Iain Covenant, murió en las Cruzadas, para regresar como un muerto en vida, un alma en pena, bajo la maldición de ser un Spawn...”

Action Tales presenta: Spawn The Dark Ages

Escrito por The Stranger

EL EJÉRCITO DE LAS TINIEBLAS

PARTE 3

Dedicado a Todd McFarlane, creador del monstruo

Anteriormente en Spawn: The Dark Ages: Cogliostro ha conseguido un arma especial fabricada para los Spawn; se trata del hacha conocida como Agonía. Una vez la tiene, junto a Mammon, un misterioso personaje al que se ha unido, va a liberar a un Spawn especialmente poderoso, conocido como Raven Spawn. Mientras tanto, Iain Covenant parece haber logrado encontrar la paz en la reconstruida Rhyll, de la que es señor, y en la que vive en paz con gente de bien.

Spawn descansó su enorme pie derecho sobre el ventanuco de piedra. Fuera, en unos minutos, saldría el sol, y un nuevo día le saludaría; a él y a Rhyll, su bello reino que había visto resurgir de sus cenizas, algo que no habría podido conseguir sin la ayuda de las buenas gentes que ahora eran las dueñas de los terrenos que se mostraban ante sus verdosos ojos.

En la habitación en la que se encontraba, una de tantas del castillo en el que solo él vivía, solía observar los amaneceres y atardeceres. Era la estancia desde la que mejor podía otear el comienzo y el fin de cada jornada; para divisar los campos, las casas, y los comercios, prefería bajar, y sentirse un miembro más de Rhyll.

Ni gobernante ni gobernado; uno más.

           

Sin embargo, había algo diferente en el ambiente ese día. Estaba enrarecido, podía sentirlo en el paladar, incluso mascarlo, como la piel grasosa de un pollo bien cocinado.

Covenant giró levemente la cabeza al oír como, la puerta entreabierta de la estancia, se abría aún más. El ruido de los pequeños pies de G´Noxx le delató.

–No es normal verte despierto tan temprano, G´Noxx –dijo Spawn a modo de saludo–. Y menos cuando el sol está a punto de salir.

El demonio no respondió. Era raro, pues no destacaba por su personalidad callada y taciturna.

–Pasa algo, ¿verdad? –Dijo Spawn–. Te conozco lo suficiente como para saber cuándo estás escondiendo algo que temes decirme. Aún así, lo siento en las entrañas. Algo pasa, pero no puedo discernir el qué. ¿Es el Cielo que se atreve a atacarme de nuevo? ¿El infierno envía algo nacido en sus entrañas para doblegarme? ¿Acaso no puedo vivir en paz sin luchar contra fuerzas que intentan usarme como un vulgar peón?

Spawn se giró completamente. El raquítico demonio estaba bajo la cama sin usar de la habitación.

–Algo ha ocurrido, mi señor infernal –confesó.

– ¿Cómo puedes saberlo tú cuando yo sólo tengo una leve sensación?

–Soy un demonio informador, señor. Nos informamos por numerosos medios y, muchas veces, simplemente… sabemos cosas.

Covenant no entendió bien lo que quería decir. En realidad, nunca se había parado a pensar cómo funcionaba G´Noxx exactamente.

Tenía sentido que supiera detalles de acontecimientos que ya habían pasado, pero en muchas ocasiones había descubierto hechos que acaban de ocurrir, y sin separarse de su lado.

–Sólo estamos limitados a lo que desean nuestros amos.

–Malebolgia. Sigues conectado a él.

–Exacto, oh, mi caudillo del fuego eterno. Si no quiere que sepamos algo, no lo sabemos. Pero no es a lo único que estamos conectados; estamos enlazados a las diferentes energías místicas que pueblan no solo la Tierra sino un espacio más allá… –El demonio se detuvo, consciente de que podría ser demasiada información–. Sabemos lo que sabemos porque es nuestro oficio, mi señor.

–Y algo pasa.

–Algo malo. Muy malo. Puede que peor de lo que podría parecer –informó G´Noxx.

–Hemos pasado por muchas cosas. Primero, yo solo; luego, juntos, amigo. –Spawn había acabado considerando al demonio como su único y autentico compañero, tras las continuas decepciones que se había llevado con otros que pretendían guiarle en su camino por la senda del Spawn.

–Es diferente a cualquier cosa que se haya enfrentado.

–Se avecina pues un combate…

– ¡Uno muy duro! ¡Realmente duro! Un Spawn ha sido liberado, mi señor.

Covenant no respondió inmediatamente. Necesitaba procesar la información que le llegaba.

Le había preguntado varias veces a Cogliostro por otros Spawn. Todo lo que le había contado era confuso, aunque había conseguido ordenar ciertos datos gracias a la inestimable ayuda de G´Noxx.

Cada cincuenta o cien años, era creado un Spawn. El origen de los Spawn era Malebolgia, el demonio que decidía qué almas debían unirse a un organismo simbionte, una armadura viva, con la que entrenarse para convertirse en el general de sus ejércitos.

Antes de su llegada, ya existían muchos Spawn. Probablemente más de los que pensaba. Según lo que sabía, muchos había muerto, otros estaban ocultos, y los restantes vagaban de un lado a otro, en busca de diferentes destinos, algunos con ansias de restaurar su humanidad.

Como le ocurría a él.

–No es como usted, mi lord infernal –dijo G´Noxx, como si leyese los deseos de Covenant.

– ¿Cómo yo?

–No le interesa la humanidad, algo que ya había perdido antes de ser convertido en uno de los engendros infernales de Malebolgia. ¿Recuerda que le dije que a Malebolgia le interesan una serie concreta de almas?

–Lo recuerdo –asintió Spawn.

–Con la pizca adecuada de maldad y bondad. Un guerrero al que moldear, hacer caer, poner de rodillas… Una bestia a la que imbuir del odio suficiente como para obedecer y llenar de sangre la tierra que pisan los hombres. Pero si ese odio es desmedido, surgen Spawns que Malebolgia no puede controlar. Magníficos guerreros; pobres generales.

–Y ha sido liberado un Spawn así.

–Sí, mi adalid de la oscuridad. Alguien, aunque no consigo saber quien, lo ha soltado.

– ¿Viene hacia acá?

G´Noxx no contestó.

–¡G´Noxx! ¡Debo saberlo!

–Aún no. Ni siquiera sé cuál es exactamente, pero si algo es seguro, es su odio.

Spawn sabía mucho sobre eso.

–Es inmenso –sentenció el demonio.

Covenant miró al horizonte; el sol acababa de salir.

Dejó que le acariciase el rostro desfigurado, mientras trataba de disfrutar del nacimiento de un nuevo día.

Aunque llegase cargado de malos augurios.

-------------------------------------------------------------------------------------------

Norte de Francia.

Castillo de Hiffner.

El ser conocido como Raven Spawn observó como el sol tomaba su lugar en el cielo. Hacía siglos que no veía un amanecer, pero no habían cambiado; un espectáculo luminoso de dudoso gusto para él. Algo que sólo podrían disfrutar los seres de barro que Dios había creado para que poblasen un planeta que debía ser reducido a cenizas por su propia mano.

A unos prudenciales metros, en la planta baja de aquella parte del derruido castillo, Mammon y Cogliostro, a través de un enorme agujero que había en el techo, observaban atentamente al recién regresado a la tierra de los vivos.

Raven no les había dirigido la palabra desde que lo habían liberado. Simplemente, se había puesto a deambular por la fortificación, como si la conociera de antes; como si disfrutase con la derrota que los años le habían conferido.

Luego, se detuvo a divisar el horizonte, mientras los rayos de luz bañaban todo el paraje en el que se situaba el castillo.

–¿Qué demonios estamos esperando? –preguntó Cogliostro en un susurro.

–Probablemente esté haciéndose a la idea de que el mundo ha seguido su curso; quizás intente pensar en quienes le encerraron, para ir a por ellos y acabar con sus vidas. –Mammon miró a Cog–. O puede que esté pensando si destruirnos, o no. Kray-Von Gore nunca ha sido uno de los spawns más transparentes que he conocido.

           

–Y por eso lo hemos despertado.

–Podrá con Covenant, aunque sus poderes hayan aumentado, o haya aprendido a usarlos con pericia –sentenció Mammon–. Si nos ataca, dale su ofrenda. Agonía lo calmará; luego, podremos relatarle la situación.

Cogliostro no lo veía tan claro. Raven Spawn era uno de los guerreros de Malebolgia de los que apenas sabía nada, pero lo poco que conocía era que no se trataba de uno de los engendros más fáciles de tratar.

–Le doy el hacha y nos aniquila. Después, destroza el mundo –resumió el viejo.

–Puede ser una de las alternativas –asintió Mammon.

–Pero es nuestra única oportunidad contra Covenant.

–No, es tú única oportunidad parar lograr la salvación. Sé lo que piensas, anciano, y te recuerdo que estoy en este juego desde muchísimo más antes que tú. Malebolgia a mi lado es un mozo de cuadras.

Cogliostro no contestó. Él también había manipulado, planeado, preparado, planificado… Sabía que, si uno no tenía convencimiento de que algo no iba a funcionar, no lo llevaba a cabo.

Probablemente, Raven Spawn no los mataría. Otro asunto era que siguiera sus órdenes o, como mínimo, se uniese a ellos.

 De repente, el engendro del infierno se retiró del ventanuco por el que observaba al sol. Sus brillantes rayos estuvieron a punto de alcanzarle, así que, se retiró a las sombras; no es que fuesen dañinos para él, pero nunca había aguantado al astro rey.

Tras un par de ágiles y rápidos movimientos, aterrizó junto a sus libertadores. Sus ojos muertos les escrutaron, como un animal que inspecciona a su posible presa, para saber si es comestible, o podría usarla para cualquier otra cosa.

Cogliostro intentaba no mirar directamente a la criatura. Sus ganchos, los garfios que tenía en las manos, su capa, su cadavérico rostro, la capucha que lo cubría parcialmente… Había tenido frente a él a una multitud de spawns, no todos los que existían o habían existido, pero sí a un nutrido grupo y, nunca había sentido algo parecido al miedo.

           

Hasta ese instante.

–Vosotros me habéis liberado –dijo Raven Spawn, con una voz susurrante. Una mezcla de huesos raspándose entre ellos y hojas secas.

–Sí, hemos sido nosotros –se atrevió a responder Mammon.

Raven se volvió hacia quien había hablado. Lo olisqueó con la misma actitud animal que había empleado con Cogliostro. Un gesto de repugnancia apareció en el poco rostro que dejaba ver.

–Huelo algo en ti que no me gusta… –El engendro escrutó el rostro de Mammon con más atención–. Mammon, eres tú. Los años han hecho mella en mi memoria, pero te reconozco.

Raven apretó uno de sus garfios con los dedos.

–Te he liberado porque necesito…

–Eres la serpiente detrás de la serpiente. Y encima eres… –Raven volvió su mirada a Cog–. Presiento que el infeliz que tienes a tu lado no sabe tu autentica procedencia. Cuando acabe contigo, se la contaré, antes de terminar con él.

–Es Cogliostro –presentó Mammon.

El ser miró de arriba abajo al anciano, como si no pudiera creer estar delante de quien estaba.

–¿El Sanguinario? –preguntó. Cog asintió con la cabeza–. He oído hablar mucho de ti. Siento un gran honor por tu trabajo. Destruir a la mitad de la creación de Dios con un solo golpe, sólo está al alcance de unos pocos.

–Debo reconocer que no he oído hablar de ti tanto –dijo el viejo.

–Podremos intercambiar historias cuando le arranque la columna a este insidioso antiguo bastardo. –Raven señaló a Mammon.

–Te hemos traído a Agonía –dijo Mammon.

Cogliostro alzó el hacha. Los dedos de Raven Spawn temblaron de emoción al acercarse al mango de Agonía. Cuando la tuvo en sus manos, pudo verse en su cara el gesto sorprendido al comprobar lo poco que pesaba.

–Tantas leyendas, tantas historias… Y, al fin, la tengo entre mis manos –susurró.

–Recuerda que he sido yo quien te la ha traído –dijo Mammon–. Yo, el antiguo bastardo.

–¿Y por ello debo perdonarte la vida? –Raven acercó el hacha al cuello de Mammon–. ¿Desde cuándo he tenido yo honor?

–Te he liberado, te he traído a Agonía y tengo una misión que…

–Ya tengo una misión, sucio saco de estiércol lleno de mentiras –gruñó el engendro–. Voy a arrasar este planeta, bajaré al infierno, le arrancaré la cabeza a Malebolgia y después iré a por Dios, para enseñársela y matarle después.

–¿Estás contra Malebolgia? –preguntó Cogliostro, algo confundido.

–¡Él me encerró aquí! –rugió–.  ¡Él usó los guerreros de Dios, mediante artimañas, para tenderme una trampa!

El anciano lo entendió. Siempre lo había entendido. Eran los otros spawns los que no lo hacían.

Con Malebolgia, si te salías del tablero de juego, te salías para siempre. No había marcha atrás. No había más caminos que transitar hacia el bosque. Y, si los había, te dirigían a la casa de Malebolgia, no hacía donde querías ir.

Daba igual que fueses un spawn que quisiera recuperar su humanidad. O uno de los que deseaban la paz. O aquellos que querían encerrarse y dejar pasar los años hasta pudrirse. O los que se dedicaban a abusar de sus poderes para crear un infierno en la Tierra.

Malebolgia tenía contemplados todos los planes antes de que se hicieran realidad. Y, si no te adaptabas a ellos, le daba igual tirarte al fango y crear otro spawn.

Al fin y al cabo, los humanos eran seres que pecaban sin mesura. Siempre habría uno de ellos perfecto para ser un engendro del infierno.

Cogliostro sabía que eso nunca cambiaría.

–Hay algo que puedes hacer en contra de Malebolgia –interrumpió Cogliostro a Mammon–. Hay un nuevo spawn. Uno poderoso, que está logrando labrarse su propio camino.

–Huelo la verdad en tus palabras, asesino de todos –dijo Raven.

–No siempre son sinceros mis labios, pero he sufrido en mis propias carnes las injurias de Malebolgia. Hemos recuperado a Agonía para ti, aunque yo sea un spawn; te hemos liberado y todo para que nos ayudes a acabar con un engendro que puede hacer historia.

–Muchos han muerto simplemente por cruzarse en mi camino, pero tú me hablas de ayudaros, anciano. –Raven asintió–. Eres quien Mammon dice que eres. Puedo llegar a fiarme de tus palabras, pero no de las suyas.

Señaló a Mammon.

–Sé que no se puede confiar en él, y seguro que me esconde más de lo que dice, pero ninguno de nosotros debe temerle; los dos tenemos nuestros planes –explicó Cog–. Ese spawn cree poder vivir como un humano, y lo ha conseguido. Destrúyele, acaba con la nueva mascota de Malebolgia, y luego acaba con este mundo; nadie lo echará de menos, ni nadie te lo impedirá.

Raven Spawn miró a Mammon, quien alzó las manos, en señal defensiva.

–Quédatela. Tengo otros planes.

–Algunos de ellos tienen que ver con Malebolgia, lo huelo, pero no tienes valor para admitirlo –espetó el ser.

Una mueca de desagrado se dibujó en el rostro de Mammon, aunque no respondió.

–Lo haré –afirmó Raven.

Mientras Cogliostro veía cada vez más cerca su salvación, Mammon se frotó las manos.

Al final, todo había salido bien. Lo difícil estaba hecho.

-------------------------------------------------------------------------------------------

Caía la tarde sobre Rhyll cuando Michael Rivendales paseaba por sus modestas calles. Acababa de terminar con el huerto de Greffor, un hombre viejo, no tanto como Trancos, pero lo suficiente como para no valerse por sí mismo a la hora de trabajar la tierra. Además, estaba el hecho de que carecía de una pierna, que había perdido hacía años en una pelea con unos asaltantes.

Pero eso fue antes de Rhyll. Antes de que estar, como todos los de la ciudad, bajo el abrigo de Iain Covenant.

El joven se acercó a su mejor amigo, Jericho de Flandes, que se encontraba sentado en los pequeños escalones que conducían a su casa, disfrutando del frescor de la tarde y de un buen libro que tenía entre manos.

–¿Ya habéis terminado? –preguntó el muchacho sin sacar los ojos del libro.

–Uf, ha sido duro, pero sí. Podrías haber ayudado.

–Yo fui a cazar esta mañana temprano con Lugos.

–¿El hijo de Willow? –Michael movió la cabeza negativamente, parándose al lado de su amigo–. Es un poco torpe, ¿no?

–Sirviendo cervezas, pero dale un arco y es capaz de atravesar el ojo de una mosca a trescientos metros.

–Tendrá que ir con vosotros el próximo día para ver tal hazaña.

–Eso si no te pasas otra noche en vela pensado en Ulora.

Ambos chicos se miraron con una sonrisa. Se notaba que la chica le gustaba a Michael; aunque no se le viese en la cara, su amplia sonrisa al escuchar su nombre lo delataba.

–Bueno, es un buen motivo para no dormir, amigo –declaró Michael, sentándose junto a Jericho.

–Dile lo que sientes. Seguro que a ella le pasa lo mismo.

–¿Tienes fiebre o algo así? –El chico tocó la frente de Jericho–. Vaya, pues no. Estás completamente cuerdo.

–No entiendo esa reticencia –replicó Jericho.

–¿Esas palabras cultas las has aprendido de tus libros?

–Libros que tú también deberías estar leyendo. ¿No quedamos en que aprenderías? Vas atrasado con tus lecciones.

–A eso me refiero –suspiró Michael–. Ulora nunca se fijaría en mí. ¿Me has observado? Visto con harapos, trabajo la tierra y apenas si podría ser un guerrero. ¿Qué podría ver un ángel del cielo como ella en un miserable como yo?

Jericho negó con la cabeza, inmerso en el libro.

–La vida es muy corta para andar con dudas, amigo mío –contestó al fin–. Puede que fuera de estos muros seamos dos haraganes sin futuro, pero aquí, en Rhyll, somos importantes. Somos lo que llevamos dentro, y Ulora lo sabe. Aquí, todos somos iguales.

–Te estás volviendo un sabio demasiado joven. ¡Pronto se te caerá el pelo! –bromeó Michael.

Ambos rieron alegremente.

–Puede que intente decirle algo, pero no hoy. –El joven señaló el libro de su amigo–. Hoy tengo que recuperar el tiempo perdido.

–Bien dicho –asintió Jericho.

Justo cuando se decidieron a entrar en la casa que compartían, vieron la enorme sombra de Spawn en una de las ventanas del castillo. Fue durante un leve instante, pero no hubo ninguna duda de que era el señor de Rhyll quien había estado asomado.

–Hoy no ha bajado de ahí –murmuró Michael–. Los demás hablan, y dicen que algo pasa. Que jamás ha negado su presencia diaria para los habitantes de Rhyll.

–Se ha asomado varias veces, pero nada más –aclaró Jericho.

–¿Crees que ocurre algo, amigo?

–No lo creo; lo sé. Llevamos poco tiempo aquí, pero es fácil notar cuando las cosas van mal. –Jericho levantó la cabeza, dejando ver un gesto de preocupación en su faz–. Las cosas siempre van tan bien que es fácil detectar cuando se tuercen. Puede incluso olerse en el aire.

Jericho se puso en pie.

–Deberíamos entrar. Lord Covenant se ocupará de todo.

Michael estuvo de acuerdo. Si él no era capaz, nadie lo sería.

-------------------------------------------------------------------------------------------

Spawn vio como los chicos, los más nuevos habitantes de Rhyll, se metían en la vivienda que les servía de hogar. Desde donde estaba podía palpar la preocupación que se cebaba en ellos. No sólo en los dos jóvenes, sino en todos los vecinos de Rhyll.

–Tendría que haber bajado para tranquilizarles –se dijo a sí mismo en la penumbra de sus aposentos.

G´Noxx escaló por un candelabro, escupió sobre la vela que lo coronaba y ésta se encendió, Repitió el proceso un par de veces más, haciendo que la estancia se iluminase.

–Creía que, si permanecía aquí, la presencia que se acerca se alejaría –murmuró Spawn–: Me equivoqué.

Se alejó de la ventana. En unos pocos pasos, se aproximó a la enorme cama que le servía para descansar por las noches, y se sentó en uno de los bordes, haciendo que se quejase.

–Estás muy callado –dijo Spawn al demonio informador.

–No quería estropearos vuestros pensamientos.

–He tenido todo el día para pensar. Toda una jornada para concentrarme en lo que está por venir, pero sigo tan ignorante como esta mañana, y la noche está próxima.

Spawn dejó un silencio para que el ser lo ocupase. Sin embargo, para su sorpresa, no lo hizo.

Algo se encendió en la mente de Covenant.

–Sabes algo –pronunció.

–Se acerca el spawn del que le hablé esta mañana, mi señor.

–Dijiste que…

–¡No ha tardado mucho en poner rumbo hacia aquí!

Spawn se levantó. Una carga que hacía tiempo que no sentía se situó sobre sus hombros, cómodamente. Lo abrazó como una amante a la que llevase tiempo sin seducir y satisfacer.

–Hace tiempo, Cogliostro me dijo que atraigo al mal. Que, como engendro de Malebolgia, mi sino es ser el centro de todo lo maligno que puebla este mundo miserable. No me compadezco; ya no, pero no quiero que esta gente sufra más de lo que ya lo ha hecho. Por mi culpa, Rhyll ha caído en una desgracia tras otra durante demasiado tiempo.

Spawn tomó su espada, que reposaba en una de las sillas de la habitación.

–Eso se acabó.

–¿Qué va a hacer, mi señor?

–Reunirme con ese spawn. Esto se acaba ahora; quiera lo que quiera, se acaba ahora. Antes de que llegue.

–Está a dos días de aquí, infernal dueño de Rhyll –explicó el demonio.

–Sabes su localización exacta. –Covenant alargó una mano. G´Noxx subió por ella hasta situarse encima del hombro derecho del engendro–. Llévame hasta él.

–¿Está seguro? Es un spawn muy poderoso.

–Lo sé. Siento su energía hasta aquí. Tranquilo, en principio, intentaré hablar con él. Que me explique los motivos por los que se dirige hacia Rhyll; ya habrá tiempo para luchar.

–En verdad, ha madurado, señor Covenant.

–No. Soy la misma moneda, pero con diferente cara.

En un resplandor verde brillante, Spawn y G´Noxx desaparecieron. Hicieron acto de presencia en un camino de tierra, rodeado por numerosos árboles, que daban la bienvenida a la noche mecidos por la suave brisa que traía la oscuridad.

Frente a él, tenía a una criatura envuelta en sombras. Iba a pie, al contrario que las dos personas que había tras ella, que iban a caballo, a una distancia prudencial.

Spawn no reconoció al ser que tenía delante, pero estaba claro que era el spawn liberado. Tampoco sabía quién era el hombre, de porte elegante, que iba en uno de los caballos.

Pero sí recordaba al viejo que montaba al segundo animal.

–Cogliostro –fue lo único que pronunció Covenant.

Raven Spawn tensó su cuerpo muerto, dispuesto a combatir. El anciano tras él bajó de su montura, y corrió a interponerse.

–¡No! No es el momento, ni el lugar –dijo.

–¿Es él a quien buscamos? –preguntó Raven.

–Es él, pero no es el momento –repitió el anciano.

El spawn fue a contestar, pero saber que Cogliostro y aquel spawn se conocían aumentó tanto su curiosidad que estuvo por encima de sus ganas de verter sangre verde de otro como él.

Retrocedió unos pasos, aunque sin dejar de estar atento a cualquier movimiento del recién llegado.

–Tendría que haber sabido que eras tú –murmuró Spawn.

Cogliostro intentó alejarse de sus dos compañeros de odisea unos metros hacia delante. Covenant no tardó en pararlo, antes de que hubiera avanzado siquiera dos metros.

–¡Tendríamos que haber sabido que eras tú, vieja cagarruta de cerdo enfermo! –insultó G´Noxx, con una siniestra sonrisa de oreja a oreja que no dejaba entrever si era creada por el enfado o por una irónica alegría.

–¿G´Noxx? –La sorpresa cubrió la cara del viejo–. ¡Pequeña ladilla salida del escroto del infierno! ¡Te tendría que haber matado cuando tuve la oportunidad! ¡Ahora tengo la ocasión de…!

–¡No tendrás ocasión de nada! –Spawn agarró el cuello del anciano. Éste se elevó unos centímetros por encima del suelo–. ¡Vas a hablar! ¡Vas a contarme de qué va esto!

Tras ellos, Raven Spawn dio un paso al frente.

–Quieto. –Mammon aguantó la mirada del engendro cuando se giró hacia él–. Son viejos conocidos; es la forma que tienen de saludarse.

La criatura no respondió, pero tampoco hizo ningún gesto que diese a entender que fuese a ayudar a Cogliostro.

Hacía ya mucho tiempo que aprendió a no meterse en los asuntos de los demás. Aunque, aquel spawn, era la causa de su despertar, al fin y al cabo.

–Esto… esto… es mucho más grande lo que piensas… –musitó Cog.

–¡Siempre es más grande! ¡Nunca entiendo lo que ocurre! ¡Yo soy una pulga en tus planes, viejo! –Covenant apretó aún más su garra alrededor de la garganta del anciano, sacándole una buena dosis de aire–. ¡Tengo una sorpresa para ti! ¡He empezado a entender! ¡Ahora soy consciente de lo que ocurre! ¡Cuéntame por qué ese ser va hacia Rhyll! ¡Y por qué le acompañas!

Cogliostro señaló su cuello. Spawn lo soltó, dejándolo caer en el suelo.

–Y, si vas a mentirme, recuerda que aún tengo en la mente lo que me hiciste con el martillo de Loki(1). O lo que pretendías hacerme.

El viejo miró con odio a G´Noxx, quien mostró una mueca de sincera felicidad. Al menos, del modo en el que un demonio podía mostrarla.

“Esa maldita lacra ha hablado más de lo que pensaba”, se dijo Cogliostro a sí mismo.

–Tienes razón, el spawn va hacia Rhyll. Los tres vamos hacia Rhyll –confesó.

–Quién es el otro. –Covenant se refería a Mammon.

–Se llama Mammon. Poco más sé de él.

–¡No me mientas!

–¡Te digo la verdad! –escupió Cog, aunque sabía más sobre su acompañante de lo que estaba dispuesto a admitir.

           

–Tú nunca dices la verdad, viejo. A menos que te beneficie a ti.

Spawn pensó en darle un puntapié, pero no merecía la pena. Además, tenía la sensación de que tendría ocasión de dárselo más adelante.

–Estás acabado –sentenció Spawn.

–¿Eso crees, Covenant? –Una sombra de furia e indignación apareció en los ojos de Cogliostro–. ¿Consigues un rebaño de fieles seguidores y ya te crees mejor que yo? ¡Yo te vi renacer! ¡Recuerdo la patética criatura que fuiste!

–Esos tiempos se han acabado.

–¿De verdad? ¿Les has contado a esos cabestros de Rhyll quién eres en realidad? –Cog sonrió al ver un leve estremecimiento en el engendro–. ¡Ja! No lo has hecho. Sigues siendo tan débil como siempre. ¡Incapaz de ver que hace falta autentico valor para deshacerse de esta maldición que nos corrompe!

El anciano señaló a Raven Spawn.

–¿Quieres saber la verdad? ¿Tu diminuto cerebro de vaca sabrá captarlo? Mammon y yo hemos liberado a uno de los engendros infernales más mortales, poderosos y crueles que han  existido. Un ser tan abyecto que Malebolgia en persona lo castigó para que no arrasase la bola de barro creada por tu Dios. ¡Y va a arrasar Rhyll si no cumples nuestros deseos!

Spawn no habló. Estaba dispuesto a escuchar.

–Tú irás con Mammon –informó Cogliostro–. Será así, te guste o no. De un modo u otro. No hay un camino alternativo que escoger.

–¿Si no quiero…?

–SI tu deseo es no ir por las buenas, esa criatura matará a todo hombre, mujer, niño y anciano de Rhyll. Hará que lo que hizo DuBlanc(2) sea un poema escrito por la más hermosa de las damas.

–¿Y para qué me quiere ese tal Mammon?

–Eso no es asunto mío.

–Y tú consigues tu amada salvación. La que tanto has ansiado. –Una seca carcajada salió de la garganta de Covenant.

–Sí.

–¿Y el spawn?

–Acabará con toda la vida de este mundo –espetó Cog–. Es capaz de hacerlo. Lleva un arma. Un hacha, llamada Agonía. Es una herramienta de muerte y destrucción fabricada para los spawns.

Cogliostro señaló a G´Noxx con un dedo acusador.

–Ese demonio te puede informar sobre ella.

–Y pretendes que vaya con ese desconocido, que gracias a ello consigas salvarte, tras todo lo que me has hecho y, por si eso no fuese suficiente, intentas hacerme creer que voy a permitir que ese montón de pus malvada aniquile a toda persona que viva bajo el techo celeste.

–¡Qué más te da el mundo a ti! –protestó Cog.

–Mi gente moriría…

–Perdonará a la gente de Rhyll. Luego, bajará al infierno, y acabará con Malebolgia. Después, aniquilará el Cielo. Caerá ese Dios por el que cometiste actos tan brutales que te llevaron al infierno. Y caerá el demonio que te engañó para que vivieses esta horrible nueva vida. ¡Tendrás tu venganza!

–¿Y yo?

–No sé qué planes tiene Mammon para ti, pero no pueden ser peores que los que tiene Malebolgia, ¿verdad? –Cogliostro captó la duda en Spawn–. ¡Ganarás mucho más de lo que has conseguido en tu nueva vida!

Un incomodo silencio se mantuvo entre ambos. El viento meció las copas de los árboles que eran testigos del momento.

–Si no aceptas, toda la gente de Rhyll, morirá, Covenant. ¡Por primera vez en tu vida haz algo bueno por ellos! –gruñó Cog.

–Les prometí que encontrarían un hogar. ¡Que sería su protector!

–¡Pues hazlo! ¡Protégelos!

–Tengo que meditar mi respuesta.

Spawn dio la espalda al viejo, quien se quedó estupefacto, sin saber bien qué decir. Volvió los ojos hacia Mammon quien, con un gesto, le instó a intentarlo de nuevo.

–¿Meditar tu respuesta? ¡Creo que no sabes lo que se está jugando aquí!

–Lo sé mejor que tú –replicó Covenant–. Tengo que pensar. Mañana tendréis mi respuesta. ¿Habréis llegado a Rhyll?

–Viajamos rápido –explicó Cogliostro.

–No os deis prisa.

–Aún así, mañana, a esta hora, estaremos frente a las puertas de Rhyll, esperando tu respuesta –aseguró Cog–. Espero que elijas bien, Covenant; por una vez en tu vida.

El viejo se dio la vuelta, dándole la espalda. Se reunió con sus compañeros, no sin antes recibir un baño de luz verde brillante creada por Spawn al teletransportarse.

-------------------------------------------------------------------------------------------

 La noche hacía horas que había entrado cuando Trancos reunió el valor necesario para entrar en el castillo de Covenant. Siempre estaba abierto a cualquiera, algo no muy normal en la mayoría de las fortificaciones llevadas por nobles. Era una muestra más de que las cosas funcionaban de forma diferente en Rhyll.

Tras dejar a Ulora haciendo la ronda nocturna diaria junto a otro de los vecinos que andaba dando un paseo nocturno, el anciano decidió acercarse a la fortaleza de piedra. Algo ocurría. No era sólo que lo supiera por los rumores que habían cruzado Rhyll de un extremo a otro durante toda la jornada, sino que lo sentía en sus viejos huesos.

Algo preocupaba a Iain Covenant, señor de Rhyll.

Trancos tomó una de las antorchas que había a la entrada. Todas estaban encendidas, dejadas por el propio Covenant cada noche, por si alguno de los habitantes de Rhyll buscaba su presencia.

A lentos pasos, cruzó toda la extensa entrada del castillo, hasta llegar a las enormes escaleras que conducían a las dependencias superiores. Cuando llegó arriba, creía que sus pulmones explotarían pero, para su sorpresa, su cuerpo aún tenía mucha guerra que dar.

–¡Señor Covenant! –Gritó el viejo–. ¡Señor Covenant! ¡Soy Trancos! ¿Está usted por ahí?

Silencio.

Trancos tragó saliva. A su edad, ya pocas cosas le daban miedo, pero las paredes del lugar parecían susurrar antiguas historias de miedo, y murmurar sobre muertos que ya hacía tiempo habían perdido la esperanza por encontrar un solo instante de descanso.

Al fin, encontró entreabierta una de las numerosas puertas. Pudo ver un leve brillo que salía de la estancia, y fue hacia ella como una polilla.

Dentro de la habitación se encontraba Spawn, apoyado contra una de las frías paredes, con la cabeza agachada. Daba la impresión de estar profundamente sumido en una miríada de pensamientos.

–¿Señor Covenant?

Spawn alzó la cabeza. A unos metros de él, G´Noxx se escondió bajo la cama; no podía ser visto por ninguno de los humanos de Rhyll, por urgente que fuese la situación.

–Nada de señor, ya lo sabes –replicó.

–Sí, lo sé. A mí me ocurre algo parecido.

Covenant se levantó, mostrando que no había perdido una educación aprendida antes de partir a la guerra. Cuando aún era humano.

–¿En qué puedo servirte, Trancos?

Una leve sonrisa se formó en los agrietados labios del hombre.

–¿Me recordáis?

–¿Cómo no iba a hacerlo con el dueño de Rhyll cuando las estrellas aparecen en el negro cielo?

–Espero no ser una molestia.

–En absoluto. –Spawn señaló su cama–. Discúlpame, Trancos, si estaba demasiado absorto en mis reflexiones.

–La culpa es mía. He venido porque… estamos preocupados. No sólo yo, sino todos en Rhyll. Normalmente baja para…

–He tenido una jornada dura. Siento no haber podido bajar a Rhyll.

Trancos se acercó a la cama. Se sentó, tomando aire con tranquilidad, y dejando que su cuerpo se adaptase a la comodidad que ofrecía el catre, digno de un noble, pero lo suficientemente austero para no ser usado por un rey.

–Algo le preocupa, y no quiere contárnoslo –dijo Trancos–. Seguro que es para no intranquilizarnos, pero he venido a recordarle que estamos aquí gracias a usted. Cualquier incertidumbre que le aflija, nos aflige a todos.

Spawn miró al anciano con sus ojos verdes. Hacía años que no recibía palabras tan amables de un ser humano.

Apenas si recordaba cómo era sentirse apoyado de aquella forma incondicional. Tal gesto no merecía una mentira.

–Sí, algo ocurre –confesó.

–¿A usted?

–A mí… A Rhyll… A todos, me temo.

–Entiendo. –El rostro del anciano adquirió tintes pensativos–. ¿Y no sabe qué hacer?

–No. Una mala decisión podría traer la muerte a todo lo que conocemos, Trancos –admitió Spawn–. No soy quién para tomarla, pero tampoco puedo escupir mis obligaciones a un lado, como un coagulo de sangre que ya no quisiera sentir en mis labios.

El anciano asintió. Comprendía la encrucijada en la que se encontraba Covenant, aunque no supiese los detalles.

–Teme elegir mal, ¿me equivoco?

–En absoluto. Ya tuve que tomar una decisión una vez, y salió mal. Me condujo por un camino… –Spawn negó con la cabeza–. No salió bien. No fue la elección correcta.

–¿No? ¿Por qué?

–Me maldijo. Provocó dolor en mucha gente, y creo que lo va a hacer de nuevo.

–Entiendo… –Trancos se acercó dos dedos a la barbilla, acariciándosela con ellos–. Es una decisión que dañaría a Rhyll.

–Es usted bastante sabio.

–Ja, ja. La edad hace milagros. Es de las pocas cosas buenas de cumplir años; la experiencia se va agarrando a ti, como una abeja a una hermosa flor. Y uno aprende mucho.

–Yo sé lo que es tener muchos años a la espalda –dijo Spawn.

–¿Y no entiendes que hay más elecciones? –Preguntó Trancos–. El mundo no es tan sencillo como para dividirse en sí o no. Ja, ja, ja. Ojala, señor, ojala.

El anciano se puso en pie. Sus piernas notaron la mejoría lograda por el descanso.

–Si una elección es mala para Rhyll, y otra mala para vos, como parecéis decir por vuestras palabras, creo que existe un tercer camino. ¿Cómo no va a existir? Debe ser capaz de verlo. Vos sois sabio; lo sé.

–No es tan fácil…

–¡Oh, claro que sí! Entre el sí y el no, podemos encontrar un quizás. Siempre hay elección, amigo mío. Sólo hay que observar lejos de las dos evidentes; más allá, está la tercera.

Spawn lo meditó. Trancos tenía toda la razón, pero le daba miedo elegir la tercera opción. ¿Había una cuarta? Ya la parecía raro que hubiese una tercera, al menos para él, que nunca había tenido demasiadas alternativas para él.

Pero, ¿y si no había sido así? ¿Y si toda su vida había sido engañado? ¿Podría haber elegido un tercer camino en su trato con Malebolgia? ¿Su destino podría haber sido no estar maldito?

Cogliostro siempre le había hablado de que él había realizado su propia elección. Malebolgia no le había obligado a ser un spawn; él había abandonado Rhyll por decisión propia; él había elegido recluirse, combatir, matar, rehuir… Nadie lo había hecho por él.

Nadie. Los demás, simplemente, se habían preocupado en decirle que las cosas eran blancas o negras. El gris nunca había existido.

–Tengo que pensarlo –dijo Spawn al fin.

Trancos asintió. Se dirigió hacia la puerta de la habitación; en cuanto la alcanzó, se giró hacia Covenant.

–Voy contando por Rhyll que hace mucho tiempo que estoy por aquí. Es cierto, soy muy viejo, pero la historia no es exactamente así. –El viejo se pasó la lengua por los labios–. Mi familia siempre ha vivido en Rhyll. Fueron testigos del cruel trato que nos dispensó Rivalen(3). Parte de mi familia murió a manos de la Gran Bestia Cornuda cuando Rhyll florecía de nuevo(4). ¿Sabéis vos que fueron testigos de la llegada del famoso Caballero Negro? Decían que era el heredero natural de estas tierras. ¿Conocéis la historia?

Trancos sonrió.

–Yo la conozco muy bien. Y sé que el Caballero Negro, antes de serlo, era un hombre noble. Y lo sigue siendo, según he oído.

Y se fue, dejando a Spawn con sus pensamientos, que no iba a compartir con la soledad.

–¿Qué debería hacer entonces, G´Noxx? –preguntó Spawn.

El demonio informador salió de debajo del camastro y se subió a toda velocidad. No era ajeno a la comodidad de una buena cama en comparación a la dureza del suelo de piedra.

–Lo que usted, señor infernal, piense que sea lo mejor.

–Ya has visto quienes son mis enemigos. ¿Qué sabes de ese tal Mammon?

–Tiene algo que ver con Malebolgia.

–Qué no tiene que ver con esa bestia –escupió Covenant–. ¿Es humano? ¿Es un demonio? ¿Qué quiere de mí?

–Lo único que sé es que Malebolgia le tiene miedo.

–Eso es algo a tener en cuenta; para bien y para mal –confesó Spawn.

–No sé nada más. Si esconde tan bien sus huellas, es que debe ser alguien muy importante, mi señor del oscuro averno.

Spawn pensó en lo que decía G´Noxx. Tenía razón, pero no sabía bien cómo tomarse la información.

¿Acaso Mammon iba a usarlo contra Malebolgia? Si así era, y le conocía, sabría que él odiaba a Malebolgia con toda su alma. ¿Por qué no pedir su ayuda sin contemplaciones?

A no ser que no fuese humano. O que su destino no fuese eliminar a Malebolgia más que por motivos egoístas.

–¿Y el otro? El spawn que amenaza a Rhyll.

G´Noxx calló. Esto hizo que Covenant se preocupase más aún.

–Si le digo lo que sé, probablemente mi señor tome su decisión con demasiada premura –admitió el demonio.

–¡Necesito conocer a mis enemigos para saber qué hacer, G´Noxx! Si tengo alguna posibilidad contra ellos, debo luchar, pero si no… –Spawn pensó en la alternativa–. Debería darles lo que quieren, así de simple. No puedo permitir que nadie en Rhyll salga herido; otra vez no por mi culpa.

–Entonces, puede que hagamos otra vez un camino tras otro, mi señor de los pozos condenados, pues el llamado Raven Spawn es uno de los más crueles engendros del infierno que se han creado nunca.

–Eso ya me lo ha contado Cogliostro. Quiero saber la verdad, no cuentos de viejas para asustar a lo niños.

–¡Oh, en absoluto, mi señor! Ahora mismo desearía que fuesen simples relatos que contar bajo el amparo de una buena lumbre, pues me temo que si vos se enfrenta a Raven Spawn, yo correría la misma suerte y más ahora que tiene a Agonía.

–¿Qué es ese arma?

–Hay ciertas… herramientas construidas para los spawns. Nadie sabe quién las fabrica, pero están ahí, si se sabe dónde encontrarlas. –G´Noxx movió un largo dedo en señal de negación–. ¡Oh, no! No tengo esa información. En manos de cualquier ser que no sea un spawn, esas armas no sirven de nada; en el mejor de los casos, son objetos normales y corrientes.

–¿Y en el peor?

–Convierten a su dueño en invencible. Agonía es una leyenda entre el armamento de los engendros. Temida hasta por el propio Lucifer, según dicen, es capaz de cortar hasta las puertas del Cielo.

–Y la tiene ese Raven Spawn que…

–Raven Spawn fue hace ya muchos años un poderoso hechicero llamado Kray-Von Gore. Era tan temido que la gente creía que, cuando fuese al infierno, Lucifer escupiría su cuerpo, repugnando ante toda la maldad que poseía –explicó del demonio–. Kray- Von Gore no rezaba a Lucifer ni a Dios, sino a dioses antiguos, oscuros, más viejos que el propio mundo. Uno de ellos, no contento con uno de sus sacrificios, atravesó el cuerpo de Gore con uno de sus tentáculos.

–Y fue al infierno.

–Donde Malebolgia le ofreció vengarse si pactaba con él. Gore no se lo pensó dos veces; se convirtió en un spawn y, lo primero que hizo, fue acabar con el dios que le había matado.

–Mató a un dios pagano…

–¡Pagano! ¡Antiguo! ¿Qué más da? Mi señor, ese spawn destruyó a un dios.

–Cogliostro dijo que Malebolgia lo encerró.

–Urdió un plan de manipulación, mi señor, como sólo Malebolgia sabe. Acabó con Gore encerrado en una fortificación dominada por hombres de Dios, que aún celebran en el Cielo su victoria contra Raven Spawn –explicó–. Era un ser tan terrible que, tras vengarse, se negó a seguir el camino fijado. Se convirtió en una amenaza para toda la creación del Señor, y Malebolgia no tenía esos planes. No le interesaba la guerra entre el Cielo y el Infierno, ni dirigir los ejércitos de Malebolgia; sólo centraba su atención en la muerte y el caos.

–Por qué Raven.

–Era su sobrenombre cuando estaba vivo. El Hechicero Raven, porque los cuervos siempre le rodeaban, mi señor infernal –informó G´Noxx.

Spawn alzó la cabeza. El techo recibió su mirada. Pensó en hablar con quien estuviese allí arriba, pero no creía que lo necesitase.

No después de tanto tiempo. No tras todo lo que había pasado.

–Me entregaré –dijo, mirando a G´Noxx.

-------------------------------------------------------------------------------------------

Mientras Iain Covenant trataba de elegir un camino por el que conducirse hacia su destino, las personas que le habían puesto en la encrucijada que le acosaba, se aproximaban a las tierras de Lord Newell, un joven señor que se había hecho demasiado pronto con extensas hectáreas llenas de cultivos, huertos y arboledas. Desde su castillo, podía ver todo lo que le pertenecía por derecho tras la muerte de su padre.

Como todos los habitantes de las casas en sus dominios, Newell dormía como un tronco. Si hubiera sido de otra forma, quizás hubiese tenido alguna oportunidad contra la ola de destrucción que estaba a punto de chocar contra él.

Sólo alguna oportunidad.

–¿Qué hacemos aquí? –preguntó Cogliostro al ver las casas.

Mammon detuvo el caballo. Raven Spawn siguió su camino, con Agonía desenvainada, y lista para la lucha.

–Supongo que querrá practicar –dijo Mammon.

–¿Practicar? Probablemente, pueda enfrentarse a Covenant; ése necio no aceptará lo que le ofrecemos.

–Yo de ti no estaría tan segundo –respondió Mammon, tocándose la nariz–. He olido humanidad en Spawn. ¿Sabes cuánto hacía que no percibía el hedor de la conciencia humana en un engendro de Malebolgia? Es como una fruta envenenada: quieres darle un mordisco, pero sabes que tendrá consecuencias funestas.

–Eso no explica por qué hemos venido a una aldea dormida.

–Si tuvieras hambre, ¿qué harías? –Preguntó Mammon–. ¿Y si despertases después de siglos sin comer? Eso es lo que va a hacer. Va a nutrir sus ansias de sangre.

Cogliostro vio como Raven Spawn entraba en las tierras de Lord Newell, un hombre al que ninguno de ellos conocía.

–Son gente inocente. Personas que duermen –replicó el viejo.

–¿Desde cuándo tienes tantos escrúpulos? –Cuestionó Mammon–. Deberías estar dando saltos de alegría. ¡Al fin serás libre!

–Y tú tendrá a tu spawn. ¿Por qué no sonríes?

–Porque, en todos mis siglos de existencia, he aprendido a no vender la piel del oso antes de cazarlo –explicó.

Ambos movieron sus caballos, que siguieron los pasos de Raven Spawn, quien estaba parado en medio de la plaza.

–Ni siquiera tienen cerradas las puertas. –El ser se giró hacia sus acompañantes, que le observaban desde una distancia segura–. ¡Esto no es un reto para mí! Pero tendrá que bastar…

Alzó a Agonía por encima de su cabeza, y la hizo impactar contra el suelo, clavándola en él. No soltó su mango, como si sus manos estuviesen pegadas con algún tipo de engrudo.

–Que el suelo tiemble, y el infierno chille por las almas de todos estos indeseables excrementos con piernas –rezó Raven Spawn.

De repente, el suelo bajo los pies de los caballos de Mammon y Cogliostro empezó a temblar. Cuando el seísmo aumentó su fuerza, ambos hombres se bajaron de sus monturas, con las que tuvieron que luchar para que no huyesen.

La agitación fue haciéndose más y más poderosa. Las humildes casas comenzaron a derruirse; no se oyó ningún grito, pues se derrumbaban encima de sus dormidos habitantes.

Muchos lograron salir de sus hogares para contemplar, con estupefacto horror, como sus vecinos morían aplastados por los techos de las viviendas que les habían cobijado hasta el momento.

–Y ahora, que se desate el infierno de verdad –dijo Raven Spawn.

Numerosas grietas surgieron, como serpientes, desde donde estaba clavada Agonía hasta cualquier esquina del pueblo. Mammon y Cogliostro tuvieron que salir de él, pues corrían peligro de verse heridos por el apocalipsis que estaba desatando el spawn.

Las fisuras se fueron haciendo más y más grandes. Un brillo rojizo se dejó ver por ellas, como si el autentico infierno esperase a aquellos vecinos que caían por las enormes grietas. Los gritos no tardaron en aparecer; familias enteras estaban siendo aniquiladas; tranquilos trabajadores veían como sus amigos eran devorados por el suelo; padres de familia observaban, confusos, como, personas con las que habían convivido durante años, perdían sus vidas ante la destrucción que los acosaban.

–¡Quieto!

–¡Alto!

Raven Spawn ladeó la cabeza al ver un par de guerreros que, por las vestimentas, debían pertenecer a la guardia personal del noble propietario de aquellas tierras que estaba aniquilando.

Bajo la capucha que ocultaba su horrendo rostro, el engendro sonrió. Su mueca de felicidad se ensanchó al ver las ballestas que llevaban los dos hombres.

No tardaron en dispararlas al ver que, el desconocido que estaba matando a la gente a la que habían jurado proteger, no hacía caso a sus advertencias.

Las flechas silbaron en el aire una canción de muerte dedicada a Raven Spawn. Antes de que chocasen contra su cuerpo, se quemaron en el aire, como si hubieran pasado por una especie de escudo invisible de puro fuego.

–Bien hecho –agradeció el spawn al hacha.

Luego, la tomó entre sus manos y la arrancó del suelo. En un parpadeo, estaba al lado de los dos guerreros.     

De un solo movimiento de Agonía, los partió por la mitad, como si fuesen simple paja. Las vísceras mancharon el aire, y las tripas de los hombres adornaron los adoquines del suelo.

El hacha pareció brillar de felicidad ante el sabor de la sangre que hacía siglos que no probaba. Para cualquier otra persona, no habría significado nada, pero para un spawn que estaba conectado con el hacha, aquellas señales eran una muestra clara de que Agonía se estaba usando para lo que había sido creada.

Matar y destruir.

–Esto se acabó –anunció el engendro.

Echó el brazo con el que sujetaba a Agonía hacia atrás. Lanzó el hacha contra el castillo, a lo lejos. Ante los sorprendidos ojos de los que quedaban aún vivos, el arma impactó contra la fortaleza, la atravesó y volvió a su dueño, como si tuviese vida propia.

Un terrible sonido se hizo lugar. La fortaleza de Lord Newell empezó a desmoronarse, como si fuese destruida por una enorme mano invisible. El noble murió sin percatarse de qué había acabado con su vida; si lo hubiera sabido, tampoco lo habría creído. Ni aunque lo hubiese visto con sus propios ojos.

Raven Spawn salió de lo que quedaba del pueblo. Se reunió con Mammon y Cogliostro, cada uno con una expresión diferente en el rostro; la alegría era dueña del primero, y la preocupación del segundo.

Alegría, por ver cómo sus planes iban viento en popa.

Preocupación por comprobar que, lo que habían liberado, era más terrible de lo que había imaginado nunca.

-------------------------------------------------------------------------------------------

Spawn salió de Rhyll en cuanto los primeros rayos de sol cayeron sobre las cabezas de los pueblerinos que empezaban temprano a trabajar. Todos se detuvieron ante la presencia de Covenant, algo extrañados por no haberlo visto en todo el día anterior.

El asombro de los vecinos de Rhyll aumentó en cuanto vieron que Spawn salía la pequeña ciudad. Muchos se preguntaron qué estaba ocurriendo; otros, unos pocos, pensaron que Covenant iba a dejarlos.

No sólo era que hubiera salido cuando jamás lo había hecho antes, sino su aspecto al hacerlo. Taciturno, con la cabeza gacha, decaído y sin saludar a nadie. Como si fuese un cadáver en vida.

No sabían la verdad que escondían sus pensamientos.

Spawn no se internó en el profundo y frondoso bosque que rodeaba a Rhyll hasta que sus puertas estuvieron cerradas. Agradeció que nadie se dirigiese a él durante todo el camino; no habría sabido cómo reaccionaría.

Anduvo durante un buen rato, apartando ramas, esquivando troncos caídos y cruzando matorrales. La naturaleza cada vez se hacía más espesa, hasta el punto de que comenzó a amenazarle con sacar su espada para poder tener más espacio para caminar.

Además, su tamaño no era precisamente pequeño. No se le hacía fácil cruzar el bosque. Por suerte, su capa viviente sabía cuando apartarse para no quedar enganchada con los diferentes escollos que se iba encontrando.

Spawn supo que estaba por el buen camino cuando un olor dulce le llegó a la nariz. Las brillantes luces solares cada vez llegaban menos, debido a las copas de los árboles, por lo que el bosque, a pesar de ser de día, se iba haciendo cada vez más oscuro e inhóspito.

Covenant se detuvo en cuanto llegó a un pequeño claro. Observó unas extrañas manchas de bayas silvestres en un tronco cercano. Parecían marcas de dedos, como si alguien hubiese estado alimentándose con los frutos del bosque, y luego se hubiera limpiado allí.

–¿Qué haces en nuestros dominios?

Spawn se dio la vuelta. Un ser de constitución atlética, con un arco la espalda, pelo largo y blanco y piel azul, se dejó ver entre la espesura. No salió de entre las sombras, por lo que no podía ser divisado con total claridad.

           

–Vengo a que saldes tu deuda conmigo, Makus –dijo Spawn.

–Mi deuda, no; la deuda de los iceni –aclaró el extraño ser.

–Sí.

–Creía que creando este bosque, esta vasta fortificación verde alrededor de Rhyll, ya estábamos en paz.

Covenant sonrió bajo el yelmo que solo se quitaba en la soledad de su castillo.

–Me debéis dos favores.

–Como buen humano, llevas las cuentas de todos los presuntos favores que haces –replicó el iceni.

–Ya hace años que dejé de ser humano, Makus. Deja de provocarme, y hablemos de lo que me ha traído hasta aquí.

El extraño ser mostró sus manos y realizó una leve reverencia, invitando al engendro a que se explicase.

–Tengo que dejar Rhyll. –Spawn alzó una mano, indicando que aún no había terminado su explicación–. Para siempre.

–Mis ancestros no querrían que me metiese en tus asuntos, pero, ¿puedo saber qué razones te llevan a abandonar Rhyll, cuando te ha costado tanto levantarla de nuevo?

–La ciudad corre peligro.

–¿La han encontrado personas que te quieren ver muerto?

–No, exactamente, pero sí tiene que ver con personas que quieren contemplar… mi caída –acabó por decir–. O Rhyll, o yo, y he decidido.

Makus miró atentamente al enorme guerrero.

–Respeto tu decisión. ¿Y el favor que me pides?

–Tú y los tuyos debéis proteger Rhyll en mi ausencia.

–Sabes que nos mantenemos alejados de los humanos. No nos preocupan sus dioses, sus guerras, sus vidas, sus apetitos –gruñó Makus–. Y quedan pocos de los míos. Somos una raza casi extinta y, en parte, es gracias a ellos.

–Conozco todo lo que me relatas –dijo Spawn.

–Y aún así quieres que cumpla el favor que te debo –insistió Makus, negando con la cabeza–. Estoy tentado de decirte que no.

–¿Un iceni incumpliendo una promesa de honor? Nunca había oído algo así. –Spawn volvió a sonreír bajo el yelmo.

Un leve gruñido salió de los labios del iceni.

–Vete bien lejos, engendro de Malebolgia –dijo al fin–. Acepta el destino que aquellos que te odian te tienen preparado. Yo, Makus, lo siento, pero vete y no vuelvas más. Los iceni protegeremos Rhyll; siempre cumplimos nuestras promesas.

Y, en cuanto lo hubo dejado claro, se volvió a sumergir en la espesura.

-------------------------------------------------------------------------------------------

Jericho acababa de llegar de dar una vuelta por el bosque cuando vio a Michael frente a las puertas de Rhyll, esperándole con una mirada ansiosa.

–No he ido de caza, solo… –intentó explicarse Jericho.

–No te estaba aguardando por eso.

–Mejor. No tienes motivos para enfadarte porque me haya internado en el bosque yo solo. No he ido a cazar, de verdad.

–¡No tiene nada que ver con eso! –Repitió Michael, agarrando un brazo de su amigo–. ¡Lord Covenant va a hablar! ¡Está en la plaza! ¡Y va a hablarnos a todos!

Jericho no entendió nada, pero se dejó arrastrar por compañero. No tardó en ver la marabunta de gente que se encontraba reunida en la plazoleta. Justo en el centro de ella, se encontraba Spawn, subido a una estructura de madera que solían usar solo en pequeñas celebraciones y fiestas.

–¿Ha hablado? –preguntó Jericho, intentando hacerse un sitio entre el gentío.

–Aún no, pero estaba a punto de hacerlo. Tienes suerte de haber vuelto antes de que lo hiciera.

Sin embargo, Jericho vio cómo Spawn le miraba directamente. Como si supiera que era él el único que faltaba en aquella improvisada y misteriosa reunión a plena luz del día.

–Ahora que estamos todos, me gustaría comunicaros algo; la razón por la que os he molestado en vuestros quehaceres diarios. El motivo por el que, por primera vez, os hablo desde el centro de Rhyll y, me temo, que no es para traeros buenas noticias –explicó Spawn.

Covenant observó los rostros preocupados, expectantes, intranquilizados, de todas las personas que habían confiado en él para vivir en paz y armonía.

–Muchos creéis que yo levanté Rhyll de sus cenizas. –Tuvo que ver como la mayoría asentía–. Me temo que os equivocáis. Rhyll la formamos todos; desde el primero que llegó aquí, hasta los últimos.

Señaló a Jericho y a Michael.

–Sólo las buenas personas pueden vivir en Rhyll. Aquellas que, hartas del mundo exterior, vienen a buscar hospedaje, y descansar su alma, probablemente, harta de guerras, violencia y egoísmo. Rhyll es grande, está oculta y es bella; puede que no en aspecto humilde, pero sí en espíritu.

Todos asintieron con una sincera sonrisa.

–Hoy, me temo que es un día gris, no para Rhyll, sino para mí –declaró–. Debo abandonar Rhyll de inmediato.

Los murmullos no tardaron en aparecer. Todos los vecinos se giraban hacia el que tenían más cerca, dispuesto a comentarles lo que acababan de escuchar.

Trancos, sin embargo, no podía dejar de observar a Spawn con una mueca de pena en su cara.

–Ayer, muchos pudisteis comprobar que algo ocurría; no pienso mentiros, así que os lo contaré. –Spawn esperó a que se detuviesen los susurros–. Hay unos hombres que me quieren. Si no me tienen, arrasarán Rhyll y os matarán a todos.

Un sepulcral silencio se levantó.

–¡Creíamos que Rhyll estaba bien oculta! –exclamó un hombre al que Spawn reconoció como un gran artesano de la arcilla.

–Sigue oculta para todo el mundo. Incluso para ellos, pero no me cabe duda de que pueden encontrarla –admitió Covenant.

–¡Creíamos que nos protegeríais vos! –gritó una mujer.

–¡Y así os protejo! –Afirmó Spawn–. Esos hombres son poderosos, temibles, crueles y despiadados. Si lucho, podría no solo perder, sino perderos a todos. Puede que, en otro tiempo, me habría lanzado hacía la batalla sin pensar en lo más mínimo, pero ahora tengo responsabilidades. He cambiado y… Si me quieren, me tendrán. Rhyll seguirá a salvo, y será protegida por otros con mejores intenciones que yo, incluso.

–¿Quiénes son esos hombres? –preguntó Michael.

–A uno de ellos no lo conozco. Otro… es algo más, y algo menos que un hombre. Y el otro es un viejo conocido –prosiguió Spawn–. ¡Se llama Cogliostro, y os puedo asegurar que es el más cruel de los tres! ¡Os matará a todos si con ello consigue lo que quiere! Lo he visto, y lo he sufrido. ¡Perdí a una niña que creyó en mí a manos de su ejercito pagano! (5)

Covenant pensó que no haría falta más para convencerlos. La mezcla de miedo y esperanza por ver que aún podía salvarlos creía que sería suficiente para que le vitoreasen. Y, aún más importante, para que respetasen su decisión.

Se equivocó. Como otras tantas veces antes.

Los gritos de protesta y las caras llenas de decepción se mostraron ante Covenant como el cadáver de un animal. Algo repugnante, pero que no le importaba mirar; aún así, le desagradaba.

–¡Prometisteis protegernos!

–¡Dijo que aquí estaríamos a salvo!

–¡Nos juro lealtad!

–¡Todos somos Rhyll!

Agobiado, Spawn no encontró otra salida que la más obvia: mostrar la verdad sobre quién era.

Se quitó el yelmo, mostrando su cadavérico rostro a la luz del sol. Un espeluznante silencio se hizo con las gargantas de todos los vecinos de Rhyll.

–Mi nombre es Iain Covenant –afirmó Spawn–. Una vez, fui humano. Una persona que pecó demasiado en muy poco tiempo. Para redimirme, fui a las Cruzadas, a luchar por Dios y morí. Fui al infierno, donde hice un trato con un pérfido demonio que se aprovechó de mi desdicha.

           

Spawn miró fijamente a Trancos.

–Yo tomé mi decisión –dijo Covenant–. Volví como esto que veis ahora mismo. ¡Un cadáver viviente! ¡El Caballero Negro del que tanto hablan! Como un… spawn. Pero no le seguí el juego al diablo que me devolvió al mundo. Fallé a muchas personas, incluso a Rhyll, más de una vez; incluidas aquellas mujeres a las que amaba y hace poco, tomé otra decisión.

Señaló la ciudad.

–Recuperé Rhyll, pero no hubiera sido posible sin vosotros. Soy un monstruo, ahora lo sabéis. No os he contado toda la verdad, y debería pagar por ello. ¿Y qué mejor forma que yéndome de aquí? No volveréis a verme, y siempre estaréis a salvo; ese es mi último regalo.

Esperó los abucheos. Los gritos. Los insultos. Los gestos de repulsa. Incluso las piedras, los tomates podridos, las antorchas encendidas, listas para quemar a la bestia de rostro deforme.

Nada llegó.

–¡Iain Covenant fue un buen hombre! ¡Seguís siéndolo! –gritó alguien.

–¡No sois ningún monstruo! –exclamó otro.

–¡Si no fuese por vos, no tendría hogar!

–¡Hay monstruos ahí fuera, pero no sois vos!

–¡Quedaos! ¡Ya habéis pagado un alto precio por errores pasados!

Spawn miró, confuso, al gentío. ¿Cómo podían existir personas así? Después de haber visto su autentica cara, de saber quién era, de conocer que estaban en peligro por su culpa, aún seguían vitoreándole, sonriéndole, queriéndole.

–¡Hace poco que soy habitante de Rhyll! –Intervino Michael–. ¡Pero me salvasteis la vida! ¡Esta ciudad me la salvó! ¡No podéis iros! ¡No debéis rendiros!

Todos aplaudieron las palabras del muchacho. Ulora le lanzó una arrebatadora sonrisa que le quemó el alma.

–¡No sabéis cuánto agradezco vuestras amables palabras, pero no tengo alternativa! O me voy o…

Sus ojos se cruzaron de nuevo con los de Trancos. Éste sonrió; era el momento de tomar su decisión.

El instante en el que elegía su tercer camino.

–Podemos luchar –dijo Spawn–. ¡Pero no puedo pediros eso! ¡No sois guerreros! ¡No sois luchadores! ¡Sois personas de paz! ¡Estáis en Rhyll buscando la paz! No puedo ser tan egoísta…

–¡Y no lo sois! –gritó Trancos, con su vetusta voz. Con una fortaleza increíble para su edad, se subió a la estructura de madera en la que se encontraba Iain Covenant–. ¡Éste es nuestro hogar! ¡Y alguien lo amenaza! ¡Siempre hemos dependido de Lord Covenant para nuestra protección y, ahora, se sacrifica por nosotros! ¡Nos ha contado quién es, nos ha protegido y aún sigue ofreciéndose para salvarnos! ¡Eso se ha acabado!

Gritos de guerra salieron de las gargantas de los habitantes de Rhyll.

–¡Somos gente de paz, sí, pero ésta es nuestra casa! ¡¿Iremos a la guerra, amigos míos?!

Fue un grito unánime de afirmación.

–Ya está decidido –dijo Trancos volviéndose hacia Spawn–. Ya tienes tu tercer camino.

CONTINUARÁ…

1.- Ver Spawn: The Dark Ages #2-5 en Action Tales.

2.- Ver Spawn: The Dark Ages #11 en Action tales.

3.- Ver los primeros números de Spawn: The Dark Ages publicados por Planeta DeAgostini.

4.- Ver Spawn: The Dark Ages #11 en Action tales.

5.- Ver los últimos números de Spawn: The Dark Ages #14 publicado por Planeta DeAgostini.