Raul Atreides

 

La última vez que vi a Adrik fue en su casa de Sevilla.

Parte de la Hungaridad hizo un viaje y se hospedó en su casa, ni que decir tiene que Adrik es un anfitrión espléndido y encantador.

Nos pasamos las noches desparramando viendo Bobobó, el musical de Buffy o simplemente leyéndonos las tarjetas del frikitrivial. De día, con las legañas acechando y el cuerpo clamando perrear a lo bestia, él, encantado de la vida, nos mostraba su ciudad como un cicerone profesional.

Recuerdo ese fin de semana como un desparrame contínuo y una experiencia enriquecedora. Incluso el tiempo que estuvimos esperando a la policía fue genial.

Y es que cada rato que uno pasa con Adrik es un momento atesorable en si.

Adrik es una persona dulce y encantadora, a la vez que ácido y mordaz. Cuando uno se enorgullece de llamarle amigo sabe que es de esos amigos que duran para siempre, que merecen la pena y con los que se puede contar. Cuando se embarca en un proyecto, todo él es entusiasmo. Esa es una de sus cualidades más envidiables, esa pasión que le ha llevado a donde está, esa tenacidad y entusiasmo que contagia a todos los que le rodean y te impulsan a querer ser parte de su mundo. Cuando Adrik me llama al móvil, me abre el messenger o me manda un mail y me dice “necesito tu ayuda para un proyecto” nunca estoy demasiado liado. Aunque esté colgando de una bota en un risco mi boca, o mis dedos sobre el teclado dicen “Soy tuyo!”.

Si, vale. Suena gay a rabiar. Pero es que este sevillano hace tambalear los cimientos de la heterosexualidad del más pintado. Si fuera mujer lo haría mio, siendo hombre (masho ibérico) me conformo con unos pocos mimos de vez en cuando.

Cada vez que hay una quedada húngara y Adrik no está, nuestro corazoncito se resiente y recordamos aquella vez que no pudo venir, pero mandó una foto tamaño folio plastificada y autografiada para que no le añoráramos demasiado.

Si no fuera por que los cómics y dvds han fagocitado el espacio donde vivo, aun la tendría en un altar.

Se que alguien dirá: “Y que hay de sus cómics”.

Si, podría hablar de sus cómics. Pero hacer un cómic es algo relativamente sencillo. Ser una persona maravillosa no. Y si Adrik nos faltara yo no echaría de menos sus narizones ni la milésima parte de lo que le echaría de menos a él.

Adrik, majete. Se que te enorgulleces de ser el plagiador definitivo. Pero no me plagies a gente como James Dean o Marilyn Monroe. Morir joven solo es romántico cuando el que muere es uno que no conocemos. El mundo es un lugar mejor contigo dentro, cuídate y dúranos mucho.