo que aquello no resolvería nada realmente.

-¡¿Qué?! ¡Dios mío! ¡Dígamelo!

-Calma, Marc- murmuró Foster viendo que lo que había dicho había alterado sobremanera al hombre que necesitaba-. Quid pro quo. Así es como lo haremos. Usted me ayuda a conseguir lo que yo quiero y yo le daré lo que quiere. Es un trato bien sencillo. ¿Estamos de acuerdo, agente especial Simmons?

Marc frunció el entrecejo hasta dolerle ante la sonrisa de Foster indicando que sabía que iba a salirse con la suya.

-Bueno, pero más le vale estar diciéndome la verdad, Foster. Por su bien.

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En la zona más abandonada del Bronx.

-Ahí está nuestro chico, el asesino Cocodrilo en persona.

Foster le pasó los prismáticos a Simmons quien observó por ellos al corpulento hombre que conducía el coche con la grúa adosada a su parte trasera entrando en el almacén que parecía abandonado. Ambos hombres observaban al asesino entrar en su escondite desde el suyo propio, situado en una azotea cercana.

-Travis Quinn- murmuró Foster a Simmons quien se apartó los prismáticos de los ojos-. Parece que tiene una cita esta noche. Probablemente atada en el maleteo de ese coche.

-Vamos- dijo Marc Simmons decidió a atrapar al asesino.

Ambos hombres se pusieron en movimiento una vez que se hubieron asegurado de que Quinn entraba por completo en el almacén. Comenzaron a bajar de la azotea por las escaleras de incendio del edificio.

-Con suerte podremos salvar a las victimas- dijo Marc sacando su pistola reglamentaria.

-Hemos venido por Sutura. No lo olvide- le espetó Foster.

-¿Por qué cree que vendrá justo ahora?

-Sutura nunca deja que las victimas de un asesino en serie superen cierto número. Quinn ha llegado al límite.

Los dos preparados hombres entraron en el almacén por un hueco que había cerca de unos tablones casi podridos. Con sigilo y sumo cuidado, fueron adentrándose en el lugar, escenario de algunos de los más atroces horrores que puede contemplar el alma humana. Los dos llevaban sus pistolas alzadas y observaban cada rincón de aquel horrible sitio.

-Me fascina la habilidad de Sutura para leer la mente del asesino- siguió susurrando Foster con cuidado de que nadie más que Simmons le escuchase-. Es como si supiera cuándo va a cometer el acto definitivo, qué es lo que define más esencialmente su condición de asesino en serie. Si es el acto en sí de matar o el placer de disponer de los restos o el proceso de la obtención de la victima. Sutura siempre ataca cuando los asesinos son más vulnerables, cuando sus niveles de seratonina y de endorfina alcanzan el éxtasis. Ese es el momento más débil. Parando a estos monstruos desalmados en ese momento es cuando les inflige más dolor.

Ambos hombres vieron un cuerpo atado y amordazado atado a una mesa metálica. Parecía una persona inconsciente a simple vista. Los dos se prepararon, uno para encontrar a Sutura y el otro para salvar a la siguiente victima del Cocodrilo.

-Voy a por la víctima- dijo Simmons acercándose a la mujer amordazada.

-¡No! ¡Simmons, si estropea esto, se acabó el trato!

Antes de que pudiera darse cuenta, Damon Foster tenía a Travis Quinn a su espalda, grande y corpulento, totalmente amenazador como una pesadilla salida de la mente depravada de un psicópata.

-¿No ha visto el cartel?- en sus enormes manos, Quinn portaba una enorme tubería la cual tenía uno de sus extremos totalmente puntiagudo-. ¡Prohibido el paso! ¡Prohibidos los abogados!

Foster no supo reaccionar a tiempo y antes de que  pudiera correr, sintió como la tubería atravesaba su cuerpo de lado a lado gracias a la enorme fuerza del asesino en serie.

-¡Y prohibidos los policías!- gritó Quinn clavando el cuerpo de Foster en una pared cercana como si fuera un horrendo póster.

Con sus sucias ropas llenas de sangre, Quinn se volvió hacia Marc Simmons, quien no dejaba de apuntarle con su pistola sin poder dejar de mirar el mutilado cuerpo de Foster. Todo había pasado tan rápido que ni siquiera había podido reaccionar a tiempo.

“Cabronazo... la sangre a mil, la adrenalina a tope. Intenta tranquilizarte, concéntrate”, se decía a si mismo Marc Simmons en su mente.

“¿Cuál es su modus operandi? ¿Y su objetivo? Taller mecánico... reparaciones...”

-Quinn, espere- le dijo Simmons al verle alza run brazo y agarrar una cadena que colgaba desde el alto techo hasta donde el asesino estaba-. Tengo un trabajo para usted. Reparación humana, alguien muy averiado. Es su especialidad...¿no le interesa?

-Yo elijo mis trabajos, poli. No tú.

Quinn tiró de la cadena y un enorme motor de coche cayó del techo encima de Marc Simmons quien se libró simplemente por saltar hacia delante una milésima de segundo antes de que le cayese sobre la cabeza.

-Siniestro total- murmuró Quinn.

-¡Mis piernas!- se quejó Simmons agarrandoselas y viendo que parte del motor le había dado en una de ellas.

-Creo que me he precipitado. No tiene sentido desaprovecharos- Quinn cogió una sucia, mellada y enorme hacha que tenía cerca y sonrió siniestramente a Simmons-. Os podría convertir en piezas. Hay un floreciente mercado al sur de la frontera. Riñones, hígados, corazones y ojos, Sí, pagan mucho por un buen juego. Y en otras partes del mundo, ciertos órganos se consideran una exquisitez mayor que la sopa de aleta de tiburón. Leo mucho.

Damon Foster gritó de dolor y horror al ver acercarse a Travis Quinn. Simmons comenzó a arrastrase hacia su pistola, rezando mentalmente para poder salvar a Foster ahora que sabía que seguía vivo.

“No puedo razonar con Quinn, es una maquina de desguazar”, pensó Simmons mientras alargaba su mano izquierda en dirección al arma.

“Ni siquiera sé si un cargador completo podría detenerlo. He de intentarlo de todos modos. Vamos...por favor..Un poco más...”

Travis Quinn estaba a escasos centímetro de un empalado Foster que sangraba abundantemente por la boca y el agujero abierto en el pecho. El asesino Cocodrilo levantó el enorme hacha por encima de su cabeza.

-No...Yo no soy la víctima. Yo...yo soy el cazador. Esto no debería ocurrir así...- murmuró Foster mientras saboreaba su propia sangre y veía como en pocos segundos Quinn acabaría con su vida.

-Siempre es así. Todos nos creemos cazadores hasta que llega un animal más grande y nos demuestra el error- dijo Quinn dispuesto a soltar el hacha encima del cuerpo de Foster sin ningún remordimiento.

Todo pasó como a cámara lenta aunque en realidad ocurrió en escasos segundos. Foster vio una fugaz sombra, un leve brillo en el aire y en ese instante, Quinn sintió un tremendo dolor dónde debería tener las manos que ya no estaban. En su lugar, dos muñones sanguinolentos comenzaron a expulsar más y más sangre. Observó el suelo del taller mecánico y sin poder dar crédito a lo que estaba viendo, comenzó a gritar de dolor y puro pánico. Foster vio las manos de Quinn, cercenadas y aún agarrando el hacha en el suelo, a sus pies.

-Y el diablo te llevará abajo- susurró Sutura frente a Quinn, mostrando su cuchillo ritual y dentado pintado con la sangre del asesino.

-¡No! ¡No!- gritó Quinn cuya mente no podía asimilar del todo lo que acababa de pasar-. ¡No he terminado! ¡Queda mucho trabajo por hacer! ¡Muchas reparaciones!

El asesino en serie comenzó a correr hacia la puerta trasera del viejo taller mecánico. Al llegar a la puerta trató de abrirla sin conseguirlo, ya que no tenía manos con las que girar el picaporte.

-¿Quién los arreglará? ¡Tengo que ser yo! ¡Sólo yo sé hacerlo!- pegó los muñones ensangrentados al picaporte, intentando girarlo-. ¡Déjame salir! ¡Déjame salir!

-¿Sabes lo que veo yo cuando te miro, Travis?- Sutura se acercó a él sigilosa y mortal, como la misma muerte-. Carne muerta.

Una fugaz sombra, un nuevo destello en el aire y la mitad de la cabeza de Travis Quinn se desprendió del cuerpo, cayendo al sucio suelo del taller con un asqueroso sonido. Sutura se agachó ante el pedazo de cabeza del asesino Cocodrilo.

-Pero no pasa nada- cogió el trozo de cabeza y lo miró a los ojos-. Puedo coser los rotos.

Desde donde estaba, Foster sentía el próximo abrazo de la muerte, pero allí estaba ella, a la que había buscado tanto, a tan solo unos metros de él y se moría en ese momento. Alargó un tembloroso brazo hacia Sutura, como si intentase agarrarla.

-¿Sutura? Mírame...mírame...- Foster escupió gran cantidad de sangre-. Por favor...yo..T...te amo...

Desde donde estaba, Marc Simmons había observado todo el horrendo espectáculo. Sabía que tal como estaba, no iba a poder ayudar a Foster y que Sutura tampoco lo haría, pero aún tenía una oportunidad de saber lo que le había llevado hasta ese carnaval de locura.

-Olvídela, Foster. Es un monstruo.¡Solo le importa la muerte! ¡¡Ahora dígame quién asesinó a mi esposa y a mi hijo!! ¡¿Quién asesinó a mi familia?! ¡¡Hable!!

-No queda nada...nada...- y con un último suspiro, la cabeza de Foster cayó y el hombre murió.

-¡¿Foster?! ¡¡No!!- Simmons se tendió en el suelo, derrotado-. No...Dios...no es justo...

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Media hora después.

Marc sintió la calidez de la manta que le abrigaba y del café caliente que sostenía entre sus manos. Sentado en la parte trasera y abierta de la ambulancia y mientras uno de los enfermeros le vendaba el pie herido, no podía dejar de pensar en Foster, Sutura y lo que había visto aquel día. Con el rabillo del ojo, entre tantos policías, detectives y agentes del FBI, pudo ver a Sam y Twitch, quienes le dirigieron una rápida y nerviosa mirada. Marc supo que aquellos detectives tenían algo que ver en todo eso o al menos guardaban más de un secreto en torno a él. Dos cabos sueltos más en todo aquello.

“Tan cerca de la respuesta. Yvonne...Trey, os he vuelto a fallar. Debía obligar a Foster a decírmelo antes”, pensaba Marc Simmons mientras tomaba un sorbo del café caliente.

“Foster...tantos años cazando asesinos, viviendo en sus cabezas, tratando de ver a través de sus ojos y un día se enamora de uno. Una asesina que caza asesinos. La persigue buscando algo que falta en su propia vida, tras sus propios ojos...y ella ni siquiera repara en él. ¿Qué estamos buscando? ¿La verdad? ¿Respuestas? Foster era mi héroe cuando yo estaba en Quántico. Quería ser como él...puede que ya lo sea”

Echó una rápida mirada desde donde estaba al cadáver de Quinn cuyos restos habían sido cosidos y colgados en la entrada del almacén: otra victima de Sutura.

“En cuanto a los asesinatos del Cocodrilo...caso cerrado. Le daré a Foster todo el merito. Fue un buen agente. Salvó docenas de vidas a lo largo de los años que estuvo en el FBI. En cuanto a Sutura...sigue en la cabeza de la lista confidencial del FBI”

                                               CONTINUARÁ...

1. Terry Fitzgerald era el mejor amigo de Al Simmons, más conocido como Spawn. Ahora, Terry está casado con la ex-mujer de Al y ambos tienen una hija llamada Cyan.