Encrucijada presenta: ALCOI ZOMBIE CITY

Capítulo 12 (2 temporadas)-
Escrito por Carlos Daminsky
Nota: Recomendado para lectores mayores de 18 años
— ¡Joder, pero tenemos que hacer algo! —exclama Rigoberto.
Zacarías le clava una mirada dura y responde:
— ¿Quieres dejar de dar por el culo?
Su compañero alto y delgado, con el pelo largo y mugriento, da varios pasitos inquieto y se lleva una mano temblorosa a la cara, amarillenta y demacrada, con ojeras profundas. Su rostro no anuncia nada bueno. La presión a la que están siendo sometidos en los últimos días pasa su afilada factura.
Paco está acuclillado junto al cadáver de Eliana, se levanta y dice, intentando poner serenidad:
— ¿Por qué no nos calmamos un momento?
—Está muerta... —Rigoberto vuelve a intranquilizarse.
—Ya lo sé, ¡hostias! —Le corta Paco—. ¡Ya lo sé!
Zacarías observa detenidamente a sus dos compañeros. Paco, al contrario que Rigo, es bajo, gordo y medio calvo; y su actitud intenta ser más tranquilizadora. Pero lo que más vigila en ese momento son sus posibles movimientos... Ambos van armados y basta una pequeña chispa para que se les vaya la cabeza y levanten sus G36.
El nerviosismo se palpa en el aire.
— ¡Chicos, por favor! —Zacarías hace un gesto con su fusil—. No vayamos ahora hacer algo de lo que nos arrepintamos.
—Eso mismo... Esta semana ha sido puñeteramente dura, pero es muy posible que vengan a rescatarnos. No vayamos a tirarlo todo por la borda ahora —inquiere Paco.
La situación se crispa entre los tres, la locura parece contagiar el ambiente. Basta poco para ello, pues la situación inhumana que envuelve el entorno ya deja poco para el razonamiento. El olor a podrido es algo que colma las fosas nasales y, después, llega inevitablemente a las neuronas.
Acaban de perder a una compañera pero...
… Mientras están discutiendo, el cadáver sangriento contrae levemente los dedos de sus manos: algo la ha devuelto a la vida. Y el despertar de la nueva carne revivida es violento y lleno de dolor.
—¡¡Arrrrrggggg!! —el zombi se pone en pie, de golpe, como activado por un resorte. Está lleno de furia y sus ojos blancos parecen querer salirse de sus órbitas. El impulso de consumo se bestializa en una meta: conseguir carne. Carne. Carne. Y ante lo que hace unos minutos fuera Eliana hay tres objetivos calientes.
Tensa los brazos, contrae los dedos como garras y se lanza directamente rugiendo.
— ¡La puta que la parió! —exclama Zacarías.
Después, dispara a bocajarro y sus compañeros también. Las balas agujerean a la alimaña como si fuera un queso gruyere, pero aun así no logran detener su rabia. Recorre el corto espacio que le separa de ellos y cuando está a punto de caer sobre Rigoberto, una última ráfaga le destroza la cabeza en añicos y su cuerpo se derrumba desarticulado y sin fuerza.
— ¡Joder! ¡Joder! —grita Rigo.
Pero entonces se da cuenta que sus dos colegas le están mirando directamente con muy mala cara.
— ¡Hey! ¿Pero qué pasa? ¡Qué pasa!
Echa una mirada a su pecho y a sus piernas; se da cuenta de que está todo manchado de la sangre del muerto viviente.
— ¡No, no, no! No me hagáis esto...
Pero ya no logra decir palabra alguna... Inmediatamente se tira hacia un lado, en dirección a las escaleras del supermercado, esquivando los disparos de sus ex-colegas. Después cae y logra llegar abajo a duras penas rebotando por los escalones. Se ha dado un golpe en la cabeza y está desorientado, también ha perdido el fusil.
Escucha a sus perseguidores bajar y se pone de pie como puede. Luego sale huyendo tambaleándose. Está desesperado.
— ¡Rigo! ¡Rigo! ¡Hijo de puta! —oye cómo le gritan.
Corre como puede entre los pasillos del Mercadona, está medio desorientado y va derribando productos de los estantes.
Sus pensamientos dan vueltas como una ruleta. ¡Amigos que en un instante se pueden convertir en tus cazadores! ¡Me cago en todo!
Pero ya es demasiado tarde para él. Paco y Zacarías le han cortado el paso. No ve escapatoria alguna.
—Hey, hey. ¡Chicos! ¡Qué vais a hacer! ¡Yo no soy un puto zombi! ¡Venga! ¡Que somos amigos! ¡Ya sabéis! Hoy por ti y mañana por mí —Rigo levanta los brazos; está asustado, sabe que su pellejo está en juego.
—¡Tío! ¡Pero estás pringado de sangre! —le grita Paco.
—¿Y qué? Eso no quiere decir nada, la alimaña esa no me ha mordido —responde Rigoberto.
—Ya... pero sabemos que la sangre de ellos también infecta —anuncia Zacarías.
—¡Eh, Zacarías! No seas así, por favor. Eso no es seguro, tú lo sabes —replica alterado Rigo.
—¿Y cómo vamos a estar seguros? —pregunta secamente Paco.
—¿Pero no lo veis? ¡Yo estoy bien! —Rigo se toca el cuerpo, dando golpecitos con las manos para demostrarlo.
—Ya sé que es una putada, pero las cosas están así de jodidas y ya no podemos hacer nada. Esta maldita ciudad es un montón de mierda —dictamina tajantemente Zacarías.
—¡Hey, hey! ¡No! ¡No me podéis hacer esa gran putada! ¡Por favor, no! ¡Por favor! —Rigo suplica casi llorando.
A continuación, varias ráfagas de balas le convierten en un muñeco que se balancea casi cómicamente, sin sentido, hasta que cae como un trapo en el suelo, inerte.
Hay varios segundos de silencio mientras sus ex-colegas miran el cadáver con ojos extraviados.
—Destrocemos su tarro por si acaso —dice Paco.
Zacarías escupe varias veces sobre el suelo y entonces su mirada se queda fija por el hueco de una ventana; exclama, señalándola:
—¡Hostias!
—¿Qué pasa?
—¡Rápido, ven!
Sale corriendo y le dice con la mano que le siga. Paco va tras él.
Cuando llegan a la ventana... Entonces... Los ven allí fuera.
Hay un grupo de cadáveres andantes, uno al lado de otro, mirando el supermercado con rostros demenciales. Y van surgiendo, más y más... Se van congregando cientos y cientos, como si fueran un ejército.Paco y Zacarías sienten pánico.
—¡La madre que los parió!
Y allí, en el desolado descampado, una figura acompañada por lo que parecen dos perros zombificados se destaca sobre la horda de alimañas.
—¿Y eso qué es?
Continuará…