George Lucas y Action Tales presenta:The Chronicles of the Five Star
Capítulo 5:
Adiós Kameu.
Escrito por H. Battosai
- ¿Que te pasa, Kure? - Pregunta Dhalia mientras vía como Kurenai se rascaba
la oreja desesperadamente.
- Me pitan los oídos, es muy molesto - Responde este
- En Tubeir se dice que si te pitan los oídos, es que alguien esta hablado de
ti -
- ¿Que estupidez es esa? No tiene ni el mínimo sentido de lógica -
- Si tu lo dices... - Responde finalmente Dhalia, mirando a el grupo. En mitad
de la noche, todos caminaban por afuera de la muralla que rodea la ciudad. Y
todo era consecuencia de un tipo bastante raro, Joan Tilkin: y es que, si en
un principio parecía un humano normal, de pelo claro, peinado hacia atrás y
ojos azules; era extraño ver su indumentaria. Su pantalón marrón y su chaqueta
naranja totalmente rasgada, daba la sensación que daba era de otro vagabundo,
al igual que Kurenai. Además, después de encontrarlo en la taberna, tanto Dhalia
como Meimi se sorprendieron de que los dos chicos se conocieran. Y más, al suponer
que ese niño, era el que se suponía que iba a sacarlos del planeta. Pero antes
de que pudieran preguntar nada, los dos mormones atacaron al grupo. Kurenai,
rápidamente corrió hacia los dos contrincantes, y salto entre ellos, cayendo
detrás de los sujetos. Los mormones se quedaron estéticos un momento. Pero a
continuación el tórax de estos empezó a deslizarse sobre lo que quedaba de tronco.
Claramente, y al ver como cabeza y parte del pecho de los tipos caían al suelo,
dejando el resto del cuerpo en pie, se suponía que Kurenai les había cortado
por la mitad. Todos miraban la escena, aunque después de unos segundos, los
clientes de la taberna volvieran a sus quehaceres. Y con una disculpa, el tabernero
se deshizo de los cuerpos, mientras se iban lo más rápidamente de ahí. Dhalia
y Meimi, aún sorprendidas de la fugaz escena que acababan de vivir, observaron
la discusión final que tuvieron Kurenai y Joan, que desencadenó en que este
último diera una resumida (y muchos piensan que falsa) explicación. Según Joan,
Al llegar a Kameu, Kurenai salto de la nave y se hecho a correr nada más comprobar
que podía hacerlo. Sin embargo Joan terminó por tener un problema con el motor
de la nave, que no aterrizó todo lo bien que debería. Pero a la situación en
la que estaba el planeta, no era para mandar a reparar el vehículo sin más.
Así que finalmente lo abandonó y empezó a buscar alguna forma de conseguir otro.
No es algo que fuera fácil de creer por parte de Kurenai, más encima tras ver
que la nave en la que el vino estaba perfectamente, sin embargo, decidió seguir
y guardarse el interrogatorio para más tarde.
- ¿Bueno y ahora que vamos a hacer? - preguntaba Dhalia mirando que la muralla
no tenia fin.
- Sería mejor devolvernos y entrar de nuevo a la ciudad - opinó Meimi.
- Podríamos irnos del planeta... - sugirió Joan mientras todos se volvían hacia
él. Este sacó unos papeles, y Kurenai se los arrebató e inspeccionó.
- Son los papeles de pertenencia de una nave mormon. Se los robé a los de antes.
Aunque pensaba que me dejarían huir sin más al ver que había ganado. Se encuentra
en los hangares en la otra entrada de la ciudad -
- ¡¿Y por que no lo dijiste antes, imbécil?! - Kurenai terminó de revisarlos
y guardó los papeles.
- Para ser tan joven, sabes cuidarte solo – Dhalia, como agradecimiento, empezó
a rascarle la cabeza a Joan.
- Pero si es más viejo que tú - Dijo Kurenai.
- ¿Qué? -
- Tengo 33 años - respondió Joan.
- Eso es imposible - dijo Meimi
- ¿No os enseñan nada de pequeñas? Existe una evolución de la especie humana
que se instaló en los núcleos de los planetas del sistema Oxgurted, cuyo sistema
de crecimiento es más lento que de las otras ramificaciones de la especie. -
Kurenai, mientras observaba que la próxima entrada a la ciudad se podía observar
por fin, intentó aclarar a sus compañeras el extraño caso del niño. Y así, después
de otras discusiones por la edad y profesión del recién incorporado, por fin
llegaron a la entrada este de la ciudad. Según Joan, los hangares quedaban a
poco más de
- Yo también lo siento - dijo Dhalia.
- Ocultémonos - dijo Kurenai mientras dirigía al grupo hacia una entrada en
la muralla. Varios segundos de espera después, empezaron a salir grupos de personas
por la puerta. Eran el grupo de siths que salían cada uno con su spider (1)
personal. Todos se dividían he iban a una parte distinta. Pero el último se
detuvo en seco en la salida. Miró hacia atrás, y sin quitarse la capucha, inspecciono
los alrededores. Kurenai y su grupo, preocupados por la situación, no podían
hacer otra cosa que prepararse para un posible ataque. Pero finalmente, el sith
dio media vuelta y siguió su rumbo. Todos salieron del escondite, Joan y Meimi
suspirando.
- Estoy seguro de que sabía que estábamos aquí - dijo Kurenai.
- ¿Y porque se fue? - pregunto Meimi.
- Siendo capaz de notar nuestra presencia desde un sitio tan alejado, seguro
que no era un cualquiera. Puede que tenga un nivel de vislumbración futura algo
elevada, y pueda ver lo que nos pasará dentro de algunas horas -
- ¿Quieres decir, que no nos ataco porque sabía que alguien lo haría después?
-
- Probablemente - Respondió Kurenai a Dhalia, mientras empezaba a caminar -
Será mejor que sigamos –
Aunque habitualmente, para sacar una nave de un hangar, hace falta mostrar
los papeles del registro en el planeta, y los papeles de posesión del vehículo,
esta vez no hizo ninguna falta. Y no es de extrañar, porque la edificación se
caía a pedazos, probablemente por el ataque a la ciudad. Cuando nuestro grupo
entró al hangar, la vigilancia de ella estaba bastante disminuida. Lo normal
es que el ejército detuviese el tránsito de de naves. Sin embargo, la poca guardia
que ha resultado estar en ellas, podría haberse calificado de patética. Sin
ningún tipo de cuidado, más del comprobar que nadie los mirara atentamente mientras
andaban, el grupo buscó y encontró la tan deseada, y desastrosa nave: El Phoenix.
Era grande, y parecía tener cabida para varios tripulantes, de eso no había
duda. Con su forma alargada, las alas poseían forma de semicírculos, y también
tenia tres hélices traseras, cada una en una de las tres ramificaciones que
poseía la nave por la parte trasera, y que aparentemente servían de algo más
que para las hélices y motores. Pero aparte de eso, estaba el gran inconveniente.
La nave no tenía muy buen aspecto. La pintura estaba ya raspada, y habían varios
cables sueltos. Aunque eso, sinceramente, no sorprendió a nadie, ya que era
de muy sabido por todo el universo que los mormones siempre preferían ocuparse
de sus partes mecánicas que las de otras máquinas.
- ¿Seguro que eso vuela? - preguntó Dhalia
- ¿Tienes otra nave, niña? ¿Por qué en ves de quejarnos tanto, subimos rápido?
Mejor preocuparnos de eso cuando estemos fuera de Kameu – le contestó el niño.
- Eso es si llega a despegar… - Resopló Kurenai mientra Joan corría hacia la
nave. Después de un rato intentando comprender los controles de la embarcación,
Joan consiguió abrir una compuerta, pero al ser una rampilla era de evidente
carga y descarga, mientras como todos se acercaban lentamente. Una sombra apareció
nada más bajar la rampilla de la nave, también de forma lenta. Aunque en primer
momento pensaron que podía ser un tercer mormón, la capa y capucha negra dejaban
claro que era un sith. Después de una lenta caminata, ante los asombrados chicos,
el sith tocó finalmente el suelo del hangar, dejando finalmente su cara, al
quitarse la capa. El pelo largo y rojizo, y sus tres ojos, no dejaban lugar
a dudas. Era Dotaf, que miraba inexpresiva a Joan y Meimi, para finalmente centrar
su mirada en Kurenai y Dhalia.
- Mierda, esto se complica. Dhalia, dirige a estos dos adentro. Y Joan, intenta
arrancar esto como sea. Yo me encargare de ella - dijo Kurenai mientras encendía
sus sables. Dhalia se intentó oponer, pero no tardó en comprender la situación
y correr y adelantar a sus compañeros.
- No te preocupes Kure, te vendré a ayudar enseguida - Grito mientras se acercaba a Dotaf. Encendiendo su sable, la padawan pelirroja se dispuso a proteger su huida, ante la mirada seria de Dotaf. Y mientras más se acercaba, pareciese que la sith menos ganas tuviese de ponerse en posición defensiva. Dhalia, que no quiso jugarse la entrada de sus compañeros, y nada más pasarla, le asestó un golpe, que rápidamente Dotaf consiguió detener, siendo empujada unos metros por la intensidad del golpe. Meimi y Joan entraron corriendo por tras ella, ante la mirada de la sith. Sin embargo el sonido de activación de sables, le hizo prestar atención a Kurenai, que ya estaba listo para el ataque. La continuación de la su primera pelea estaba a punto de comenzar.
Dhalia, Meimi y Joan entraron corriendo al Phoenix, mientras que se oían como
los sables-laser chocaban en el exterior. Tras correr muchos pasillos y entrar
en multitud de habitaciones, el Phoenix ya estaba investigado. Constaba de 9
camarotes no muy grandes, pero tampoco muy pequeños. También poseía un salón
o camarote principal muy grande, con sillones, una mesa grande la cual parecían
que servía para comer, un holograma informador bastante grande, etc. Esta sala
poseía también una ventana grande a la derecha, donde se veía el exterior, aunque
al estar en un hangar, pues la visión no tenía mucho que decir. Desde esta sala,
se podía acceder a las cúpulas de observación, cubierta de cristales transparentes.
En ella, el navegante se instalaba y observaba todo el espacio sin límite de
visión, ya que la sala era semiesférica. Había dos como estas, una en la parte
a arriba y otra en la parte de abajo de la nave. Las dos poseían un cañón de
protones, lo que también servían para defender la nave. Otro punto importante
que se descubrió, son los almacenes detrás de la nave, que eran tres. Estaba
situado al lado de cada uno de los tres motores, pero parecía no afectar al
cagarmento. El primero de ellos, estaba dedicado a la despensa, donde parecía
haber cantidad de alimentos suficientes para varios meses. El segundo, para
piezas mecánicas, las cuales creía Joan que eran recambios para la propia nave.
Y finalmente la tercera, contenedoras de gigantescos Bunkers, en los cuales
no decidieron curiosear, dado la peligrosa situación. Pero el lugar sin dudas
mas importante de la nave, y la más buscadas por nuestros compañeros, era sin
duda la sala de control. Espaciosa y que varios sistemas de control, Estaba
diseñada para ser utilizado por piloto y copiloto, en sus dos respectivos sillones.
A partir de esta sala se podía acceder a los cañones frontales, que se situaban
por debajo y de ella, en unas cavidades que salían por delante de la nave, en
forma de pico.
- Ok, parece que necesito un copiloto. No se puede despegar esto en solitario
- Dijo Joan al comprobar precariamente el manejo de la nave.
- Bien. Meimi, ayúdale, yo mientras saldré a ayudar a Kurenai - ordenó Dhalia
empujando al ángel hacia donde estaba Joan. Pero este detuvo a la padawan, mientras
le hacia mirar la silla del copiloto.
- No me serviría, mi copiloto no debe de ser humano - O eso parecía. De la silla
salían varios cables que parecían estar para ser enchufados a un androide.
- Pero no tenemos tiempo de buscar un androide - se quejó Meimi, mientras miraba
a todos lados.
- Pues habrá que hacerlo. Niñas, buscad por todos los camarotes algo que parezca
un cyborg, androide, o robot. Yo por mientras intentare encender esto - Añadió
Joan, mientras las dos chicas corrían hacia el pasillo.
En el exterior de la nave, Kurenai y Dotaf seguían con su lucha. El combate,
aunque al principio igualado, poco a poco se decantaba por el chico, mientras
el hangar se caía a pedazos. Los contrincantes se ayudaban en la acción tirándose
trozos de paredes y objetos variados uno contra otro. El sudor corría en los
rostros de los enemigos, sus sables chocaban, rompiendo el espectacular sonido
de destrucción que rodeaba el lugar. Sin embargo, la seriedad de la pelea y
la sinfonía del destrozado sitio, fue roto por el surgimiento de llamas del
Phoenix. El combate se detuvo por unos momentos, mientras Dotaf y Kurenai miraban
la nave en su mayor esplendor. Las luces se empezaban a encender, y los motores
hacían un ruido que retumbaba en todo el hangar. Por ese motivo, el maltrecho
edificio, que ya se venía poco a poco abajo, empezó a desquebrajarse a trozos,
ente la mirada de los adversarios.
- Parece que nuestro tiempo se acaba - dijo Kurenai ante la atenta mirada de
su enemiga.
Meimi y Dhalia se movían en el interior de la nave mormón, mientras que Joan
había encendido el Phoenix. Meimi buscaba en los camarotes, y Dhalia se atrevió
a entrar en los almacenes de la cola de la nave. Era un lugar oscuro, donde
parecía haber mucha maquinaria para reparación. Todo en un silencio estremecedor,
que Dhalia rompía entre sus quejas y rabietas.
- ¿Se puede saber donde narices esta ese androide? - gritaba por donde pasaba.
Pero una voz se le apareció, si así se puede decir, en la mente.
- "¿Se puede saber que haces?"- preguntó.
- Kure, ¿eres tú? ¿Y Dotaf? - cuestionó la chica reconociendo la voz de si compañero.
- "Esta debajo de un montón de escombros. No tardará en reponerse"
- respondió telepáticamente Kurenai.
- Joan necesita un androide para poner en marcha esta cosa, pero no lo encontramos.
Así no saldremos nunca de Kameu -
- "No te preocupes. Aunque me cueste decirlo, Joan es la única persona
que conozco que puede controlar en menos de 5 minutos cualquier aparato existente.
Desde una tostadora a una base espacial"-
- Pero no hay copiloto, y esto se desmorona. Además no tardaremos en llamar
la atención, y Dotaf no nos dejara marchar -
- "¿Siempre has sido tan optimista? Seguramente no estamos en un aprieto
tan grande como lo parece a primera vista."-
- ¿A primera vista? –
- “No hay que ser muy inteligente como para no pensar que esto, para alguien, es una situación que estaba perfectamente dentro de sus planes” –
- ¿Te refieres a Dotaf? -
- "No, creo que esta tira por otro costal…. Bueno, se acabo esta pequeña
conversación, tengo cosas que hacer" - dijo finalmente Kurenai, despidiéndose.
Dhalia, al ver que nadie le hablaba telepáticamente, suspira y vuelve a inmiscuirse
en su búsqueda. En ese momento preciso, se escucha de afuera el estruendo de
los sables chocándose. Y el pensamiento de la chica era obsesivo: Solo un poco
más, y bajo a ayudarte.
En otro lado de los almacenes, Meimi buscaba con rapidez el androide que supuestamente
debía de estar. Agitaba sus alas como un colibrí, mientras levitando, registraba
la habitación. Estaba llena de máquinas en funcionamiento. Pero en el fondo,
donde todo estaba apagado, se vio una forma extraña, y con esta excusa, Meimi
metió sus narices ese lugar. La extraña forma acabó siendo el robot que tanto
se buscaba. Parecía humano, incluso estaba vestido con un chaqué enteramente
negro. Aparte de la cara que parecía completamente humana, lo demás parecía
metálico. Las extremidades, tanto brazos y piernas, eran maquinaria con función
de extremidad. La ropa parecía ocultar el tronco del cuerpo del robot, y Meimi
no alcanzaba a ver si era metálico o no. Respecto a la cara, los pelos los tenía
rubios y en punta. Los ojos, cerrados, y no se podía ver el color. Se encontraba
en una esquina oscura de la habitación, arrinconado, y parecía estar muerto.
El ángel lo tocó levemente en un intento de activación, que pareció funcionar.
El ser extraño abrió los ojos rápidamente. Eran de pupilas negras, grandes pupilas
negras, las cuales tenían unas cruces rojas, una por cada ojo. Se levantó lentamente,
mientras, Meimi la seguía con la mirada. Finalmente ya de pié, los dos sujetos
se miraron.
- Hola, soy Akubit (2), androide especializado en el tratamiento
de información de cualquier máquina y ser vivo. Además de hacer todo para lo
que se me configure - Dijo el tal Akubit, firme y derecho, y sin apartar la
vista del ángel. Esta no tardó en abrazarlo.
- ¡Que bien que funcionas! ¡Debes de ir a hacer de copiloto para poder conducir
esta nave y poder irnos de aquí! - grito Meimi después de abrazarlo, mientras
le agarraba de los hombros.
- Gracias señorita, enseguida me pongo en ello - dicho esto, Akubit, corrió
hacia la sala de control. Se movía igual que un humano. Si no fuera porque Meimi
sabía que era un robot, pasaría por un humano retocado con aparatos metálicos.
El ángel, al ver que Akubit corría hacia la sala de control mientras ella le
seguía, se le ocurrió una idea. Antes de que llegara, Meimi le agarró del hombro,
y lo detuvo.
- Espera, primero has otra cosa - Dijo a la vez le empezaba a susurrar al oído
a Akubit.
Joan, en la sala de control, no sabía bien que hacer. Ya sabía como arrancar,
como conducir la nave, y también conocía la utilidad que prácticamente todos
los botones. Pero aun no podía despegar, sin un copiloto apropiado. Muerto de
los nervios, empezó a examinar el asiento del copiloto. No poseía mucha coherencia,
pero se veía bien claro que los cables que salían de la silla se enchufaban
en el cuerpo del copiloto. También había muchos botones en uno de los apoyos
de los brazos, que Joan decidió no tocar. Mientras observaba los circuitos,
apareció Meimi rápidamente por la puerta. El niño, mirándola, esperaba que le
trajera buenas noticias.
- ¿Lo has encontrado? - preguntó
- Si, le dije que fuera a ayudar a Kurenai - respondió sonriente Meimi, mientras
le rascaba le desordenaba el pelo en forma de cariño. Joan no tardo en deshacerse
del acoso.
-¡¿Qué?! -
-¡Pero me ha dicho como despegar sin necesidad de un copiloto androide! – Y
acto seguido, saltaba y se sentaba en la silla del copiloto. Joan la miraba
extrañado, pero esta se volvió sonriente hacia él y empezó a actuar. De los
botones que había en la silla, Meimi apretó el central, el azul. Todos los cables
fueron extrañamente absorbidos por la silla. A continuación, apretó el verde,
y apareció delante de ella un panel de control, ampliando el panel de control
principal.
- ¿Sabes conducir una nave? - preguntó Joan asombrado.
- Claro, fui la piloto de mi nave. Solo dime donde están los radares, los controles
y listo - respondió la sonriente Meimi, mientras que Joan empezaba a explicarle
el panel de control principal.
Dotaf y Kurenai seguían con su lucha en el hangar, cuando el Phoenix empezó
a elevarse. Aun a ras de suelo, la compuerta de carga se cerró, pero bajó una
especie de plataforma, en el cual estaba Akubit. Kurenai, al ver que el Phoenix
estaba listo para despegar, bloqueo un ataque, y lo repelió, tirando a Dotaf
hacia atrás. A continuación, empezó a correr hacia la plataforma, y de un salto
se instaló en ella. Ya estático y en equilibrio, el chico miro al androide.
- ¿y quién eres tú? - Preguntó
- Soy Akubit, humanoide especializado en el tratado de información de cualquier...
- Akubit no pudo terminar al ver como Dotaf venía corriendo hacia ellos.
- Déjalo, mejor subamos de una vez. O por lo menos que esto despegue - Dicho
y hecho. El Phoenix alzó el vuelo, destruyendo el techo del hangar. Los disparos
de las torretas sith no se hicieron esperar, pero no conseguían noquear a la
nave. Viendo que ya se alejaban de la superficie de Kameu, Kurenai suspiró tranquilo.
- No... No tan... rápido… esperadme - Dijo una voz, alertando a la pareja de
a plataforma. Mirando hacia abajo, se podía observar como Dotaf se pudo agarrar
a la nave en última instancia, y que subía rápidamente a donde estaban ellos.
Kurenai, asombrado por el logro de la tríclope, no encontraba posibilidades
de deshacerse de ella. Ya de pie en la plataforma, Dotaf se desplomó ante ellos,
arma en mano. Kurenai encendió las suyas, instintivamente. Pero al encenderlo,
rompió la bolsita marrón que colgaba de su cinturón, entregada por Dhalia hace
un día y en consecuencia, abriéndose. De ella salieron cinco pequeñas piedras
de colores, que se desperdigaron por la plataforma.
- Mierda, se han caído - dijo Kurenai mientras intentaba recogerlas. Pero Dotaf
le puso su arma en la cara, sin encender.
- Espera un momento… - Y a continuación, Dotaf volvió a dejar caer su arma.
Parecía cansada. Se giró y se tumbó boca arriba. Todavía se movía un poco, y
parecía consciente, porque tenía los ojos abiertos. Pero por lo demás, daba
la impresión de que estaba sin fuerzas.
- ¿Qué le pasa? - pregunto el chico al androide, sintiendo que incluso el mismo
padecía los mismos casos de cansancio repentino.
- Estamos saliendo de la atmósfera, señor. Aquí no hay tanta cantidad de aire,
y por lo tanto el cuerpo no recibe tanto oxígeno - respondió rápidamente Akubit.
- Bien, de acuerdo. Pues súbeme a la nave y deshazte de... – Y sin poder decir
nada más, Kurenai se desmayó. Akubit, interpretando a su manera lo que pudo
entender del mensaje, hizo lo que se le había ordenado.
Mientras Meimi y Joan veían como el espacio se habría ante ellos, y conducían
el Phoenix por entre los restos de una batalla espacial provocada por la guerra,
Kurenai se recuperaba. Se observaban cargueros espaciales sith destruidos, y
muchas de sus naves. Pero lo que mas quedaba allí, eran los restos de las naves
kameurianas, que daban un panorama desolador. Aún así, no parecía haber peligro.
Y en el radar no se veía ningún aparato en funcionamiento. El Phoenix debía
salir de allí sin mas problemas. En el salón principal, Dhalia esperaba impaciente
que subieran sus compañeros que no tardaron. Akubit traía en brazos a un Kurenai
dormido. Lo tumbó en un sillón y lo despertó con una pequeña electrocución.
Este abrió los ojos rápidamente, y atrayendo uno de sus sables, lo encendió,
y se puso en una posición defensiva.
- Lo siento, señor. No lo volveré a hacer - Se disculpaba sobresaltado el cyborg.
Kurenai revisando todo, pegó un suspiro, y guardo su sable.
- No pasa nada, Akubit. Y deja de llamarme señor, no soy tan viejo – Añadió
mientras se sentaba en el sillón. Dhalia, sorprendida, recompuso la compostura,
y le sonrío.
- Me alegra que este bien – Dijo. El chico le miro extrañado. Esta se extraño
un poco ante la mirada, pero Kurenai se tumbo enseguida en el sofá.
- Claro que estoy bien, ¿o te crees que apenas puedo con una simple sith? -
dijo tumbándose hacia el lado opuesto de donde estaba Dhalia. Fin de la alegría.
- ¿Se puede saber porque te las das de todopoderoso, si la última vez Dotaf
por poco nos destroza? -
- ¿Perdón? Por poco de destroza a ti, por incompetente… -
- ¡Serás engreído!- Kurenai se reía mientras Dhalia seguía insultándolo, pero
terminaron los dos riendo, ante los extrañados ojos de Akubit. En cierto modo,
sentían que escapar de Kameu, era al fin y al cabo, deshacerse de una gran carga
y peligro.
- Vaya, chico, hace tiempo que no te veo tan alegre - dijo Joan riéndose un
poco, que entraba a la sala desde la de control. Meimi entraba también con él.
- Cállate Joan... – Le contestó, totalmente serio. Era increíble como Kurenai
podía cambiar de humor en tan solo 1 segundo, y eso sorprendió a todos.
- Perdonen pero, ¿qué hago con la otra chica? - Preguntó Akubit, ante la sorpresa
de todos.
- ¿Qué otra chica? - dijo Meimi
- A tríclope guerrera que peleaba con el señor Kurenai - Al oír esto todos se
quedaron de piedra. No era previsto tener una sith indomable en la nave.
-¡¿La has dejado subir?! ¡¿Como se te ocurrió semejante idea?! - Dhalia se levantaba
a gritar al indefenso robot.
- Déjalo Dhalia… - respondió rápidamente Kurenai, mientras agarraba del hombro
a la padawan - Es normal que piense que lo mas coherente sea salvar a una persona
y no matarla, es mejor así -
- Pero... -
- Ya veremos lo que hacemos, por ahora enciérrala en algún camarote, donde no
haya nada. Quítale el arma y tráenosla, ¿Entendido Akubit? - Dijo Joan, tomando
el mando de la situación, mientras se sentaba, al igual que Meimi. Kurenai se
levanto de prisa y llamo al cyborg una vez más.
- Oye Akubit, dame la bolsa, por favor - dijo Kurenai alzando la mano.
- ¿Que bolsa? - pregunto Akubit.
- Pues la que se me cayó con las piedrecitas en la plataforma de lanzamiento.
Las recogiste, ¿no? -
- Sí, y me deshice de ellas -
- ¡¿Qué?! -
- Usted lo ordeno -
- ¡¿Qué yo?!
- Las tiré al espacio y le disparé para que se dispersaran -
- ¡¿Qué has hecho que?! - Kurenai se encontraba prácticamente en un estado catatónico,
o eso le parecía a la (ya) tripulación del Phoenix.
- ¿Que te pasa Kure? - preguntó Meimi.
- El señor Kurenai se queja porque me deshice de unas piedras que el tenia guardadas
– Un silencio sepulcral invadió la sala. Quitando la importancia o no de esas
piedras, la verdad es que la mirada seria que poseía el muchacho no pronosticaba
nada bueno. Akubit solo prosiguió su camino. Kurenai se levantó lentamente.
- Joan... cambia el rumbo de la nave. Dirígelo hacia el primer planeta que te
encuentres en Huertbo - Dijo cabizbajo Kurenai.
- Pero, ¿y que hay de eso de dejar llevarme de vuelta a Coruscant? - pregunto
Dhalia
- ¡Me da igual eso ahora! ¡Nadie debe encontrar esas piedras! ¡Nadie! ¡Solo
yo debo poseerlas! – Y dicho eso kutenai empezó a empujar a Joan hacia la sala
de mando, ante la mirada de las dos chicas.
Fin del Capítulo 05
Story by H.Batto
Star wars © Lucas Film
(1) Naves monoplazas deslizantes muy utilizadas en la zona este del espacio. De estructura similar a una motocicleta, por ligereza no poseía carcaza metálica y estaba compuesta únicamente por los mecanismos que la hacían funcionar, sillín y manillar. Por ello, también eran bastante baratas.
(2) AK-BT. BT son las ciclas universales de androide de información aplicada, es decir, que la información que recibe la procesa y aprende a realizarlo. AK es, seguramente, el nombre del modelo.