KILÓMETRO 4. Una historia de Sin City.

Escrito por Arkón.

En el capítulo anterior…

Dringer y su hijo han sido secuestrados en la puerta de una discoteca, mientras Mike peleaba con un grupo de jóvenes militares sin poder hacer nada. Tras asegurarse de que es el traficante Chuck Mendes quien los ha secuestrado, se informa del lugar donde los tienen y decide presentarse sin tomar las armas, ya que sospecha que es a él a quien quieren.

Pero los secuestradores cometen un error y Mike reacciona antes de que maten a sus amigos, comenzando una carrera de disparos por la granja para salvarlos, hasta que aparece el sheriff Donald Murddock para ayudarle. Mike decide ir a por Chuck Mendes en persona pero es capturado. De nuevo, cuando Mendes lo tiene prisionero, el sheriff Donald lo salva matando a Mendes, pero está herido en una zona fatal... Mike escapa del lugar cuando comienza a oír, inexplicablemente, sirenas de policía.

«No pretendo que al decir esto mi palabra sea un resumen de desprecio indiferente, pero es así».  - Joseph Conrad, El corazón de las Tinieblas -

«Eufemismos. Metáforas. La realidad se mezcla con la irrealidad. Invenciones. Verdad en la ficción. Ficción en la verdad. Recuerdo lo que pasó hace años, pero como si fuera a otra persona. Lo único que se con seguridad es que no pasó nada de esto. Por un segundo no existo y luego existo en todas partes.... y viendo cosas... oyendo cosas... que no son parte de mí».  - Peter David, Lobezno: ¡Sediento de Sangre! -

Capítulo 4: Despojos de Guerra.

Me encuentro clavado, sin más, en la nieve. Tengo las botas llenas de nieve. Decir esto suena ridículo, pero no siento las piernas. El rifle está hasta el culo de nieve también, y ellos vienen. Puedo verlos en el horizonte, casi desropados por completo exhibiendo sus flacuchos cuerpos. Yo llevo el uniforme completo; pantalones y chaqueta de camuflaje y la mochila llena de cargadores, pero no me sirven. Jamás he estado en la nieve. Mejor dicho, jamás he estado en una guerra con nieve.

La selva. Veo selva en unos diez metros y me arrastro inútilmente. Me dejo vencer, porque veo que esto es imposible. Es una pesadilla. No está pasando nada de esto.

Ahora puedo ver una patrulla de al menos diez hombres caminar por el borde de la selva, a cinco metros de  mí. Pánico. La distancia no encaja. El paradero no encaja.

Me apoyo sobre los puños cerrados y consigo levantar la espalda. Ya es un logro. Uno de ellos me ve. Son de los míos. Estoy salvado.

<<KRAK>>

La bala entra y sale y casi no siento como me rompe dos costillas. Sin embargo si siento la sangre caliente caer sobre el muslo. Hmmm. Voy a pedirles que me disparen otra vez.

 - ¡Parad por Dios! ¡Dejad de apuntarle! ¡Es Mike Worenhald! - dice el primero que se me acerca - ¿Estas bien, sargento?

 - Yo... ¿Quiénes sois?

 - Somos su brigada, señor Worenhald... le buscábamos.

 - ¿Quién está al mando?

 - El otro sargento Worenhald, señor. Steve Worenhald.

La selva. Obscenidades. Un olor a sangre que me penetra en la nariz hace que me den arcadas. Consigo no echar  la pota. ¿Y este cambio tan brusco? Estaba en plena nieve cuando... Ahora si voy vestido a mi manera. Solo llevo los pantalones y las botas, además de una barba de casi dos semanas y una botella de Whisky barato, caliente y asqueroso. No estoy solo. Los soldados Barney y Ronald están pescando al flote de la barca. ¿Barca? Río. No adivino que río. Esto no ha pasado jamás. No hay barcas, no hay río. ¿Están pescando con esto en marcha?

 - ¿Estáis pescando con esto en marcha?

 - Cállate, Wonderland. - responde Ronald, el del pelo castaño y la barba larga.

 - No vuelvas a llamarme así. Jamás. Nenes, voy a darme un baño. Parece que no hay corriente ya.

Me tiro completamente desnudo al agua. Está hirviendo. Es roja. Joder, si no fuera yo me daría grima. Cuando sumerjo la cabeza no puedo ver nada. La sangre es traslúcida. ¿Sangre?

<<BRATATATATATATATATATA>>

Amarillos de mierda. Solo somos tres, pero, ¿Y el resto? No recuerdo nada.

Cuando salgo a la superficie y me agarro a la barca veo a Barney con la M60 disparando como un poseso. A Barney le encanta esto. El cuerpo de Ronald flota sobre la sangre y se va hacia ellos, que están en la orilla, escondidos en los yerbajos.

 - ¡Cabrones, cabrones, cabrones, cabrones...! - maldice mientras dispara el arma.

Cuando estoy arriba tengo dos segundos para ponerme los pantalones y las botas pero cuando cojo la HK 41 me joden. Uno de los japos está en el agua con un cuchillo en la boca y los demás han dejado de disparar. Barney hace una puta estupidez.

 - ¡Es mío, Mike!

Y se lanza al agua. A la sangre. El y el japonés ya están casi juntos y Barney saca un machete. Le grito que salga de ahí y no disparo porque podría matarlo.

Los dos primeros golpes van a su favor, y el chino escupe -mas- sangre en el agua. Después, una ola golpea la barca mientras los charlies me acribillan.

Caigo. Solo caigo. Esta vez los disparos si que han hecho daño. Y sangre. El dolor... Ugh... no me deja ver nada...  siento pánico y me ahogo...

El cuerpo de Barney aparece flotando con las tripas esparciéndose una a cada lado y el amarillo viene hacia acá. Se acabó. Dos  revólveres Colt cromados del 42 hacen el resto.

Yo solo miro y tiemblo. Dieciséis disparos y todos aciertan. ¿Ya estoy a flote?

 - Un blanco pequeño puede ser un blanco fácil. - dice alguien a mi espalda. Ahora estoy en medio e la selva sin darme cuenta pisando ramas secas.

 - ¿Qué?

 - Dos. Solo dos. - y desaparece.

Es un hombre vestido completamente de blanco y bastante mayor. No lo he visto en mi vida. Ahora si que es todo una paranoia. La cabeza me da vueltas en una espiral de colores dominados por el verde y el rosa. Recuerdos que no son míos. Yo no estaba en la barca. ¿Barney? ¿Ronald? Son los dos soldados que se salvaron tras “la acogida” cuando quedemos atrapados en la selva tras los japoneses. Ellos escaparon en una barca. Por lo que tenía entendido llegaron a casa. ¿Fue esto lo que pasó?

<<BANG!>>

Vale. Ahora si que me han tocado las pelotas. Me giro y veo al menos doce amarillos.

 - ¡Estese quieto, joder! - me ordena. ¿Ha hablado mi idioma?

 - Que os follen a todos. No podéis matarme con balas.

 - No digas...

 - Digo lo que me da la puta gana.

Lo agarro de la cara y le clavo los dedos en los ojos y el pulgar separa la carne del hueso de la cara. No gime. No grita. Pero su sombrero triangular cae.

Yo tampoco. Y sus hombres me descargan una ráfaga. Nada. Hijos de puta.

 - No sabéis con quién os metéis, putos amarillos.

Se que voy a poder con ellos en cuestión de minutos, pero de pronto desaparezco y vuelvo a la nieve.

 - Dos. Sólo dos.

Es el mismo hombre de antes. Ahora mi cuerpo es un trozo de corcho lleno de chinchetas. Todos los balazos de antes están abiertos.

 - ¿Eres tú...Dios?

 - Solo dos.

 - ¿Quién eres, viejo?

 - Solo dos. Recuérdalo. Dos mas y te largas, ¿De acuerdo?

 - ¡¿DE QUÉ COJONES ESTÁS HABLANDO!?

 - Mike...

 - ¿Solo dos? Vete al puto infierno.

El viejo desaparece de nuevo. Yo me quedo quieto unos segundos mientras la nieve se mete en mis heridas. Joder... ¿Me está curando?

 - Bueno, siempre quisiste estar en la nieve y no en la selva, ¿Eh, Mike?

Es Sarah. ¿Sarah aquí? ¿Qué cojones hace aquí ella? Sarah es el mayor fracaso sentimental de mi vida. Me dejó porque, según decía, yo solo sabía moverme en un plano. Llegó a odiar mi equilibrio, mi manía del orden... cosas que ahora ya no tengo para nada. Decía que yo la amaba pero que la amaba de acuerdo a unas normas preestablecidas; que programaba mi amor del mismo modo que programaba mi trabajo. Sarah no supo curarme. No sabía que ese orden externo era el contrapeso necesario para mi caos interior. Jamás adivinó que cada cosa que colocaba por fuera denunciaba alguna clase de desajuste interno. Yo he tenido que luchar toda mi vida contra la locura igual que un alcohólico rehabilitado ha de enfrentarse a su deseo. Que gracia, ahora estoy loco y soy un borracho. Sarah amaba de mí esa zona oscura que nunca le he mostrado. Me amaba por lo que yo más odiaba de mi mismo.

Sarah. Lleva un traje muy ajustado negro con partes lilas y con varios protectores. Un casco y un cristal tapan casi por completo su rostro, pero es ella.

 - ¿Qué haces aquí, Sarah?

 - Ya sabes lo que te digo. Tú querías estar en la nieve, porque creías que algo mejor que la selva debía de tener.

 - ¿De qué cojones estás hablando?

 - Dos.

 - Vete a la mierda.

Me levanto y me quito los harapos en los que se ha convertido mi chaqueta y mi camiseta interior. Joder, estoy en un estado físico cojonudo. Nota recordatoria: no beber más alcohol. ¡Ja, Ja y triple Ja!

Sarah se monta en una especie de trineo a motor y me hace señas para que vaya. En lugar de eso le pego dos tiros con el revólver. No tenía ni idea de que el revólver funcionaba.

Uno le ha dado en el corazón, mira por donde, y ahora se estará muriendo de pena. Se que esto es un jodido sueño, una puta pesadilla. Es algo totalmente ridículo. No está ocurriendo. Pero como se que no puedo salir por mi pie... ¿Por qué no lo aprovecho? Es una tormenta de recuerdos mezclados con... algo.

Camino hasta la selva, ahora si, con los árboles llenos de nieve. Joder, lo que no pase en mi cabeza no pasa en ningún lado. Un soldado me ve y me apunta. Lleva un rifle lleno de nieve y va muy bien abrigado. Pronto deja de mirarme cuando alguien lo sorprende por detrás y le rebana la garganta.

        

 - Gracias. Este cabrón me iba a matar. - le agradezco.

 - De nada, amigo. - El tío no me suena de nada. De nada. Joder, si que lo he visto. En la granja de Mendes... el tipo rubio que no la palmaba ni con un tapón en el culo. Si, lo reconozco por el “amigo” - Pronto acabará todo. Ahora solo...

Le disparo tres veces en la frente y piso fuertemente su cabeza contra el suelo. La dejo enterrada en la nieve y camino hasta meterme en la selva de nuevo.

La verdad, si esto es una reposición de mi vida pero tergiversada, me encantará repetir el momento en que me cargo a mi hermano un par de veces. Quizá tres.

Fervor. Ansia. Desgarro. Carne separándose del hueso. Cristales rotos. Una bomba. Cada pedazo de mi cuerpo se va en una dirección opuesta pero al mismo tiempo se atraen.

¿Una bomba? A ver quien ha sido el valiente.

Cuando el humo se disipa solo hay uno. No puedo verlo. Juraría que esto es uno de los bares de Sin City. El tipo se deja ver entre el humo. Es él. ¿Quién si no?

 - Steve.

 - Mike.

 - Hijo de puta.

 - ¿Qué?

 - La cagaste.

Dos disparos. Dos truenos. Dos salpicaduras de sangre. Ojala todo hubiese sucedido así de verdad. ¿Cuándo empieza la fiesta?

Salgo del bar y una mezcla de olores delata donde estoy. Basin City es el último sitio donde hubiese querido estar en mis sueños. Claro que esto no es un sueño.

 - Es una pesadilla. - dice Donald al otro lado de la calle, que está desierta. - ¿Verdad?

 - Murddock. ¿Por qué Murddock? ¿No es “Murdock”?

 - No, es con dos “d”. Un error de ortografía. El que me inscribió en la ficha debía de analfabeto y estar muerto.

 - Me alegro de verte.

 - Yo también. Dos.

 - ¿Dos?

 - Si. Solo tienes dos y no seas estúpido.

Dos disparos. Dos truenos. Dos manchas en el infinito. Quiero salir de aquí, joder.

La selva, de nuevo.

Si, La selva. Es fácil de decir; LA SELVA. Quiero estar en la selva. La selva saca ese lado oscuro que le gustaba a Sarah. Esto va por ti, Sarah.

Me recuesto sobre el suelo y apoyo la cabeza en la pierna estirada de Robert, el sargento segundo. A la izquierda tengo al Coronel Noonan, a la derecha a Donald Murddock y alrededor de una hoguera están Sam, Pete, y Thomas. Todos fumando hierba. Pete, el mas grandón de todos me ofrece el porro y yo lo cojo y lo rompo en dos. Je Je, me acuerdo de esta anécdota. Esto si que pasó. Esto no.

Dos disparos. Dos truenos. La gente no tiene rostro. No hay matices. No hay colores. No hay nada. Solo yo, la hoguera y el coronel Noonan. Perro asesino. Ayer mandó a Jerry, un chaval de diecinueve, el más joven de los que estamos aquí, con una fragmentadora hasta la base de los vietnamitas. Para nosotros son “japoneses”, “amarillos” y hasta “chinos”.

El chaval dejó la bomba de mano en una de las cabañas pero cuando volvió tenía una flecha en la espalda.  No me gusta nada Noonan. Cualquier día voy a perder la cabeza.

Mis pisadas son extremadamente silenciosas. Un frenesí de violencia me invade y aún no tengo la certeza de porqué. Camino sin pisar una sola rama seca. Me concentro en cada movimiento y me convierto en la máquina de matar que quieren que sea. El rifle se hace oportunamente ligero y ya ni lo necesito. A unos pasos, los chicos cantan “Trouble”  de Elvis Presley y obvian las lanzas que llueven en torno a nosotros. Un tiempo después seguiría recordando este suceso.

Noonan levanta el brazo y los chicos comienzan a disparar. Balas. Son solo balas. La gente aterrorizada se agazapa en lo primero que encuentran. No son soldados ni mucho menos.

 - ¡Parad! ¡Parad! ¡Solo son familias!

Mi grito no es escuchado por nadie. Intento parar a mi hermano Steve que es el que mas empeño le pone, pero un culatazo me pone en mi lugar. La sangre comienza a ser el conductor de mis ideas. Agarro con fuerza las piernas de uno de los chicos y ambos caemos al suelo. Cuando mi cabeza golpea el suelo la bota de alguien me abre una brecha en la frente. No ha sido mi mejor idea. Cuando estoy de nuevo en pie consigo parar a mi hermano pero vuelve a golpearme y esta vez con el puño.

Un buen golpe. Pero una raja en la mejilla no va a frenarme. Están como poseídos. Sus palabras si que son un veredicto. La sangre cae como una cortina.

 - ¡Parad hijos de puta! ¡Joder!

Mis gritos siguen pasando desapercibidos de nuevo mientras veo como caen más y más inocentes. Su primer reacción fue lanzar flechas, si, pero porque estaban muy asustados.

 - ¡Cállate, Worenhald! ¡El helicóptero estará aquí en diez minutos y vamos a cargarnos a toda la carroña que podamos!

Mi movimiento es mas rápido que el suyo y todos paran en seco las armas.

 - Hostia puta - es todo lo que mi hermano puede exclamar.

El cuerpo del coronel Noonan se encharca en el barro y apenas se ve la herida que le he dejado en el cuello. Doblo la navaja sin limpiarla y la guardo en el bolsillo de la camisa. El resto se dedican a maldecirme, pero la expresión de Murddock es diferente. Y Sabe algo que yo no se. Va a esperar un montón de años para decírmelo.

Soy declarado loco. Nada de cárceles ni arrestos. Solo me expulsan y no me dan la medalla. Aún desde fuera me dejan contemplar como los otros son condecorados. Salvaron un pelotón y sobrevivieron al “asedio” que en realidad fue nuestro. Todos lloran a la tumba de Noonan. Pobre infeliz. Él no ha sido.

...

De nuevo aparezco en el bar de Sin City. Todo parece haber sido un sueño. Las cosas tienen mucha mas calma. Voy vestido de una forma impecable con mi gabardina y mis vaqueros. Al otro lado del bar está Steve... y cuando echo mano al cinturón no hay pistolas. Es hora de probarme a mí mismo.

Está tomando una copa y charla con alguien que no tiene rostro. Los colores del bar parecen ser solo rojos y negros, ni siquiera hay blancos.

Esta vez me sorprende él a mí... Su puño me ciega por un instante. Justo antes de que el sabor del cuero sea todo lo que mi boca pueda probar.

Alto, fuerte y con un peinado militar que deja ver su vulgaridad. En realidad no hago más que preguntarme como lo hace.

Su codo casi me saca un ojo y su rodilla hace de ascensor para la bilis. La boca se llena del líquido asqueroso y aprieto los dientes. Se que no va a durar mucho hasta que tome el control. Que equivocado estoy.

Su cabeza es un parachoques cuando alzo el puño y me rompo tres dedos. Ahora pierdo la visión del otro ojo y creo que lo que toco con la bota es su abdomen. De una forma u otra el pie cambia de sentido y comienzo a sentir el fuego. La primera sensación de dolor es fría hasta que duele de verdad. El dolor es algo tan inexplicable como la existencia misma, mucho más complejo que la vida o la muerte. A mi solo me produce calor y pinchazos en zonas inmaculadas. Me muero por una cerveza.

Mi cuerpo atraviesa el cristal de la puerta que da al callejón y los cristales que se clavan parecen despertarme un poco. Esto no está pasando. Es una pesadilla. No es real. Pero el dolor es tan patente... Los cristales se caen por sí solos de la piel y la cantidad de sangre que sale es totalmente anómala. El charco comienza a contrastar con la acera y aunque parezca redundante, y aunque me esté muriendo, me jode mucho salir de aquí. Pero para joder ya está mi hermano Steve.

Su pierna gira en un ángulo que yo desconocía y me golpea de forma cuidadosa y sutil en la barbilla lanzándome hacia el interior de nuevo. En el trayecto los restos de la ventana casi atraviesan mi espalda de forma más que definitiva. Mike Worenhald mira en lo que te has convertido.

 - Mike... tienes dos oportunidades. La vas a cagar en las dos. Pero aún así...

 - Aún... así... qué... pedazo... de...

 - Mátame. Mátame otra vez.

 - AGH...NO!

Algo demasiado pesado me destroza el tórax y hace que todo se vuelva negro a una velocidad descomunal. Es todo demasiado frenético e insulso. Las cosas no pueden terminar así. Me muero y no es precisamente por el dolor...

Esto es una pesadilla...

...

No está pasando...

Me sumerjo en un trance iridiscente. Comienzo a decir tacos, muchos. Vuelo. Ugh... me muero.

...

Por un segundo no existo y luego existo en todas partes. El olor a sudor y la sensación de estar atrapado en algo me despiertan de un coma.

Durante segundos me falta la respiración y la boca se llena de sábanas. Mi cuerpo, mis extremidades se enlazan en la tela mojada de la que solo escapo cuando caigo al suelo. Me agarro un saliente metálico de la cama y asciendo al borde. En mi brazo y mi hombro tengo vendajes... y comienzan a arderme. Son las únicas heridas que tengo.

¿Era realmente un sueño? Espero que sí. Si que lo era. Despierto, al fin.

He despertado en mi habitación sin saber como he llegado allí. Al lado de una chica que no recuerdo. Esta semidespierta y me observa desde su lado de la cama. No tengo ni la más remota idea de quien es. Su pelo negro parece tan oscuro como el abismo y tiene un aire... es precisamente el tipo de chica que siempre he buscado. Sus ojos verdes ocultan algo. Me encanta. No me importaría mucho si fuese una prostituta que haya cogido en una esquina. Quiero casarme con ella. Quiero tener hijos con ella. Quiero follar ahora mismo con ella. Espero que sea ella  la que haga el resto.

 - Hola, cielo. ¿Un sueño?

 - No.

 - Te has movido como un desquiciado y has gritado algunas cosas que me han costado descifrar.

 - ¿Ah, si? ¿Y que he dicho?

 - Bueno, se nota que no te gustó demasiado matar a tu hermano... y que eso pesará eternamente sobre tu conciencia. Es como si quisieras dos... oportunidades.

 - ¿Qué? No se de que hablas. Voy a beber un trago y ahora me dices quién eres, ¿vale?

Me voy a la cocina sin escuchar sus palabras y abro una cerveza. El primer trago es desagradable y se me viene a la cabeza la visión de Donald Murddock muriendo. El resto del botellín cae por mi garganta y arrastra hacia dentro un sabor amargo y un montón de saliva reseca. Al volver, ella está igual que la he dejado... solo que ahora parece más bella.

Su pelo largo le llega hasta la cintura y es muy oscuro... su cara está moldeada y ciertamente redondeada... sus ojos felinos parecen llevar detrás una maldición, un peligro... que estoy seguro de que me va a gustar probar. ¿Es una de las chicas fáciles del Barrio Viejo? ¿O quizá una prostituta sin más? Me da igual, tengo que acostarme con ella ahora mismo.

 - ¿No te acuerdas de mí, en serio? - pregunta.

 - En serio.

 - De acuerdo. Supongo que caminabas por la acera restregando tu pobre gabardina por el granito de las parees... mientras dabas algún trago de forma aleatoria a una botella de whisky cuando lo viste todo. Llevabas una estrella dorada de sheriff en el pecho (supongo que debido a alguna broma o apuesta ridícula en ese bar, en el Dringer’s) Tu destino, se supone, era esta casa, la de la policía... y entonces me oíste. Los tipos me tenían atrapada contra unas escaleras en un callejón de la calle 6 con la 8... Y no reconocí a ninguno de ellos. No se por qué lo hacían. Ya me habían golpeado al menos tres veces y estaban preparados...

 - ¿Eres escritora?

 - El primero se bajó los pantalones y sus manos llenas de grasa me apretaron el cuello antes de lo inevitable. Cuando el malnacido iba a violarme, su cuello explotó como un globo. Las lágrimas me invadían la cara y no podía ver bien... uno de ellos te disparó pero te moviste muy rápido para estar tan borracho. No diste ni un golpe con tus manos. Todo fueron disparos para acabar con ellos.

 - ¿Qué hacías tú en este barrio?

 - En realidad soy del Barrio Viejo. Y si, soy escritora. Y sí, sí estabas en los brazos de Morfeo.

Su sonrisa calma los demonios de mi interior por un instante que se hace longevo. Se levanta de la cama sin taparse con la sábana y se acerca hasta mí por el otro lado. Su cuerpo es, como yo suelo calificar a las mujeres cuya belleza supera mis deseos, de una diosa. Ha dicho que es del Barrio Viejo, pero ella no es una puta. No, no lo es, porque cuando me ha contado lo de la violación se ha estremecido y se ha asqueado. Dudo que sea verdad lo que me ha contado. Es decir, he matado a bastante carroña desde que estoy aquí, y puestos a matar, pues mato a quien lo merece... pero no es propio de mí actuar así.

Sus brazos rodean mi cuello y ambos caemos sobre el colchón. Sus manos se clavan en mi pecho y sus ojos verdes parecen brillar en la oscuridad.

 - El resto te lo contaré mañana, ¿Vale? - dice antes de apretar su pecho contra el mío.

Después nuestros cuerpos parecen fundirse en un primer movimiento. No había estado con una mujer desde mi llegada a Sin City... y jamás hubiese pensado que encontraría a mi mujer perfecta. Puede que no para otros. Pero es el tipo de mujer que siempre había soñado. Narrar lo que viene a continuación sería demasiado esquemático. Mientras: visiones. Visones que se mezclan con ella y conmigo...

 

Continuará...