Evelyn Hays era una chica con una vida normal, hasta que una tragedia personal la llevó a conocer a un misterioso enmascarado llamado V. Tras varias vicisitudes que le llevaron a conocer que el hombre tras la máscara de V era su verdadero padre (justo antes de que muriera), ella es ahora por el día la heredera de Richard Reynolds, el falso nombre que utilizó su padre. Por la noche ella es V.
Encrucijada y Action Tales presentan: Dial V For Vendetta.
Episodio 3 y 4 del Vol. 2
Escrito por Chacal
Evelyn se había disfrazado de V durante varios días,
investigando por las noches en los bajos fondos de Yellow City, a la espera
de conseguir alguna pista para encontrar cuanto antes el paradero de Nadia Maximoff,
la hija de los sirvientes que trabajaban en
Con el entrenamiento al que se había sometido, Evelyn se vanagloriaba de que cuando se transformaba en V era como una sombra que se escurría en la oscuridad, y por eso la mayoría de sus acciones enmascaradas solían ser en horarios nocturnos. Pese a ello había frecuentado las zonas de prostitución de la ciudad, donde esperaba conseguir alguna pista, pero las mujeres que se dedicaban a ese tema o no sabían o no hablaban por miedo, y si no querían hablar por miedo, V nunca las obligaría a la fuerza, ya que sólo utilizaba la violencia en casos de defensa personal o contra personajes cuyas fechorías hubieran sido lo suficientemente contrastadas como para saber que se lo merecían.
Evelyn continuaba con su intención de darles los
100 millones de la venta de
Pero el dinero no se lo daría a los Maximoff hasta que no apareciera su hija. Sabía que Peter e Ylenia gastarían hasta el último céntimo de esa cantidad para recuperar a su hija, y Evelyn no quería que desperdiciasen ese dinero, ya que ella se encargaría de todos los gastos de la búsqueda para que cuando todo hubiera finalizado pudiesen disponer de ese dinero íntegro. El problema era que ya había pasado una semana desde la desaparición, y Evelyn (como V) ya había recorrido casi todos los burdeles de la ciudad, tras los pasos de la pobre muchacha, pero sin ningún resultado. Y por su parte la policía tampoco tenía mayor suerte. Evey se mantenía en contacto con el sargento Murtaugh, pero de momento sólo habían detenido a unos pocos maleantes de baja estofa de la organización de Karvinoff, pero ninguno de ellos supo decir ningún dato relevante para la investigación de la desaparición de Nadia.
La preocupación de Evelyn la notaba su madre Selma, y máxime cuando sabía que su hija se convertía en V por las noches buscando pistas y arriesgando la vida:
- Cariño, no te pongas nerviosa, estas haciendo todo lo humanamente posible para conseguir saber algo.
- Si, pero no es suficiente, mamá. Ya hace una semana que ese individuo tiene a Nadia, y cada noche cuando voy a dormir me cuesta mucho conciliar el sueño pensando en las barbaridades que le puede haber hecho ese desgraciado.
- Pero también que no se te olvide que estas arriesgando la vida yendo a esas zonas de mala muerte llenas de gentuza.
- Ya te lo he dicho muchas veces, mamá. Sé defenderme sola, por eso no te preocupes.
- Lo sé hija mía, lo sé. He visto el cambio que has experimentado en los últimos meses, desde que te sucedió todo aquello que te llevó adonde estas (adonde estamos, mejor dicho) ahora. Pero sigo siendo tu madre. Y sigo temiendo por ti. Sólo te pido que por favor, tengas mucho cuidado.
- Tranquila mamá, esta noche voy a ir al último
sitio que me queda. Lo descubrí ayer por casualidad al interrogar a una chica
de los bajos fondos. No sabía que es ni lo que hacen dentro, pero había oído
que es un sitio raro. Se llama
- ¿
- Sí. He buscado por internet y he encontrado (tras mucho rato, porque no era precisamente un sitio muy accesible) este pequeño texto anunciador. -Evey le pasó a su madre un folio impreso que decía:
Todo lo que quieras, aquí lo tienes.
Haz realidad todas tus fantasías
Tú di lo que quieres, nosotros ponemos el precio
No decimos no a nadie ni a nada.
- Parece muy raro esto.
- Tú lo has dicho, mamá... muy raro.
Esa noche Evelyn se preparó para salir a
Tras un viaje por las azoteas de la ciudad (saltando de una a otra), llegó a la dirección indicada. Tras detenerse un momento a recuperar el resuello y para estudiar la situación, se sorprendió del sitio en cuestión, ya que se trataba de un edificio normal, que visto desde fuera parecía de viviendas unifamiliares. Pero al asomarse por el borde de la azotea se percató de unos tipos que iban dando vueltas alrededor del edificio, controlando la entrada. Sin duda se trataba de guardianes, pero ¿qué guardaban?
V forzó con un sai la cerradura de las escaleras, y entró. Bajó hasta el primer rellano que encontró (el del último piso) donde había dos puertas. A través de la de la izquierda se oían gemidos, como si hubiera alguien practicando sexo. En la de la derecha no se escuchaba nada, y además estaba la puerta entreabierta. V entró, dispuesta para atacar en cualquier momento.
Aquello tenía pinta de haber sido un edificio de viviendas que al quedar vacío había sido comprado para instalar aquel misterioso sitio que parecía un burdel, pero que sin embargo no se anunciaba como un burdel. Y es que al entrar lo primero que vio V era que la disposición era como la de una vivienda normal... aunque con una clara diferencia. La masacre.
Y es que sólo se podía catalogar así aquel espectáculo. Los ojos fríos del cadáver de una chica joven (de unos veintipocos años, calculó por lo que veía) la miraban fijamente. Su cuerpo desnudo estaba tumbado en la cama. La habían atado con unas esposas a la cabecera, aunque poco importaba. Tanto sus manos como sus pies estaban cercenados. En el suelo vio V una hacha aún con restos rojizos en su afilada hoja. Con ella supuso que le habían cortado las manos, la cabeza y los pies. Pero aquello no era todo, ya que con un cuchillo de considerables proporciones la habían rajado (igual que si fuera una res en el matadero) desde sus genitales hasta su cuello, extrayéndole todas sus entrañas y dejándolas desparramadas por encima de la cama.
De repente V oyó voces. Rápidamente se escondió en el lavabo que había al lado del dormitorio donde estaba el cadáver, dejando la puerta entreabierta (tal y como estaba cuando ella entró) no sólo para que no sospechara quien fuera que entrara, sino para poder oír ella lo que dijeran:
- Joder, a mí siempre me toca comerme estos marrones –dijo una voz fuerte.
- No te quejes Mike, que a esta como mínimo te la pudiste follar.
- Ya lo sé, pero lo que me jode es que también me haya tocado limpiar esta mierda después de que el muy hijo-puta paga un millón de euros por destriparla.
- Si, pero piensa que la cosa dará más beneficio.
- ¡Ah, si, se me olvidaba! Como mínimo estas cosas se graban para luego hacer circular la snuff-movie por ahí, y ganar dinero con ella.
Tras eso hubo un rato de silencio, hasta que pasados unos minutos V escuchó la voz más débil (cuyo nombre no sabía) dirigirse al otro al que había llamado Mike:
- Oye, pero ¿por qué Sergei escogió a esta para la snuff movie? Parece que era joven, y sé que Karvinoff suele exprimir a estas chicas todo lo que puede y más, haciéndolas ejercer de prostitutas y rodando luego películas porno de violaciones y demás hasta que al final las hace participar en snuff-movies cuando ya estan bastante deterioradas.
- Por lo que yo sé a esta putita la buscaban sus padres, y se estaban aproximando demasiado hasta aquí como para correr riesgos y que la pudieran encontrar. Ahora su cadáver así como todo objeto ensangrentado que haya por aquí lo vamos a recoger y lo vamos a llevar a la incineradora del sótano, que esto ha de quedar como los chorros del oro porque mañana tenemos otra.
- ¿Otra?
- Si, es el mismo tío de hoy. Parece ser que lo que pagó por violar y descuartizar a esta le ha parecido bien, y se puede permitir otra más. Lo que no sabe el muy imbecil es que le hemos grabado para la snuff-movie, y con eso además le haremos chantaje. Pero es igual, que se joda. Como hay otra putita que ya estorba, Sergei no tiene ningún problema en cargársela. Lástima porque era material reciente.
- ¿Ah, sí? ¿Y quien es?
- La niña esa morena del cuarto piso. Esa extranjera que se llama Nadia o algo así.
Siguiendo una pista que la podía llevar a encontrar
a la desaparecida Nadia, Evelyn Hays (bajo su personalidad de V) se encontraba
escondida en el baño de una habitación de un misterioso lugar denominado
A V le dio un vuelco el corazón, porque las declaraciones de esos dos individuos le habían dado ya la pista definitiva, pero al mismo tiempo aquello significaba un ultimátum para salvarla.
- ¿Qué ha sido eso?
- ¿El qué?
- Me ha parecido escuchar un ruido.
- ¿Adonde?
- Allí, en el baño.
V se tensó. ¿Había hecho algún ruido que la delatara? No lo recordaba, pero en el segundo tras la impresión de la anterior última frase de aquel tipo igual había realizado algún pequeño ruido al moverse de su posición, que quizás había escuchado aquel personaje.
- Aquí no hay nada Mike, ya lo verás.
V se puso justo detrás de la puerta, para que esta la cubriera cuando se abriera. El segundo tipo entró y le dijo a Mike:
- Mira, ya que estoy aquí déjame que voy a mear.
Todo sucedió en dos segundos. Fue un gesto instintivo de V, ya que sabía que si no lo hacía así, peligraba su salida y el rescate de Nadia. El segundo tipo cerró la puerta, y entonces la vio. V desenfundó un sai y se lo clavó en la garganta, impidiéndole cualquier grito. El segundo se lo clavó en el corazón. Mientras aquel hombre se iba muriendo en sus brazos, V lo depositó suavemente sobre la taza del vater.
- ¿Va todo bien Stewie?
Así que se llamaba Stewie, pensó V. Descanse en paz.
- ¡Eh, tío! Que tenemos trabajo. Va, espabila que no tengo ganas de limpiar todo esto yo solo.
El tal Mike pronto entraría, y V pensó que ese le daría más problemas. Tenía que pensar algo rápido. Buscó en la chaqueta del difunto Stewie y encontró una pistola con silenciador. La comprobó. Estaba cargada.
La puerta comenzó a abrirse. V apuntó hacía ella, dispuesta a abrir fuego en cuanto tuviese oportunidad. Por fin vio físicamente a Mike, y no a través de la puerta. Se traba de un hombre alto, fornido y rudo. De complexión fuerte y recia, tenía un semblante de muy pocos amigos, aunque se quedó sorprendido un segundo al encontrarse a una mujer vestida de cuero negro de arriba abajo, apuntándole con el arma de su compañero (a quien vio caído de forma estrambótica sobre la taza del vater)
- ¿Pero que coño...? –empezó a decir. Pero no pudo acabar, ya que V disparó a su cabeza y le arrancó la pistola de las manos con una patada, todo en apenas pocos segundos.
Asegurándose de que los dos estaban muertos, los dejó en el lavabo y atrancó la puerta, para que pasara un rato hasta que descubrieran los cadáveres y dieran la voz de alarma. Rápidamente salió de allí y fue descendiendo las escaleras hasta el cuarto piso, donde el tal Mike había dicho que estaba Nadia. Por los diferentes rellanos no encontró a nadie. Parecía que los vigilantes que vio desde la azotea rodeando el edificio se encargaban de controlar quien entraba y quien salía, aparte de las personas que hubiera luego en cada vivienda.
En el cuarto piso había también dos puertas. ¿A cual entrar? El tal Mike no lo había especificado, y ahora ella se encontraba en la duda. Escuchó en una puerta y no oyó nada, pero al acercarse a la otra oyó sollozos, como si alguien estuviera llorando en el interior. Forzó la puerta con uno de los sais y entró.
Una chica joven, de 16 años, la miró asustada. Tenía la cara con marcas, como si la hubieran abofeteado y golpeado sin piedad. La reconoció por las fotos que le había mostrado su madre:
- Nadia.
- ¿Y tú quien eres?
- Una amiga. Llámame V. Te voy a sacar de aquí.
- ¡Oh, Dios Santísimo, muchas gracias! –dijo la chica arrodillándose y besando los pies de V. Esta se agachó y le dijo:
- Tranquila, que primero hemos de salir de aquí.
Al levantarse V vio que la chica andaba muy poco a poco.
- ¿Qué te ha pasado?
- ¿Que qué me ha pasado? Un infierno, una pesadilla. Me han violado, me han humillado, me han hecho de todo. Estoy avergonzada. Soy una fulana, una puta.
- No, tú no eres una puta, ellos te obligaron.
Nadia se echó a llorar sobre el hombro de V:
- Soy una basura, incluso se han meado encima mió. Y hace un rato me obligaron a hacerlo con una docena de tipos. Me duele. Me han hecho daño. Ya me lo dijeron.
- ¿Qué te dijeron?
- Desnúdate zorra, que vamos a hacer que te duela.
V estaba acongojada. Esa niña (porque en el fondo era sólo una niña) había perdido la inocencia propia de su edad de golpe. Había sido sólo una semana, pero aquella experiencia la traumatizaría para el resto de su vida. Había que acabar con eso.
Justo cuando iban a salir por la puerta se les cruzó en el umbral un hombre alto, de complexión ágil y carácter nervioso:
- ¿Adónde os creéis que vais?
- Aparta o te mato –dijo V.
- ¡Oh, vaya, la gatita ha salido revoltosa! –dijo en tono sarcástico.
- Va en serio.
- Nadie amenaza a Sergei Karvinoff, puta inmunda. La niña se queda u os mato a las dos.
De repente empezaron a sonar sirenas de policía cada vez más cerca. Sergei se puso nervioso y se lanzó sobre Nadia. Esta, asustada, se apartó, y V aprovechó para golpear a Karvinoff. Este le devolvió el golpe, desequilibrándola y haciéndola caer al suelo. Sergei sacó un arma y apuntó a una temerosa Nadia, pero V se lanzó sobre él, haciéndolo caer y que el disparo fuera a parar al techo. Sergei golpeó con la pistola a V en la cara, pero ella resistió el golpe y le dio un puñetazo que le hizo trastabillar y dejar caer el arma. Una patada de V lo acabó de tumbar.
Estaba a punto de levantarse para volver a atacar, cuando V se fijó que Nadia tenía la pistola en las manos temblorosas y estaba apuntando con ella a Sergei:
- ¡Nadia, no!
Pero no lo pudo impedir. La joven vació todo el cargador sobre Karvinoff, acabando con su vida.
- Lo siento, tenía que hacerlo.
V oyó voces. La policía parecía que había hecho una operación rápida y limpia, porque estaban tomando posiciones y deteniendo a toda la banda de Karvinoff.
- Escúchame Nadia, ahora la policía vendrá a recogerte. Si te hacen preguntas tú sólo di que una persona llamada V te ayudó. Tengo que irme, pero no te preocupes, que seguiremos en contacto. Eso sí, no des más detalles que mi nombre: V.
- Vale. Y gracias.
V subió rápidamente hasta la azotea y salió por el mismo sitio por el que había entrado. Tras saltar varios edificios hasta estar a una distancia prudencial, cogió el pequeño teléfono móvil que siempre llevaba consigo y llamó a su madre. Tras decirle donde podía pasar a recogerla con el coche, le dijo:
- Mamá, lo he conseguido. Ya está libre. Muchas gracias por tu ayuda.
- ¿La llamada a la policía?
- Sí. Ya me supuse que había sido tuya. ¿Qué dijistes?
- Di los datos que tú me distes de
Los Maximoff volvieron a su país de origen con la pequeña Nadia. El trauma fue muy grande, y lo tendrá que llevar toda su vida, pero el dinero que Evelyn Hays les dio está ayudando a pagar a los mejores psicólogos, para que al menos la muchacha pueda rehacer su vida y encaminarse hacia un futuro mejor que el aciago pasado que deja atrás.
Por su parte la organización de Sergei Karvinoff fue desmantelada, ya que ante la falta de su jefe, las distintas facciones fueron cayendo poco a poco en manos de la justicia ya que no había ninguna persona que consiguiera llevar el control como lo hacía Karvinoff, con lo cual la desorganización interna fue desmembrando a toda la banda.
Por su parte Evelyn Hays y su madre se fueron a vivir a un ático en la zona residencial de Yellow City. Con los intereses de la herencia de su difunto padre pueden vivir ambas mujeres de manera holgada y sin necesidad de ostentaciones (lo cual también les da un aire de discreción que beneficia las salidas nocturnas de Evey como V). Mientras sigue investigando el verdadero pasado de su padre (el V original) para saber quien era realmente bajo la personalidad que se construyó...